Entradas populares

lunes, 16 de noviembre de 2015

LOS YOES EN NUESTRA VIDA COTIDIANA






            Aunque actualmente la neurociencia, la física cuántica y otras nuevas enseñanzas se acercan cada vez más a lo que la filosofía oculta llama “Verdad”, la mayoría de las personas no admiten la posibilidad, entre otras muchas cosas, de que no seamos lo que creemos ser. Se suele admitir que no somos el cuerpo físico porque éste está gobernado gran parte del tiempo por las emociones y los deseos, y todos sabemos que nosotros, como yoes, no somos una emoción o un deseo. Sin embargo, la gran mayoría de las personas sí creen que somos la mente por el hecho de que pensamos y creemos dirigir nuestra vida con nuestra mente. Estas personas no se dan cuenta de que la mente piensa por sí misma, piensa lo que la apetece y se va de un tema a otro automática o impulsivamente. Es cierto que muchas personas observan a su mente y se dan cuenta que ellas, como yoes, tampoco pueden ser la mente puesto que tienen poder sobre ella pero, aún así, no saben realmente quién es o qué es el Yo.

            Nada de lo que normalmente creemos ser es lo suficientemente duradero como para creer que sea el verdadero Yo o Alma. El Yo no es el cuerpo  ni los sentidos, ni el cerebro, ni la mente, ni tampoco la consciencia que tenemos aquí en la vida porque esta consciencia es personal y se elimina al cabo de ciertos años después de la muerte para dar paso al Alma, ese Yo o Conciencia recopiladora de los frutos de las experiencias de cada vida. Es cierto que todos esos aspectos están relacionados y forman la personalidad que creemos ser, y por eso mismo la evolución nos ha hecho pasar de la inconsciencia (cuando éramos similares a los animales) a la consciencia actual que nos hace diferenciarnos de lo que existe fuera de nosotros para así creer que somos un Yo individual que nada tiene que ver con los demás. Es fácil que, en estos momentos, algún lector niegue lo que yo afirmo porque él se siente un yo, porque lo que le sucede le sucede a él, lo que hace lo hace el, y cuando se despierta cada mañana sigue siendo él.

            Pero, lo mismo que podemos decir que el cuerpo físico no existe o que es una imagen ficticia porque la materia es en realidad una energía invisible a nuestros ojos, así también podemos decir que ese yo que creemos ser es el efecto de la actividad y receptividad de los sentidos, del cerebro, de las emociones, de la identificación con el cuerpo y del pensamiento. Tal y como piensa la mayoría de las personas, podríamos decir que el yo que creen ser solo existe cuando su consciencia es de vigilia pero no cuando duermen, que es como si no existieran. Cuando la mente piensa por sí misma y va de un lado para otro sin que nos demos cuenta (sin que seamos conscientes de ello), también es como si no existiéramos como yoes, y cuando ciertas emociones y miedos nos dominan también dejamos de existir como voluntad. Por tanto, el yo, incluso siendo un yo personal, aparece y desaparece según seamos conscientes de nosotros mismos y según nos manifestemos como voluntad. Así es que ese yo no es permanente ni duradero y está sujeto al cambio.

            Si un lector me dijera que no tengo toda la razón porque estoy escribiendo este artículo como un yo llamado Francisco Nieto, le diría que desde su punto de vista tiene razón pero no desde el mío porque, en este instante, yo intento descubrir a mi verdadero Yo poniéndome en un nivel de pensador (el que utiliza a la mente consciente y voluntariamente para pensar lo que quiera y cuando quiera) y de observador de lo que ese lector cree que es, o sea, de la personalidad o falso yo que se crea en cada vida. No es lo mismo decir “mi cuerpo” pensando que se está dentro y atado a él que decir lo mismo pensando que es un vehículo o instrumento (como lo es la mente) para que se manifieste la consciencia que es la representación, en esta encarnación, del verdadero Yo o Alma. Normalmente, la mente se pasa el día pensando, recibimos impactos e impresiones por los oídos, por la vista, por el tacto, etc., las emociones nos dominan, los deseos hacen presa en nosotros, pero estamos tan acostumbrados a verlo todo tan normal como un yo personal que no le damos importancia. Solo cuando algo nos preocupa seriamente, cuando necesitamos averiguar algo o cuando nos auto-observamos desde un nivel por encima de la mente, es cuando discernimos o meditamos desde una posición cercana al verdadero Yo.

