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martes, 29 de diciembre de 2015

LA AYUDA DE LA IGLESIA Y SUS SACRAMENTOS ( II )






A la vez que cada individuo se emancipa de las religiones y enseñanzas que ya no le sirven, éstas desaparecen y aparecen otras más avanzadas y adaptadas a los tiempos. La evolución está presente en las religiones y en las personas pero son las personas las que deben intuir qué religión o  enseñanza es más apropiada para despertar y satisfacer su naturaleza espiritual. La Verdad no puede expresarse en su plenitud por eso son creadas las diferentes religiones de acuerdo a sus características raciales y nacionales y a su desarrollo moral e intelectual. La Verdad es infinita pero los credos, los dogmas y las religiones son finitas aunque todas lleven algo de Verdad, por consiguiente todas deberían respetarse siempre y cuando su naturaleza sea benévola. Las grandes religiones fueron creadas por granes instructores (Buda, Zoroastro, Mahoma, Cristo, etc.) que vinieron cuando una parte de la humanidad necesita una nueva enseñanza porque la insatisfacción de la que tienen puede hacer peligrar su búsqueda de la Verdad. Todas las religiones tienen en realidad un mismo origen porque los principios son los mismos aunque varíen en lo no esencial. Al igual que ocurre con la luz como el origen del arco iris, cada religión puede tener diferente color (doctrinas o aspectos) pero  su procedencia es la misma, es decir, la Luz de la Verdad manifestada de acuerdo al momento, a la raza o a la subraza donde debe cumplir su función. Cada religión facilita cierto progreso allá donde se instaure y facilita el desarrollo de unas cualidades o virtudes que las anteriores no facilitaron.

            ¿Por qué digo que todas las religiones son respetables y ayudan en algún grado a la humanidad? Pues porque todas, bueno casi todas, (porque algunas son creadas por el hombre con fines egoístas aunque también puedan dar alguna ayuda) fueron creadas según las directrices de los Ángeles. No voy a explicar quiénes son y qué función tienen los Ángeles de Jehová en relación con la humanidad porque sería muy largo, pero simplemente diré que en todas las escrituras y culturas se mencionan a los Ángeles o a ciertos Seres de Luz. Los  Ángeles siguen el Plan Divino y por eso colaboran con la evolución de la humanidad dándoles (entre otras cosas) las enseñanzas que necesita de acuerdo a la época en que vive. Sin embargo, las grandes religiones tienen una particularidad, y es que sus doctrinas fueron dadas por los mensajeros que, estando entre los más evolucionados de la humanidad, nacieron allá donde la nueva enseñanza se necesitaba.

            Respecto a esto solo hay una excepción de acuerdo a la filosofía oculta, y es que el cristianismo (no el catolicismo) representa las enseñanzas dadas por el Cristo Mismo, un Ser que no pertenece a nuestra evolución y que está mucho más allá del nivel evolutivo de los Ángeles. Por tanto, el cristianismo es la última enseñanza recibida en la Tierra y está dirigida hacia los que no encuentran satisfacción espiritual en las demás. Si nos fijamos en lo que enseñan las religiones e incluso en el Antiguo Testamento de las Sagradas Escrituras, veremos que hay grandes diferencias y se nota que Cristo vino para abolir ciertas enseñanzas anteriores y para instaurar la Ley del Amor. Cristo hablaba de amor al prójimo, de compasión, de poner la otra mejilla, etc. Él vino para cambiar la ley del talión que decía “ojo por ojo y diente por diente”, para que lleváramos a la práctica las Bienaventuranzas, el Sermón de la Montaña y todo lo que Él explicó, pero nunca habló ni lo más mínimo de maltrato o violencia de ningún género. Y dentro de su doctrina dejó algo especial pero que cada día se lleva menos a cabo, esto es los Sacramentos.

