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sábado, 15 de marzo de 2014

¿HAY PRUEBAS O MODOS DE DEMOSTRAR QUE EXISTE LA REENCARNACIÓN? (II)





Quién desee encontrar citas sobre la reencarnación en el Nuevo Testamento también encontrará los suficientes como para creer que los cristianos de aquella época hablaban del renacimiento, Cristo mismo lo enseñaba a sus discípulos (les alimentaba con carne) mientras que al pueblo le enseñaba lo mismo pero con parábolas (les alimentaba con leche), Cristo: “A vosotros os he dado a conocer los misterios del Reino de Dios, más a los otros por parábolas”; veamos algunas otras citas. Cuando le preguntaron a Juan el Bautista que si era Elías (Juan 21) y él lo negó, está claro que estaban preguntándole que si él era la reencarnación del profeta Elías; es cierto que Cristo dijo que Juan el Bautista era Elías cuando dijo: “Este es Elías”, (Mateo 11) así es que en esta aparente contradicción caben dos explicaciones, una que el Bautista no quisiera decirlo y otra más lógica, que no lo recordará  (como no recordamos por lo general ninguno nuestra vida pasada) esa pasada vida como Espíritu. 
Mateo 16: Cristo pregunta ¿“Quién dicen los hombres que soy yo, el hijo del hombre?” Y ellos dijeron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías y otros que Jeremías o uno de los profetas” 
Y Cristo les dijo sin sorprenderse tampoco, “pero ¿quién decís vosotros que soy yo?” 
Y Pedro le respondió: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente.” Cristo: “Si queréis recibirle él es aquel Elías que había de venir.” 
Mateo 17: Cristo dijo “Elías ya ha venido y no le reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido…. Entonces los discípulos comprendieron que se estaba refiriendo a Juan el Bautista.” 
Otra cita que, además del renacimiento, también se relaciona con el karma es cuando los discípulos le preguntan a Cristo delante de una persona invidente que quién pecó, si fue el ciego o sus padres, está claro que para que pecara el ciego tenía que haber vivido otra vida anteriormente como hombre. Jesucristo no se asombra ni se sorprende por las preguntas simplemente les responde que no pecaron ninguno sino que era ciego para que las obras de Dios se manifestarán en él, o sea, que quiso explicar que quien incumpla las leyes divinas tendrán que asumir su responsabilidad como efecto de lo que hizo (Ley del Karma) Pero lo importante de este pasaje es que debe quedar claro que el hombre no puede pecar antes de nacer salvo que creamos en el renacimiento. 
En Juan 40 dice Cristo: “El discípulo no es superior a su Maestro, pero cuando, cada uno, alcance la perfección será como su Maestro,” este hecho tampoco se puede conseguir si no fuera por el renacimiento. 
Juan 3.3: “El que no volviera a nacer no podrá ver el reino de Dios”
Mateo 5.48: “Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Este hecho tampoco se podría conseguir, entre otras cosas, si no fuera por el renacimiento.

            Uno de los poderes que se desarrollan a través de la evolución y que algunos humanos ya han desarrollado es la clarividencia voluntaria (ver más allá de una forma voluntaria y consciente) y quien la desarrolla ya no tiene dudas sobre si existe o no la reencarnación ni la muerte porque puede ver que el recién muerto sigue vivo y porque puede comprobar cómo vuelve a renacer introduciéndose en el vientre de su futura madre. Hubo un tiempo, hace millones de años en que el hombre no tenía conciencia de sí mismo, su conciencia era similar a la del animal, es decir, interna, y por tanto, no era consciente de lo que ocurría fuera de su cuerpo como sí lo es ahora. Los hechos del mundo físico despertaron la consciencia actual pero, a la vez perdimos la interna que es como decir que dejamos de ver a los Seres que evolucionan por encima de nosotros y a los mundos donde se encuentran. Esto fue necesario para poder evolucionar con la conciencia del mundo físico y por eso llegó un momento en que desarrollamos la mente y la conciencia de sí mismo. Actualmente estamos desarrollando esos dos aspectos  del Alma más la voluntad para poder utilizarlas como herramientas para la purificación de nuestros cuerpos y es a partir de ahora cuando los más desarrollados irán despertando la conciencia de esos mundos para poder comprobar que el renacimiento del Alma en un cuerpo físico es un hecho real. De una forma generalizada, esta sería la explicación del porqué debe existir la reencarnación. La diferencia entre aquel antiguo hombre y el de ahora es que aquel no tenía razón para discernir ni voluntad apenas para buscar lo mejor para él como ocurre con nuestros animales domésticos. El iniciado o clarividente voluntario ya ha desarrollado los poderes suficientes como para razonar y actuar voluntariamente en eso mundos espirituales y en un futuro no necesitará renacer. El clarividente puede ver a sus familiares y amigos muertos pero el iniciado puede abandonar su cuerpo físico voluntariamente y trabajar o colaborar con las jerarquías que pertenecen a esos mundos.

