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martes, 15 de abril de 2014

LA NEUROCIENCIA Y EL DESARROLLO DEL SER INTERNO ( I )





Generalmente y sabiendo que los hechos más importantes de nuestra vida vienen “programados” y aceptados por nosotros mismos antes de renacer, son pocas las veces que a lo largo de la vida nos esforzamos consciente y voluntariamente para crear algo nuevo en nuestra vida. Desde que nacemos, basándonos en todo lo que nos rodea y según sean las relaciones y experiencias que hayamos tenido, nos habituamos a pensar, a sentir y a expresarnos de una manera automática y monótona. Esto es crear nuestra propia “realidad”, y mientras sigamos actuando así crearemos las mismas circunstancias y pensaremos y sentiremos igual que siempre, condicionándonos a nosotros mismos una y otra vez por medio de esa repetitiva forma de vivir. Tenemos la mala costumbre de implicarnos en los problemas y hacerlos más grandes por el hecho de pensar en ellos y de sentir sus emociones como respuesta. Para dejar este hábito hay que pensar más allá de las circunstancias de siempre, hay que vivir en una nueva línea de tiempo y, sobretodo, ir más allá de nuestros habituales sentimientos y emociones; así podremos idealizar un nuevo Yo.

La forma en que hemos llegado a ser como somos es más o menos así: Si todo lo que hemos conseguido ser (forma de pensar, de emociones y deseos, hábitos, etc.) gracias a las experiencias y a las circunstancias que hemos vivido, lo tenemos en el cerebro a modo de base de datos, significa que ante cualquier estímulo o impacto externo siempre vamos a responder de la misma manera porque estaremos activando las mismas redes y agrupaciones de neuronas. Así es que, podríamos decir que lo interno se refleja y crea lo externo (mismas respuestas y expresiones ante los mismos hechos, problemas y circunstancias) y lo externo siempre recibirá la misma respuesta de lo guardado en lo interno impulsándonos a actuar según lo conocido. Por consiguiente, podríamos decir que son los recuerdos y lo guardado en el cerebro lo que nos “recuerda” que debemos expresarnos y que debemos actuar de la misma forma. Lo que tenemos en ese procesador llamado cerebro representa quiénes creemos ser en relación al mundo que nos rodea, sobre todo porque nos identificamos con él. Es por esto que podríamos asegurar que en cada momento estamos creando las mismas circunstancias del pasado, y que cada mañana nuestro cerebro se conecta a su realidad para crear el mismo estado de conciencia de forma automática.

Sabemos que un hecho externo puede estimular una emoción y ésta, a su vez, un pensamiento, pero la base de las expresiones y de las actuaciones del hombre es el pensamiento; por tanto, es la mente la que nos ha creado tal y como creemos ser. Si cada vez que pensamos seguimos activando automáticamente las mismas células nerviosas, nada cambiará en nuestra base de datos ni en nuestra personalidad porque estamos configurando constantemente al cerebro de esa forma. El resultado de todo esto es que los mismos sentimientos y emociones se han compenetrado tanto con la forma de pensar que han creado una identidad que rechaza totalmente cualquier cambio que el hombre quiera hacer.

Cualquier aspirante espiritual sabe que no es fácil cambiar esta identidad y que para cambiarla debe hacerse desde adentro. Cuando nuestra manera de sentir y de ver lo que llega a nosotros, se convierte en nuestra manera de pensar, es muy difícil que cambiemos esos esquemas o “programas” del cerebro. Por tanto, cambiar es pensar de una forma diferente a la de cómo nos sentimos normalmente, es ir más allá de los sentimientos y emociones que nos dominan y que hacen que nos comportemos de una forma casi automática. Generalmente, estamos condicionados por hechos que quedaron especialmente grabados, un acto que nos acomplejó puede volver a repetirse y acomplejarnos cada vez más según se presenten otras circunstancias iguales o similares. Cada vez que se presenta una circunstancia donde nos podamos acomplejarnos, es fácil que lo hagamos, porque esa experiencia del pasado tiene una gran carga emocional que hará que se activen en el cerebro las mismas conexiones y secuencias. Esto, a su vez, consolida más aún esos circuitos de neuronas haciendo que la persona piense igual que lo hizo en otras ocasiones, originándose así, otra vez, las mismas emociones relacionadas con el complejo gracias a las sustancias químicas del cerebro y del cuerpo.

