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lunes, 8 de diciembre de 2014

¿HAY ALGUNA MANERA DE EVITAR EL PURGATORIO Y DE DISFRUTAR MÁS DEL CIELO? (y II)





Si la voluntad está por encima de la mente y tiene control sobre ella, y  ésta a su vez sobre los deseos, las emociones y, como consecuencia, sobre el cerebro y el sistema nervioso, solo tenemos que estar atentos a nosotros mismos para que nuestra voluntad tenga buenas intenciones y para que utilice a la mente para expresar lo que esté de acuerdo con esa Vida de Dios, nuestro Padre que está en los Cielos. Dado que tenemos conciencia propia y nos sentimos individuos identificados con nuestra mente, con nuestros deseos y emociones y con nuestro cuerpo físico, creemos vivir en un solo mundo físico aislados de todo lo demás. Pero el ocultista y aspirante espiritual sabe que no es así y que, por mucho que algunos lo nieguen, no podemos vivir “fuera” o “separado” de Dios como tampoco podemos vivir sin oxígeno para respirar. El Cielo representa a algo perteneciente a Dios para el común de la humanidad, por tanto, para acercarnos al Cielo debemos acercarnos a Dios, y puesto que vivimos en Dios y no nos damos cuenta de ello, está claro que para encontrarle debemos buscar en nosotros mismos como hijos (Espíritus) suyos que somos. Ahora bien,  ¿por qué medios podemos acercarnos a Dios más rápidamente? es decir ¿cómo podemos evitar el Purgatorio? la respuesta es orando y meditando. El hecho de ser conscientes de nosotros mismos y de auto-observarnos con atención ya nos hace practicar la concentración, la observación y el discernimiento; lo que significa que podemos ser creadores de causas y respuestas positivas en todos los sentidos. La oración se podría considerar otra forma de meditación siempre y cuando se tenga presente a Dios y su Obra como medio de acercarnos a Él. Por eso se dice que a menos que nuestra vida esté dedicada consciente y voluntariamente a la oración, nuestras plegarias no tendrán respuestas ni obtendremos medios para ganarnos ese Cielo. Esto es estar en armonía vibracional con la Vida de Dios y actuar en nombre Él.

            Si queremos progresar por medio de las experiencias y de las oportunidades debemos hacer todo como si fuera para Dios, pero si nos dejamos llevar por la personalidad y buscamos excusas para no trabajar en Su Nombre, entonces esas oportunidades desaparecerán. Cuando el hombre sigue unas enseñanzas como estas y se auto-observa y analiza a diario crea unos hábitos por medio de la repetición, la misma repetición que desde hace eones le ha llevado al Purgatorio vida tras vida. Pero cuando esa repetición crea unos hábitos centrados en Dios y busca la manera y el lugar, incluso de apartarse del mundanal ruido para entregarse a su Espíritu, entonces puede decir que ha encontrado el sendero. El único error en esta práctica es que se convierta en una monotonía y en algo automático donde falta la devoción, la adoración, la alabanza y la persistencia. Por tanto, es conveniente preguntarse de vez en cuando ¿estoy creando un  Purgatorio o un Cielo en mí mismo? Si no hay aspiración, anhelo, deseo sincero, buena voluntad y amor hacia Dios y hacia el prójimo, no estaremos evitando el Purgatorio. Y si no hacemos una verdadera invocación y una autentica oración, todo será palabrería, falsedad y automatismo que, más pronto que tarde, nos desviará del camino del Cielo.

            Es evidente que si estamos hablando de evitar el Purgatorio y de ganarnos el Cielo es porque estamos convencidos de que algo nos llevamos después de la muerte del cuerpo físico, y que ese algo es lo que hará que estemos o no en alguno de esos “lugares” más o menos tiempo. Por tanto, es lógico que nuestra estancia post-morten en el Purgatorio o en el Cielo esté basada en el bien y en el mal que hayamos podido causar en la última vida, lo que significa que debe haber un mecanismo para que eso ocurra. Luego entonces, ¿cómo podemos evitar el Purgatorio? Hasta aquí hemos visto una serie de aspectos que nos ayudan a alcanzar y a estar más tiempo en el Cielo principalmente pero, aunque además de esto también evitemos en parte el Purgatorio, nadie del común de la humanidad está tan preparado como para pasar directamente al Cielo. Así es que, si  hemos de intentar evitar el Purgatorio estando aquí en la Tierra, está claro que además de hacer el bien y evitar hacer el mal, debemos borrar del archivo de las experiencias todo aquello que nos pueda llevar a dicho estado de conciencia celestial. Teóricamente, para llegar al Cielo es necesario pasar por el Purgatorio como para llegar de un continente a otro tenemos que hacerlo por mar o por aire. Pero el verdadero ocultista y aspirante espiritual sabe que dicho mecanismo nos puede facilitar lo que deseamos si de verdad somos persistentes en hacer el ejercicio nocturno llamado “retrospección”.

