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viernes, 28 de febrero de 2014

¿HAY PRUEBAS O MODOS DE DEMOSTRAR QUE EXISTE LA REENCARNACIÓN? (I)





En la respuesta sobre si existe la reencarnación ya expuse una serie de motivos para creer en ella, por tanto, esta pregunta me obliga a ampliar la respuesta y  a buscar algunas citas bíblicas o de personas conocidas que así lo afirmen después de meditar o razonar sobre ciertos aspectos de la vida. En la pregunta  que sobre el renacimiento ya se ha hecho en otros de mis blogs intenté dejar claro que la reencarnación no es nada nuevo y quise dar una explicación lógica, razonable y moral para las mentes inquietas o inquisidoras que tantas dudas tienen sobre este tema. La lógica es la más convincente para hacer comprender a la razón. Cuando la mente se encuentra ante un problema que la desafía no hay mejor manera de hacerla comprender que pasarla unos ejemplos lógicos y razonables que la permitan ver algo de luz. Tiene que haber algún fundamento que actúe como intuición, orden o esperanza para que la mente comience a razonar. Las respuestas de la ciencia no convencen a las personas que tantas preguntas se hacen sobre la vida y la muerte, ni siquiera la teoría de Darwin se puede mantener para explicar dichas dudas ni los muchos problemas del ser humano. Es cierto que la persona que nunca se pregunta nada sobre la vida, la muerte, la evolución, etc., vivirá y morirá sin aprender mucho sobre el sentido de la vida, pero esos son los menos. La teoría del renacimiento es moralmente necesaria y salvo que la persona conozca esta teoría, tarde o temprano, en una vida o en otra, tendrá que resolver esos problemas de la vida que tanto llegan a preocupar a la humanidad.

Todos sabemos que la evolución existe en todo el universo, y en nuestros caso lo podemos comprobar con las razas y subrazas que han pasado (comenzando incluso con los prehistóricos) Si desde aquellas épocas hasta ahora hemos conseguido cambiar el planeta y nosotros mismos hasta el punto en que nos encontramos, no ha sido por herencia genética sino porque es un mismo Espíritu el que renace en cuerpos cada vez más perfectos (gracias precisamente a esas experiencias y a la asimilación de su  quintaesencia después de la muerte) gracias a los cuales va convirtiendo sus posibilidades espirituales latentes en poderes dinámicos (por ejemplo, la mente y la voluntad) ¿Por qué va a crear Dios a unos hijos salvajes que, sin maldad, (más bien sin moral y por “necesidad”) matan a sus hermanos? ¿Dónde van éstos cuando mueren? Si no hay nada después de la muerte es absurdo por parte de Dios; si hay infierno tendrían que ir allí pero Dios no podría ser Dios al crearlo en esas circunstancias donde se ve obligado a hacer el mal; si hay Cielo tampoco podrían ir allí dado que su naturaleza es de maltratar, robar, matar, abusar, etc. Pero si decimos que ese Espíritu experimenta en la Tierra y después de la muerte transforma en conciencia el fruto de sus experiencias para así ser en cada renacimiento menos salvaje y más humano, entenderemos que a través del renacimiento desarrollará la mente y la voluntad por ser siempre el mismo Espíritu.

Si el purgatorio nos hace sufrir por cada acto, sentimiento o pensamiento negativo (al sentirlo como si fuera la otra persona a quien va dirigido nuestro mal) que hacemos, si el cielo nos hace revivir todo el bien que hemos hecho y toda la felicidad que hemos causado con nuestro bien, y si ambos resultados se graban en el Alma en forma de conciencia ¿no es lógico pensar que lo que actualmente somos es el fruto de los muchos renacimiento que hemos hecho? El prehistórico enseñaba a sus hijos a hacer lo mismo que él y él hijo lo hacía orgulloso pero, a través de la evolución y del renacimiento, los padres no solo no enseñamos a hacer el mal, sino que enseñamos a hacer el bien. Si el salvaje hace el mal como una cosa necesaria y enseña a hacer el mal a sus semejantes, poco puede evolucionar, quizás incluso se haga más salvaje. Pero si ese ser pasa por el proceso post-morten explicado, es más lógico y razonable que el hombre se encuentre donde se encuentra. Es la cosecha del pasado como conciencia y como poder anímico lo que hace que la humanidad renazca con más cualidades morales, mentales y espirituales, es decir, con un carácter cada vez más cercano a su verdadero Ser. En aquel pasado estábamos muy poco tiempo en el Purgatorio porque teníamos muy pocas experiencias y casi todas eran negativas pero hoy estamos unos cuantos siglos asimilando el fruto de nuestros errores, (malos pensamientos, dominio de emociones, actos impulsivos que hacen mal, críticas, y muy pocos que se parezcan a los que hacíamos en el pasado como salvajes) grabando la manera de hacer el bien, y preparando el nuevo carácter, destino, pruebas, posibilidades, y uniones futuras.

