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viernes, 16 de mayo de 2014

LA NEUROCIENCIA Y EL DESARROLLO DEL SER INTERNO III






El ocultista sabe que el ADN y los genes representan, físicamente, la esencia del arquetipo celestial que se crea antes de que el nuevo ser humano nazca. En los mundos superiores se “programan” las líneas generales de la futura vida y el arquetipo del cuerpo físico futuro, y todo de acuerdo al karma o deudas de ese  Ego más las necesidades evolutivas que tenga. De acuerdo a todo eso y después de atraer la materia mental de la que formará su mente, el Ego o Yo, comienza su descenso y adquiere la materia emocional que esté en sintonía con su vibración y estado de conciencia. A continuación y siempre de acuerdo con el arquetipo original creado en el plano del Alma, los Ángeles y sus ayudantes crean el molde del cuerpo físico con la materia etérica del mundo físico. Este molde etérico es el que atrae (de forma parecida a los anteriores cuerpo mental y emocional) la materia física según sea su vibración y a su karma, lo cual queda reflejado en parte en el ADN y en los genes. Todos estos cuerpos están unidos y entrelazados entre sí de tal forma que el verdadero Yo o Ego sea consciente de lo que el hombre (la personalidad) hace en la Tierra. Cuando abandonamos el cuerpo físico nos llevamos la película de nuestra vida pasada para extraer todo el beneficio posible, tanto de lo bueno como de lo malo. Esta quintaesencia de cada vida es lo que hace que evolucionemos y que tengamos mayores oportunidades en cada renacimiento pero, ¿Es justo que no recojamos el beneficio de cada vida hasta después de la muerte?

            Sí es justo, en cierto modo, si lo entendemos como que experimentamos ciclos de actividad (vida) y de “inactividad” (estado post-morten) donde nos fortalecemos espiritualmente para afrontar un nuevo día o renacimiento. Pero en un ciclo inferior, en lo que llamamos días y noches, también tenemos grandes oportunidades de desarrollo gracias a que tenemos una voluntad y un libre albedrío para intentar ser cada día mejor consciente y voluntariamente. No sería justo que si una persona se esfuerza por eliminar de su carácter todos los defectos o emociones negativas que tiene no obtuviera algún beneficio para el siguiente día en vez de esperar hasta después de la muerte. Y para eso está el cerebro y los genes que, como se ha demostrado, cambian según pasan los años y de acuerdo a si el individuo crea nuevas agrupaciones y conexiones cerebrales que repercuten en la genética. Por tanto, análogamente, a como sacamos el beneficio de las experiencias después de la muerte, así mismo podemos hacer en cada nuevo día si el día anterior nos hemos preocupado y esforzado por ser conscientes de lo que intentan hacer nuestros vehículos y por actuar como si el nuevo día fuera un nuevo renacimiento que debemos aprovechar para ser creativos en el más elevado sentido de la espiritualidad.

            Los genes, al igual que el cerebro, cambian y son influenciables según las experiencias, la forma de pensar, de sentir, de la etapa de desarrollo físico e incluso de la salud. Por tanto, no tenemos una vida tan predecible, (como algunos astrólogos  piensan sobre el horóscopo y sobre lo que otros opinan sobre el destino) según la genética, sino que nosotros podemos alterar algunos genes durante la vida para que sean la base de algunas actuaciones futuras y de la “programación” y karma del próximo renacimiento. Los genes se activan por medio de señales químicas y cuando así lo hacen expresan lo que son o representan por medio de la creación de diferentes proteínas. No estoy asegurando que podamos cambiar el ADN que viene programado de los mundos invisibles desde antes de nacer, sino de alterar o poner más o menos en actividad los genes de acuerdo  a los cambios notables que podamos hacer a lo largo de nuestra vida. Es decir, un cambio de hábitos o de carácter envía nuevas señales a las células, y éstas, a su vez, expresan nuevas proteínas y crean miles de variaciones de un mismo gen. Así es que, podemos aceptar que, lo mismo que algunas partes del cerebro son más cambiantes e influenciables también ocurre lo mismo con los genes. Y es en este punto donde debemos dejar claro que la forma de vida que llevamos (misma forma de pensar, de sentir, de actuar, etc.) es como decir que siempre estamos activando los mismos genes y, por tanto, creando las mismas proteínas lo que, a fin de cuentas, nos perjudica en todos los sentidos.