            Quizás algunas personas vean lo que yo estoy diciendo desde otra perspectiva pero, como mi intención es solo la de dar una opinión basada en mis estudios, diré que gran parte de las enseñanzas de Cristo y de otras escrituras sagradas antiguas (por ejemplo el Bhagavad Gita) son simbólicas y fueron dadas para la sociedad de aquella época, continente o raza. Como tantas y tantas veces se ha escrito incluso por los padres de lo que hoy llamamos catolicismo, siempre ha habido una enseñanza oculta o esotérica y otra pública para el común de la sociedad de cada época. De aquí que el mismo Cristo dijera que predicaba con parábolas (como cuando queremos dar una enseñanza a los niños a través de un cuento) o que a unos les daba leche y a otros carne. La Sabiduría de Egipto dada por Hermes se podría calificar como “conocimiento científico” del mundo físico. La cualidad principal de la doctrina zoroastriana bien se podría llamar “pureza de pensamiento, palabra y obra”. Grecia inculcó la belleza y una nueva filosofía a través de Orfeo, mientras que en la India Buda creaba la religión del recto conocimiento de la Sabiduría, de la compasión y de la obediencia a la Ley. Mahoma vino a enseñar la resignación a la voluntad y a las leyes divinas como único camino para llegar a Dios. La religión hebrea aportó rectitud desde el punto de vista espiritual pero el cristianismo aportó algo nuevo respecto a todas las demás doctrinas, y esto fue que cada persona debía desarrollarse desde la individualidad y no en grupo, pues la Verdad está en uno mismo y no en los demás. Quizás también por ese emotivo la iglesia ocultó algunas enseñanzas que Cristo había dado a sus discípulos, enseñanzas como el renacimiento y el karma que también había dado a los demás en forma simbólica o en parábolas.

            Todas las grandes religiones y escuelas filosóficas o teosóficas, incluyendo el cristianismo en sus orígenes, han tenido dos enseñanzas, las que eran dirigidas al común de la sociedad y las que solo se revelaban a los pocos escogidos y que se suelen llamarse “ocultas” o “Misterios”. Esto tiene su lógica puesto que los fundadores o Maestros eran sabios y sabían que tenían que dar su enseñanza a todos para que influyera en sus vidas y les ayudara a evolucionar espiritualmente. Como dentro de un mismo continente, raza, subraza, etc., existen diferentes grados de desarrollo, que es como decir que no se encuentran en el mismo nivel evolutivo, sería inútil para la gran mayoría de ellos impartirla a todos por igual. Esto es algo así como si a una clase de niños de cinco años le enseñaran las que se debe impartir a los de quince, o lo que es lo mismo, intentar que los delincuentes más peligrosos lleven una vida de oración, de amor y de servicio al prójimo. El caso contrario tampoco sería correcto porque los más evolucionados o más sabios no se encontrarían cómodos en una clase donde se imparten enseñanzas que ellos ya superaron hace muchos años y sería una pérdida de tiempo para ellos. La realidad es que toda la humanidad necesita algún tipo de religión o filosofía que le ayude a superarse a sí mismo cuando lo necesite o lo busque. Esas enseñanzas ayudan a desenvolver el aspecto oral, intelectual y, por tanto, espiritual del ser humano, y por eso siempre hay una religión adecuada donde pueda adaptarse la mente o el corazón de cada persona.

            Aunque los países pasen por etapas aparentemente antirreligiosas porque sus habitantes parezcan  o sean contrarios a estas enseñanzas, no significa que no haya una gran mayoría que las necesite, por no decir que quizás esos contrarios sean los más atrasados de la clase y haya que tener más comprensión con ellos. Todo ser humano se siente impelido de alguna manera a superarse a sí mismo moral e intelectualmente desde su corazón, lo que ocurre a menudo es que esas Almas renacen en una familia, raza, país o karma que hace que en esa vida no se interese por la religión y si por (por ejemplo) las políticas contrarias o hechos similares. Quizás en una vida una persona se haga antirreligiosa y no quiera o no sepa valorar la ayuda que las religiones dan a los necesitados y buscadores desde el punto de vista material (alimentos, cuidados médicos, etc.) moral y espiritual, pero en otra tendrá que valorarlo porque tendrá que contactar con alguna de ellas. Por consiguiente, todos hemos pasado por etapas en las que fuimos guiados quizás por brujos, chamanes, sacerdotes y similares que adoraban al Sol o a cualquier otra cosa como Dios, pasando después por alabar a un Dios cruel como se menciona en el Antiguo Testamento, para terminar en una religión donde se adora a un Dios de amor o en contacto con alguna escuela teosófica o filosófica que satisfaga más a la mente que al corazón pero que también sea una ayuda espiritual.