            El hombre es mortal pero el Espíritu no lo es y por eso existe el renacimiento, para que el hombre se haga inmortal como lo demuestra la frase de Cristo cuando dice: “Este es Elías”, refiriéndose a Juan el Bautista. Nuestros cuerpos o personalidades llamadas por cualquier nombre, mueren pero el Alma (que no tiene nombre) sigue trabajando en los diferentes mundos espirituales para que la próxima personalidad nazca con más y nuevas virtudes. Hay personas que no creen en la reencarnación y, aun respetando su opinión, deben saber que lo mismo que un niño de cinco años no está preparado mentalmente para entender las matemáticas que se enseñan en el instituto, así mismo, el hombre llega a comprender y a aceptar la reencarnación cuando ha desarrollado cierto grado de conciencia a través de sus muy diversos trabajos de sus renacimientos. Un invidente puede decir que la luz del sol no existe porque no la ve, pero si por medio de una operación le devolvieran la vista, no le quedaría más remedio que admitir que es cierto. Eso mismo le ocurrirá, tarde o temprano, al incrédulo, en alguna futura vida su conciencia le dirá que existe y le pondrá en su destino conocimientos como estos y mayores aún.

            Hay otro aspecto en nuestra vida que también explica la necesidad del renacimiento y éste está relacionado con el cuerpo físico. Todos sabemos que los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren, y esto es así porque se llega a una madurez donde esos cuerpos ya no pueden dar más de sí. Nosotros necesitamos dormir cierta cantidad de horas al día porque el sueño y el cansancio así nos lo exigen, pero eso (que se puede comparar casi con la muerte puesto que se pierde la consciencia) solo ocurre mientras el cuerpo es joven y flexible no cuando los minerales del cuerpo se cristalizan. Por eso y entre otras cosas, cuanto más se esfuerce la humanidad por obtener una buena salud y un cuerpo joven más años vivirá y más provecho extraerá gracias a las experiencias. Hay quien piensa que sólo tenemos una vida pero esa creencia es una más de las muchas que hay que no tienen sentido. ¿Construiríamos un barco con toda clase de lujos para hacer un solo viaje en él? ¿nos gastaríamos una fortuna en el coche más caro del mundo para utilizarle una sola vez? Por supuesto que no, el cuerpo está diseñado para vivir muchos años y lo mismo ocurre con cada vida, pero la mala alimentación, los intoxicantes y  drogas que se consumen, la falta de ejercicio, etc. hacen que vivamos menos años y que tengamos que renacer para adquirir más y nuevas experiencias. Son muchas las experiencias que adquirimos desde la infancia hasta la muerte pero no son nada en comparación con las que aún nos quedan por experimentar hasta que nos unamos en conciencia al Alma; por eso y porque el cuerpo físico no aguantaría los muchos miles o millones de años que necesitaría para  alcanzar la perfección, debemos de renacer.