            Como podemos comprender, son las experiencias en la Tierra las que nos van haciendo más perfectos y así seguirá siendo hasta que se cumpla aquello de “sed perfectos como mi padre que está en los cielos es perfecto”. El progreso y la cosecha dependerá de la siembra que hagamos con nuestros pensamientos, deseos, emociones, palabras y actos en cada vida, pero todo eso se quedaría en nada si no fuera porque renacemos. Es el renacimiento el que nos permite extraer el fruto de nuestras vidas, el que nos da la oportunidad de despertar los poderes del Espíritu, el que nos permite formarnos a nosotros mismos para que algún día cumplamos aquello que dijo Cristo de: “Lo que yo hago también lo haréis y mayores obras aún.” De cada defecto que aún tenemos debe surgir una virtud y de cada salvaje debe nacer un sabio, pero todo está en nuestras manos porque solo nosotros somos dueños de nosotros mismos y, por tanto, de nuestro futuro. Es absurdo pensar que nacemos con la mente en blanco o que Dios pone a un Alma nueva en cada cuerpo para que nazca porque está demostrado que nacen niños genios de padres incultos o lo contrario, y eso solo puede ocurrir como resultado de lo que se ha experimentado renacimiento tras renacimiento y de lo que se haya sembrado en la anterior vida. ¿Qué Dios puede poner a un hijo en manos de un padre terrorista para que le inculque sus ideas y termine en la cárcel o condenado a muerte? ¿Qué hace la justicia divina en estos casos? Es el hombre quien decide qué hacer en cada momento de su vida, y dependiendo de lo que haga renacerá de unos padres u otros y con un destino lleno de posibilidades o lleno de pruebas y sufrimiento.

            Si todas las religiones afirman que Dios es amor y  que es el creador del universo y del hombre, lo lógico es que Él tenga un plan para que sus hijos sean como Él, pero para ser como Él es necesario purificar nuestros cuerpos y elevar su vibración para que los poderes latentes de Dios en nosotros despierten. Ahora bien, si el lector tiene las mencionadas dudas al principio, solo tiene que razonar un poco lo que se dice en este artículo para ver si es lo suficientemente razonable y lógico frente a otras teorías que algunos escriben y cuentan. Si alcanzar el cielo o no hacerlo depende de lo que hagamos aquí en la vida, Dios no podría ser Dios por predestinar a un Alma desde que nace a pecar mientras que otros incluso dedican su vida a servirle; la vida sería una trampa si no fuera porque la reencarnación tiene una explicación convincente para todos esos casos. La teoría del Renacimiento demuestra y resuelve problemas como:
Las desigualdades sociales
La justicia de Dios y no lo contrario según otras teorías
Que todo en el universo es justo, moral y espiritual
Que  el futuro del hombre es la perfección
Explica la genialidad fuera de la herencia
Enseña que todos tenemos los poderes del Espíritu latentes y que algunos ya han desarrollado parte de ellos
Demuestra que el hombre mismo es el creador de su carácter como  fruto del trabajo en otras vidas
Razona las causas por las que una persona sufre desgracias y otros lo contrario Demuestra que la conciencia de cada uno es diferente según su grado evolutivo y que la evolución existe gracias al renacimiento.
Es posible que alguien se pregunte por qué no se sigue creyendo o enseñando la teoría del renacimiento, a lo que he de responder que esta enseñanza de Cristo fue desvinculada por la iglesia misma de aquella época en el segundo Concilio de Constantinopla en el siglo VI; aun así la doctrina de la reencarnación ha seguido vigente para muchos escritores, poetas, filósofos y clérigos.