            El ser humano tiene una “película” o mejor dicho, un átomo donde, a modo de “memoria” o “disco duro”, se está guardando todo lo que decimos y hacemos y todo lo que ocurre a nuestro alrededor y que esté al alcance de nuestra consciencia y de nuestra visión. Esto ocurre gracias a un tipo específico de éter (como el éter permite que una imagen se grabe en un negativo de una cámara) que transporta esas imágenes por medo del aire que respiramos para pasar por los pulmones y terminar en el ventrículo izquierdo del corazón, que es donde está dicho átomo. La película guardada en ese átomo es la que nos llevamos y la que decidirá cuál va a ser nuestro destino, si el Purgatorio o el Cielo. Lo que significa que la “retrospección” trata de borrar el aspecto negativo de nuestras actitudes cotidianas y de nuestro carácter para intentar no tener que sufrir en el Purgatorio. En el Purgatorio se borra el recuerdo de las malas acciones por medio del remordimiento y de una experiencia penosa de acuerdo a las grabaciones negativas que tengamos en nuestra aura o cuerpo emocional. Esta es la manera que el Purgatorio tiene de que evitemos hacer el mal en futuras vidas. Lo mismo que en los colegios y en las universidades  unos se esfuerzan más y se adaptan mejor que otros y terminan por dejar muy atrás a éstos, así en la evolución de la humanidad hay hermanos mayores nuestros que han investigado en los mundos superiores todo el método de evolución y el proceso post-morten y han ideado el ejercicio de la retrospección para ayudar a la humanidad.

            La retrospección trata de hacer, respecto a las actividades diarias, lo mismo que hace el Purgatorio respecto a toda la vida pasada a partir de llegar al Mundo de Deseos.  Esta es la manera más fácil y cómoda de evitar el Purgatorio ya  que si, por un lado intentamos hacer el bien y por otro intentamos no hacer el mal, está claro que si hacemos la retrospección cada noche poco tendremos que “sufrir” voluntariamente a modo de Purgatorio personal. Como ocurre en la recopilación de la película que nos llevamos y que vemos nada más morir (la vemos desde la muerte hasta el nacimiento) y en el Purgatorio, también se hace lo mismo en el ejercicio de la retrospección, primero se analizan las imágenes de antes de acostarnos y se termina con las de la mañana. El fin es ver cómo ciertos hechos o efectos son el resultado de lo que hemos dicho o hecho, o incluso cómo esto último puede ser el efecto de lo que hemos pensado y sentido en determinado momento. Llegado a este punto es necesario comprender que la retrospección no es una mera visualización de los hechos del día, ni tampoco que haya que hacer un simple arrepentimiento de algo que hayamos hecho mal, la retrospección va más allá y tiene que tener el mismo efecto que el Purgatorio si se quiere evitar éste después de la muerte. Este ejercicio también tiene su efecto positivo respecto al Cielo siempre y cuando tomemos conciencia del bien que hemos hecho y que nos han hecho otros y revivamos y valoremos todo como un medio para seguir haciendo el bien.

            Como lo que estamos tratando es la manera de evitar el Purgatorio por medio de la retrospección, ha de quedar claro que de lo que se trata es de revisar o volver a ver mentalmente, todo lo que hemos hecho desde la noche hasta la mañana para ver dónde hicimos mal (hechos, palabras, malos sentimientos y pensamientos…) y ponernos en el puesto de los demás para sentir ese mal en nosotros mismos. Es imprescindible que el remordimiento produzca una profunda contrición cuando se revisa una determinada causa negativa, sólo eso podrá borrar ese hecho del átomo que se encuentra en el corazón. Cuando esto se hace así noche tras noche, el átomo se irá limpiando de tal manera que, a la hora de la muerte, no tengamos nada que nos retenga en el Purgatorio. Por otro lado y si es que se hace el ejercicio correctamente, es evidente que cada día será más fácil hacer más cosas buenas y menos malas. La gran ventaja de hacer bien la retrospección no es sólo que no sufriremos en el Purgatorio, sino que también tendremos mucho tiempo libre para ayudar a otras muchas Almas, tanto allí como aquí. El hecho de no tener que comer, dormir ni trabajar en el Mundo de Deseos nos permite hacer grandes obras espirituales que acelerarán el desarrollo del Alma, lo que, a su vez, nos facilitará más poderes espirituales para la próxima vida.