            Las religiones, así como las escuelas filosóficas y de Misterios parten todas de un mismo tronco en común que se denomina “Sabiduría Divina” y es esta Sabiduría de los guías de la humanidad la que se manifiesta de diferentes formas pero de tal manera que, cuando se llega a determinado nivel de comprensión y de conocimiento se puede pertenecer al grupo de los discípulos más directos donde se reciben otras enseñanzas superiores. Estos son los llamados “iniciados” en los Misterios, y eso se sabe que existió en la India, en Egipto, en Grecia o en Persia donde se hacían iniciados en los misterios de Mithras, de Orfeo, de Eleusis o Samotracia entre otros. También ha habido escuelas como la Pitagórica o la Neo-platónica y otras pero todas ellas han estado relacionadas con la divinidad (Dios) y todas han enseñado en secreto hechos que incluso han estado relacionados con el más allá. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla de la existencia de los Misterios, pero desde los primeros tiempos de la iglesia cristiana hasta hace pocos siglos se ha iniciado a muchas personas en los Misterios Menores o en el misticismo. Discípulos directos de Cristo así como otros como Orígenes dejaron  muchos escritos respecto a la enseñanza esotérica y mística (gnosis) que recibían algunos discípulos para ser iniciados. El mismo Cristo aconsejaba “no dar lo santo a los perros ni echar las perlas a los cerdos” refiriéndose a que  hay una enseñanza oculta que no se debe dar al vulgo o a los profanos.

            Si embargo, Cristo sí dejó unos ritos de gran utilidad para todo creyente, estos son los llamados “Sacramentos”. En sus orígenes, el cristianismo enseñaba el significado de sus siete Sacramentos y lo hacía a través de los padres de la iglesia hacia sus discípulos. Actualmente y desde hace ya siglos, como parece ser que la iglesia no le interesa investigar sus orígenes y su verdadera enseñanza y sólo se preocupa de “formar hombres buenos”, hoy ya nada se sabe del verdadero significado de dichos Sacramentos y casi nadie se interesa por ellos excepto por los del bautismo, la comunión y el matrimonio. Todos los sacramentos son de gran ayuda para los que los reciben o para los asistentes, sea desde el punto de vista exotérico o esotérico, es decir, desde el punto de vista de lo ceremonial o de lo oculto que intentaré explicar aquí en algún grado. Los Sacramentos tienen dos aspectos que, de forma similar a lo que ocurre con la enseñanza de Cristo, tratan de lo siguiente: El primero trata de la ceremonia exotérica que se realiza a modo de una representación empleando cosas materiales concretas para que se grave más fácilmente en la mente de los asistentes; y el segundo aspecto que no trata de la imagen sino con la Verdad que comunica a través de la palabra con la intención de que también quede grabada como un cuadro vívido. Precisamente, este segundo aspecto tiene relación con uno de los siete Sacramentos llamado del Orden, sin el cual sería poco efectivo. Los Sacramentos relacionan el mundo físico y a la persona con los mundos invisibles o superiores, y como la religión cristiana es la última y más elevada, y fue creada para que toda la humanidad se sirva de ella, también Cristo pensó en la manera en que cada individuo que entra en la iglesia por medio del bautismo, reciba toda una serie de bienes espirituales a través de los Sacramentos mientras siga practicando las enseñanzas de Cristo.

Francisco Nieto

domingo, 6 de diciembre de 2015

LA AYUDA DE LA IGLESIA Y SUS SACRAMENTOS ( I )




          

  La palabra “Religión” significa observancia de las reglas que conducen al establecimiento de la permanencia y de la unicidad (re-ligarte); “Una cosa que trata de acercarse e identificarse con otra”. Religión, en su origen, no es creencia, sacerdocio, secta ni dogma porque todo eso conlleva explotación, intolerancia, superstición y letra muerta. Religión representa la Unidad y los medios necesarios para alcanzarla, es decir, lo que conduce a la realización de la unidad del Ser. La religión proclama la unidad de la vida, la solidaridad de todo cuanto vive, la fraternidad, la compasión y el amor entre seres evolucionantes. De la mal comprendida, interpretada y practicada religión nace la intolerancia religiosa, las iglesias intransigentes y los dogmas impuestos por sus autoridades y aceptados por la ignorancia y por la falta de un razonamiento que busque las leyes profundas de la naturaleza y de la vida. La razón, la intuición, el renacimiento humano y el aspecto emocional del Alma impulsan a cada Ser evolucionante a buscar la verdadera religión y a desarrollar su conciencia instintivamente hacia lo infinito y hacia un orden Universal más allá del que comúnmente conocemos. La fe, elemento importante en el desarrollo humano, significa, introspección, reconocimiento instintivo de un ideal elevado que nos impulsa a su práctica y receptividad.