            Lo mismo que un pensamiento es fruto de una idea original y lo mismo que una casa es fruto de la mente del arquitecto que la imaginó y la diseñó, así el yo personal es fruto del efecto de las experiencias, de las enseñanzas y de la razón desde que nacemos hasta que morimos. Es el hecho de ser conscientes de lo que recibimos a través de los sentidos y de lo que tenemos guardado en la memoria y en el subconsciente lo que nos hace sentirnos un Yo frente a lo externo que nos rodea. Quien, por desgracia (por no decir por su karma) cae en un estado vegetal, a quien le sedan hasta dormirle, o quien nace con una tara mental seria, no se siente un yo porque no tiene conciencia de vigilia y porque su verdadero Yo está impedido para expresarse física, emocional y mentalmente. El yo personal es la representación del Yo real pero con la particularidad de que éste último está velado por los cuerpos físico, emocional y mental. De hecho, si consiguiéramos eliminar de nuestra consciencia el concepto de “yo”, “mí” y “mío” ¿qué nos quedaría? ¿no cambiaría nuestro concepto de identidad? Y si llegáramos a la conclusión de que no somos esa identidad personal o yo ¿qué pensaríamos sobre el hecho de pasarnos casi las 24 horas preocupándonos por cosas absurdas, obsesionados por lo material o por los placeres y pensando siempre y basando nuestra vida en el pasado y en el futuro pero casi nunca en el presente? ¿Quién no ha escuchado alguna vez esa voz del Yo real diciéndonos que para ser felices debemos cambiar o buscar otra forma de vida? ¿esto no sería morir antes de la muerte para hacer nacer otra personalidad superior? Como dice una escuela en sus enseñanzas, estamos llenos de yoes que hay que eliminar para que pueda nacer el yo real. Las preocupaciones, los miedos, las emociones, la mente actuando por sí misma, los deseos incontrolados, etc., son yoes que nos hacer creer que somos individuos, pero solo son los aspectos de una falsa individualidad.

            Si el lector se auto-observa un solo día seguramente que termine algo confuso y preguntándose que entre tanto pensamiento sin razonar, entre tantas emociones y deseos dominantes, y entre tantas respuestas automáticas e instintivas ¿dónde se encuentra él como yo? Es más, ¿qué yo actúa ante los problemas de la vida que nos perjudican? ¿Qué yo está condicionado por la vida, por la sociedad o por los hábitos? Seguramente que estaremos de acuerdo en que es el yo personal, pero para quien cree ser ese yo personal, ¿qué yo se manifiesta en aquellas personas que aún estando encarcelados se sienten libres? ¿qué yo se manifiesta en aquellos cuerpos que están por encima de lo material; que dominan las emociones y los deseos; que controlan su mente hasta el punto de pensar sólo lo que ellos quieren; que sus expresiones en pensamiento, palabra y obra son siempre de amor y compasión? Está claro que ese yo está muy por encima del personal, o dicho de otra forma, es el yo personal purificado después de muchos renacimientos de esfuerzo y sufrimiento. El yo personal es aquel que ante tanto pensamiento, impulsos, emociones y automatismo personal cree que es la persona misma  la causante u origen de todo porque es así su naturaleza. El verdadero Yo, el Ego reencarnante, es el que, aun estando reencarnado, ha evolucionado tanto que se expresa como conciencia espiritual entre sus quehaceres cotidianos.

