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viernes, 24 de marzo de 2017

EL MECANISMO INTERNO CREADOR DEL KARMA (y II)






En el mundo de deseos existen dos grandes leyes con las cuales, como es evidente, estamos muy relacionados y que son muy influyentes respecto a nuestro karma según sean nuestras decisiones, éstas son la Ley de Atracción y la de Repulsión. En las tres regiones o divisiones superiores (cielo) gobierna la Ley de Atracción sola y exclusivamente con el fin de atraer todo lo positivo. Si esto lo pasamos a nuestro cuerpo de deseos y nuestra aura, diríamos que si fuésemos muy desarrollados mental y espiritualmente, un clarividente nos diría que llevamos una vibración y unos colores con nosotros que bien podrían representar el Cielo. En las tres regiones inferiores gobierna la Ley de Repulsión pero también está presente la de Atracción con tal de equilibrar la balanza, aún así en la más baja región es donde es más poderosa la Ley de Repulsión y, aunque parezca que no, tiene un buen fin. Si reinara solo la Ley de Atracción en esas bajas regiones, también atraería y fortalecería el mal creándose así un caos, y eso no puede ocurrir en la Creación de Dios. Así es que es la Ley de Repulsión la encargada de combatir el mal haciendo que lo inarmónico que atrae la ley de Atracción pero que no es idéntico a lo ya existente allí, lo destruya la Ley de Repulsión porque crea desarmonía.

            Veamos, todo lo armónico, bello y elevado se ve atraído hacia las regiones superiores, esto es como decir que todos nuestros buenos deseos y emociones se unen a todos los sentimiento y pensamientos elevados que nos llegan por cualquier otro medio para fortalecernos en el bien y emitir elevadas vibraciones. Pero cuando nuestra falta de auto-observación y auto-análisis y la falta de interés por la vida espiritual hacen que caigamos una y otra vez todos los días en los peores deseos y sentimientos, entonces creamos y atraemos el mal y se quedan con nosotros hasta que después de la muerte llegamos a dicho purgatorio o infierno. Pongamos algún ejemplo, si yo creo pensamientos y sentimientos de odio se quedan conmigo porque soy su creador y porque la Ley de Atracción los atrae, solo si creo odio hacia varias personas independientes intervendrá la Ley de Repulsión porque, aunque sea odio en ambos, casos no será igual porque tampoco lo son las circunstancias ni los protagonistas. Pero veamos hasta qué punto son justas estas leyes en el sentido de que intentan mantener la armonía. Si yo cuento una historia sobre algo que me ocurrió y no la cuento con la sinceridad o veracidad correspondiente, se verán atraídas las formas y emociones que correspondan pero se creará un conflicto por la ley de Repulsión y una desarmonía porque no lo he contado exactamente.

            Así que, el mal se destruye a sí mismo en el mundo de deseos pero no ocurre así exactamente en nosotros porque las experiencias quedan grabadas en forma de película de la vida y solo se borran allí excepto en las siguientes casos. Las leyes mencionadas mantienen el orden y la armonía en los mundos superiores pero no es así en nosotros porque tenemos memoria y un archivo donde se guardan esos hechos. Pero sí podemos eliminarlos y crear esa armonía si hacemos un verdadero arrepentimiento de corazón y nos ponemos en el lugar de la persona ofendida o dañada para sufrir lo que ella. Si hemos ofendido a otras personas, en nuestros momentos de meditación deberemos ponernos en su lugar y sentir la ofensa como creemos que la sintió él. Si hemos robado devolveremos lo robado y pediremos perdón con sinceridad, o haremos una donación a quien lo necesite si no podemos reponerlo a quien corresponda, y así con todo el mal que hagamos. Si actuamos así y revisamos y revivimos nuestros malos actos para arrepentirnos o pedir perdón a la vez que nos proponemos no volver a hacerlo, se borrarán los hechos de ese archivo y no tendremos nada que purgar en el más allá.