                                                           Francisco Nieto

martes, 4 de noviembre de 2014

¿HAY ALGUNA MANERA DE EVITAR EL PURGATORIO Y DE DISFRUTAR MÁS DEL CIELO? ( I )






            El Espíritu, inmortal, separado de Dios temporalmente y hecho a imagen y semejanza de Su Padre que está en los Cielos, tiene los poderes latentes de su creador pero necesita descender a los mundos inferiores y obtener cuerpos personales para auto-reconocerse como un Yo individual y para desarrollar la mente y la voluntad. Esto lleva al hombre (en un determinado punto de su evolución) a hacerse responsable de su propios actos y a hacer frente  y a acatar las leyes divinas, y por eso en el pasado pasaba mucho tiempo en su infierno particular, algo menos en el purgatorio y casi nada en el Cielo. Comenzando por el cuerpo físico, el Ego se rodea de cuerpos que ocultan su naturaleza divina y será en un futuro, aún lejano, cuando desechemos definitivamente esos cuerpos para funcionar como Espíritus en los mundos espirituales. Como es arriba es abajo, y lo que ocurrirá en un futuro desde el punto de vista de la total evolución, ocurre ahora vida tras vida. Cuando llega la muerte abandonamos el cuerpo más denso que es el físico. Después, esas mismas leyes divinas y sus agentes ejecutores hacen que abandonemos el siguiente cuerpo de materia un poco menos densa (el cuerpo etérico) para pasar al Mundo de Deseos que es donde está el Purgatorio y el Cielo. Y es aquí, en este mundo, donde en el estado de conciencia post-morten, la ley de repulsión del mal hace que suframos cada vez que tomamos conciencia del mal que hemos hecho y por cada materia de deseos y emocional negativa que nos arrancan.

            Mientras no nos deshagamos de esa materia grosera y de baja vibración no podemos ascender al Cielo, que es como decir que, mientras no nos deshagamos de esa materia más densa de nuestra aura (como ocurrió antes con el cuerpo físico) estaremos atados al Purgatorio. Sin este trabajo de espiritualización post-morten no habría casi evolución en la próxima vida y continuaríamos con el mismo carácter. Si de verdad  quiere el lector extraer un beneficio moral, intelectual y espiritual de estas enseñanzas debe olvidarse por completo de la idea de que el Purgatorio es un castigo pues, al igual que la ley de la gravedad, las leyes inmutables que rigen en nuestro universo hacen que cada uno afronte los efectos de las causas que cometió mientras estuvo en su cuerpo físico. Lo mismo que las leyes divinas hacen que abandone el cuerpo físico cuando ése ya no sirve o cuando el mismo hombre le ha hecho inservible, así también esas leyes arrancan la materia grosera y de más baja vibración del cuerpo emocional para que el Ego pueda seguir su ascenso hasta deshacerse de todo lo personal y prepararse para un nuevo renacimiento en un mejor ambiente y con una nueva personalidad.

            La voluntad del hombre común no puede cambiar las leyes de la naturaleza y menos aún las espirituales que gobiernan los mundos superiores. Sólo cuando el hombre se conoce a sí mismo y se desarrolla espiritualmente lo suficiente como para expresar sus poderes como Espíritu es cuando comienza a liberarse de dichas leyes, por  tanto, antes de hablar de cómo evitar el Purgatorio hay que hablar de desarrollo espiritual. La primera etapa a superar por cualquier persona es la de comprender que todo lo que atrae material y egoístamente a la personalidad no sirve para nada en el Cielo; la segunda sería la de que eso mismo que retiene a la personalidad aquí y todos aquellos apetitos y deseos carnales, pasionales, etc., lo  único que engendran es sufrimiento en el Purgatorio; y tercero y como consecuencia de lo anterior, hay que dejar claro que quien desee llenar la necesidad de desarrollo espiritual con lo personal, no lo conseguirá porque lo personal no existe en los mundos superiores. El hombre no puede conocerse a sí mismo ni gozar de paz y de verdadera felicidad hasta que no sea dueño de sus vehículos como Alma evolucionante que es. En el interior de cada uno de nosotros hay un germen divino que en cada renacimiento intenta abrirse paso a través de la personalidad, y mientras no se auto-observe y se auto-analice para después comenzar a trabajar a favor del Espíritu siempre estará engañado por la personalidad y siempre pasará por el Purgatorio después de la muerte del cuerpo físico.