            La teoría del renacimiento existe desde hace miles de años puesto que está unida a la inmortalidad del Espíritu. La podemos encontrar en muchos textos sagrados hindúes, en las escrituras y en la cultura egipcia, en las enseñanzas hebreas de la kábala, de Buda, de Zoroastro y en la Biblia, además de en personajes como Platón, Pitágoras o los gnósticos. Además de estas enseñanzas y escuelas antiguas, en nuestro tiempo también hay millones de personas que creen y afirman que la reencarnación existe, sobre todo los budistas y los hindúes. Los primeros cristianos también enseñaron o sabían que el Espíritu es inmortal, que procede de Dios y que está evolucionando gracias a las experiencias que obtiene en cada vida. Veamos algunas citas del Antiguo Testamento: Jeremías “te santifiqué y te ordene profeta”, lo que indica que el Alma ya existe antes de nacer y que ha hecho méritos para ordenarle profeta; Malaquías afirma que “Elías regresaría”; en el libro de la sabiduría de Salomón, dice “Yo (Salomón) fui un niño de aguda viveza y tuve mi espíritu bueno, y por ser bueno yo vine a un cuerpo inmaculado”; en el capítulo 13 de Jueces vemos cómo una Alma es escogida para hacer un trabajo antes de nacer, en ese caso es Sansón que debe matar a los Filisteos. El historiador Josefo dice en su obra “De bello judaico” refiriéndose a los Fariseos: “Afirman ellos que todas las Almas son incorruptas pero que solo las buenas pasan a otros cuerpos, mientras que las malas sufren castigo eterno”; y en otro pasaje dice: “Los Espíritus puros que vivieron de acuerdo a las Leyes de Dios residirán algún día en las más bellas moradas celestiales para luego habitar cuerpos inmaculados, mientras que los que se hayan suicidado vivirán en tinieblas en los mundos inferiores.”

                                                 Francisco Nieto

viernes, 14 de febrero de 2014

¿A QUÉ LLAMAMOS ESPÍRITUS APEGADOS A LA TIERRA? (y III)







Otro caso en el que se quedan muy cerca de la tierra es el de los asesinos y terroristas puesto que esas acciones causan un “infierno” para ellos, con la particularidad de que si el asesino muere y su víctima está todavía en el Mundo de Deseos, se verá atraído por ella. Sí, ese es uno de los sufrimientos de estas personas que tanto dolor causan en la tierra, el asesino estará en presencia de su víctima o víctimas, las cuales pensaban que su asesino estaba muerto y que no le volverían a ver. Si el asesinado ha despertado del sueño o estado de coma a que se le sometió por no ser culpable de su muerte, también puede estar ante su asesino durante un tiempo pero luego deberá hacer su Purgatorio y su Cielo como cualquier otro humano. Es muy posible que un asesino no sea asesinado en otra vida como efecto, pero sí es muy fácil que muera en algún “accidente” para que tome nota en su conciencia de lo que es verse privado de su cuerpo físico que tanto necesita para evolucionar en este mundo. En el caso de que el asesinado haya ascendido al Cielo, el asesino permanecerá junto al cascarón (cuerpo de deseos abandonado) también hasta terminar padeciendo, entre otras cosas,  todo el sufrimiento que él causó a familiares y amigos del asesinado. Como es evidente incluso para los vivos, al asesinado  le “programarán” una vida donde se le compensará las pérdidas sufridas por su asesinado.