            Si las experiencias, las emociones y, sobre todo, el efecto de pensar voluntaria y conscientemente, pueden cambiar algunos genes ¿Por qué no va a ocurrir lo mismo si llevamos a la práctica el hecho de imaginar y visualizar un futuro carácter y destino más elevado y original? Dicho de otra forma, si cambiar progresivamente nuestro carácter hacia lo alegre y cariñoso se graba en algunos genes ¿Por qué no se va a grabar por el hecho de hacer lo mismo con la imaginación y la visualización plena viviendo y sintiendo internamente lo que estamos imaginando? Recientes estudios, dentro de la física cuántica, han demostrado que cuando se crean y se repiten nuevas y más elevadas emociones se altera la química del cuerpo y se cambia la expresión genética. Es más, algunos experimentos han demostrado que se desarrollan en algún grado ciertas habilidades por el simple hecho de pensar que se está haciendo esa tarea (por ejemplo, mecanografía) Ahora es el momento de preguntarse uno mismo ¿Por qué seguir viviendo en el pasado y seguir creándome el mismo futuro y el mismo karma si puedo cambiar mi cerebro y mis genes para vivir en un futuro más elevado en el momento presente? ¿Por qué seguir viviendo automática y repetitivamente entre estrés, preocupaciones, vicios y demás si con mi voluntad y mi imaginación puedo crearme un nuevo carácter y una nueva identidad?

            ¿Quién, de los que se interesan por la “nueva conciencia” o por la filosofía oculta, no ha leído algo sobre la importancia de vivir en el presente o ahora? Patanjali ya hablaba de ello hace varios miles de años, en el siglo pasado también hubo escuelas que enseñaban cómo vivir conscientemente en el presente, y en estos últimos tiempos también se está dando mucha importancia a la “atención plena”. La verdad es que todas estas enseñanzas van encaminadas a despertar un nuevo estado de conciencia o de Ser en cada momento por medio de la auto-conciencia y de la auto-observación. Y es que vivir en cada ahora o momento presente nos permite ir más allá del tiempo y del espacio y hacer realidad lo que queramos en nuestro fuero interno, lo que, por el contrario, no es posible hacer respecto al pasado. Como hemos dicho, tenemos tal adicción a nuestro cuerpo físico que actuamos como autómatas, no podemos pasar ni deshacernos de nuestros hábitos y estados de ánimo habituales, y cada vez que repetimos o imaginamos los mismos hechos, el cuerpo cree que lo está reviviendo y añade más sustancias químicas que producen las mismas emociones y pensamientos. De esta forma, lo que hemos conseguido es que el cuerpo actúe como una mente subconsciente y lleve el mando para responder siempre igual ante las mismas circunstancias; esta es la llamada “respuesta condicionada”.

