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miércoles, 25 de febrero de 2015

CONOCIENDO Y ADIESTRANDO A LA MENTE ( I )





            Hace ya muchos años, cuando comencé a estudiar las “enseñanzas ocultas”, yo mismo me decía que qué ignorante era al tener los conceptos que tenía sobre la constitución del ser humano. Entonces comprendí que no se podía englobar todo lo que creemos ser y que era más ventajoso, desde cualquier punto de vista, dividir dicha constitución en, al menos, cuatro partes. En muchos de mis artículos y en mis libros que como estudiante de ocultismo he escrito, siempre he dicho que tenemos cuatro cuerpos, a saber: un cuerpo físico compuesto de átomos; otro llamado vital o etérico cuya imagen es igual que el físico pero que es el encargado de vitalizarle y de que su organismo funcione; un tercero de deseos o emocional de donde surgen y se forman nuestros sentimientos, deseos emociones pasiones, etc., cuya imagen es una especie de huevo de materia más sutil que el cuerpo vital y que rodea el cuerpo físico; y un cuarto cuerpo o mente de materia más sutil aún que el anterior que solo ocupa la parte superior del cuerpo físico y que, como los anteriores, compenetra a éstos.

A este total se le suele llamar “personalidad” pero, claro, estos cuerpos no son nada por sí mismos sino son habitados o están conectados a algo superior donde estén integradas la vida y la conciencia; y ese algo es el Espíritu también llamado, a veces, Alma, Ego o Yo superior. Este Ego se presenta por encima y ante sus cuerpo como “voluntad” y para entender esto solo hace falta comprender que el cuerpo físico puede actuar por su propia cuenta cuando es gobernado por los deseos y las emociones; que ese ser dominado por las emociones puede ser dirigido por la mente y el discernimiento; y que todo eso se puede gobernar, para el bien o para el mal, desde la voluntad. Pero como resulta que el cuerpo físico, aun siendo el más antiguo de todos (es el que primero se formó) y el más desarrollado está a merced de los otros cuerpos y cumple y responde a lo que recibe de ellos de acuerdo a lo que percibe con sus sentidos y a lo que llega a su cerebro, está claro que es necesario que por encima de todo ese conglomerado haya una sola voz.

            Por eso no hay que razonar mucho para comprende que en el hombre común actual existe una lucha entre el cuerpo de deseos que impulsa a la acción con sus deseos y emociones y la mente que (según el desarrollo moral, intelectual y espiritual de cada individuo) intenta frenar en algunos casos a ese cuerpo o bien complacerse en sus placeres. Esa lucha existe desde hace muchos miles de años (muchos  renacimientos) pero, lo mismo que cuanto más atrás más poder tenía ese cuerpo de deseos animal, es lógico que en cada renacimiento tome más poder la razón y vaya dominando a  las sensaciones, deseos y emociones con su discernimiento. Pero, ¡claro! como es el resultado de cada renacimiento lo que hace evolucionar a ese Ego o Yo superior, está claro que aún nos quedan muchos renacimientos para que la voluntad sea lo suficientemente poderosa como para guiar y controlar a la mente de tal manera que ésta asuma el control de los deseos y emociones para trabajar y experimentar con los más elevados y rechazar y abandonar los más bajos y groseros. Y es  ahora, en la época actual y como fruto de mis estudios, meditaciones y experiencias, cuando, además de comprender esa división necesaria de la constitución del hombre, entiendo que cada uno de nosotros puede evolucionar un poco más si profundizamos en el funcionamiento de la mente en relación con todo lo dicho.

