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martes, 27 de diciembre de 2016

DE LA AUTO-OBSERVACIÓN A LA CONCIENCIA DE SÍ MISMO II






Para conseguir que nuestras expresiones externas sean fruto del Yo debemos centrarnos en los cuerpos más cercanos a él, es decir, en el cuerpo emocional y en el mental. ¿De qué sirve tener una vida de disfrute y de placer si el estado interno es triste o pesimista? Muchas veces, sufrimos y nos quejamos porque nada nos sale bien, porque tenemos pérdidas, porque nuestro matrimonio va mal o porque no aprovechamos las oportunidades que nos trae el destino. Lo que podría ser felicidad y armonía gracias al discernimiento, a la auto-observación y a la auto-conciencia de nosotros mismos se convierte en ansiedad, melancolía y preocupaciones entre otros. ¿Cuáles son los resultados de no tener ese equilibrio interno? La falta de aliciente para vivir o disfrutar de la vida, el pesimismo y el sufrimiento propio más el que causamos a los demás. Está claro pues que, quien no trabaja conscientemente sobre sí mismo, siempre estará dominado por las emociones, por las pasiones y por los hábitos, y que la faltará la libertad mientras no controle a la mente. Solo transformando los conceptos equivocados que desde pequeños hemos ido guardando como “realidad” podremos ser felices y libres de las ataduras de todo cuanto nos rodea y de la personalidad.

            Si una persona está plenamente atenta a sí misma y descubre que es más feliz y más libre cuanto utiliza el discernimiento en vez de preocuparse y de enfadarse por (por ejemplo) cosas del trabajo o de sus hijos, está claro que está transformando su estado interno y que ese estado tendrá una expresión externa positiva. Luego entonces, ¿Por qué sufrir por cosas externas que las podemos cambiar internamente gracias a la auto-observación y al discernimiento para así tener una vida más armónica? La verdad es que, quien no hace esto, siempre estará a merced de su personalidad, y cuando la personalidad está llena de errores y es pesimista y está desencantada de la vida, no puede atraer nada más que desencanto y pesimismo.

Debemos comprender que lo que reflejamos ante los demás es fruto de lo interno, u por eso, mientras no cambiemos lo interno no seremos nosotros mismos como verdaderos yoes. Si se nos avería el coche nos enfadamos, si alguien no nos atiende bien, protestamos, si una persona nos ofende no alteramos y así sucesivamente porque no tenemos control de nuestras emociones, de nuestros deseos ni de nuestra mente. Y así se nos pasa la vida haciendo y expresando siempre lo mismo por no esforzarnos en ser conscientes de nosotros mismos y por no utilizar el discernimiento.

Se trata de no identificarse con los acontecimientos, de eliminar los malos hábitos, de transformar las emociones y los deseos, y de controlar la mente ¿Cómo? dirán algunos, observándose a sí mismo conscientemente, es decir, siendo consciente de que la mente piensa, observando a las emociones sin entrar en ellas, y en definitiva, ver la vida como una película pero con el discernimiento necesario para que la personalidad no nos arrastre. Quizás parezca difícil en entender pero no lo es. Veamos, si una persona es celosa, envidiosa, impulsiva, criticona, etc. y cree que todas esas emociones son ella misma, estará identificada de tal forma que expresará eso mismo y solo encontrará sufrimiento, problemas y amargura en su vida diaria. Pero si se pone en el nivel del Yo como observadora de esas emociones sin entrar en lo que hacen, comprenderá que el sufrimiento y la amargura no le ayudan en nada ni solucionan el problema y que, por tanto, debe utilizar el discernimiento y actuar o hablar de otra forma pero de manera consciente y con la mejor voluntad.