            Si no hay renacimiento no hay experiencias y si no hay experiencias no podemos comprobar (como hace el inventor cuando construye físicamente lo que ha pensado para ver si funciona) y experimentar el “programa” que traemos desde antes de renacer. Algo similar ocurre con la  construcción del cuerpo físico, hasta ahora hemos sido ayudados a construir nuestros cuerpos pero tiene que llegar al día en que seamos nosotros los que los construyamos porque uno de los motivos por los que renacemos es porque tenemos que hacernos maestros en el manejo de la materia física y de los cuerpos. El Espíritu construyó (con la ayuda de otros seres superiores) unos cuerpos para poder manifestarse y experimentar aquí en la Tierra con el fin de despertar la conciencia de sí mismo y de desarrollar la mente y la voluntad. Ahora, el hombre debe  utilizar esos medios para elevar su conciencia y purificar esos cuerpos para que puedan ser vehículos del propio Espíritu. Ahora renacemos mucho antes que hace unos miles de años porque queremos cumplir con nuestros deberes y responsabilidades y porque queremos acabar con las deudas que nos puedan atar al renacimiento, pero esto no podremos alcanzarlo hasta que nuestra conciencia esté muy por encima del egoísmo, del materialismo, de los placeres, de todo lo personal y otros  muchos aspectos que nos atan a este mundo.

            La Ley de Renacimiento, junto a la de Consecuencia y de Evolución es una de las leyes naturales y más importantes para la evolución de la humanidad, pues representa el proceso de desenvolvimiento y purificación progresiva que permite al hombre perfeccionarse y desarrollar los poderes de su Espíritu. Esta ley explica las diferencias que hay entre los seres humanos y justifica las diferentes actitudes del hombre en la vida y sus circunstancias. Es el Alma, como aspecto de voluntad espiritual, la que reencarna para aprender a dominar y a construir sus cuerpos y la materia física para así desarrollar sus poderes. El renacimiento hace que en cada vida recapitulemos  las experiencias del pasado, que cumplamos con antiguas y nuevas obligaciones, que nos relacionemos con Almas ya conocidas y con otras que nos darán más oportunidades de progresar y de saldar antiguas deudas, que luchemos contra el mal desde el amor y la fraternidad, que ayudemos a los reinos que nos siguen, que colaboremos con los guías de la humanidad para que se cumpla el Plan de Dios, que surjan en nuestro destino toda una serie de posibilidades y oportunidades de acelerar nuestro proceso evolutivo, etc. etc. El renacimiento deja claro que somos un Espíritu inmortal y no una simple vida que se apaga para regresar algún día con cuerpos putrefactos para que nos juzguen. También explica que existe un Cielo y un Purgatorio que nos ayudan a asimilar la quintaesencia de las experiencias de la vida y a grabarnos en la conciencia la manera de hacer el bien, en vez de tener un infierno para toda la eternidad.  Cada renacimiento ofrece experiencias y oportunidades para hacernos cada día mejores; ofrece esperanzas y fe frente a los problemas y a las oportunidades de ayudar a la naturaleza y a la humanidad para mejorar sus condiciones; nos facilita el conocimiento suficiente como para transformar el mal en bien a la vez que sembramos el destino de causas benefactoras; nos ayuda a desarrollar el amor, la fraternidad, la compasión y el servicio al prójimo entre otros; hace comprender a todos que el apego a lo material y la búsqueda del éxito y la fama no le sirven al Alma para nada; hace ver la realidad o causas invisibles que gobiernan este mundo desde los planos superiores; y hace que tomemos conciencia de que todos somos hermanos en Espíritu y que debemos ayudarnos como tal.

            Pienso que con lo dicho en estos párrafos sería suficiente para cualquier persona que quiera convencerse de que el renacimiento es un hecho pero, aun así, comentaremos algo sobre las tres teorías más conocidas al respecto, ya que lo más absurdo sería creer que en cada nacimiento humano va incorporada un Alma nueva a la que Dios le ha dado determinado carácter, vicios, tendencias, posibilidades, etc. según le haya apetecido a Él. No se puede predestinar a un ser humano a llevar cierta clase de vida por el hecho de haber nacido en un barrio bajo y entre las peores personas porque eso sería condenarla a sufrir. Frente a esta “predestinación” esta la “evolución” que hace que el salvaje llegue, como Alma, a lo que hoy somos y mucho más allá tal y como está escrito en los libros sagrados. No se puede admitir que esto sea así cuando vemos el orden que existe en  el universo y la belleza de la naturaleza en nuestro mundo físico. Si admitimos que el hombre salvaje del pasado estaba destinado a desarrollarse y no ha terminar en el “infierno” en su primera muerte tendremos que creer en la reencarnación y en la evolución de las Almas, vida tras vida, avanzando según su esfuerzo, adaptabilidad y sacrificio para que sus resultados dependan también del aprendizaje post-morten.

Francisco Nieto