            Después de lo dicho hasta ahora es evidente que, a primera vista, la meta del hombre es que ese Ego sea dueño y director de cada uno de sus cuerpos. Esto es como decir que no se debería dejar dominar por sus deseos ni por sus emociones y que su mente solo debería pensar, en lo que el Ego quiera, es decir, que  el hombre mismo, haciendo el papel de lo que verdaderamente es, debería ser consciente en cada aquí y ahora de lo que siente, piensa, habla y hace. Esto significa que a la hora de hablar y actuar, deberíamos tener un momento o vacío para poder analizar la situación y para así actuar correctamente y de acuerdo a nuestros más elevados ideales. ¿Es posible alcanzar esto? Sí, pero eso no significa que sea fácil. Algunos ya lo han conseguido y por eso están a la cabeza de la evolución, otros estamos intentando alcanzarlo en algún grado, y otros sin siquiera entenderían lo que estoy diciendo porque creen ser el cuerpo, o las emociones, o la mente misma pero poco más.

Aunque en este artículo no voy a entrar en lo que significa ese famoso axioma hermético que dice “Hombre conócete a ti mismo”, es evidente que si no nos conocemos no podremos ver contra quién o qué debemos luchar ni cómo podemos actuar, por tanto, lo primero que debemos hacer es auto-observarnos e intentar ser conscientes en cada ahora para analizar cada situación: cómo respondemos, si conscientes o no; si con voluntad o por instinto o automatismo; si perdemos el control; si nos dominan aún los deseos y las emociones animales; etc. Una vez que comencemos a conocernos y a ver dónde hay que esforzarse por desarrollar lo elevado y dónde y cómo hay que trabajar para eliminar lo grosero y lo que impide nuestra evolución, entonces será cuando tendremos que profundizar en el funcionamiento de los cuerpos superiores pero más en concreto sobre la mente.

            Podríamos afirmar que si la mente es comprendida todo se puede comprender con ella y que si fuéramos conscientes de todo lo que nos incumbe y lo que somos alcanzaríamos la meta en poco tiempo gracias al buen uso de la voluntad. Un animal no es malo por tener bajos deseos, ni un salvaje tampoco por actuar de forma que nuestra conciencia no nos permitiría hacerlo  a nosotros, ni otra persona disminuida mental tampoco lo es porque su mente no es racional y no alcanza a comprender lo que hace. Por tanto, nosotros somos malos cuando razonamos cuando ya somos conscientes de lo que hacemos, sea inducidos por los deseos, por las emociones, por otras personas, por los impulsos o los instintos, etc. Pero como la mente es la que  adquiere conocimientos también se podría decir que es ella la fuente de todo lo bueno y lo malo que hay en nosotros así como de lo que nos llega desde fuera. Algo negativo que proceda del cuerpo emocional puede razonarse y reinterpretarse y llevarse a la práctica de forma positiva; algo deleznable que veamos que  hacen los demás nos puede inducir a hacerlo pero razonándolo a la luz de la conciencia y del discernimiento, nos hará cambiar de parecer y lo evitaremos.

Por consiguiente, es el cambio voluntario interno, consciente o inconsciente pero por hábito, lo que produce los cambios en lo externo. Cuando lo interno es poderoso por la propia evolución solo es necesario hacerse consciente de uno mismo y dirigir la mente para producir el cambio y tomar la decisión correcta. Yo diría que cuando en una persona hay confusión entre lo que le llega y lo que es interiormente es porque hay falta de auto-consciencia y de control de la mente. Viendo el asunto desde este punto de vista está claro que, además de ser auto-conscientes siempre que podamos, deberíamos enfocar la mente en todo lo que ayude a evolucionar al Ego y aportarla de todo lo que pueda ser un obstáculo. Así es que si de verdad alguien desea avanzar a pasos agigantados por el sendero de desarrollo espiritual debe:
1º.- Conocer la mente.
2º.- Adiestrarla para poder controlarla.
3.- Liberarla del cuerpo emocional.
4º.- Hacer que se centre en el ahora para que no se distraiga.