            Expliquemos un poco más detalladamente esto ¿Cómo puede crearse una persona un carácter irascible? Cuando el cuerpo responde o se expresa instintiva o automáticamente como un sistema nervioso autónomo, lo hace como efecto de las reacciones químicas procedentes del cerebro; obviamente, no nos solemos dar cuenta de este proceso. Supongamos que nos levantamos en uno de esos días que llamamos malos y que el despertador ha fallado porque ha saltado el automático de la corriente eléctrica. Los pensamientos de llegar tarde y de explicárselo al jefe sabiendo que es un poco miserable y de ninguna forma razonable, hace que los neurotransmisores actúen sobre el cuerpo y que los neuropéptidos y hormonas afecten en ese sentido a las células y al sistema nervioso. Con cada pensamiento y por el hecho de recordar el pasado porque esto ya ocurrió y nos costó un disgusto, el cerebro y el cuerpo siguen empeorando todo y comienzan a actuar de forma automática y condicionada desencadenando toda una serie de respuestas emocionales. Estos hechos pueden durar varias horas, lo que da pie a que se forme un estado de ánimo. Si a esto añadimos que por salir más tarde de casa encuentra mucha circulación de tráfico y toca el claxon y discute con otro  conductor porque su sistema nervioso está alterado, y que le ocurren otros hechos similares en el trabajo, los cuales durarán varias semanas, tendríamos que hablar de "temperamento", sobre todo si se siguen expresando las mismas emociones y pensamientos. Si esta persona ha repetido durante mucho tiempo esas emociones y pensamientos y ha creado emociones de rencor, odio, venganza, malhumor, etc., entonces ya estaríamos hablando de un "rasgo de la personalidad". Naturalmente que es muy posible que esta persona se viera tratada de forma diferente a cómo le trataban antes y eso empeoraría todo y quizás también las relaciones familiares, esto sería la total formación de una nueva pero negativa personalidad con cierto grado de irascibilidad.

            Esta personalidad se ha creado teniendo como base al pasado emocional y las respuestas autónomas y automáticas del cuerpo, por tanto, si queremos cambiar la personalidad debemos de cambiar las emociones memorizadas, es decir, tenemos que dejar de vivir en el pasado. El ejemplo que hemos puesto sería más fácil de superar porque se ha producido en un corto espacio de tiempo, pero no ocurriría lo mismo respecto a un hábito o emoción que estuviera muchos años. Si, como personalidad, solemos vivir en el pasado, significa que nuestro futuro será predecible y más de lo mismo, por tanto, lo ideal es acostumbrar al cuerpo a vivir en el futuro. Si imaginamos y visualizamos más posibles situaciones o circunstancias futuras y nos concentramos en ellas como si las estuviéramos viviendo, ocurriría que nuestra mente, cerebro y sustancias químicas actuarían como si esos hechos estuvieran ocurriendo transformándose así en experiencias. Entonces, de la experiencia futura que estamos creando mentalmente se genera una emoción, respondiendo el cuerpo como si todo fuera real en ese momento.

Francisco Nieto

viernes, 2 de mayo de 2014

LA NEUROCIENCIA Y EL DESARROLLO DEL SER INTERNO (II)






El cuerpo emocional y la mente tienen que estar en sintonía y trabajar juntos por un nuevo ideal que vaya más allá del carácter habitual. Para cambiar hay que hacer que el cuerpo olvide (deje de practicar o expresar) esas vibraciones emocionales que se han convertido en carácter  e identidad. Esta es la manera en que lo que perciben los sentidos forman el carácter: La información llega al cerebro donde se recrea el hecho percibido gracias  a las redes y conexiones que existen entre los grupos y zonas neurales del cerebro. Esto hace que se originen las correspondientes emociones en el cuerpo emocional, las cuales alcanzan a las células en forma de sustancias químicas, (hormonas, neuropéptidos) Como esto produce un cambio interno contrario a lo que éramos hasta ese momento, nos identificamos con él y lo grabamos como causa de ese cambio, es decir, lo memorizamos. De esta forma se registra algo nuevo en el cerebro pero también químicamente en el cuerpo por medio de las nuevas sustancias emocionales que llegan a los receptores celulares. Como, en este caso, el cambio surge como deseo de ser mejor, se recuerda como algo positivo que causó armonía entre cuerpo y mente. Son los recuerdos los que moldean el mundo interno, nosotros aprendemos a pensar y a sentir de la misma forma por medio del cerebro, que es donde se refleja lo externo (experiencias, relaciones conocimientos, etc.) y la mente. Son las redes y conexiones de las neuronas o células nerviosas del cerebro las que se encargan de ello.