En las regiones inferiores del Mundo de Deseos domina la fuerza de “repulsión” que es la encargada de desintegrar las formas negativas y de más baja vibración. Aunque la fuerza de “atracción” domina en las regiones superiores (cielo) también actúa en parte en el Purgatorio con la intención de atraer para que las formas crezcan, siempre dentro de un equilibrio. Esto significa que si la Ley de Atracción actuara plenamente en estas regiones inferiores atraería mucho mal que, a su vez, tendría que eliminar la Ley de Repulsión para que no reinara el mal. Así es que cuando un ser llega a la primera región con sus vicios y maldades que le atan a la tierra, debe purgar (eliminar de sí mismo) todo el mal y todos esos deseos y vicios, si no lo hace no podrá elevarse hacia el Cielo. El equilibrio se mantiene cuando dos maldades (una atraída y otra que está en fase de repulsión, se enfrentan por ser similares pero no idénticas en su naturaleza) se destruyen mutuamente. Pero en el caso de las personas que mueren dominadas por vicios, con pasiones por ciertas personas o cosas en la tierra, etc., sufren porque la ley de repulsión “extrae” el mal del cuerpo de deseos del fallecido cada vez que este desea apasionadamente algo y no lo puede obtener. Es cierto que los que tienen un vicio por algo para consumir pueden crearlo en el mundo de deseos pero ese producto nunca produce los mismos efectos que cuando lo consumían físicamente. Así el borracho creará alcohol etérico con cierta densidad pero no le emborrachará, el fumador intentará coger colillas físicas pero no podrá, y tanto unos como otros solo se pueden consolar asistiendo a lugares donde se fume y se beba para aspirar la atmósfera del local e incluso los gases de los estómagos de los allí presentes.



Los recién muertos que van al Purgatorio están vestidos con su cuerpo de deseos (con materia de los vicios, pasiones, maldades, etc. que han creado) y con éteres físicos y gases del mundo físico. Esta materia es la más grosera y se encuentra en la capa externa porque es la primera que debe ser eliminada por medio del sufrimiento hasta que el fallecido comprenda que esos deseos groseros no caben en esas regiones y que la Ley de Repulsión tiene que arrancárselo para que la de Atracción, que gobierna en el Cielo, haga su función. Como el sufrimiento en el Purgatorio no es continuo porque hay pausas, el hecho de tener esa materia grosera en la capa externa hace que el ser se sienta atraído hacia la tierra en busca de lo que aún le domina, y cuando hace esto vuelve a sufrir y a purgar sus defectos. Según va eliminando la materia de deseos grosera de su cuerpo estará capacitado para ascender a las regiones superiores donde completará su aprendizaje de que lo que le atraía en la tierra no sirve para anda en el Cielo. El hombre no puede ascender al Primer Cielo mientras no esté arrepentido del mal que ha causado, mientras no tome conciencia de ese mal, y mientras le quede algo de materia que esté en sintonía con las regiones inferiores.



Los Espíritus que están apegados a la tierra lo siguen estando allí porque el cuerpo de deseos (que no tiene sentidos físicos) tiene unos órganos de sensación sutiles pero poderosos que les permiten ver y oír con cada uno de sus átomos. Dense cuenta que los deseos, pasiones y demás emociones negativas que llevan al hombre a crear un vicio que le llega a dominar, no pertenecen al cuerpo físico sino al cuerpo de deseos por eso es el cuerpo de deseos el que los contiene en su materia y es el hombre el que sufre cuando se deshace de esa materia por no poder obtener lo que desea. Vemos así cómo ningún drogadicto, malvado o alcohólico puede ascender al Cielo y cómo no hay un Dios castigador y creador de purgatorios e infiernos. Solo el hombre crea esos estados de conciencia con su maldad y sus vicios. Esto es tan simple de entender como que el muy dominado (por ejemplo por el sexo) que desea satisfacer su pasión de la forma que sea, más sufrirá; mientras que el fumador que cuando murió ya casi no fumaba y controlaba en parte su vicio, apenas sufrirá porque superará el deseo rápidamente. Esta clase de apegados a la tierra lo tienen más fácil que el suicida o el asesinado porque cuanto antes se den cuenta del mal que se están haciendo y el karma que se están creando para la próxima vida, (pruebas y tentaciones para ver si lo han superado) antes dejarán el lastre del mal que les aprisiona en esas regiones.



No quiero entrar en otros aspectos y entidades que se pueden ver relacionadas con un alcohólico o  vicioso de cualquier cosa porque sería muy largo de explicar, pues, en el mundo del Deseo hay muchas clases de entidades y algunos de ellas pueden hacer de tentador ante cualquier debilidad del hombre. ¡Cuánto mal nos evitaríamos si fuéramos conscientes, (por medio de la observación de nuestros cuerpos de deseos y mental) de cómo sentimos y pensamos en cada aquí y ahora! Siempre tenemos la voluntad y el libre albedrio para imponerlo sobre los deseos y sobre los hechos terrenales e inclinarnos sobre lo positivo y espiritual en vez de sobre la negativo y sobre la maldad, tan solo necesitamos observarnos y decidir. La ignorancia y la falta de razonamiento llevan al pecador al Purgatorio, pero la inteligencia y la razón le hacen discernir y comprender lo que es verdaderamente útil para el Alma y lo que no.



