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martes, 4 de noviembre de 2014

¿HAY ALGUNA MANERA DE EVITAR EL PURGATORIO Y DE DISFRUTAR MÁS DEL CIELO? ( I )






            El Espíritu, inmortal, separado de Dios temporalmente y hecho a imagen y semejanza de Su Padre que está en los Cielos, tiene los poderes latentes de su creador pero necesita descender a los mundos inferiores y obtener cuerpos personales para auto-reconocerse como un Yo individual y para desarrollar la mente y la voluntad. Esto lleva al hombre (en un determinado punto de su evolución) a hacerse responsable de su propios actos y a hacer frente  y a acatar las leyes divinas, y por eso en el pasado pasaba mucho tiempo en su infierno particular, algo menos en el purgatorio y casi nada en el Cielo. Comenzando por el cuerpo físico, el Ego se rodea de cuerpos que ocultan su naturaleza divina y será en un futuro, aún lejano, cuando desechemos definitivamente esos cuerpos para funcionar como Espíritus en los mundos espirituales. Como es arriba es abajo, y lo que ocurrirá en un futuro desde el punto de vista de la total evolución, ocurre ahora vida tras vida. Cuando llega la muerte abandonamos el cuerpo más denso que es el físico. Después, esas mismas leyes divinas y sus agentes ejecutores hacen que abandonemos el siguiente cuerpo de materia un poco menos densa (el cuerpo etérico) para pasar al Mundo de Deseos que es donde está el Purgatorio y el Cielo. Y es aquí, en este mundo, donde en el estado de conciencia post-morten, la ley de repulsión del mal hace que suframos cada vez que tomamos conciencia del mal que hemos hecho y por cada materia de deseos y emocional negativa que nos arrancan.

            Mientras no nos deshagamos de esa materia grosera y de baja vibración no podemos ascender al Cielo, que es como decir que, mientras no nos deshagamos de esa materia más densa de nuestra aura (como ocurrió antes con el cuerpo físico) estaremos atados al Purgatorio. Sin este trabajo de espiritualización post-morten no habría casi evolución en la próxima vida y continuaríamos con el mismo carácter. Si de verdad  quiere el lector extraer un beneficio moral, intelectual y espiritual de estas enseñanzas debe olvidarse por completo de la idea de que el Purgatorio es un castigo pues, al igual que la ley de la gravedad, las leyes inmutables que rigen en nuestro universo hacen que cada uno afronte los efectos de las causas que cometió mientras estuvo en su cuerpo físico. Lo mismo que las leyes divinas hacen que abandone el cuerpo físico cuando ése ya no sirve o cuando el mismo hombre le ha hecho inservible, así también esas leyes arrancan la materia grosera y de más baja vibración del cuerpo emocional para que el Ego pueda seguir su ascenso hasta deshacerse de todo lo personal y prepararse para un nuevo renacimiento en un mejor ambiente y con una nueva personalidad.

            La voluntad del hombre común no puede cambiar las leyes de la naturaleza y menos aún las espirituales que gobiernan los mundos superiores. Sólo cuando el hombre se conoce a sí mismo y se desarrolla espiritualmente lo suficiente como para expresar sus poderes como Espíritu es cuando comienza a liberarse de dichas leyes, por  tanto, antes de hablar de cómo evitar el Purgatorio hay que hablar de desarrollo espiritual. La primera etapa a superar por cualquier persona es la de comprender que todo lo que atrae material y egoístamente a la personalidad no sirve para nada en el Cielo; la segunda sería la de que eso mismo que retiene a la personalidad aquí y todos aquellos apetitos y deseos carnales, pasionales, etc., lo  único que engendran es sufrimiento en el Purgatorio; y tercero y como consecuencia de lo anterior, hay que dejar claro que quien desee llenar la necesidad de desarrollo espiritual con lo personal, no lo conseguirá porque lo personal no existe en los mundos superiores. El hombre no puede conocerse a sí mismo ni gozar de paz y de verdadera felicidad hasta que no sea dueño de sus vehículos como Alma evolucionante que es. En el interior de cada uno de nosotros hay un germen divino que en cada renacimiento intenta abrirse paso a través de la personalidad, y mientras no se auto-observe y se auto-analice para después comenzar a trabajar a favor del Espíritu siempre estará engañado por la personalidad y siempre pasará por el Purgatorio después de la muerte del cuerpo físico.

            Vivimos en Dios, nuestra conciencia está evolucionando en la conciencia de Dios, nuestra recién nacida mente es parte de la mente de Dios y nuestros deseos personales se tienen que transformar en voluntad de Dios. El cuerpo físico y sus sentidos, el mundo físico y el Sol físico, y como efecto de todo eso el Purgatorio, representan las tinieblas que ocultan la verdadera luz que brilla en los Cielos y mundos espirituales, una luz que procede directamente de Dios y (aunque no queramos aceptarlo) donde vivimos, evolucionamos y tenemos nuestro Ser. Por consiguiente, y aunque la mayoría de las personas sean ignorantes de ello, en cada vida estamos experimentando en lo inferior pero bajo la estrecha vigilancia y reacción de lo superior sobre nosotros. Así que, cada deseo, sentimiento, emoción o pensamiento causado por el hombre, tiene una respuesta de las leyes divinas o  leyes superiores, y cuanto más elevadas sean las causas del hombre más enérgica será la respuesta de los mundos espirituales que no son otras que los agentes de Dios que gobiernan y dirigen la evolución de la humanidad en general. No es lo mismo los esfuerzos del hombre egoísta y materialista que hace leyes para beneficio propio que el esfuerzo como respuesta a la inquietud procedente de ese germen espiritual que todos llevamos dentro. Cuando más se abandonan esos esfuerzos personales para escuchar la voz interna que se oye cuando en la meditación nos auto-observamos, más permitimos que las leyes superiores actúen sobre nosotros y más evitamos el Purgatorio para acercarnos al Cielo.