            Vivimos en Dios, nuestra conciencia está evolucionando en la conciencia de Dios, nuestra recién nacida mente es parte de la mente de Dios y nuestros deseos personales se tienen que transformar en voluntad de Dios. El cuerpo físico y sus sentidos, el mundo físico y el Sol físico, y como efecto de todo eso el Purgatorio, representan las tinieblas que ocultan la verdadera luz que brilla en los Cielos y mundos espirituales, una luz que procede directamente de Dios y (aunque no queramos aceptarlo) donde vivimos, evolucionamos y tenemos nuestro Ser. Por consiguiente, y aunque la mayoría de las personas sean ignorantes de ello, en cada vida estamos experimentando en lo inferior pero bajo la estrecha vigilancia y reacción de lo superior sobre nosotros. Así que, cada deseo, sentimiento, emoción o pensamiento causado por el hombre, tiene una respuesta de las leyes divinas o  leyes superiores, y cuanto más elevadas sean las causas del hombre más enérgica será la respuesta de los mundos espirituales que no son otras que los agentes de Dios que gobiernan y dirigen la evolución de la humanidad en general. No es lo mismo los esfuerzos del hombre egoísta y materialista que hace leyes para beneficio propio que el esfuerzo como respuesta a la inquietud procedente de ese germen espiritual que todos llevamos dentro. Cuando más se abandonan esos esfuerzos personales para escuchar la voz interna que se oye cuando en la meditación nos auto-observamos, más permitimos que las leyes superiores actúen sobre nosotros y más evitamos el Purgatorio para acercarnos al Cielo.

            Mientras nosotros pongamos nuestra voluntad al servicio de lo personal y en contra de la voluntad universal, no podremos elevarnos sobre el Purgatorio ni nos podremos identificar con la Voluntad de Dios. La voluntad representa al Espíritu y mientras esa voluntad no esté centrada en desarrollar deseos, sentimientos, emociones y pensamientos positivos, no nos estaremos alejando lo más mínimo del sufrimiento post-morten. El que escucha la voz de su Alma en momentos de meditación y en cada aquí y ahora y el que es auto-consciente de sí mismo en todo momento, es el que está eliminando su propio Purgatorio a través de la buena voluntad; el que utiliza sabiamente su voluntad y cuida, gobierna y purifica sus cuerpos es el que se eleva a pasos agigantados hacia el Cielo; pero el que nace y muere habiendo sido gobernado por sus deseos y emociones personales y el que ha dado rienda suelta a su imaginación personal y a puesto a la mente a su servicio, no encontrará nada más que dolor, desesperación y desengaño tras la muerte.

            Toda vida existente es parte de la Vida de Dios y lo que parezca vivir fuera de Dios es que no es vida. Nosotros vivimos engañados por los sentidos y dominados por los deseos egoístas y las bajas emociones con las cuales colaboran la mente y la voluntad sin que nos demos cuenta. No queremos admitir que si queremos elevarnos hacia el Cielo tenemos que ser dueños de nuestros cuerpos y buscar la Verdad dentro de nosotros. Para estar en el Cielo donde trabajan las leyes de Dios tenemos que desear, sentir y pensar imitando la forma que tendría de expresarse Dios en nosotros. Solo uniéndonos a la Verdad conoceremos la Verdad, y sólo olvidándonos de todo aquello que nos separa como hermanos, alcanzaremos un estado de conciencia y de felicidad que nos hará vivir el Cielo. Estamos tan acostumbrados a leer palabras como éstas sin ser auto-conscientes de su significado que, en la mayoría de los casos, no le damos importancia y no dejamos que hagan el efecto espiritual que podrían hacer en nosotros. Sin embargo, sí que ponemos empeño e intención en practicar el desprecio, la crítica, el rencor, el odio, los malos deseos y la mala voluntad en general.

            Es necesario vivir conscientemente en Dios o escuchar en el silencio la voz de Su vida (que es nuestro verdadero ser) para comenzar a vivir ese Cielo deseado incluso estando aquí en la tierra. No es a través de los halagos de los sentidos, ni del deseo material, ni del egoísmo, ni del mal uso de la mente y de su poco razonamiento como vamos a encontrar esa Verdad que sólo encontraremos en el Cielo. Quien piense que puede vivir fuera de Dios no encontrará nada que le lleve al Cielo pero sí mucho que le haga sufrir y que le desvíe de la Verdad y de Dios Mismo. Nadie puede vivir fuera de Dios ni nadie puede disfrutar del mundo si no fuera porque lo mantiene Dios. Quien sabe que todo lo que nos rodea procede de Dios (de lo invisible como nuestro cuerpo físico procede de la materia invisible) podrá valerse de ello para eliminar de sí mismo el Purgatorio y para crearse su cielo. Hay una relación entre todo lo existente y visible y las causas que lo crearon y lo invisible, cuando  creamos causas de acuerdo a las leyes invisibles estamos conectando con lo superior y eliminando de nosotros lo inferior.