Conociendo esas emociones como ajenas a nosotros es como dejaremos de identificarnos con ellas, y si hacemos esto limpiaremos la personalidad de lo negativo y tendremos más espacio para crear emociones y hábitos positivos. En mi opinión, nadie puede transformar su personalidad si no se auto-observa conscientemente para dejar de identificarse con las emociones y deseos negativos y con lo que la mente piensa por sí misma. Este es el verdadero trabajo interno que debe hacer cualquier aspirante. No nos engañemos, si no hacemos esto estaremos evadiendo y retrasando un trabajo que, tarde o temprano, todos debemos hacer. Nosotros somos individuos y no lo que aparentamos ser en cada momento, a veces cólera, otras egoísmo, otras pasión, y otras falsedad porque estamos dando una cara ante los demás mientras pensamos y sentimos algo muy diferente.

El simple hecho de practicar la auto-observación de sí mismo ya nos hace comprender que todos esos defectos o errores no somos nosotros, y que esa carga es precisamente la que nos hace ser como no deseamos ser; es más, comprendemos que esos celos, envidia, mal carácter, etc. son lo que nos hace sufrir sin necesidad. ¿No sería correcto, pues, situarnos en la posición de observador sobre lo observado para ver cuándo se manifiestan esos defectos y cuándo (con conciencia de sí mismos) debemos desecharlos de nuestra vida? El verdadero Yo está inhibido por la personalidad pero la personalidad no está compuesta solamente de emociones y deseos negativos, porque que el hecho de creer que nosotros somos la mente o el pensamiento, también da poder a la personalidad, puesto que el Yo no es la mente. Cuando la mente se involucra y se recrea en esas emociones y deseos negativos, está actuando (generalmente) por su cuenta. Cuando la mente responde a una ofensa de forma automática o instintiva, el Yo no se entera o lo hace tarde; cuando algo nos preocupa tanto que nos hacer sufrir o nos quita sueño es el efecto de que la mente le ha dado muchas vueltas al problema, y así sucesivamente sin que el Yo pueda casi participar con tal de acabar con esa personalidad.

La mayoría de los pensamientos surgen porque la mente no está controlada por el Yo, porque responde al cuerpo emocional y a todo lo que perciben los sentidos de forma automática y por hábito, pero si fuéramos conscientes de nosotros mismos y estuviéramos plenamente atentos a lo que sucede en nuestros cuerpos internos, entonces comprobaríamos que la mayoría de los pensamientos son innecesarios y que se es más feliz y más libre en el silencio mental. Entonces no nos dejaríamos dominar por la mayoría de esos defectos que tan protagonistas quieren ser. ¿Qué ocurre cuando nos gusta algo que termina siendo un placer para nosotros? Pues que lo deseamos, que creamos un hábito y que llega un momento en el que la mente piensa en ello automáticamente como respuesta al deseo. Y mientras ocurre eso, el Yo no puede expresarse porque no le dan opción para hacerlo y está como un observador silencioso. Pero si, en esos mismos momentos nos hiciéramos conscientes de nosotros mismos y de la situación, evitaríamos que la mente pensara y se involucrara en todos esos problemas, muriendo entonces esas negatividades de inanición.

De una emoción (por ejemplo lujuria) la mente crea pensamientos, y esos pensamientos estimulan deseos y más emociones, y así está la personalidad ocupada todo el día entre emociones y pensamientos de todas clases. Pero cuando nos damos cuenta de que pensamos y de lo que estamos pensando, o sea, cuando nos hacemos conscientes de nosotros mismos, entonces podemos ver e interpretar a cada emoción y a cada pensamiento como si fueran pequeños egos que quieren dirigir nuestras vidas. De aquí que cuanto más nos identifiquemos con un pensamiento o con una emoción, más esclavos seamos suyos y más nos alejamos de la posibilidad de auto-observarnos. Y por eso, las personas que no se paran a pensar en todo esto y que creen que ellos son las emociones, los deseos, los pensamientos, hábitos, etc., son esclavos de la personalidad y sufren por hechos y circunstancias innecesarias. Lo mismo que una emoción negativa termina por atrofiar a su aspecto positivo (odio- amor) sino se ponen medios, así nosotros, como yoes que observan plena y atentamente a la personalidad, debemos hacer que se atrofien todas las negatividades por medio de la no-acción en ellas.

