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martes, 6 de enero de 2015

LAS RELACIONES COMO BASE DEL CRECIMIENTO PERSONAL ( I )





            Toda persona que reflexione un poco, y los ocultistas en particular, sabemos que el progreso individual no sería posible sin las relaciones mutuas que todos tenemos a diario. La evolución individual no solo se alcanza por las propias experiencias, sino que también lo hacemos por medio de lo que vemos y de lo que les ocurre a los demás, lo que nos lleva a preguntarnos ¿qué beneficio podemos extraer de nuestras relaciones con los demás? Aunque para responder a esta pregunta no deberíamos generalizar porque todos sabemos que algunas relaciones son más íntimas que otras, lo cierto es que, considerándolas a todas por igual, también podemos extraer un gran beneficio si sabemos aplicar la regla. Si interpretamos esto como cualquier otra persona haremos varias distinciones, por ejemplo:

1ª.- Los que queremos porque son familia y amigos íntimos con los que nos llevamos bien.
2ª.- Los que conocemos y tratamos de algún modo pero sin intimar y que pueden ser más o menos buenos como, por ejemplo, los compañeros de trabajo.
3ª.- Los que son como los anteriores pero que sabemos que tienen cierta maldad y no queremos nada con ellos.
4ª.- Los que ni conocemos ni tratamos pero que tenemos algún contacto con ellos a diario por coincidencias o casualidad.

            Hora bien ¿cómo puedo extraer un beneficio en mi desarrollo espiritual del contacto con todos ellos siento tan diferentes? La respuesta sería: viéndolos a todos como hermanos y asimilando conscientemente que no están puestos en mi destino de forma casual, sino que lo están con una intención. Es posible que el lector opine que eso no puede ser pero si analizamos las relaciones que hayamos tenido cada uno veremos que:

1º.- Con todos hemos que aprender para bien o para mal.
2º.- Si decimos que no hemos tenido posibilidad de aprender quizás ha sido porque no hemos sido conscientes de la experiencia en la relación.

            Con esto quiero decir que, en realidad, somos lo que somos gracias a las experiencias con los demás porque, tanto lo que traemos como carácter al nacer como lo que experimentamos aquí hasta que abandonamos el cuerpo físico, son la base del crecimiento individual.

            Dicho esto, introduzcámonos en la propia relación para analizar nuestro comportamiento. Es evidente que cualquier persona normal no actúa siempre igual sino que su actuación puede variar de acuerdo a su estado emocional y al control que tenga de la mente y de la voluntad. Así podemos ver a un jefe o a un padre que trata bien a sus empleados o a sus hijos pero que cuando le dominan las preocupaciones o los problemas las paga con ellos, es decir, pasa los problemas a los hijos para no hacerlos frente ellos mismos. Pero, ¿ocurriría lo mismo si nos auto-observáramos en nuestra forma de sentir y de pensar? Cuando no nos hacemos conscientes de nosotros mismos por falta de atención en nuestras relaciones no nos damos cuenta de que muchas veces las cosas no son como pensamos y por eso perdemos el control de nosotros mismos y de la situación. Si cada vez que perdemos el control o vemos que nos estamos alterando analizáramos la situación para ver cuál es la causa, es posible que ni nos alteráramos, ni culparíamos a otros y mucho menos las pagaríamos con ellos. Y es que no nos gusta ver que las causas que vemos en otros, en realidad  son nuestras pero preferimos pensar que si los demás fueran de otro modo todo iría mejor. Por eso la auto-observación y la atención en nuestras relaciones y ante las circunstancias nos hacen conscientes de nosotros mismos y nos hacen comprender que antes de culpar a nadie o de pagar nuestro enfado con los demás, debemos analizar la situación con discernimiento.

            ¿Cómo serían nuestras relaciones si enfocáramos las mismas desde la siguiente afirmación: ¡La gente que se cruza en mi destino es por algún motivo no casual y porque tengo que aprender algo de ellos! Está claro que si tuviéramos más fuerza de voluntad y más control de la mente y de las emociones seríamos más felices porque no permitiríamos que la personalidad se alterara. Cuando tenemos auto-control somos conscientes de lo que piensa nuestra mente y evitamos que culpe a otros de lo que es nuestro; cuando tenemos auto-control observamos a los deseos y a las emociones como algo ajeno y no permitimos que dominen a la mente; y cuando tenemos auto-control ejercemos la voluntad para ponernos en el puesto de los demás y así ver nuestros defectos, nuestras responsabilidades y nuestras culpas con tal de no culpar a otros. Esta es, quizás, la manera más sencilla de analizarnos y de ver nuestros defectos a la vez que nos hacemos conscientes de que nosotros, como Almas, tenemos la capacidad suficiente como para  discernir cuándo es nuestra culpa o responsabilidad ante un problema y cuándo no. Esta auto-observación y este auto-análisis en las relaciones hace que nuestro progreso espiritual se acelere y que seamos más felices y más libres. La mayoría de nosotros somos víctimas de nuestro propio pasado, tenemos grabado en el subconscientes los problemas, las circunstancias y las personas que nos causarán sufrimiento y eso nos quita felicidad y libertad porque estamos dominados por esas emociones y esos deseos. Cuando interpretamos las circunstancias y lo que ocurre en nuestras relaciones desde un punto de vista personal y egoísta, no vemos la verdad de los problemas y nos exculpamos aun sabiendo que el problema es nuestro. Por estos motivos, mejor sería que fuéramos por la vida con la idea de que algo tenemos que aprender de las personas con las que nos relacionamos y de que antes de culparles de algo debemos analizarnos a nosotros mismos.