            El hombre tiene que desarrollar su voluntad, su mente y todos los poderes que como Espíritu o hijo de Dios tiene, y eso no se puede conseguir sin las experiencias que aquí tenemos gracias y a nuestros diferentes cuerpos, por tanto, las experiencias en el mundo físico son necesarias. Pero este hecho no justifica lo que la mayoría de los que buscan una vida superior hacen, que es justificarse diciendo que no tienen tiempo para dedicarlo al Espíritu. Quien de verdad desea vivir una vida espiritual (además de cumplir con sus deberes y responsabilidades) busca tiempo y lugar para meditar u orar aunque solo sea 15 minutos, porque cuando más se retrase esta decisión y más enfoquemos nuestra conciencia en lo material y personal, más nos alejaremos de ese Cielo. Para imitar a Cristo en deseos, voluntad, sentimientos y pensamientos, no necesitamos apartarnos del mundo ni aislarnos de los demás, porque es más bien lo contrario; se puede estar escribiendo o haciendo cualquier otra cosas controlando la mente para que no piense por sí misma mientras observamos nuestras manos como parte del instrumento que es nuestro cuerpo físico; podemos enfocar nuestra atención en todo lo que nos rodea y ver la Vida de Dios en ello; podemos observar a los demás pensando consciente y voluntariamente que son nuestros hermanos, tengan el aspecto que tengan; y podemos observar nuestros deseos, nuestros sentimientos y a nuestra mente para analizar su naturaleza y cambiarla si es necesario. No deberíamos permitir que nuestra mente piense por sí misma porque si no lo impedimos se dejará dominar por los deseos y emociones personales y terminará criticando, enjuiciando, culpando a otros, excusándose y otros muchos aspectos negativos. ¿No es, pues, esto una manera de trabajar a favor del Espíritu? Todo lo grosero y negativo mencionado y llevado a la práctica origina y atrae negatividad en nuestra aura, y esas negatividades y bajas vibraciones son las que nos llevan al Purgatorio y nos impiden elevarnos al Cielo.

Francisco Nieto

jueves, 25 de septiembre de 2014

¿ES CIERTO QUE DESPUÉS DE LA MUERTE VEMOS LA PELÍCULA DE NUESTRA VIDA ? (y V)





QUINTO PANORAMA DEL CIELO. El último panorama que revivimos en el estado post-morten es el del Cielo del Mundo de Deseos que está situado en las tres regiones superiores de este mundo. Por consiguiente, cuando hemos abandonado el Purgatorio y nos situamos en este Cielo es cuando incorporamos el fruto del sufrimiento en el Purgatorio en el átomo-simiente del cuerpo de deseos para que, como rectitud, nos impulse a hacer el bien y a rechazar el mal. En este panorama basado en los buenos sentimientos, deseos y emociones, comprendemos y sentimos la felicidad, la alegría y todo lo bueno que experimentamos cuando en la Tierra hicimos buenas obras a la humanidad. También sentimos lo que esas personas sintieron y experimentaron cuando les ayudamos o les hicimos algún bien, fueran palabras, cariño, donaciones materiales, etc. Como es evidente, ocurre lo mismo respecto a los beneficios favores y ayuda que otros nos hicieron a nosotros y lo que nosotros sentimos en ese momento si es que le dimos importancia; de ahí la necesidad de ser agradecidos y de valorar todo lo que otros hagan por nosotros. A algunos quizás le parezca una pesadez o muy repetitivo el hecho de decir que hay que hacer el bien y rechazar el mal, pero cuando analizamos lo que hacemos y lo que nos ocurre en el Mundo de Deseos nos damos cuenta de que, si de verdad queremos evitar el sufrimiento purgatorial y ser felices hasta lo inimaginable, debemos actuar así en esta vida. La mayoría de nosotros actuamos todos los días de igual forma, repetimos las mismas cosas, sentimientos y pensamientos, de forma automática e inconsciente; perdemos el tiempo en cosas inútiles y no controlamos los sentimientos, ni las emociones y mucho menos la mente. No nos auto-observamos para ver cómo sentimos y cómo pensamos para luego hablar y actuar de forma controlada. No prestamos atención a lo que ocurre a nuestro alrededor perdiendo así oportunidades de servir y de mejorar en todos los sentidos, y así sucesivamente. Si invirtiéramos el tiempo de ver la TV en hacer un voluntariado o algún tipo de trabajo que beneficiara al prójimo, o simplemente a leer un buen libro que estimule nuestros más elevados sentimientos, estaríamos menos tiempo en el Purgatorio y mucho más en el Primer Cielo.