            El hombre es un centro de conciencia al que llegan innumerables impactos e impresiones desde que nace y según su naturaleza va aprendiendo a  actuar y a responder, unas veces bien y otras mal,  lo que hace que nos desviemos de nuestra verdadera naturaleza espiritual y que nos apeguemos y nos impliquemos en el mundo material hasta el punto de perdernos muchas veces. Si nos dejáramos dominar por el cuerpo de deseos podríamos terminar actuando peor que los animales y manifestando las más bajas emociones y los más bajos deseos; si no controláramos los impulsos y los instintos,  también nos apartaríamos del sendero; y si no razonáramos de acuerdo al desarrollo alcanzado por la voluntad, sería aún peor. Por tanto, solo el auto-control consciente es lo que nos puede liberar de ese sendero de apego y de inconsciencia. Solo el hecho de estar plenamente atento a cómo es nuestra actividad interna más el adiestramiento de la mente nos puede traer el equilibrio y la armonía interna.

Si, como he dicho, pudiéramos parar solo unas milésimas de segundo antes de pensar, de hablar y de actuar, encontraríamos la paz interna. Pero para eso, repito, es necesaria una atención plena que registre nuestro comportamiento en el mundo, lo que significa intentar ver las cosas como son. Nuestro interés en el mudo es interesado y egoísta y poco desinteresado e imparcial, y eso nos lleva a juzgarlas y a intentar manejarlas e interpretarlas según nuestro propio desarrollo interno, pero como éste aún no es muy elevado, ponemos etiquetas personales a todo hasta el punto de que son esas etiquetas las que determinan nuestras acciones y reacciones. Si, a través de una verdadera atención, intentáramos ver las cosas tal como son y sin etiquetar (bueno, malo, raro, bonito, inútil, agradable, repugnante, etc.) o sea, sin juicios subjetivos añadidos ni siquiera de lo que tenemos guardado en la memoria, tendríamos más claridad y más tiempo para actuar ante cualquier circunstancia.

            La mayoría de las personas vamos por la vida sin apenas ser conscientes de lo que hay o lo que ocurre a nuestro alrededor, miramos pero no observamos, vemos pero no prestamos la suficiente atención como para ser conscientes de los detalles, no nos damos cuenta de que la atención sobre lo que nos rodea y la observación de nuestro aspecto interno son la base de la memoria consciente. Cuando, además de mirar un objeto, ponemos nuestra atención en sus detalles surge una comparación con lo observado en el pasado y un “darse cuenta” de la relación de lo observado con el observador, de ahí que si hay interés en lo que se observa, haya una coordinación de las experiencias y una relación entre la atención y la memoria. La atención u observación sin relación con la memoria apenas aporta nada respecto al conocimiento, a las experiencias y a la memoria, por eso lo aconsejable para extraer beneficio de la vida cotidiana es observar con atención hasta en los detalles para que se guarde en la memoria como así se aconseja en ocultismo. 

Francisco Nieto

viernes, 6 de febrero de 2015

LAS RELACIONES COMO BASE DEL CRECIMIENTO PERSONAL (y II)



                

Sin profundizar mucho en la física cuántica actual, he de decir que, en mi opinión, algo de razón tiene cuando dice que nosotros creamos la realidad en cada momento, que es como decir que nosotros encontramos lo que buscamos en cada persona si de verdad así lo creemos. Para comprender esto habría que admitir que nuestra mente y nuestras intenciones son creadoras, y entonces podríamos afirmar que nosotros siempre veremos a los demás como buenas personas si de verdad queremos verlo. Es cierto que a diario podemos encontrar personas con mal carácter, pero pocas veces no nadie les ha  explicado que pueden cambiar si de verdad lo desean y lo intentan; o que se encuentran en ese nivel evolutivo y todavía no están capacitados para comprender lo que nosotros comprendemos. Pero también es cierto que cuando nos hacen algo que nos molesta o nos encontramos con alguien que no piensa como nosotros queremos que piense, respondemos de forma similar dejándonos llevar por lo que ven nuestros ojos o lo que oyen nuestros oídos; actuando así como una personalidad instintiva y automática que no ejerce el poder de la voluntad y del pensamiento creador para ver a esas personas “con otros ojos”. Si nosotros estamos creando nuestro mundo según lo que interpretamos lo que nos llega por los sentidos y según sea nuestra voluntad de pensamiento ¿Qué va a impedir que yo piense que una persona es buena aunque en ese momento no lo aparente? Es más, nuestra mente puede ser tan creativa que si unos días antes de conocer a alguien que tenemos que conocer le imaginamos (no el aspecto físico) con un carácter interno positivo, y cuando nos encontramos con él actuamos y nos expresamos como si así fuera, la otra persona responderá con el carácter que habíamos ideado.