            Esta religión y esta fe han sido y son parte de los aspectos evolucionantes que han llevado al ser humano a ser lo que hoy es, y gracias a la razón y a la confianza resultante, el hombre va superando los obstáculos que le impiden comulgar con la Verdad y obtener mayor liberad. La verdadera religión libera de todo prejuicio y de todo dogma e intransigencia para llevar al hombre a identificarse con su Alma y con el Universo en vez de con la personalidad y con el caos. Naturalmente que nada de esto se conseguirá si no desarrollamos y utilizamos la voluntad individual que, junto a la razón, no saque de la limitación del mundo físico y del materialismo que tan egoístas y ego-centristas nos hace. Cerrar la puerta hacia esa posible evolución espiritual y hacernos esclavos de los dogmas, de la “suerte” o de la “casualidad” es caer en la ignorancia, en los tabúes, en la ausencia de leyes y de orden en el universo, en el fatalismo y en la confusión que oculta la libertad y la luz del Espíritu.

            Sabiendo que todo ser humano tiene un Espíritu, como así lo dicen la mayoría de las religiones (a lo que yo añado que es un espíritu evolucionante) deberíamos de admitir que el sentimiento religioso innato en nosotros, fruto de la evolución interna, es el que nos impele a buscar algo perfecto y superior en el universo pero convencidos de que nos servirá para hacernos también más perfectos. Yo diría que ese sentimiento-deseo es la manifestación del Alma individual para que nuestra voluntad busque nuevos y más elevados ideales que (a la larga y sean del tipo que  sean) eleven cada vez más nuestra conciencia. Cuando nuestra búsqueda está centrada en la religión comúnmente, y para la mayoría de los mortales, solemos comprender muy poco sus fórmulas, sus palabras de poder y su simbolismo, y menos aún su objeto y sus efectos. Esos aspectos de las ceremonias religiosas nos llevan a practicarlos por fe,  por convencionalismo y con poca sinceridad. Es cierto que cuando esas fórmulas y ceremonias se toman como un fin en sí mismas pueden desviarnos del sendero de perfección en vez de ayudarnos, como suele ocurrir aunque no seamos conscientes de ello, pero lo cierto es que son medios para alcanzar un fin. Las fórmulas y palabras de poder de las verdaderas religiones (y más aún las cristianas) ayudan a cada individuo (como por ejemplo, los sacramentos) a identificarse en principio y a unirse después a la divinidad de la que proceden, se llame como se llame. Las ceremonias religiosas, así como la meditación, elevan la conciencia hacia la unión con Dios.

            Está claro que si tenemos un cuerpo material y otro espiritual y que si la carne (como también está escrito) no puede heredar el Reino de los Cielos, significa que actualmente tenemos la consciencia y vivimos en el cuerpo  material y que, por tanto, debemos evolucionar hacia el cuerpo espiritual, o sea, hacia el Alma o Espíritu. Normalmente dedicamos nuestra vida a satisfacer las exigencias de la personalidad, pero todos, antes o después, contactamos con alguna religión, secta, fraternidad, etc. que nos despierta el sentimiento que nos llevará a creer y a trabajar a diario con el fin de desarrollar nuevas virtudes a través de nuevos y elevados ideales. Así pasamos de una religión a otra (no todas son iguales ni tienen el mismo poder en sus ceremonias y ritos) buscando fórmulas que eleven cada vez más nuestros sentimientos y nuestra conciencia. Pero como es una búsqueda externa y en lo externo no se encuentra el Espíritu, a veces no encontramos satisfacción alguna por no decir que incluso volvemos a prácticas antiguas donde nos vemos dominados por el egoísmo y el materialismo. El sentimiento religioso es interno y nos lleva a la unidad con lo superior, por eso las religiones deben tener fórmulas y ceremonias que dirijan nuestra búsqueda hacia adentro porque, si no es así, tendrán poco valor. De nada sirve la palabrería y la adoración ante un altar o ante una imagen si no hay búsqueda en nosotros mismos, porque cuando encontramos resultados éstos se ponen de manifiesto en nuestra vida cotidiana. Así, aunque la persona no quiera expresar públicamente su adelanto moral y espiritual, su vida personal estará dirigida por el amor al prójimo, por el servicio desinteresado a los demás y por la oración.

            Viendo que la religión y sus servicios y ceremonias nos llevan a buscar a nuestro maestro interno y a escuchar intuitivamente sus consejos, está claro que no es necesario que tengamos ciertas actitudes, hábitos, ni limitaciones en nuestra vida cotidiana. Es cierto que la educación de las religiones actuales así como la de nuestros padres y educadores no han sido o no son perfectas en muchos casos y por eso no nos ayudan en el sentido que estamos comentando. Nuestra vida debería estar centrada en cada momento en ser conscientes y en intentar practicar lo que significa la palabra “religión”. Todo se puede hacer con amor y con la intención de servir y todo se puede hacer con buena voluntad y con razonamiento para elegir libremente entre sí o no, entre el bien o el mal, o entre lo verdadero y lo falso.