Cuando memorizamos ciertas reacciones emocionales, recuerdos asociativos, hábitos, etc., es como si hubiéramos creado toda una serie de programas subconscientes que se hacen automáticos. La repetición de esos programas hace que el cuerpo se habitúe a esos estados emocionales haciendo que sigamos sintiendo, pensando y expresándonos de la misma forma, como si el cuerpo fuera la mente. Así, cuando experimentamos un pensamiento o emoción, el cuerpo funciona de forma automática sin que nosotros seamos conscientes de ello la mayoría de las veces. Actualmente y en la mayoría de los casos, el hombre utiliza un 10 %, o quizás menos, de la mente consciente para pensar voluntaria y conscientemente, por consiguiente, un 90 % es utilizado por la mente automatizada que llamamos subconsciente (ejemplo: la mecanografía donde los dedos no necesitan ser guiados por la mente) Cuando cuerpo y mente están tan compenetrados, reflejando el hombre ese 90 % dominante de ese subconsciente en el cuerpo, es cuando formamos y nos sentimos un ser, pero en este caso, un ser automatizado en un 90 % del tiempo. El hecho de que ese 10 % no sea consciente de lo que piensa, siente o hace el hombre, demuestra que se vive en la inconsciencia y que  nos dejamos llevar por las emociones y por los hábitos.

Cuando ocurre esto, la mente queda en un segundo plano, como dormida, mientras que es el cuerpo el que actúa de  acuerdo a las emociones memorizadas, es decir, que el 90 % de la mente subconsciente es la que dirige la actividad con sus programas automáticos respondiendo a cualquier pensamiento casual o estímulo fortuito. Está claro que si queremos ser conscientes de lo que pensamos y sentimos debemos olvidar todos esos arquetipos mentales y emocionales automáticos para crear nuevas pautas que trasformen los circuitos y agrupaciones del cerebro. Basándonos en quiénes queremos ser, debemos entrenar al cuerpo desde una nueva mente y un nuevo enfoque para que trabajen al unísono. Cuando una persona lleva años pensando que es de tal o de cual forma, es como decir que ha creado tantas sustancias químicas sobre ese sentimiento o esa emoción que los receptores de las células adaptan y procesan cada vez mejor esa expresión del carácter. Cuando comenzamos a crear un defecto, aún involuntariamente, puede ser que, al darnos cuenta, nos sintamos molestos con nosotros mismos, (por ejemplo, ser irascible) pero si no ponemos medios, el cuerpo emocional continuará creando las sustancias correspondientes a las emociones que, según lo que percibamos en cualquier momento, sean estimuladas por el pensamiento en el cerebro. Si esto no se evita, llega un momento en que el cuerpo se adapta tanto que actúa automáticamente ante cualquier hecho que no esté de acuerdo con el carácter que hemos creado, manifestando así cada vez más la irascibilidad. Está claro que para cortar radicalmente esta cadena o secuencia es necesario usar la voluntad y la mente de una forma consciente, así se dejarán de crear las moléculas emocionales que alimentan a las células.

Cuando uno crea un mal hábito, vicio o defecto y lo practica tan a menudo que los sentimientos o las emociones actúan tan automáticamente que parecen el Yo, la mente se debilita y actúa cada vez menos. Esto significa que cada vez que recordamos emocionalmente lo que registramos en el pasado, estamos viviendo en ese pasado. Por eso se dice que el hombre se apega a los deseos y a las emociones y que le cuesta mucho crear un mejor futuro. Inconscientemente nos hacemos unos adictos de lo conocido y experimentado (pasado) porque nuestro cuerpo se ha habituado a lo fácil y cómodo, y por eso mismo no le gusta que le obliguen a expresarse de otra forma. Así es que, si estamos recordando siempre las mismas emociones (hechos del pasado) es difícil que originemos causas nuevas.

Siguiendo el ejemplo de la persona irascible, cuando alguien comienza a regenerar su carácter por medio de un trabajo interno como este, se dará cuenta que ya tenía una adicción y que a la mínima manifestaba su carácter irascible. Pero también comprobará que, aunque haya resistencia por parte del cuerpo emocional que sigue queriendo manifestarse así, surge cierta inquietud en el cuerpo. Esto ocurre porque las células ya no reciben esas vibraciones emocionales irascibles que la mente creaba en el cerebro. Algo está cambiando en el cuerpo emocional porque una “nueva mente” está originando pensamientos y deseos más elevados que son contrarios a la irascibilidad; es más, el simple hecho de pensar que ya no se desea ser irascible cambia los estímulos que creaban las substancias que alimentaban las células. Entonces, los receptores de las células cambiarán para hacer lo mismo con las sustancias químicas y así crear un nuevo orden químico contrario a la irascibilidad. Esta es la lucha interna del aspirante espiritual que desea quitarse un defecto de su carácter, los pensamientos se oponen al hábito emocional, sentimental o de deseo, pero si estos vencen a la mente, el cuerpo seguirá manifestando el defecto. Por eso es tan necesario crear pensamientos nuevos que estimulen sentimientos y emociones positivas.