            Debemos aprender a ser conscientes de nosotros mismos en cada momento para observar qué sentimos y cómo piensa nuestra mente cuando no está controlada, porque así cambiaremos la manera de ver el mundo que nos rodea y a las personas con las que nos relacionamos. Solo así podremos cambiar las respuestas automáticas e instintivas y los hábitos por respuestas voluntariamente conscientes, entonces y si de verdad lo deseamos, crearemos mentalmente un mundo mucho mejor donde apenas tienen cabida los problemas que nos dominan ni las personas que alteran nuestro equilibrio. La mayoría de las personas no lo saben pero los ocultistas sabemos el efecto que los pensamientos causan cuando se dirigen a alguien o cuando pensamos en una persona, por tanto, ¿qué va a impedir que yo piense que mis relaciones con los demás van a responder a mis deseos y pensamientos positivos entre ambos? Cuanto más pensemos que alguien es falso y cuanto más hablemos en ese sentido, más nos lo va parecer sin darnos cuenta de que podemos estar equivocados por el simple hecho de no intentar verlo como una persona sincera. Solo nosotros somos responsables de lo que pensamos y solo nosotros podemos cambiar esa forma negativa y poco creadora de pensar positivamente.

            Somos tan poco conscientes como individualidad y tenemos tan poco poder sobre la personalidad que muchas veces cometemos el mismo error día tras día y no conseguimos superarlo o cambiarlo. Por ejemplo, cuando tenemos algún problemas con alguien y le criticamos un día tras otro y no conseguimos vencer esa tentación para dejar de hacerlo. Los aspirantes espirituales deseamos cambiar esas actitudes y cambiar tal o cual comportamiento pero nos es muy difícil ¿y todo por qué? pues porque no cambiarnos la manera de pensar y de ver a los demás en nuestras relaciones. Debemos tener bien grabado en la consciencia que la voluntad está por encima de la mente y que debe ser dueña de ella, pero también que los cambios de actitud y de comportamiento se hacen en el mundo del pensamiento. Solamente cuando planificamos y meditamos un cambio voluntaria y conscientemente con nuestra mente es cuando podemos decir que estamos trabajando para conseguir ese cambio. Si a partir de hacer esa propuesta en el mundo de la mente lo tenemos presente en las circunstancias que queremos cambiar, no cabe la menor duda de que nuestro Yo superior nos recordará que no debemos criticar. Si a esta práctica añadimos el hecho de ver las cualidades de la otra persona a la vez que no nos fijamos en sus defectos, lo tendremos más fácil. Y si a través de la imaginación nos vemos con esa persona charlando amigablemente, será mucho más fácil aún para nosotros cambiar nuestra manera de pensar sobre ella.