Nuestro mundo o realidad se forma por medio de la repetición de una serie de emociones y pensamientos, y por eso, cuando estamos tan acomodados a vivir en esa realidad, nos cuesta tanto tener la mente ocupada en estudios o hechos nuevos. Cuando más reaccionamos de la misma forma a lo externo más fuertes se hacen las redes de neuronas y más real nos parece la “realidad” o mundo que hemos creado en el cerebro. De aquí que nos acostumbremos a ver las cosas y a pensar siempre igual, ya que la mente (que ve en el cerebro) se hace una y se identifica con lo exterior. Pero, como hemos visto, también ocurre lo mismo con las emociones. Cuando una y otra vez pensamos en problemas, coloreamos nuestra vida con el color y las emociones de ese problema, o sea, creamos un problema que nos domina y nos expresamos mental y emocionalmente a través de él. ¿Y qué ocurre entonces? Pues que ya no somos el Yo que controla su destino y que nos hemos convertido en el efecto de esas circunstancias externas o “problema”. El problema del hombre es que sus actitudes han hecho que el cuerpo actúe como una mente subconsciente por haber memorizado toda una serie de actitudes, hábitos, recuerdos, creencias, etc. Esas actitudes que todos llevamos dentro como si fueran programas, son las que nos hacen actuar inconsciente y automáticamente y las que recuerdan el estado emocional en cada momento, mejor incluso que la mente. Cuando somos conscientes de esto y nos esforzamos en cambiar hacia algo superior es cuando despertamos de esa vida irreal para dirigir nuestra vida (mente, imaginación, palabra, deseos y acciones) Pero en cuanto nos descuidamos y nos dejamos llevar por el 90 % de inconsciencia (por ejemplo, una discusión descontrolada) volvemos a estar en ese mundo irreal de ensueños. Si queremos ser verdaderamente el Yo consciente que deberíamos ser, debemos de dejar ser el de siempre.

Esto debería ser preocupante para todos pero más aún para los que aspiran a transformar su personalidad para ser más auténticos y más libres. Son muchas las personas que intelectualmente se sienten libres, incluso los que procuran pensar siempre positivamente dicen que van por el buen camino, pero no es suficiente porque ¿De qué sirve desear ser feliz o intentar ser mentalmente positivo si el cuerpo sigue sintiendo y respondiendo negativamente? Hasta que no trasformemos ese automatismo negativo que expresamos no conseguiremos lo deseado. Cuando una persona trabaja con una misma máquina todos los días llega un momento en que sus manos actúan sin necesidad de que sean dirigidas consciente y voluntariamente por el Yo; digamos que actúan por su cuenta y que, mientras tanto, el Yo está fuera de lugar o dormido. Pues bien, eso es lo que solemos hacer todos a lo largo de nuestra vida desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y eso nos debería llevar a admitir que son pocos los momentos en que pensamos, sentimos y actuamos plenamente conscientes.

Este automatismo, inconsciente para el Yo, es el que crea la personalidad expresada a su vez, por medio de las emociones. Y cuando se expresan emociones negativas del pasado una y otra vez durante mucho tiempo, creamos los rasgos de una personalidad negativa para el presente y para el futuro. Es evidente que si queremos vencer este problema debemos cambiar la personalidad automática con sus correspondientes emociones memorizadas, o dicho de otra forma, debemos dejar de vivir en el pasado. No solo hay que dejar de pensar y sentir como el yo de siempre, sino que debemos intentar vivir plenamente atentos a lo que hacemos, a lo que nos rodea y a lo interno para así poder actuar como un nuevo Yo más allá de la personalidad. Siendo plenamente consciente en cada “ahora” estamos tan centrados en ese momento que nos olvidamos del tiempo y del espacio, y es ahí, en ese vacío personal, cuando debemos ver al mundo y a los demás como algo superior y positivo y donde podemos auto-programarnos para el futuro visualizan
do los hechos como si ya los estuviéramos viviendo. Esta manera de cortar con el pasado es la que “configura” de nuevo las conexiones y redes de neuronas en el cerebro. ¿Qué estamos haciendo? dejar de vivir en los problemas, en las preocupaciones y en las obsesiones del pasado (entre otros) para crear mental y emocionalmente una nueva y más elevada personalidad futura.