            Estamos tan acostumbrados a pensar que somos el cuerpo físico que no nos damos cuenta de que ese cuerpo en realidad es el instrumento de otros. El cuerpo físico actúa de acuerdo a los deseos, a las emociones, a los impulsos automáticos y a los pensamientos pero nunca por sí mismo. Sin embargo, los cuerpos que son la causa de todo lo que acabamos de decir que está por encima del cuerpo físico, no serían nada aquí en la Tierra sin el cuerpo físico. Nosotros, como Almas, vemos la vida y el mundo físico por medio de la mente pero gracias a los sentidos del cuerpo físico y al cerebro. Según lo que veamos alrededor nuestro y en nuestras relaciones podemos interpretar el mundo, pero ese mundo está basado en realidad en cómo lo interpreta la mente (según las experiencias pasadas) en qué deseos o emociones despiertan los pensamientos, y en lo que ven nuestros ojos, por tanto, nosotros podemos ser felices o lo contrario y hacernos responsables de nuestros actos o culpar a otros, dependiendo de cómo interpretamos lo que vemos. Claro que, el resultado de la interpretación que hagamos de nuestras relaciones dependerá mucho de las experiencias pasadas y guardadas en la memoria, pero si fuéramos auto-conscientes en cada aquí y ahora utilizaríamos la voluntad para ver e interpretar todo positivamente. Cualquier persona que no sea  auto-consciente en cada ahora puede decir ¡yo no soy responsable de lo que veo! ¡no puedo hacer nada ante las circunstancias! pero el que intenta ser auto-consciente y el que observa con atención se fijará en lo que desee, dará el valor que quiera darle, y lo interpretará como quiera desde un punto de vista de hermandad y fraternidad.

            Nadie puede interpretar por nosotros lo que perciben nuestros sentidos, somos nosotros los que expresamos los deseos, las emociones y los pensamientos según sea el control que tengamos de la voluntad y de la mente. Si vamos interpretando los hechos de la vida y nuestras relaciones desde una posición negativa y de maldad, nos haremos víctimas de toda esa negatividad y nos creará dolor y pesares, y nos hará criticar, juzgar, y condenar. Pero si lo interpretáramos todo positivamente y como que estamos aquí para aprender de las experiencias y de las personas, entonces estaremos progresando adecuadamente. Lo mismo que juzgamos a una persona que pega a otra sin saber qué deseos o emociones le llevaron a ello, así interpretamos todo lo que vemos sin saber que en la mayoría de los casos en que interpretamos negativamente los hechos, estamos equivocados. Por esta razón, antes de interpretar lo que vemos, deberíamos pensar que una cosa es lo que vemos y otras las causas que han llevado a ello, como nos ha ocurrido a todos cuando nos hemos enfadado. Si viéramos e interpretáramos todo desde el punto de vista espiritual y con la humildad y reconocimiento de que lo que no nos gusta de los demás lo hemos podido hacer o lo podemos hacer en un futuro, nos sentiríamos bien y no tendríamos miedo a las relaciones con determinadas personas con las que hemos tenido algún roce. Cuando vemos e interpretamos los hechos desde la fraternidad, la amistad, la tolerancia y la comprensión, nos encontramos contentos con nosotros mismos y los demás nos evalúan con mejor voluntad.
           
            Pero, como he dicho, la interpretación de lo que vemos y de las circunstancias que nos rodean dependen de lo que hayamos guardado en la memoria consciente y en la subconsciente, una nos permite responder voluntaria y conscientemente (bien o mal) y otra puede hacer que cometamos errores al responder instintiva y automáticamente según los hábitos o costumbres. Sabiendo esto podemos comprender que si nuestra vida está llena de disgustos, problemas, discusiones, etc., lo guardado en las memorias no será muy bueno y costará mucho cambiarlo. Así es que, si de verdad queremos expresar e interpretar los hechos de nuestra vida positivamente, debemos comenzar por cambiar los hábitos; la forma de pensar y de sentir y ser auto-consciente en cada aquí y ahora, entonces y gracias a la repetición voluntaria y consciente grabaremos nuevos patrones de conducta que nos llevarán a ver la vida y a los demás positivamente.

Francisco Nieto