            Como su significado indica, el Cielo es un “lugar” donde sólo somos conscientes de todo aquello que nos trae felicidad y donde no cabe lo negativo en ningún sentido. Y digo esto porque aquí no solo se revive el bien que hicimos y todo lo dicho anteriormente, sino que aquí realizamos todo los anhelos de la vida terrestre y descansamos tanto o más como haya sido de dura nuestra vida. Aquí tampoco hay nada  que nos pueda perjudicar o hacer sufrir (enfermedades, problemas, etc.) sino que más bien es la Tierra donde deseábamos o hemos imaginado que quisiéramos estar después de la muerte. Allí construimos todo lo que deseamos según nuestros buenos deseos y sentimientos y según nuestras aspiraciones y el desarrollo espiritual que tengamos. Los estudiosos, los que quieren aprender o perfeccionar lo que saben, los que quieran ayudar a otros, todos podemos crear allí las formas vivientes o perfectas que queramos por medio del pensamiento. Allí todo es más viviente y por eso se pueden rectificar nuestros errores y nuestras obras para que en la próxima vida no tengamos los mismos fracasos y seamos más conscientes de nuestras actitudes.

            Recordemos que la película post-morten se graba luego en el cuerpo de deseos y es de ahí de donde la ley de repulsión arranca el mal que como materia de deseos está en nuestro cuerpo, y que  en el Cielo es la ley de atracción la que atrae las vibraciones similares a las nuestras y hace que nos relacionemos con seres con los que estamos en sintonía. Así que comenzando por la capa más externa de nuestro cuerpo de deseos, atraemos e incrementamos el bien en la primera región de este Cielo (quinta del Mundo de Deseos comenzando por la inferior) según los hechos que se nos presenten en forma de imágenes para revivirlos. Entretanto y como se ha dicho, podemos ser creativos y construir todo lo imaginable que de ese estado de conciencia pueda surgir. Creo conveniente recalcar que lo que vemos en este Cielo también es producto de lo que pensamos e imaginamos aquí en la vida física, por eso se suele decir que cada persona tiene su forma de Cielo particular de acuerdo a lo que haya pensado que es el estado post-morten. De hecho, como los ocultistas sabemos, la materia de estos planos se modelan de acuerdo a lo que pensamos y a lo que voluntariamente queremos crear, después esas formas se moverán gracias a ciertos elementales y durarán solo el tiempo que duren los pensamientos y los deseos. De aquí que una persona devota tenga la imagen de un Cristo viviente, un niño tenga el mejor juguete que haya imaginado, otros puedan crear una imagen de un ser querido y mantenerlo durante el tiempo que quieran, y otros creyentes del diablo observen la imagen que ellos mismos han creado involuntariamente y por sus creencias. Ya he dicho que cuando pasamos al Mundo de Deseos, la forma ovoide que aquí llamamos cuerpo de deseos, allí toma la imagen del cuerpo físico, pero esta imagen no perdura hasta el final del Cielo, sino que según vamos ascendiendo hacia el cuarto plano y después al Cielo, vamos perdiendo imagen de nuestro cuerpo hasta que, al final, solo nos queda la cabeza donde se encuentra la mente que es lo único que necesitamos en el próximo mundo.

            Cuando en nuestro ascenso post-morten llegamos al hogar del Ego en el Tercer Cielo (planos superiores del Mundo Pensamiento) no solo llevamos el cuerpo mental, también llevamos los dos éteres superiores del cuerpo etérico llamados éter luminoso y reflector y que tienen relación directa con la percepción sensorial y con la memoria. Cada uno de nosotros tiene cierta cantidad de estos éteres de acuerdo a su desarrollo espiritual alcanzado a lo largo de sus renacimientos, por esa razón podríamos decir que en ellos van el carácter que mostramos en cada vida gracias a que estos éteres se mezclan con la sangre. El motivo de hacer este comentario en estos párrafos que tratan de la película de la vida no tiene otro fin que el de dejar claro que en ellos están nuestro Cielo de cada vida según las buenas obras que hayamos hecho con nuestros pensamientos, con los deseos y sentimientos, con nuestras palabras y con nuestros actos. Es necesario aumentar en algún grado el buen carácter impreso en esos éteres si queremos disfrutar verdaderamente de nuestra película del Cielo, por eso se dice en ocultismo que el Purgatorio no es inevitable. El Purgatorio es como un hospital donde tenemos que estar para que nos curen las heridas, y el Primer cielo, donde vemos este panorama, es como un lugar de vacaciones donde vamos a disfrutar de todo lo que podamos imaginar. Dentro de nuestro carácter todos hemos desarrollado ciertas cualidades relacionadas con el arte, con el altruismo y con todo lo que consideramos verdadero y bello desde el punto de vista interno. Estos aspectos de la vida y del carácter están presentes en estos planos del Cielo y como a estos planos también se les considera del “amor”, cada uno de nosotros puede engrandecerse en ese sentido y prepara “en parte”, su carácter para la futura vida.