            Con lo dicho podemos comprender que incluso las mentiras causan mal y desorden en el mundo de deseos. Lo mismo que el bien se une y se fortalece por la Ley de Atracción también ocurre lo mismo con el mal, y entonces ese mal destruye el bien. ¿Qué ocurre con las personas que se dejan dominar por los vicios, las pasiones o los deseos? Pues que pueden terminar siendo alcohólicos, drogadictos, violadores, etc. Comienzan por un mal deseo que estimula un mal pensamiento y que, si no es percibido como tal y se repite, pueden ir aumentando hasta el punto que obsesionan a la persona para que cometa un delito. Aun cuando vemos algo malo y lo criticamos, o lo comentamos, o lo pensamos, estamos creando desarmonía en el mundo de deseos y en nuestro cuerpo de deseos ¿Y esto por qué? Pues porque estamos fomentando el mal por diferentes medios ¿Cómo podemos evitarlo? Intentando ver o comentar solo la parte positiva que siempre existe en todo. De aquí que debamos hablar, pensar, sentir y actuar siempre de forma positiva y que intentemos ver el bien en el mal. Si hacemos lo contrario no solo nos estamos creando un mal karma sino que, además, estamos creando negatividad y destrucción del bien en los mundos superiores.

            Aunque consideradas como el lugar donde se acumula el mal que el hombre crea, las tres divisiones inferiores del mundo de deseos son de gran importancia para nuestra experiencia y nuestra evolución, puesto que ésta depende (en la etapa actual) de la lucha interna que llevará al desarrollo de la buena voluntad y de la conciencia para superar el mal en nosotros. El conocimiento del mal no hace que le superemos, debemos desarrollar los poderes del Espíritu para superarnos a nosotros mismos y para espiritualizar nuestro carácter, y eso solo se consigue cuando hay buena voluntad y consciencia de sí mismo. Entonces es cuando se llega a entablar luchas y a conseguir victorias gracias al libre albedrío que nos permite decidir en cada momento si hacemos o no una cosa o si decimos sí o no a otra. Y con esto tiene mucho que ver la cuarta región del mundo de deseos que se relaciona con el sentimiento. Como ya he dicho, un sentimiento puede ser neutral hasta que respondemos a él, bien sea manifestando indiferencia o bien sea por interés. Pero si mostramos interés puede ser en forma de atracción o de repulsión, y por tanto, ahí es cuando la auto-observación nos sirve de ayuda para así poder discernir de forma correcta.

            La indiferencia no nos ayuda en nada pero el interés nos lleva a la actividad y a la experiencia. La repulsión hacia alguien nos causa un karma negativo con esa persona, por tanto es preferible buscar alguna cualidad en ella y fijarnos y razonarla para que el karma que nos una sea bueno. La atracción, generalmente, es siempre beneficiosa excepto cuando procede de las regiones inferiores donde está el egoísmo, las pasiones, etc., por tanto, es preferible la indiferencia o la buena voluntad para ver el lado bueno de los hechos. Ahora cabe preguntarnos ¿Cuántas veces medito o me auto-observo para ver cómo respondo ante las pruebas, tentaciones y circunstancias de la vida? ¿Me dejo dominar por el interés hacia lo negativo? ¿Muestro indiferencia ante quien necesita ayuda? ¿Soy auto-consciente de todos estos aspectos internos y utilizo la buena voluntad y el discernimiento para responder ante todo ello? De cuál sea la respuesta y la decisión que demos ante cualquier sentimiento o impresión dependerá el karma futuro que estamos creando. Si nos dejamos arrastrar por la indiferencia ante las necesidades humanas o por la atracción hacia lo negativo y la repulsión de lo positivo, que no quepa la menor duda de que llevaremos con nosotros ese Purgatorio o ese Infierno que encontraremos después de la muerte.