                                   Francisco Nieto

sábado, 1 de febrero de 2014

¿A QUÉ LLAMAMOS ESPÍRITUS APEGADOS A LA TIERRA? (II)






Pero estos no son los únicos espíritus apegados a la tierra, hay otros muchos, aunque no son un peligro tan notable. Las personas que se han suicidado son uno de los que pululan entre nosotros como lo hacen el drogadicto, el alcohólico, el fumador o el que deja riquezas que a nadie ha querido dar por su egoísmo. El caso del suicida se diferencia principalmente en un hecho del resto de los ejemplos, y es que éste ha adelantado el momento de su muerte. Nuestro cuerpo físico se construye según el molde etérico que los Ángeles del Destino depositan en el útero de la madre, y éste le construyen basándose en la vibración del arquetipo que crean las Jerarquías superiores (colaboradoras en nuestra evolución como nosotros colaboramos en la evolución de los animales) en el Segundo Cielo en el Mundo del Pensamiento. Esto significa que, a la hora de la muerte, la vida procedente del Espíritu y relacionada con ese arquetipo, se rompe en su conexión en el corazón para que el cuerpo etérico salga del físico y al cabo de unas horas comience también su descomposición.  De este modo el Ego queda libre para ir al Purgatorio y al Cielo y después continuar hasta llegar a su hogar con la quintaesencia de la vida pasada. Pero, cuando una persona se suicida, lo que hace es forzar la ruptura en el corazón y la salida del cuerpo etérico del físico, con la diferencia de que al cuerpo de deseos se le une parte de los éteres inferiores (más densos) y de los gases del cuerpo, quedándose el suicida con un cuerpo astral muy materializado y muy sensible y susceptible a lo más bajo e inmoral precisamente por no tener el amortiguador cuerpo físico.

Porque una persona se suicide no elimina la vibración del arquetipo que existe en el Mundo del Pensamiento y que mantiene vivo el cuerpo físico, por tanto, suicidarse es como decir que no ha madurado lo suficiente como para recoger la cosecha de lo que debería ser su vida. Entonces, en el más allá, lo que hace es que sigue intentando hacer la vida de antes pero con las sensaciones del cuerpo físico aunque sin tenerle (hambre, sed, etc.) lo que le produce un fuerte dolor agudo en todo el cuerpo. La única solución que a veces encuentran los suicidas para calmar ese dolor es aspirar olores fuertes y muy condimentados. Es muy posible que en el caso de que la persona sea culta, moral y con anhelos e ideales elevados, sufra menos o tenga alguna ayuda. De todas formas, aunque se le puede ayudar hablándole (haciendo una programación de lo que le queremos explicar hasta dormirnos) mientras dormimos y orando por él para que nuestros pensamientos benefactores y auxiliadores sean como un guía  y ayuda espiritual, no dejará de sufrir hasta que llegue la fecha prevista para su fallecimiento físico. Mientras el arquetipo vibre, estará intentado atraer materia para el mantenimiento del cuerpo pero como no tiene cuerpo físico no la atrae y el suicida tiene una sensación muy grande de hambre. El suicida, como cualquier otra persona, puede cumplir con el tiempo “programado” y morir cuando el arquetipo se colapse, puede alargar su vida si lleva una vida pura, o puede acortarla cuando desprecia las oportunidades y las posibilidades de progresar moral y espiritualmente. El hecho de suicidarse suele ser a casusa de no querer cumplir con sus deberes y responsabilidades pero el suicida no sabe que después de “morir” está más vivo que nunca y que es mucho más sensible a todo lo terrenal.