            Este Cielo no nos limita sólo a las imágenes de nuestras buenas obras de la vida pasada sino que nos ofrece la oportunidad de expresarnos y de manifestar nuevas y originales causas positivas que se agregarán a la materia de nuestro cuerpo de deseos gracias a la ley de atracción. Por esta razón también cada uno de nosotros podemos crear allí el más bello y espiritual de los ambientes donde reunirnos con otras personas fallecidas y con otros seres. Allí hacemos amistades, volvemos a reunirnos con otros familiares y amigos, contactamos con Ángeles y  Arcángeles, asistimos a escuelas “universitarias” donde perfeccionemos lo que ya conocemos, los ocultistas y estudiosos podemos atesorar grandes conocimientos y, en definitiva, crear lo que queramos gracias a que aún tenemos la mente. También las personas que se aman tanto como para “necesitarse” mutuamente, si fallecieran juntos o con pocos años de diferentica se juntarían en este Cielo. Incluso con más años de diferencia el que esté en el Cielo pude crear una imagen del otro para tenerle cerca. El Primer Cielo tiene toda clase de formas y soluciones para bendecir y ayudar a los que allí llegan y así lo disfrutarán mientras haya panorama que revivir. Si el Purgatorio hace que olvidemos los vicios y que nazcamos inocentes en cada vida, el Primer Cielo trasmuta nuestros experiencias en benevolencia y altruismo.

                                                                           Francisco Nieto 

sábado, 9 de agosto de 2014

¿ES CIERTO QUE DESPUÉS DE LA MUERTE VEMOS LA PELÍCULA DE NUESTRA VIDA IV?






            No Hay que entender esto como que vemos la película y vamos sufriendo continuamente como si esos mundos espirituales fueran un lugar de castigo. A mí  me gusta interpretar lo que allí ocurre desde dos puntos de vista distintos:

1º.- El dolor hay que entenderle como la “comprensión de que se necesita una lección para que en un futuro no volvamos a repetir ese mal”, se sufre porque la película nos hace comprender el mal que hicimos y la necesidad de rectificar en la siguiente vida porque ahí ya es tarde para hacerlo; por tanto, allí no hay castigo y sí hay arrepentimiento, deseo de rectificar y de pedir perdón, y la comprensión necesaria como para decir ¡necesito el sufrimiento para entender lo que no se debe hacer!

2º.- No se debe pensar que el hecho de ver todo el mal que hicimos sin ninguna visualización de lo bueno (porque eso lo vemos en el Cielo) hace que estemos sufriendo continuamente hasta pasar al Primer Cielo; eso no es así, porque si fuera así sería poco efectivo el Purgatorio e incluso el Infierno. Allí se tiene una vida similar a esta en sentido de que estamos donde queremos estar y con personas conocidas o familiares como lo estamos aquí pero entre tanto la ley de repulsión hace que revivamos algunas escenas de la película para que nos cause el dolor que nos hará grabar en la conciencia que eso no lo debemos hacer. Así podemos entender que, al igual que ocurriría con un niño al que castigáramos todos los días, (se acostumbraría al dolor y llegaría el día que no le haría efecto) no tendría el efecto necesario porque llegaría el momento en que al niño no le importaría ni siquiera estar allí.

            La película trata de hacernos ver que los efectos que allí se viven tienen su origen en lo que hicimos en la vida, que el dolor que sentimos allí haga que nos arrepintamos y que tomemos nota de ello como conciencia, y que sintamos la necesidad de devolver la deuda en sentido positivo y de tener otra oportunidad en otra vida. Esto se quedará latente en ese átomo-simiente donde se guardan las esencias de las anteriores vidas, pero en el próximo descenso para renacer el Ego lo despertará como un poder espiritual para hacer más bien al prójimo en el mundo. Como sabemos, el Purgatorio y el Primer Cielo están en el Mundo de Deseos, y nuestro cuerpo de deseos (que allí tiene la  imagen del físico) está formado de materia de deseos, sentimientos, emociones, pasiones, anhelos, etc. Pues bien, allí no solo revivimos el dolor que causamos conscientemente a otros y todo el mal que recordemos sino todo el mal que hayamos hecho conscientemente o no y todo dolor que haya podido sentir una persona por algo que tenga su origen en nosotros. Esto no ocurre por el simple hecho de ver la película sino por revivir en nuestro cuerpo de deseos esos males como si estuviéramos en el mismo lugar y con esa o esas personas otra vez. Es más se sienten más aquellos deseos y sentimientos ocultos y que no queríamos mostrar en la tierra que los otros más comunes como puede ser una crítica o un insulto.