Como, normalmente, las personas creen que son la personalidad, con sus defectos y sus virtudes, su amor propio, su carácter y sus hábitos de pensamiento y reacción, no suelen darse cuenta de que son un Alma en evolución. Los que en esta vida llegan al grado de desarrollo de comenzar a discernir quiénes son y a conocerse un poco a sí mismos, se dan rápidamente cuenta de que, si quieren progresar deben comenzar por hacer una división entre virtudes y defectos, entre lo que es la personalidad y lo que es la individualidad. Entonces no les queda más remedio que admitir que tienen más en contra que a favor y que si quieren progresar, si quieren ver el mundo externo de otra manera más elevada, y si quieren que sus relaciones con los demás sean correctas, tienen que cambiar internamente. ¿Cuántos de nosotros hacemos una retrospección nocturna o una simple revisión de los hechos del día para ver cuándo hemos pensado, hablado, actuado, etc. como Almas y cuándo no? No se puede extraer una buena quintaesencia de toda la vida para transformarla en conciencia del Espíritu si no hacemos una observación plena y consciente de nuestro cuerpo emocional y mental a diario. Y menos aún extraeremos quintaesencia si no nos ponemos a trabajar cada día sobre dichos cuerpos con tal de eliminar a la personalidad.

Para vencer progresivamente a la personalidad debemos conocernos a nivel personal, lo que significa que debemos observar y analizar, desde el punto de vista del Alma, los siguientes aspectos:

1º.- Las emociones negativas, pasiones, hábitos, vicios que dominan a la mente y a la voluntad, deseos egoístas y materiales, etc.
2º.- La mente y su forma de pensar, cómo reacciona ante las negatividades del punto número uno, en qué cosas suele estar entretenida, etc.
3º.- Las emociones y pensamientos no negativos pero si personales (orgullo, complejo de superioridad, creerse lleno de virtudes, hablar de las cosas buenas que se hacen buscar notoriedad, etc.)
4º.- Recordarse a sí mismo todas las veces que se pueda durante el día para así practicar la atención plena sobre lo que se hace, (por ejemplo: observar cómo escribe la mano, como se mueven los pies cuando andamos, cómo memorizamos mejor cuando miramos el mundo conscientemente, etc.)
5º.- Auto-observarse como ejercicio para analizar cómo se desintegran las emociones y los pensamientos negativos cuando no entramos en ellos ni los enjuiciamos.

            Mientras no desarrollemos unas líneas de trabajo como estas o similares y sigamos pensando que somos todo eso y que somos perfectos, no nos conoceremos ni cambiaremos en nada. Tenemos que ver la diferencia entre estar dominado, por ejemplo, por el tabaco y el mal humor cuando nos falta (emociones negativas) del que ha dejado de ser un autómata respecto al tabaco y, por tanto, ya no se altera; el primero está dominado y sufre, el segundo es libre y es feliz. En este supuesto, está claro que el fumador se tuvo que poner en el puesto de observador algún día y comprender que esa “entidad” llamada tabaco le dominaba y le perjudicaba. A partir de ahí solo hay que vencer el deseo o a la emoción como se ha dicho.

Bien, apliquemos esto a nuestras vidas y veamos qué hacemos y cómo nos expresamos cada día. Si nos recordamos a nosotros mismos aunque solo sea 8 o 10 veces al día (observar cómo y qué piensa la mente, observar nuestras emociones, o cómo respondemos habitualmente) nos daremos cuenta rápidamente de que lo hacemos por hábito, instinto o como autómatas; pero también podremos comprobar que en ese mismo momento, como observadores y pensadores, somos libres de todos esos aspectos personales. ¿O no es liberarse el hecho de que al hacer algo que nos produzca, por ejemplo, “orgullo, pensemos voluntaria y conscientemente “tengo que ser humilde, eso lo puede hacer cualquiera” y dejemos pasar de largo la emoción?

 Francisco Nieto

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