            Mientras nosotros pongamos nuestra voluntad al servicio de lo personal y en contra de la voluntad universal, no podremos elevarnos sobre el Purgatorio ni nos podremos identificar con la Voluntad de Dios. La voluntad representa al Espíritu y mientras esa voluntad no esté centrada en desarrollar deseos, sentimientos, emociones y pensamientos positivos, no nos estaremos alejando lo más mínimo del sufrimiento post-morten. El que escucha la voz de su Alma en momentos de meditación y en cada aquí y ahora y el que es auto-consciente de sí mismo en todo momento, es el que está eliminando su propio Purgatorio a través de la buena voluntad; el que utiliza sabiamente su voluntad y cuida, gobierna y purifica sus cuerpos es el que se eleva a pasos agigantados hacia el Cielo; pero el que nace y muere habiendo sido gobernado por sus deseos y emociones personales y el que ha dado rienda suelta a su imaginación personal y a puesto a la mente a su servicio, no encontrará nada más que dolor, desesperación y desengaño tras la muerte.

            Toda vida existente es parte de la Vida de Dios y lo que parezca vivir fuera de Dios es que no es vida. Nosotros vivimos engañados por los sentidos y dominados por los deseos egoístas y las bajas emociones con las cuales colaboran la mente y la voluntad sin que nos demos cuenta. No queremos admitir que si queremos elevarnos hacia el Cielo tenemos que ser dueños de nuestros cuerpos y buscar la Verdad dentro de nosotros. Para estar en el Cielo donde trabajan las leyes de Dios tenemos que desear, sentir y pensar imitando la forma que tendría de expresarse Dios en nosotros. Solo uniéndonos a la Verdad conoceremos la Verdad, y sólo olvidándonos de todo aquello que nos separa como hermanos, alcanzaremos un estado de conciencia y de felicidad que nos hará vivir el Cielo. Estamos tan acostumbrados a leer palabras como éstas sin ser auto-conscientes de su significado que, en la mayoría de los casos, no le damos importancia y no dejamos que hagan el efecto espiritual que podrían hacer en nosotros. Sin embargo, sí que ponemos empeño e intención en practicar el desprecio, la crítica, el rencor, el odio, los malos deseos y la mala voluntad en general.

            Es necesario vivir conscientemente en Dios o escuchar en el silencio la voz de Su vida (que es nuestro verdadero ser) para comenzar a vivir ese Cielo deseado incluso estando aquí en la tierra. No es a través de los halagos de los sentidos, ni del deseo material, ni del egoísmo, ni del mal uso de la mente y de su poco razonamiento como vamos a encontrar esa Verdad que sólo encontraremos en el Cielo. Quien piense que puede vivir fuera de Dios no encontrará nada que le lleve al Cielo pero sí mucho que le haga sufrir y que le desvíe de la Verdad y de Dios Mismo. Nadie puede vivir fuera de Dios ni nadie puede disfrutar del mundo si no fuera porque lo mantiene Dios. Quien sabe que todo lo que nos rodea procede de Dios (de lo invisible como nuestro cuerpo físico procede de la materia invisible) podrá valerse de ello para eliminar de sí mismo el Purgatorio y para crearse su cielo. Hay una relación entre todo lo existente y visible y las causas que lo crearon y lo invisible, cuando  creamos causas de acuerdo a las leyes invisibles estamos conectando con lo superior y eliminando de nosotros lo inferior.

            El hombre tiene que desarrollar su voluntad, su mente y todos los poderes que como Espíritu o hijo de Dios tiene, y eso no se puede conseguir sin las experiencias que aquí tenemos gracias y a nuestros diferentes cuerpos, por tanto, las experiencias en el mundo físico son necesarias. Pero este hecho no justifica lo que la mayoría de los que buscan una vida superior hacen, que es justificarse diciendo que no tienen tiempo para dedicarlo al Espíritu. Quien de verdad desea vivir una vida espiritual (además de cumplir con sus deberes y responsabilidades) busca tiempo y lugar para meditar u orar aunque solo sea 15 minutos, porque cuando más se retrase esta decisión y más enfoquemos nuestra conciencia en lo material y personal, más nos alejaremos de ese Cielo. Para imitar a Cristo en deseos, voluntad, sentimientos y pensamientos, no necesitamos apartarnos del mundo ni aislarnos de los demás, porque es más bien lo contrario; se puede estar escribiendo o haciendo cualquier otra cosas controlando la mente para que no piense por sí misma mientras observamos nuestras manos como parte del instrumento que es nuestro cuerpo físico; podemos enfocar nuestra atención en todo lo que nos rodea y ver la Vida de Dios en ello; podemos observar a los demás pensando consciente y voluntariamente que son nuestros hermanos, tengan el aspecto que tengan; y podemos observar nuestros deseos, nuestros sentimientos y a nuestra mente para analizar su naturaleza y cambiarla si es necesario. No deberíamos permitir que nuestra mente piense por sí misma porque si no lo impedimos se dejará dominar por los deseos y emociones personales y terminará criticando, enjuiciando, culpando a otros, excusándose y otros muchos aspectos negativos. ¿No es, pues, esto una manera de trabajar a favor del Espíritu? Todo lo grosero y negativo mencionado y llevado a la práctica origina y atrae negatividad en nuestra aura, y esas negatividades y bajas vibraciones son las que nos llevan al Purgatorio y nos impiden elevarnos al Cielo.

Francisco Nieto