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miércoles, 15 de abril de 2015

CONOCIENDO Y ADIESTRANDO LA MENTE (y III)





Como cualquier persona puede deducir, nosotros, como personalidad, somos el resultado de todo lo que hemos conocido, experimentado y aprendido a lo largo de nuestra vida y, como efecto de ello, nos pasamos gran parte del tiempo imaginando o programando lo que llamamos futuro, que cuando llegue se convertirá en presente como así lo fue el pasado; por tanto la vida es un eterno presente. Y como la mente descontrolada por el yo e influenciada por el cuerpo emocional y por los hechos del pasado, lo que más nos causa es sufrimiento, miedos, etc., el hecho de estar plenamente atentos en el presente evita que nos refugiemos en el pasado y en el futuro. El hecho de auto-observarnos y de estar plenamente atentos en cada ahora hace que veamos pasar el tiempo (venir el futuro) tranquilamente, sin inquietudes, apegos ni deseos porque estamos seguros de que sabremos actuar con responsabilidad y consciencia de sí mismo. Si pudiéramos calcular el tiempo perdido, los problemas y meteduras de pata que hemos cometido con nuestros malos pensamientos, con nuestros juicios erróneos y precipitados, con nuestra irresponsabilidades y hechos absurdos, con nuestros sueños y vanas esperanzas futuras, nuestras fobias y prejuicios, etc., comprenderíamos que hemos perdido gran parte de nuestra vida y que nos hemos creado muchas deudas para el futuro; además de toda una serie de temores, preocupaciones y desengaños. La correcta y pura atención libera a la mente de todo eso porque el observador, el Yo superior o Ego, la controla tranquilamente en cada presente y la utiliza cuándo y cómo quiere según la sabiduría adquirida y según su propia evolución. La correcta atención profundiza en la naturaleza de la mente y la adiestra para romper las cadenas que la atan al pasado y para evitar que pierda el tiempo  en un futuro que aún no ha llegado; por tanto hace que el hombre sea libre en el presente.

El hecho de auto-observarnos introspectivamente o de prestar atención a lo que somos internamente, no solo nos ayuda a conocer nuestros deseos, emociones, pasiones y demás, sino que principalmente nos sirve para formar la mente y para extraer información verídica sobre ella. Y esto ocurre cuando ponemos nuestra atención en las actividades y distracciones de la mente, así conocemos nuestras virtudes, debilidades, defectos, fortalezas, vicios, etc. y eso nos facilitará el poder de no dejarnos engañar por lo falso e innecesario y de discernir antes de intervenir en pensamiento, palabra y obra. Al ser la mente el medio por el cual obtenemos conocimiento, el hecho de poner nuestra atención sobre ella nos hará conscientes de todo lo negativo de la personalidad para así poder poner manos a la obra para su erradicación. El simple hecho de “detectar” con la mejor voluntad, los hechos, hábitos y obstáculos que nos causan dolor y preocupaciones ya hace que se preste más atención y que se observen más detalladamente para dejar que mueran por inanición y por no inmiscuirnos en sus propósitos. Sin embargo, este mismo hecho de observar lo negativo de la personalidad de una forma consciente y voluntaria también hará que la personalidad se ponga en guardia e intente seguir dominando e influyendo a la mente y a la voluntad. Pero el practicante verá  cómo surgen medios o capacidades, quizás desconocidas hasta ahora, que le darán más poder de atención y análisis y más confianza propia para seguir en esa línea de desarrollo interno.

Nosotros construimos el mundo con nuestra imaginación, nuestras ideas y nuestros pensamientos y cuando gracias a la atención sobre uno mismo nos damos cuenta de que si hubiéramos aprendido a silenciar la mente y a que se hubiera  abstenido en la mayoría de las cosas y circunstancias del pasado, ni nosotros ni el mundo sería así. La atención y la observación que controlan a la mente y al cuerpo emocional hacen que todo marche por su cauce sin entrometerse (salvo cuando sea necesario y se haga consciente y responsablemente) y nos aparta de toda actividad innecesaria que nos apegue y que nos cause sufrimiento o problemas. No estoy hablando de distanciarnos de las personas y de lo que ocurra a nuestro alrededor sino de observarlo atentamente para ser conscientes y discernir si debemos implicarnos y cuándo o cómo debemos hacerlo; lo que no tiene que ver nada con que demostremos amor y manifestemos tolerancia y comprensión. Esto, en definitiva, es desapego, liberación y distanciamiento de las cosas que nos causan dolor.

Como en todo desarrollo (sea del corazón o sea intelectual) el hecho de observar y estar atentos sobre la mente y de hacer esta meditación introspectiva, lleva su tiempo y necesita paciencia y persistencia porque, además de auto-observarnos internamente y obtener conocimiento de las actividades mentales frente a las sensaciones y a las impresiones externas, hay que enseñarla y adiestrarla. Al principio será muy poco tiempo el que se consiga esa plena atención sobre nosotros mismos y sobre nuestras actitudes respecto a lo que nos rodea, pero progresivamente se irá ampliando y se irá adiestrando a la mente para que esté enfocada donde lo esté nuestra atención y nuestra conciencia. Algo similar ocurre respecto al hecho de mantener a la mente en silencio mientras se observa y al hecho de que no se distraiga ni se precipite en la manifestación o intervención que pueda hacer, pues ese vacío o silencio pausado es lo que hace que la atención sea pura y clara y que dé tiempo a la mente para obedecer a la voluntad. Es cierto que la mente, como un cuerpo del Ego que es, ocupa su lugar y necesita expresarse ante sí misma y ante el mundo que le rodea. Pero para que la mente pueda expresarse correctamente debe tener una clara comprensión de cada situación, sea de la naturaleza que sea.