            Toda enseñanza religiosa, toda religión y toda escuela filosófica tienen un papel dentro de la evolución del ser humano porque todas son útiles a unos u otros según su propio grado de desarrollo moral, intelectual y espiritual. Pero también es cierto que unas fueron creadas para satisfacer las necesidades espirituales de los más adelantados mientras que otras lo fueron para los que tienen menos necesidades o menos razonamiento y se conforman con la fe. Lo cierto es que tanto unas como otras son parte de un Plan Divino a través del cual el ser humano tiene que hacerse a imagen y semejanza de su Creador. Por tanto, los rituales, las ceremonias y los servicios de las religiones son parte de un proceso de creación que afecta a los oficiantes y a los concurrentes. Su efecto dependerá de si el oficiante está ordenado o no, de su conocimiento y de la precisión de los hechos y de las palabras de poder que utilice. Los concurrentes recibirán el beneficio de la ceremonia también de acuerdo a sus conocimientos y a su actitud y colaboración respecto a lo que el oficiante haga o diga, pues él se puede convertir en instrumento para beneficiar al mundo. No olvidemos que el sentimiento y el pensamiento preceden a la acción, y si nuestros sentimientos y pensamientos son religiosos y en la línea de las enseñanzas de Cristo, lo lógico es que seamos un ejemplo a seguir y unos verdaderos buscadores de lo superior y de Dios.

            A la pregunta ¿Es, por tanto, necesaria la religión? Pues en mi opinión sí porque gracias a ella, entre otras cosas, el ser humano ha llegado al nivel de conciencia donde se encuentra. Pero la verdadera religión (desde el punto de vista espiritual más elevado del hombre) no es ninguna de las conocidas actualmente, la verdadera religión es la que uno debe desarrollar en su interior por medio de la práctica de las enseñanzas de Cristo, el cual vino como último mensajero de Dios para dar las más  avanzadas enseñanzas de Amor y Sabiduría. La verdad es que todo ser humano lleva latente dentro de su corazón esa religión esotérica y para despertarla se puede servir de las exotéricas y de cualquier secta o similar que le incite a desarrollar el amor, la buena voluntad y el altruismo. Digamos que quien quiera comenzar la búsqueda de la verdadera religión debe convertirse en su propio sacerdote y comenzar por utilizar y practicar fórmulas, oraciones, ceremonias, meditaciones y la concentración de la mente en cada aquí y ahora como única manera de despertar de ese letargo que no le permite ver la Verdad ni sentir el efecto de los más elevados sentimientos, a la vez que le obliga a vivir entre pasiones, tristezas y miserias.

Francisco Nieto

lunes, 16 de noviembre de 2015

LOS YOES EN NUESTRA VIDA COTIDIANA






            Aunque actualmente la neurociencia, la física cuántica y otras nuevas enseñanzas se acercan cada vez más a lo que la filosofía oculta llama “Verdad”, la mayoría de las personas no admiten la posibilidad, entre otras muchas cosas, de que no seamos lo que creemos ser. Se suele admitir que no somos el cuerpo físico porque éste está gobernado gran parte del tiempo por las emociones y los deseos, y todos sabemos que nosotros, como yoes, no somos una emoción o un deseo. Sin embargo, la gran mayoría de las personas sí creen que somos la mente por el hecho de que pensamos y creemos dirigir nuestra vida con nuestra mente. Estas personas no se dan cuenta de que la mente piensa por sí misma, piensa lo que la apetece y se va de un tema a otro automática o impulsivamente. Es cierto que muchas personas observan a su mente y se dan cuenta que ellas, como yoes, tampoco pueden ser la mente puesto que tienen poder sobre ella pero, aún así, no saben realmente quién es o qué es el Yo.

            Nada de lo que normalmente creemos ser es lo suficientemente duradero como para creer que sea el verdadero Yo o Alma. El Yo no es el cuerpo  ni los sentidos, ni el cerebro, ni la mente, ni tampoco la consciencia que tenemos aquí en la vida porque esta consciencia es personal y se elimina al cabo de ciertos años después de la muerte para dar paso al Alma, ese Yo o Conciencia recopiladora de los frutos de las experiencias de cada vida. Es cierto que todos esos aspectos están relacionados y forman la personalidad que creemos ser, y por eso mismo la evolución nos ha hecho pasar de la inconsciencia (cuando éramos similares a los animales) a la consciencia actual que nos hace diferenciarnos de lo que existe fuera de nosotros para así creer que somos un Yo individual que nada tiene que ver con los demás. Es fácil que, en estos momentos, algún lector niegue lo que yo afirmo porque él se siente un yo, porque lo que le sucede le sucede a él, lo que hace lo hace el, y cuando se despierta cada mañana sigue siendo él.