Francisco Nieto

martes, 1 de abril de 2014

¿HAY PRUEBAS O MODOS DE DEMOSTRAR QUE EXISTE LA REENCARNACIÓN? (y III)






Si los límites máximos a los que llega una persona, moral e intelectualmente, en una vida es lo que muchos dicen que somos y progresamos ¿cómo es que en el pasado hubo genios intelectuales que sobrepasan a otros actuales en determinados conocimientos? Es cierto que la mayoría de las personas  “creen” más en las teorías científicas, teológicas, materialistas, agnósticas o como quieran llamarlas, y también es cierto que están en su derecho pero la teoría ocultista, es la que satisface a la razón y al Alma. Cuando el ocultista desarrollado habla de esta teoría no dice “yo creo” sino “yo conozco” y “yo afirmo” puesto que ha comprobado lo que dice, mientras que los demás no lo han hecho. Veamos, pues, lo que dicen las tres teorías más conocidas.

TEORÍA MATERIALISTA O CIENTÍFICA: Esta teoría dice algo así como que nuestra vida es fruto de la casualidad, (no de la causalidad) como si viniéramos de la nada y tuviéramos una vida de acuerdo a las circunstancias, al ambiente y a los padres que casualmente nos toque. Dicen que lo que somos es fruto de una serie de circunstancias que son parte de la naturaleza, que somos los seres más inteligentes del universo pero que cuando llega el momento de la muerte, ahí se acaba todo (experiencias, recuerdos, inteligencia, consciencia, etc.) como la propia vida. Aquí podemos ver la gran contradicción de esta teoría respecto al propio postulado científico que dice que “nada se crea  ni nada se destruye en el universo, sino que todo se transforma”, por cierto, con lo que está de acuerdo el ocultista. ¿Cómo la sabia naturaleza (Dios, Alá, Jehová o como se quiera llamar al creador del universo) va a trazar un plan donde todo evoluciona y va a dejar perder el desarrollo intelectual, el amor entre hermanos, los ideales fraternales y compasivos, la genialidad, el arte, la ciencia, etc.? ¿para qué hay evolución entonces? ¿no es lógico que el creador del universo tenga un plan para que nada se pierda y los seres se beneficien de todo ello? La teoría materialista y científica no sabe dar respuesta a esto, pero si meditara ante todas estas dudas y ante interrogantes como ¿y si no se pierde todo ese fruto de la evolución cuando los humanos mueren dónde va? La teoría materialista no puede afectar a la mente puesto que no está compuesta de “materia física”, la mente es superior a la materia, de hecho el pensamiento crea el carácter y el carácter forma la expresión de la cara. Sabemos que cada pocos años se cambian las moléculas y células del cuerpo físico y que los átomos que las forman ni siquiera son permanentes en el cuerpo, entonces, si como dice esta teoría, la mente se forma de la misma manera que el cuerpo para morir con el cuerpo ¿no se debería perder la memoria de las experiencias cada poco tiempo? ¿qué ocurriría con la conciencia de sí mismo si esta teoría fuera cierta? Está claro que si eso fuera así en la vejez no recordaríamos nada más que los últimos años de nuestra vida. No sé cómo enfocarán (en contra de esa teoría) el hecho de las regresiones, de expresiones desconocidas en personas en trance, u otros casos donde alguien dijo que estuvo en determinado sitio siendo niño en otra vida y se ha comprobado que fue así. En mi opinión esta teoría es la que menos se sostiene.