            Lo mismo ocurre sobre las circunstancias de cada día y sobre nosotros mismos. Todo lo que no recordamos conscientemente y que nos ha sucedido está guardado en la memoria subconsciente, o sea en el átomo-simiente donde se guarda la película de la vida para extraer el beneficio de ella, por eso deberíamos ser cautos a la hora de expresarnos y más controladores de nuestra mente, sobre todo cuando piensa por sí misma. Lo mismo que deberían crear el hábito de ver lo bueno en los demás y no hablar mal de  ellos en ningún sentido, así deberíamos hacer cada mañana respecto al día que vamos a experimentar. O lo que es lo mismo, si cada día al despertarnos nos dijéramos a nosotros mismos ¡hoy voy a tener un buen día! ¡hoy voy a aprovechar todas las oportunidades que surjan para ser mejor y para no hacer mal a nadie! Entonces se crearía una nueva atmósfera en nuestra aura y nuestro Yo superior nos lo recordaría cada vez que lo fuéramos a incumplir. Esto tiene relación con el ejercicio que en alguno de mis libros y en algún artículo defino como “la auto-programación” que trata de visualizar las situaciones que sabemos que vamos a vivir ese día pero programándolas desde nuestros más elevados ideales. Si a eso añadimos que debemos programarnos y vernos afrontando todas las circunstancias (por malas que sean) con un buen carácter y con las mejores intenciones, comprenderíamos que lo estamos grabando en el subconsciente como un futuro mejor. Recordad, solo nosotros podemos elegir lo que queremos pensar y solo nosotros somos responsables de nuestros pensamientos.

            Si de vedad queremos progresar a través de las relaciones con las personas que conocemos y que nos rodean, debemos analizar todas las situaciones. Una muy común es cuando nos encontramos con alguien que conocemos y que muchas veces se expresa de una forma alterada, descontrolada o agresiva. La verdad es que no es muy común  ver a personas así todos los días, lo que significa que esas personas no se deben encontrar a gusto consigo mismas o con sus circunstancias. Siempre está bien por nuestra parte dar algún consejo, ser ejemplo de la manera en que hay que comportarse y ser emblema de lo que representa la comprensión y la tolerancia. Pero eso no es suficiente en muchos casos, en mi opinión, es más importante considerar a esa persona como una especie de “enfermo” por ser víctima de esa personalidad áspera o agresiva, que todo lo que queramos aparentar delante de ella. A veces un concepto así, acompañado de un sentimiento compasivo y fraternal, hace que lo poco que expresemos sea de más ayuda para esa persona. A la vez, nosotros mismos evitamos criticar o actuar contra ella por temor a lo que nos pueda decir o hacer. Por otro lado, la próxima vez que la encontremos ya no iremos con precaución o con miedo, sino que nos encontraremos con la tranquilidad de que se está tratando la enfermedad y que, por su parte, nos considera un enfermero más de los que le tienen en consideración.

            Cuando no sabemos actuar como verdaderos aspirantes espirituales y ni siquiera hacemos un ejercicio de buena voluntad como lo dicho en el párrafo anterior, solemos caer en la crítica. Pero, ¿nos hemos puesto a analizar seriamente lo que ocurre cuando criticamos? Guiándonos por nuestras malas costumbres, entre ellas, la de fijarnos mucho más en los defectos que en las virtudes de las personas, criticamos de una forma parcial sin querer ver que a lo mejor tienen más virtudes que nosotros. Tenemos un buen concepto de las personas y vemos su virtudes y no damos importancia a sus defectos hasta que hacen algo que no nos gusta, que nos influye o que no está de acuerdo con lo que pensamos. Un ejemplo es la política o el hecho de ser forofo de un club de futbol al que odiamos por ser el eterno rival del equipo al que pertenecemos. Yo he conocido aspirantes espirituales  que aún teniendo muy buenas cualidades y ser un ejemplo para los demás, se les notaba que eran de tal o cual partido político y que expresaban su malestar con los contrarios a sus ideas. Este es el mismo caso que mencionaba antes, damos más importancia a un aspecto que no nos gusta que a todas las virtudes juntas de otra persona cuando en un momento dado hablamos de algo que nos separa. A veces se cruzan en nuestro destino personas incultas, groseras o con otros aspectos personales similares, y es posible que les conceptuemos  así en nuestras conciencias, pero si algún día conocemos su vida y lo que han podido sufrir (por ejemplo) por ser huérfanos o por ciertas necesidades, entonces nos hacemos compasivos y tolerantes y cambiamos el concepto sobre ellas. ¿qué ha ocurrido? pues que hemos pasado de fijarnos en un defecto a tener en cuenta toda su vida y sus experiencias. Lo que nos lleva a comprender que deberíamos esforzarnos por no ver sus defectos y  que deberíamos conceptuar a todas las personas globalmente con sus  experiencias buenas y malas y más con sus virtudes que con sus defectos.