            Entonces, casi me atrevo a diferenciar varios yoes:

1º.- El personal que se va formando desde que nace y que cree que es él quien piensa y actúa según la educación y las experiencias adquiridas.

2º.- El mismo anterior pero que se da cuenta de que hay una voz o conciencia que no es lo que él cree ser y que cuando la escucha le es más fácil vivir y comprender la vida y a las personas.
3º.- Los que intentan expresar en cada momento o ahora esa conciencia superior hasta el punto de que dominan a la mente, no se dejan dominar por los deseos ni las emociones, y ven el mundo y a los demás con los ojos del  amor, de la fraternidad y del sentimiento de que todos tenemos un mismo origen que es Dios.

            Como podemos ver, no se trata solo del mal uso que la persona hace de la mente, sino que es la mente y los deseos, y los sentimientos, etc., quien utiliza a la persona, identificándose así con todo ello. Ese es el error, si queremos ser eso es como creer que somos todas esas voces que nos hablan a través de la mente, sin darnos cuenta de que esas voces, miedos y respuestas instintivas y automáticas impiden que oigamos la única y verdadera voz del Yo superior. Si escuchamos y nos identificamos con todo eso que la mayoría de las personas creen ser es como identificarnos con un mentiroso que nos habla de la importancia de los deseos materiales, de los pensamientos egoístas y de que lo más importante en la vida somos “nosotros como personas”.

            Quien se deja dominar por las pasiones, por los deseos y sentimientos animales o de maldad y por los problemas o pruebas de su destino, está engrandeciendo su yo personal porque no gobiernan su destino desde el punto de vista del Ego. Se deja llevar de un lado para otro y sólo sabe responder desde lo aprendido en el pasado y no desde el sí mismo, es decir, desde lo interior o como conciencia que vive y se expresa como observador voluntario y con pleno dominio. Se puede atender a los asuntos personales de la vida, vivir los sentimientos positivos, pensar y razonar los asuntos desde el más elevado punto de vista e intentar ver el mejor aspecto de los problemas desde un estado consciente presente, pero no desde las voces siempre presentes de la mente ni desde un estado de consciencia de maldad ni otros aspectos negativos de las experiencias del pasado. El hombre que medita desde su aspecto interno y vive en “sí mismo” no se altera ni actúa como la mayoría de las personas, sino que razona antes de expresarse y, por tanto, vive más en el silencio del Yo que en el laberinto de la personalidad.

            Cuando escuchamos dichas voces en forma de deseos, sentimientos, emociones, recuerdos del pasado, rencores, etc., no solo lo estamos fortaleciendo sino que también nos volvemos a identificar con ellos como si nosotros fuéramos todo eso. Les hacemos parte de nosotros y actuamos según sea su naturaleza. No nos damos cuenta de que quien escucha (nosotros) las voces no es ese tumulto que nos invade en forma de voces, el hecho de darse cuenta de que ese tumulto nos domina y nos lleva de un lado para otro (psicológica y emocionalmente hablando)  ya nos hace darnos cuenta de que nosotros, como verdaderos yoes, estamos por encima de todo eso. Actuar como un yo personal es actuar como algo automático, es algo así como estar dormido por no poner nuestra voluntad y nuestra conciencia en lo que está pasando. En ese caso quien responde y se expresa es el “resultado de lo que hemos llegado a ser” en la vida y, por tanto, no se puede esperar otra cosa que más de lo mismo salvo que en esta vida “despertemos” e intentemos ser voluntariamente conscientes en cada instante para crear pensamientos, sentimientos y deseos positivos y para no dar rienda suelta a la mente ni a la lengua. Cuando se controla la mente lo suficiente como para que no esté respondiendo o pensando constantemente; cuando silenciamos lo poco positivo del  pasado; y cuando alcanzamos un estado de ánimo y mental sereno, relajado y expectante ante lo que pueda surgir de nosotros en cada circunstancia, podemos  decir que vivimos en el aquí y en el ahora del verdadero Yo.