La neurociencia ya ha demostrado que por el hecho de imaginar repetidamente que estamos haciendo algo o que nuestro carácter es de tal forma, los circuitos y las conexiones del cerebro cambian como si ya se estuviera produciendo lo que imaginamos. Luego entonces, ¿no podríamos adelantarnos y programar una personalidad y un medio ambiente en general diferente del automatismo que hemos tenido hasta ahora? El cerebro no distingue lo que le llega del exterior de lo que nosotros deseamos imaginar, y por eso lo hace “real” en sus zonas y redes. Así es que, una vez que tenemos claro lo que queremos ser como persona (cariñosa, simpática, servicial, compasiva, etc.) debemos:
1º.- Comenzar a visualizar o imaginar cada mañana, como si lo estuviéramos viviendo, las circunstancias y relaciones donde queremos ser diferentes.
2º.- Estar plenamente atentos y conscientes durante el día para intentar actuar y vernos como deseamos.
3º.- Hacer cada noche una visión retrospectiva del día para ver dónde hemos fallado y imaginar cómo debemos actuar en una próxima ocasión.

            Recordemos: Cuando estamos plena y conscientemente atentos a lo que pensamos, sentimos y expresamos  como colaboración complementaria de la repetida visualización de la futura personalidad, el cerebro cambia como si ya se estuvieran produciendo los hechos. Cuando pensamos e imaginamos repetidamente algo, excluyendo todo lo demás, llega un momento en que el pensamiento se convierte en experiencia; a esto lo podríamos llamar “instalar una nueva configuración en las neuronas del cerebro.” Un pensamiento no es solo una vibración electromagnética que puede afectar a la mente de otros y que puede estimular emociones, sino que también crea en el cerebro una reacción bioquímica que genera unos neurotransmisores que después son enviados al cuerpo para que éste responda de acuerdo a lo que se está pensando (esta labor la hacen los neuropéptidos y las hormonas relacionadas con las emociones)

            Apliquemos esto a una persona que se va de vacaciones al lugar que tanto ha deseado. Si comienza por imaginar y visualizare a sí misma pasándoselo lo mejor posible, lo que estará haciendo es activar unos neurotransmisores que afectan a una determinada zona del cerebro para que se creen las imágenes. Como efecto de la acción de los neurotransmisores, se liberan cierta cantidad de neuropéptidos en el torrente sanguíneo para que el cuerpo produzca hormonas de acuerdo al pensamiento y esto, a su vez, se reflejará como emociones de alegría y diversión, pareciendo así que la persona está viviendo ya las vacaciones. El fin es que la persona sienta lo mismo que está pensando para luego pensar en lo que siente, así mente y cuerpo están en sintonía creando un mismo estado de consciencia creador. Por estos motivos, solemos decir si nos encontramos bien o mal de acuerdo a lo que sentimos y a lo que pensamos. Por estos conocimientos deberíamos procurar crear pensamientos positivos y rechazar lo negativos, sin embargo, también, por nuestras repeticiones inconscientes e irrazonadas tenemos hábitos y caracteres negativos y automáticos que impiden que veamos la realidad desde un estado de consciencia más despiertos. Cuando actuamos correctamente es la mente la que domina al cuerpo, pero cuando estamos “dormidos” es cuando el cuerpo actúa y “piensa” imponiéndose sobre la mente. Solo haciendo uso de la voluntad, como Yo o Alma, podremos imponer la razón sobre las emociones y sobre la mente subconsciente que crea el automatismo corporal.

Francisco  Nieto