            Pero, lo mismo que podemos decir que el cuerpo físico no existe o que es una imagen ficticia porque la materia es en realidad una energía invisible a nuestros ojos, así también podemos decir que ese yo que creemos ser es el efecto de la actividad y receptividad de los sentidos, del cerebro, de las emociones, de la identificación con el cuerpo y del pensamiento. Tal y como piensa la mayoría de las personas, podríamos decir que el yo que creen ser solo existe cuando su consciencia es de vigilia pero no cuando duermen, que es como si no existieran. Cuando la mente piensa por sí misma y va de un lado para otro sin que nos demos cuenta (sin que seamos conscientes de ello), también es como si no existiéramos como yoes, y cuando ciertas emociones y miedos nos dominan también dejamos de existir como voluntad. Por tanto, el yo, incluso siendo un yo personal, aparece y desaparece según seamos conscientes de nosotros mismos y según nos manifestemos como voluntad. Así es que ese yo no es permanente ni duradero y está sujeto al cambio.

            Si un lector me dijera que no tengo toda la razón porque estoy escribiendo este artículo como un yo llamado Francisco Nieto, le diría que desde su punto de vista tiene razón pero no desde el mío porque, en este instante, yo intento descubrir a mi verdadero Yo poniéndome en un nivel de pensador (el que utiliza a la mente consciente y voluntariamente para pensar lo que quiera y cuando quiera) y de observador de lo que ese lector cree que es, o sea, de la personalidad o falso yo que se crea en cada vida. No es lo mismo decir “mi cuerpo” pensando que se está dentro y atado a él que decir lo mismo pensando que es un vehículo o instrumento (como lo es la mente) para que se manifieste la consciencia que es la representación, en esta encarnación, del verdadero Yo o Alma. Normalmente, la mente se pasa el día pensando, recibimos impactos e impresiones por los oídos, por la vista, por el tacto, etc., las emociones nos dominan, los deseos hacen presa en nosotros, pero estamos tan acostumbrados a verlo todo tan normal como un yo personal que no le damos importancia. Solo cuando algo nos preocupa seriamente, cuando necesitamos averiguar algo o cuando nos auto-observamos desde un nivel por encima de la mente, es cuando discernimos o meditamos desde una posición cercana al verdadero Yo.

            Lo mismo que un pensamiento es fruto de una idea original y lo mismo que una casa es fruto de la mente del arquitecto que la imaginó y la diseñó, así el yo personal es fruto del efecto de las experiencias, de las enseñanzas y de la razón desde que nacemos hasta que morimos. Es el hecho de ser conscientes de lo que recibimos a través de los sentidos y de lo que tenemos guardado en la memoria y en el subconsciente lo que nos hace sentirnos un Yo frente a lo externo que nos rodea. Quien, por desgracia (por no decir por su karma) cae en un estado vegetal, a quien le sedan hasta dormirle, o quien nace con una tara mental seria, no se siente un yo porque no tiene conciencia de vigilia y porque su verdadero Yo está impedido para expresarse física, emocional y mentalmente. El yo personal es la representación del Yo real pero con la particularidad de que éste último está velado por los cuerpos físico, emocional y mental. De hecho, si consiguiéramos eliminar de nuestra consciencia el concepto de “yo”, “mí” y “mío” ¿qué nos quedaría? ¿no cambiaría nuestro concepto de identidad? Y si llegáramos a la conclusión de que no somos esa identidad personal o yo ¿qué pensaríamos sobre el hecho de pasarnos casi las 24 horas preocupándonos por cosas absurdas, obsesionados por lo material o por los placeres y pensando siempre y basando nuestra vida en el pasado y en el futuro pero casi nunca en el presente? ¿Quién no ha escuchado alguna vez esa voz del Yo real diciéndonos que para ser felices debemos cambiar o buscar otra forma de vida? ¿esto no sería morir antes de la muerte para hacer nacer otra personalidad superior? Como dice una escuela en sus enseñanzas, estamos llenos de yoes que hay que eliminar para que pueda nacer el yo real. Las preocupaciones, los miedos, las emociones, la mente actuando por sí misma, los deseos incontrolados, etc., son yoes que nos hacer creer que somos individuos, pero solo son los aspectos de una falsa individualidad.