TEORÍA TEOLÓGICA: ¿Es coherente o lógico, o puede salir de una mente divina, amorosa y compasiva el hecho de poner a sus hijos en la Tierra para que vivan una vida, unos con toda clase de posibilidades y buena salud, y otros todo lo contrario? No ¿verdad? Esto es lo que la teoría teológica viene a decir. Esta teoría dice que en cada nacimiento hay un Alma nueva que tiene una serie de experiencias en su vida y que después de la muerte se quedará en el otro mundo para no volver y para toda la eternidad de acuerdo a lo que haya hecho. O sea que, las experiencias, el genio, la conciencia, sus elevados sentimientos e ideales, etc. se pierden, es más, si ha caído (como hijo) en manos de una gente que se dedica a robar y a matar y se hace un delincuente, después de muerto se pasará toda la eternidad sufriendo por todo el mal que ha hecho. Dice la Biblia que solo se salvarán 14.000 ¿A quién elegirá Dios y en qué se basará para hacerlo? Los más buenos  de hace miles de años no pueden ser mejores que los que hay puesto que hemos evolucionado mucho más. ¿Qué justicia y qué amor puede tener quien elija a 144.000 y a los demás les deje sufriendo para toda la eternidad? Si no lo impide es porque no tiene poder y si no tiene ese poder es porque no es Dios. Si Dios envió a su hijo para que salvara a toda la humanidad ¿Por qué solo va a salvar a esa cantidad? Si la naturaleza intenta sobrevivir y los seres intentan sacar adelante y salvar a su progenie ¿Por qué no lo va a hacer Dios? Si el hombre, imperfecto como es aún, tiene los mejores medios de salvación a su alcance ante cualquier catástrofe o accidente ¿Cómo siendo Dios todopoderoso, omnipresente y omnisciente no va a tener un plan para que toda la humanidad pueda salvarse? Si nosotros, con nuestra pequeña voluntad, hacemos todo lo que podemos para salvar a quiénes estén en peligro y no solo a los que nos parezca bien ¿Por qué va a hacer Dios una selección para salvar solo a unos pocos?

TEORÍA DEL RENACIMIENTO: Esta teoría es la que defiende el ocultista porque sabe que Dios diferencia  en Si Mismo (separa temporalmente) un enjambre de Espíritus o Chispas Divinas para que, en su momento, se conviertan en dioses gracias a la gran diversidad de formas y cuerpos que utilizaran en la tierra con el fin de adquirir las experiencias necesarias que faciliten la expresión de sus poderes divinos ahora latentes. La vida de estos Espíritus, conscientes en su propio mundo pero inconscientes del nuestro, esas vidas han habitado formas similares a los reinos que conocemos y (en su evolución) han desarrollado la consciencia de sí mismas, la mente y la voluntad, pero aún les queda mucho más, y eso solo se puede conseguir a través del renacimiento de esa misma Alma en cuerpos físicos cada vez más perfectos precisamente gracias a su colaboración y a su desarrollo. Desde nuestro estado salvaje del pasado hemos llegado a ser lo que somos hoy pero nos falta otro tanto que recorrer hasta alcanzar la meta de perfección. Todo evoluciona lenta pero persistentemente y por eso, y porque Dios tiene un Plan amoroso para todos sus hijos, podemos asegurar que todos nos salvaremos de una forma u otra, porque si Dios es omnipotente e inmortal también lo somos nosotros sus hijos. Las otras teorías no dan opción a que el Alma pecadora se arrepienta y demuestre con su buenas obras y su amor que ha cambiado y que quiere llevar una vida más moral y espiritual, pero la teoría del renacimiento, no solo hace eso sino que hace que el destino le enseñe las lecciones que necesita para que devuelva en bien el mal que ha hecho.

La evolución sigue siempre una misma dirección, hacia adelante y hacia arriba, por eso no hay teoría más absurda que la que dice que el hombre puede ir marcha atrás hasta renacer en cuerpos de animales o vegetales. No hay nada escrito al respecto en ningún libro de los considerados sagrados de todas las culturas o religiones del mundo. El Alma renace con la única intención aprender de las experiencias y, aunque cometa algunos errores, siempre se elevará y aprenderá de ellos en el purgatorio y en la próxima vida gracias a la Ley de Consecuencia. Algún día llegará en que nuestra conciencia se eleve a los mundos superiores y comprobemos que la muerte no existe, lo que confirmará la necesidad de haber renacido hasta ese momento, entonces nos habremos librado del renacimiento como ya muchos lo han hecho para dedicarse a ayudar a los que seguirnos aquí y a los reinos que nos siguen.


Dice Oliver Wendell Holmes en su poema “El caracol en su concha”: El caracol construye su concha espiral en departamentos seccionales y va abandonando constantemente los más pequeños para ocupar el último de los que ha construido.” Esta es una imagen de la evolución que está haciendo el hombre a través del renacimiento hasta que llegue el momento en que ya no habrá cuerpos que habitar y se haga libre.

                                                           Francisco Nieto