Cuando, ayudada por la atención, la mente tiene una visión clara de la realidad debe actuar de acuerdo al nivel más alto que tenga de comprensión, de propósito y de sabiduría procedente del propio Yo superior Pero, repito, si se quiere actuar mentalmente con propósitos elevados y sabiduría, es necesario dar ese mínimo tiempo o pausa mental para ver si todo se corresponde con la buena voluntad o con la buena intención que se debe tener. Es como si nos dijéramos un tiempo para preguntarnos ¿es correcto lo que voy a expresar, hacer o decir? y esto solo se puede conseguir cuando estamos atentos y conscientes en nosotros mismos. No es necesario decir que esto es importante porque todos sabemos que la mente se distrae, que piensa egoístamente y que se olvida de la naturaleza superior mientras que se apasiona, se hace indolente, fría, etc. y eso solo se puede superar con buena voluntad, con la observación sobre sí mismo y con una atención clara y plena.

Cuando no tenemos suficiente comprensión o ésta no es lo suficientemente clara como para que nuestros propósitos sean de naturaleza superior perdemos oportunidades de desarrollo, pero si, además, cedemos a los caprichos y debilidades personales o nos falla la persistencia, la concentración y la voluntad, no habremos adelantado nada porque perdemos esa capacidad de atención y observación sobre la mente. Es necesario fortalecer la comprensión del propósito para contrarrestar la falta de coherencia y objetividad que llevan a la palabrería y a la dispersión mental sin control. Cuando se concentra la energía que el hombre normalmente derrocha, y se utiliza sobre una mente observada con atención, se construye un carácter y se domina el destino, quedando la mente razonadora bajo la dirección de la buena voluntad que es la que la guiará hacia una libertad desconocida hasta ese momento. Cuando se practica la atención sobre cualquier cosa que nos rodea o sobre sí mismo también se suele interpretar como meditación (sea la observación del cuerpo físico o la de las sensaciones que le afectan, o cómo y qué piensa la mente) pero, sea cual sea, se debería practicar a diario y todo el tiempo posible casi como una rutina. El hecho de prestar una tención detallada a las actividades diarias del cuerpo o a lo que decimos, o a lo que piensa la mente, etc., ya se considera meditación, lo único que falta es que se busque la manera de que la práctica se relacione con algún propósito espiritual para así vivir la vida plenamente y en armonía con el Espíritu.

El aspirante espiritual sincero no debe permitir que las emociones, los bajos deseos y las distracciones de la mente campen a sus anchas y tengan más poder que su voluntad porque eso le apartaría del sendero. La auto-observación y la atención plena no tienen porque ser un medio de meditación solo durante unos minutos al día, sino que deben ser parte de la rutina diaria. La vida es en realidad corta y debemos aprovechar cualquier conocimiento o método de desarrollo espiritual para acercarnos a nuestro verdadero Ser y para liberarnos del carácter egoísta y personal que nos ata al karma y al renacimiento. Cada causa tiene su efecto y cada efecto su causa pero cuando se lleva a cabo el auto-conocimiento, la atención clara de lo que nos rodea y la observación interna para ver nuestras virtudes y nuestros defectos, conseguimos que esas casusas y efectos no nos aten como de costumbre o que, si lo hacen, sea en sentido positivo. Las personas normales que no ponen la atención de la que hablamos ni tampoco tienen una clara comprensión de su vida y del Ser seguirán viéndose involucradas en su materialismo, en sus planes futuros o hechos del pasado, en sus planificaciones o complicaciones y en sus discusiones o enfrentamientos causados por la impulsividad, la precipitación y la sinrazón. Y cuando es un aspirante espiritual el que cae en esa rutina personal es fácil que pierda todo lo conseguido o no ser que la atención y la comprensión le hagan consciente de su distanciamiento de la realidad.

La indiferencia, el desapego a lo material, el  desinterés por los resultados de las acciones y la intensificación por el trabajo sobre sí mismo, le traerán elevación espiritual pero no éxito ni fama personal. El éxito vendrá por la persistente práctica de auto-control y de  atención y adiestramiento de la mente, pero no por un simple conocimiento de la teoría. La teoría y práctica que aquí se explica (vigilancia y control de sí mismo) hacen que se pueda llevar una vida más plena, fácil, y feliz en pensamiento, palabra y obra; hace que la mente ilumine las circunstancias confusas y las interpretaciones erróneas basadas en las sensaciones y en el pensamiento inquieto. La atención y la observación sobre nosotros mismos y nuestra mente refina la sensibilidad, favorece el crecimiento de la intuición y de la inspiración, y hace que la mente se convierta en un medio de liberación de la personalidad. Por último, da la oportunidad de tener un corazón más bondadoso, unas ideas más fraternales y una serie de medios para que el aspirante pueda hacerse un servidor de la humanidad.

                                                           Francisco Nieto