            Si el lector se auto-observa un solo día seguramente que termine algo confuso y preguntándose que entre tanto pensamiento sin razonar, entre tantas emociones y deseos dominantes, y entre tantas respuestas automáticas e instintivas ¿dónde se encuentra él como yo? Es más, ¿qué yo actúa ante los problemas de la vida que nos perjudican? ¿Qué yo está condicionado por la vida, por la sociedad o por los hábitos? Seguramente que estaremos de acuerdo en que es el yo personal, pero para quien cree ser ese yo personal, ¿qué yo se manifiesta en aquellas personas que aún estando encarcelados se sienten libres? ¿qué yo se manifiesta en aquellos cuerpos que están por encima de lo material; que dominan las emociones y los deseos; que controlan su mente hasta el punto de pensar sólo lo que ellos quieren; que sus expresiones en pensamiento, palabra y obra son siempre de amor y compasión? Está claro que ese yo está muy por encima del personal, o dicho de otra forma, es el yo personal purificado después de muchos renacimientos de esfuerzo y sufrimiento. El yo personal es aquel que ante tanto pensamiento, impulsos, emociones y automatismo personal cree que es la persona misma  la causante u origen de todo porque es así su naturaleza. El verdadero Yo, el Ego reencarnante, es el que, aun estando reencarnado, ha evolucionado tanto que se expresa como conciencia espiritual entre sus quehaceres cotidianos.

            Entonces, casi me atrevo a diferenciar varios yoes:

1º.- El personal que se va formando desde que nace y que cree que es él quien piensa y actúa según la educación y las experiencias adquiridas.

2º.- El mismo anterior pero que se da cuenta de que hay una voz o conciencia que no es lo que él cree ser y que cuando la escucha le es más fácil vivir y comprender la vida y a las personas.
3º.- Los que intentan expresar en cada momento o ahora esa conciencia superior hasta el punto de que dominan a la mente, no se dejan dominar por los deseos ni las emociones, y ven el mundo y a los demás con los ojos del  amor, de la fraternidad y del sentimiento de que todos tenemos un mismo origen que es Dios.

            Como podemos ver, no se trata solo del mal uso que la persona hace de la mente, sino que es la mente y los deseos, y los sentimientos, etc., quien utiliza a la persona, identificándose así con todo ello. Ese es el error, si queremos ser eso es como creer que somos todas esas voces que nos hablan a través de la mente, sin darnos cuenta de que esas voces, miedos y respuestas instintivas y automáticas impiden que oigamos la única y verdadera voz del Yo superior. Si escuchamos y nos identificamos con todo eso que la mayoría de las personas creen ser es como identificarnos con un mentiroso que nos habla de la importancia de los deseos materiales, de los pensamientos egoístas y de que lo más importante en la vida somos “nosotros como personas”.

            Quien se deja dominar por las pasiones, por los deseos y sentimientos animales o de maldad y por los problemas o pruebas de su destino, está engrandeciendo su yo personal porque no gobiernan su destino desde el punto de vista del Ego. Se deja llevar de un lado para otro y sólo sabe responder desde lo aprendido en el pasado y no desde el sí mismo, es decir, desde lo interior o como conciencia que vive y se expresa como observador voluntario y con pleno dominio. Se puede atender a los asuntos personales de la vida, vivir los sentimientos positivos, pensar y razonar los asuntos desde el más elevado punto de vista e intentar ver el mejor aspecto de los problemas desde un estado consciente presente, pero no desde las voces siempre presentes de la mente ni desde un estado de consciencia de maldad ni otros aspectos negativos de las experiencias del pasado. El hombre que medita desde su aspecto interno y vive en “sí mismo” no se altera ni actúa como la mayoría de las personas, sino que razona antes de expresarse y, por tanto, vive más en el silencio del Yo que en el laberinto de la personalidad.