            Ya he dicho que nosotros nos situamos, como Egos, por encima de las regiones del mundo del deseo y de la mente razonadora o concreta, por consiguiente, deberíamos tener poder sobre todo ello. Pero lo cierto es que cuanto más atrás en la historia de la humanidad, más dominados estábamos por el instinto, por los deseos y por los peores sentimientos. Nosotros estamos desarrollando la mente desde hace relativamente poco tiempo, pero ha sido gracias a las experiencias y a lo que hemos aprendido en los mundos superiores después de la muerte. Ahora estamos en la etapa donde debemos aprender a dominar y a concentrar a la mente para que no actúe por su cuenta y para que no se deje dominar por los malos deseos y sentimientos. Por tanto, una vez visto cómo funciona el mecanismo de los deseos y de las emociones, ahora deberíamos ver cómo funciona la mente y, a partir de ahí, ponernos atrabajar sobre nosotros mismos. Sabiendo que casi todo lo que hacemos y decimos pasa por la mente (aunque no pongamos mucho interés en que la respuesta sea buena) deberíamos saber qué opciones tenemos cuando ésta se usa voluntaria y conscientemente para luego intentar observarla durante todo el día y así ver qué piensa y cuándo actúa por su propia cuenta. No olvidemos que toda acción, palabra, deseo o pensamiento crea karma bueno o malo, pero como una de nuestras metas es el conocimiento de nosotros mismos, deberíamos gobernar nuestra mente para que no sea la fuente de dolor que suele ser por falta de discernimiento y por dejarse llevar por el cuerpo de deseos.

            Sabemos que la mente está creando pensamientos constantemente (seamos o no conscientes de ello) y si éstos no son creados por la buena voluntad o de forma consciente, es muy posible que nos perjudiquen más que ayuden respecto al karma futuro. Veamos las opciones que solemos tener en la proyección de nuestros pensamientos. Podemos proyectarlos sobre el cuerpo de deseos para que sirva como estímulo o aliciente para la acción. Como ya he dicho, si despertamos el interés tendremos que decidir entre la atracción y la repulsión. Si nos interesamos por algo y despertamos la atracción, el pensamiento se verá complementado por un deseo o una emoción que llegará al cerebro y al sistema nervioso para que el cuerpo físico reaccione. El final de esta opción es que la experiencia quedará grabada en el archivo que nos llevaremos al mundo de deseos después de la muerte, es decir, al Infierno, al Purgatorio o al Cielo. Si el pensamiento forma se relaciona con algo que nos produce repulsión pero que está en contra de la naturaleza del Alma, entonces habrá una lucha interna entre la fuerza espiritual y el cuerpo de deseos que intenta dispersar esa fuerza para que no le impida disfrutar de sus bajos intereses terrenales. Cuando la buena voluntad y la conciencia vencen a los bajos deseos, esa victoria también queda grabada para su recopilación en el Cielo.

            En general, las imágenes o pensamientos inconscientes, así como los que proceden de las impresiones externas que no impulsan a la acción quedan grabadas y podrán surgir a la consciencia en cualquier momento futuro, sobre todo cuando hay voluntad del Espíritu sobre la mente. Si lo guardado en la memoria subconsciente es bueno y se utiliza de vez en cuando, se verá fortalecido cada una de las veces que se practique e incluso impulsarán a la persona a que las repita. Cuando se repiten buenos actos, pensamiento, deseos y sentimientos se crean nuevos canales en el cerebro, lo que, a su vez, forman los buenos hábitos. Cuando la persona tiene buenos hábitos respecto a su forma de ver los hechos, a su forma de pensar, a practicar la oración y la meditación, a intentar crear armonía de una forma voluntaria y consciente, etc., entonces esa persona puede recibir impulsos y consejos o tener intuiciones dese la memoria supraconsciente inherente al Espíritu. Estos mensajes del Espíritu no necesitan envolverse con materia mental ni de deseos para impulsar a la persona a que haga algo bello o elevado, es más, cuanto más se esfuerce una persona por seguir las directrices del Alma y por controlar estos mecanismos internos, más influencia recibirá del mundo del Ego y del Espíritu.

            Como podemos apreciar, solo conociéndonos a nosotros mismos y controlando el funcionamiento de nuestros cuerpos podemos desarrollar los poderes del Espíritu, la voluntad y la conciencia. En principio y aparentemente es muy difícil, pero no hay nada que nos impida observarnos a nosotros mismos para ver cómo pensamos o cómo piensa nuestra mente, como sentimos, y cómo hablamos o actuamos. Cuando esta auto-observación nos lleva a crear el hábito de corregir lo que está en contra de nuestra naturaleza divina, todo es más fácil, y más aún si practicamos la oración, la meditación y el discernimiento.

                                                           Francisco Nieto