El estado de sufrimiento temporal de un suicida también es una oportunidad de aprender algunas lecciones. El suicidio es una manera de escapar o un acto de cobardía para no afrontar el destino, a veces, maduro e inevitable que la ley de consecuencia nos trae. Pero el sufrimiento mismo también hará que en la próxima vida no tenga el coraje necesario para volverlo a hacer y sí lo tenga para cumplir con su destino y para enfrentarse a sus problemas. Está claro que el sufrimiento no va a cambiar nada de lo que tenga pendiente como causa de su suicidio, por tanto, tendrá que volver a ver a las personas o a vivir las circunstancias del pasado para saldar deudas y fortalecer el carácter. Las leyes divinas son sabias y el suicida extraerá su adelanto de dicho sufrimiento, dándose cuenta de que lo que hizo fue un acto voluntario y por eso no puede culpar a nadie. Aunque no con la conciencia terrenal, somos nosotros quienes aceptamos el destino que nos ofrecen las Jerarquías Creadoras (en el mundo del pensamiento) de ese arquetipo, y como el arquetipo tiene vida (vibración y sonido) para determinados años seguirá intentando atraer materia para los cuerpos etérico y físico con la intención de mantenerlos vivos. Lo triste, además del sufrimiento y el dolor, es que tendrá la escena del suicidio siempre presente hasta que llegue el momento en que debía morir, y esto ocurre en la división inferior del Purgatorio. La única ventaja que se puede obtener es que durante esa estancia tendrá tiempo suficiente para estudiar y razonar profundamente los motivos del suicidio y así fortalecer su carácter y su voluntad.

El arquetipo vibrante situado en la región concreta del Mundo del Pensamiento, es el que  atrae el material (de acuerdo con esa vibración) que, según su desarrollo espiritual, le pertenece para formar sus cuerpos. Pero como cada cuerpo también tiene un átomo-simiente que emite una vibración (como un diapasón) de acuerdo al arquetipo, resulta que el átomo simiente del cuerpo físico del suicida sigue vibrando con la intención de atraer materia y así lo seguirá haciendo hasta que cesen dichas vibraciones del arquetipo. Al no tener cuerpo físico, el suicida vive una especie de tormento o angustia que le hace sentirse como si le hubieran arrancado o sacado a la fuerza de su cuerpo físico.

La muerte no cambia a la persona fallecida y según sea la moral, los deseos e inclinaciones de ésta así podrá arrepentirse y purgar sus deudas o, por el contrario, continuar en esta parte inferior del Purgatorio apegado a los vicios y placeres o haciendo presa y mal a los vivos pero, es conveniente tener presente que “los molinos de Dios muelen muy lentamente pero lo hacen muy fino”. Cuando una persona muere asesinado o por accidente porque no ha tomado las debidas precauciones o porque ha sido víctima de un hecho sin mala intención, no ocurre como en el caso de los suicidas, sino que está en una especie de sueño temporal hasta que llegue la hora en que debía morir. El suicida es consciente se sí y de  que le falta el cuerpo y por eso sufre al sentir intensamente la vida, lo cual solo puede calmar en algún grado gracias a las personas físicas y a los médiums. Visto desde el punto de vista de la materia, el arquetipo es un espacio vacío vibrante cuya nota-clave atrae la materia y los éteres para sus futuros cuerpos. El suicida está conectado con sus cuerpo de deseos al arquetipo y como tiene los átomos simientes o núcleos sobre los que se forman el cuerpo etérico y el físico pero no tiene esos cuerpos, tiene una sensación de estar hueco, lo que, como he dicho, se traduce en “un gran hambre”. El tiene materia a su alcance para atraer hacia su cuerpo físico pero como el átomo simiente, (que es el que debe atraerla) no recibe la vibración del arquetipo como cuando estaba en el cuerpo, no puede atraer la materia.

El suicida suele tener ante su visión el propio suicidio durante mucho tiempo, lo que le hace sufrir, pero eso se grabará tan bien que si en una próxima vida se le mencionara algo sobre el suicidio, le entraría verdadero pánico. Con el asesinado, como se ha dicho, no ocurre lo mismo porque se le induce a una especie de coma, y si el asesino muere antes de que su víctima despierte y pase al  Primer Cielo, sentirá la presencia de su víctima asesinada junto a él; de cualquier forma la presencia del asesinado acompañará al asesino durante su estancia en el Purgatorio. Si queremos evitar el apego a lo terrenal debemos analizarnos y ver si nos domina el hecho de acumular bienes o dinero, o si estamos dominados por el alcohol, el tabaco, etc. porque, si es así, significa que tendremos que sufrir por todo ello en la región más cercana posible a la tierra. Ningún deseo material ni personal puede ascender al Cielo.

Francisco Nieto