            Cuando escuchamos dichas voces en forma de deseos, sentimientos, emociones, recuerdos del pasado, rencores, etc., no solo lo estamos fortaleciendo sino que también nos volvemos a identificar con ellos como si nosotros fuéramos todo eso. Les hacemos parte de nosotros y actuamos según sea su naturaleza. No nos damos cuenta de que quien escucha (nosotros) las voces no es ese tumulto que nos invade en forma de voces, el hecho de darse cuenta de que ese tumulto nos domina y nos lleva de un lado para otro (psicológica y emocionalmente hablando)  ya nos hace darnos cuenta de que nosotros, como verdaderos yoes, estamos por encima de todo eso. Actuar como un yo personal es actuar como algo automático, es algo así como estar dormido por no poner nuestra voluntad y nuestra conciencia en lo que está pasando. En ese caso quien responde y se expresa es el “resultado de lo que hemos llegado a ser” en la vida y, por tanto, no se puede esperar otra cosa que más de lo mismo salvo que en esta vida “despertemos” e intentemos ser voluntariamente conscientes en cada instante para crear pensamientos, sentimientos y deseos positivos y para no dar rienda suelta a la mente ni a la lengua. Cuando se controla la mente lo suficiente como para que no esté respondiendo o pensando constantemente; cuando silenciamos lo poco positivo del  pasado; y cuando alcanzamos un estado de ánimo y mental sereno, relajado y expectante ante lo que pueda surgir de nosotros en cada circunstancia, podemos  decir que vivimos en el aquí y en el ahora del verdadero Yo.

            Si estamos compuestos de deseos, instintos, emociones, pensamientos, respuestas automáticas, hábitos y toda una serie de recuerdos del pasado que nos dominan, más otros pensamientos sobre el futuro que más que ayudar perjudican; está claro que cuando vemos todo eso como ajeno a nosotros y nos esforzamos por enfocarlo, vivirlo y expresarlo desde la conciencia del verdadero Yo estamos acercándonos a la naturaleza espiritual (origen de nuestro ser) y dominando a la grosera y material personalidad. La mente tiene el poder de gobernar todo lo demás, por encima de ella solo está la voluntad que, generalmente, es muy débil ante lo personal, pero cuando la utilizamos voluntariamente y conscientemente estamos expresándonos como el Yo mismo, lo que significa que podemos doblegar a la mente y a todo lo demás. No olvidemos que, desde ese punto de vista, solo nosotros (nadie más puede) decidimos si actuar de una forma u otra o si hacer el bien o el mal en pensamiento, palabra y obra.

            La personalidad es nueva en cada vida excepto en lo que traemos como resultado de las experiencias de otras vidas que, aunque latente, intenta manifestarse en forma de conciencia. Cuando nacemos lo hacemos libres de todo lo que después (a lo largo de la vida) conforma la personalidad, pero el verdadero Ego o Yo tampoco puede manifestarse porque la mente ni el cuerpo emocional ni el físico están preparados para ello. Por tanto, desde la infancia comenzamos a formar la personalidad por medio de  los resultados de las experiencias (de la presente vida) y de la educación y aprendizaje de las enseñanzas que recibimos. Según sea todo eso desde el punto de vista psíquico, moral y espiritual, así ocultaremos o permitiremos que nos hable el Yo reencarnante. También, de acuerdo con todo lo anterior, formamos nuestra realidad, según la cual actuará la personalidad. De aquí que cuando nos educan unos padres con conocimientos como estos y nos enseñan a razonar y a tener elevados ideales, tengamos más oportunidades de identificarnos con nuestro Ser y de progresar espiritualmente.

            Naturalmente que el progreso en cada renacimiento depende principalmente del desarrollo espiritual que ya hemos alcanzado en otras vidas, ese desarrollo no solo nos guía, sino que también nos protege en forma de “voz de la conciencia”. Puestos en el nivel del Yo superior, debemos considerar a la personalidad como el mejor instrumento para evolucionar un poco más en cada vida. Por eso, además de cuidar el cuerpo físico también debemos estar atentos para que nuestros cuerpo de deseo o emocional se centra en lo más elevado y para que nuestra mente no ande pensando por sí misma ni de un lado para otro sin control. Cuantas más mascaras use nuestra personalidad y cuanto más se deje llevar por los malos deseos y sentimientos, más se verá influenciada la mente en ese sentido y menos oiremos la voz de nuestro Yo. Entonces estaremos creando una realidad cada vez más alejada de la Verdad, lo que nos llevará a sufrir más en el estado post-morten para purificar la vida pasada y así renacer con unos ideales e inclinaciones más puras y elevadas.

            Es evidente que la persona que desee cambiar para facilitar la manifestación del verdadero Yo debe centrarse en lo interno y analizarse y observarse a sí mismo para luego utilizar su mente y su voluntad de una forma consciente. De poco sirve el conocimiento si no ponemos manos a la obra y lo aplicamos a nosotros mismos y a nuestra vida diaria. Podemos leer un montón de libros o miles de artículos como este pero si no nos levantamos cada mañana con la intención de continuar el trabajo interno, pasarán los años y seguiremos actuando con los mismos patrones de conducta, los mismos malos sentimientos, deseos y pensamientos, y la misma forma de pensar y de ver la vida.

                                                           Francisco Nieto