            Otro aspecto importante que deberíamos tener en cuenta en nuestras relaciones es la forma en que nos comportamos o nos sentimos ante algunas personas. Nadie tiene la misma reacción ante un buen amigo que ante una persona que despreciamos o a la que tenemos miedo por algún motivo. En el primer caso nos mostramos abiertos, sinceros, simpáticos, etc., pero en el segundo es posible que nos pongamos en guardia, tengamos deseo de huir, o incluso intentemos mostrarnos más fuertes que él. Y es que ese es el punto fuerte de la personalidad pero, a la vez, el punto débil nuestro como individualidad dominada por los deseos y las emociones. Si domináramos nuestro cuerpo emocional no sentiríamos los deseos y las emociones negativas mencionadas, sino que nos mostraríamos equilibrados y con buenos sentimientos hacia la otra persona. Por eso debemos volver otra vez a lo dicho, cada uno de nosotros somos los únicos responsables de elegir cómo queremos interpretar a las personas con las que nos relacionamos. Si buscamos algo que no nos gusta o que rechazamos en alguien, despertaremos deseos y emociones negativas en nosotros, y eso hará que tengamos un mal concepto de él y que llevemos las correspondientes malas vibraciones en nuestra aura. Si, por el contrario, nos fijamos en lo positivo y buscamos sus cualidades, surgirán de nosotros una serie de sentimientos y emociones que harán que nos sintamos felices y en armonía con el mundo.

            Si cada defecto en que nos fijamos en los demás lo interpretáramos como una llamada de auxilio de ellos hacia nosotros, casi seguro que no les veríamos con los mismos ojos. Tengamos en cuenta que cuando no nos auto-observamos y no somos auto-conscientes de nosotros mismos, es cuando la personalidad ve el mundo e interpreta a las personas a su manera (por lo general de forma negativa) Sin embargo, cuando ocurre eso mismo en los demás no lo interpretamos como que se están dejando llevar por la personalidad, sino que nos fijamos e interpretamos sus negatividades a nuestra manera. Todos tenemos una especie de máscara ante los demás, no expresamos ni nos comportamos siempre según sentimos y pensamos para nosotros mismos pero, aun así, creemos conocer al prójimo por el simple hecho de fijarnos en algún defecto o en algo que no concuerda con nosotros. Por tanto cabe preguntarnos ¿por qué me fijo más en los defectos que en las virtudes de los demás? ¿qué busco, además de despertar negatividades en mí mismo, y sin hacerlo intencionadamente?

            Deberíamos ser más conscientes de que todo aquello que vivamos o experimentemos en nosotros mismos nos afecta a nivel celular, emocional y mental. Todo lo que detestamos en los demás y todos los malos sentimientos y pensamientos hacia otros perjudican a esa persona y también a nosotros mismos porque las leyes divinas así lo estipulan. Es mejor desarrollar una vida interna que nos haga manifestar gratitud, compasión, fraternidad, servicio altruista o amor hacia todo aquello que nos rodea y hacia las personas con las que nos relacionamos. Por consiguiente, dejémoslo claro ante nosotros mismos, debemos ver lo positivo en los demás para que nuestros deseos, sentimientos y emociones sean benefactoras para el mundo. No tenemos por qué ver problemas, desgracias, obstáculos o sufrimiento en nuestra vida y en los demás, siempre se puede pensar que es una prueba para superar, una deuda que saldar, una ocasión de superarnos viéndolo con otras intenciones y buena voluntad, etc. ¡todo se ve según el color del cristal con que se mire!

                                                                       Francisco Nieto