            Si estamos compuestos de deseos, instintos, emociones, pensamientos, respuestas automáticas, hábitos y toda una serie de recuerdos del pasado que nos dominan, más otros pensamientos sobre el futuro que más que ayudar perjudican; está claro que cuando vemos todo eso como ajeno a nosotros y nos esforzamos por enfocarlo, vivirlo y expresarlo desde la conciencia del verdadero Yo estamos acercándonos a la naturaleza espiritual (origen de nuestro ser) y dominando a la grosera y material personalidad. La mente tiene el poder de gobernar todo lo demás, por encima de ella solo está la voluntad que, generalmente, es muy débil ante lo personal, pero cuando la utilizamos voluntariamente y conscientemente estamos expresándonos como el Yo mismo, lo que significa que podemos doblegar a la mente y a todo lo demás. No olvidemos que, desde ese punto de vista, solo nosotros (nadie más puede) decidimos si actuar de una forma u otra o si hacer el bien o el mal en pensamiento, palabra y obra.

            La personalidad es nueva en cada vida excepto en lo que traemos como resultado de las experiencias de otras vidas que, aunque latente, intenta manifestarse en forma de conciencia. Cuando nacemos lo hacemos libres de todo lo que después (a lo largo de la vida) conforma la personalidad, pero el verdadero Ego o Yo tampoco puede manifestarse porque la mente ni el cuerpo emocional ni el físico están preparados para ello. Por tanto, desde la infancia comenzamos a formar la personalidad por medio de  los resultados de las experiencias (de la presente vida) y de la educación y aprendizaje de las enseñanzas que recibimos. Según sea todo eso desde el punto de vista psíquico, moral y espiritual, así ocultaremos o permitiremos que nos hable el Yo reencarnante. También, de acuerdo con todo lo anterior, formamos nuestra realidad, según la cual actuará la personalidad. De aquí que cuando nos educan unos padres con conocimientos como estos y nos enseñan a razonar y a tener elevados ideales, tengamos más oportunidades de identificarnos con nuestro Ser y de progresar espiritualmente.

            Naturalmente que el progreso en cada renacimiento depende principalmente del desarrollo espiritual que ya hemos alcanzado en otras vidas, ese desarrollo no solo nos guía, sino que también nos protege en forma de “voz de la conciencia”. Puestos en el nivel del Yo superior, debemos considerar a la personalidad como el mejor instrumento para evolucionar un poco más en cada vida. Por eso, además de cuidar el cuerpo físico también debemos estar atentos para que nuestros cuerpo de deseo o emocional se centra en lo más elevado y para que nuestra mente no ande pensando por sí misma ni de un lado para otro sin control. Cuantas más mascaras use nuestra personalidad y cuanto más se deje llevar por los malos deseos y sentimientos, más se verá influenciada la mente en ese sentido y menos oiremos la voz de nuestro Yo. Entonces estaremos creando una realidad cada vez más alejada de la Verdad, lo que nos llevará a sufrir más en el estado post-morten para purificar la vida pasada y así renacer con unos ideales e inclinaciones más puras y elevadas.

            Es evidente que la persona que desee cambiar para facilitar la manifestación del verdadero Yo debe centrarse en lo interno y analizarse y observarse a sí mismo para luego utilizar su mente y su voluntad de una forma consciente. De poco sirve el conocimiento si no ponemos manos a la obra y lo aplicamos a nosotros mismos y a nuestra vida diaria. Podemos leer un montón de libros o miles de artículos como este pero si no nos levantamos cada mañana con la intención de continuar el trabajo interno, pasarán los años y seguiremos actuando con los mismos patrones de conducta, los mismos malos sentimientos, deseos y pensamientos, y la misma forma de pensar y de ver la vida.

                                                           Francisco Nieto