            A muchos lectores les costará entender estas enseñanzas, imaginar los mundos o incluso las relaciones y vivencias que allí se tienen, pero eso es lo que menos importa, lo importante es ver la mano de Dios se encuentra detrás de todo esto y cómo estas enseñanzas causan un gran beneficio a quien las admite. Estas enseñanzas son como una mochila donde llevamos todo lo necesario para hacer frente a lo que allí ocurre con la tranquilidad de que saldremos como vencedores por encima de la muerte. La filosofía oculta alumbra la obscuridad de la ignorancia, origina fe ante la duda y causa seguridad ante lo desconocido, es más, facilita los medios suficientes para eliminar gran parte del  sufrimiento que generamos aquí y que deberíamos sufrir allí (ver la “retrospección” de la Fraternidad Rosacruz Max Heindel) una vez aprendida la manera de evitar el Purgatorio y una vez concienciados de que el mal se hace en pensamiento, palabra y obra, solo es necesario recordar que estamos grabando constantemente la película que luego nos puede hacer sufrir en el Purgatorio. Allí se olvidan las experiencias pero quedan las virtudes que resultan de esas experiencias, hasta ahí todo bien, pero no se puede decir lo mismo del mal porque, aunque también el Purgatorio nos enseña, éste lo hace por medio del sufrimiento.

            La película o panorama que revivimos en el Mundo de Deseos no está relacionada directamente con el karma, pues allí solo se re-vive el bien y el mal que hicimos a otros y que se refleja en nuestros cuerpos de deseos. Como las experiencias se reviven allí tres veces más rápido que el tiempo en el que ocurrieron en la Tierra porque se sufre bastante más intensamente que aquí por no tener cuerpo físico, revivimos la vida en pocos años y queda la quintaesencia lista para unirse al Cuerpo del Alma mientras que el cuerpo de deseos queda como un cascarón inhabitado. Otra particularidad de ese mundo es que en cada experiencia revivida con otra persona nos sentimos (como cuerpo de deseos) en el lugar donde se encuentre esa persona aunque el hecho ocurriera en otro sitio. Podríamos decir que nuestro cuerpo de deseos se divide en partes según la parte de este cuerpo esté reviviendo tal o cual hecho en uno u otro lugar. Este sentirnos en el lugar y puesto del otro cuando se presentan las imágenes de la película es la oportunidad que cada uno tiene de quedar bien moral y espiritualmente (por eso deberíamos practicar aquí ya el perdón, el arrepentimiento, las disculpas, el ver la parte buena en lo llamamos malo, etc.) Cuando digo que nos vemos en el puesto del otro, quiero decir que estamos sintiendo en nuestro cuerpo de deseos lo que sintió la otra persona cuando le hicimos el hecho del que seamos culpables. Y esto hace que esa relación no solo nos enseñe por medio del sufrimiento en el Purgatorio sino que también hace que entre en juego la ley del karma para volver a unirnos en otra vida. Solo hay un lugar, o mejor dicho, estado de conciencia, donde se puede decir que se sufre como muchos se imagina, éste es el  primer plano del Mundo de Deseos o Infierno. En este plano están las peores personas de este mundo, por tanto, hay odio, lujuria, ira y un motón de perversiones que han de ser arrancas por la ley de repulsión de los cuerpo de deseos de los que allí se encuentran, y mientras no se liberen de las bajas y groseras vibraciones no podrán ascender al Purgatorio.

            El hecho de abandonar el cuerpo físico para pasar al Mundo del Deseo después de la muerte trae consigo un descanso, intervalo o sueño (que no es otra cosa que pasar de la obscuridad a la luz del Mundo del Deseo –lo que algunos llaman un túnel obscuro-)  que hace que la persona despierte en ese mundo. Antes de comenzar a revivir las escenas de la vida pasada el hombre siente un gran alivio o sensación de libertad por no sentirse dentro de su cuerpo físico, siente como que flota y que puede desplazarse a voluntad por todo el planeta. Pero el panorama del Purgatorio tiene que liberar también al hombre de la carga de los bajos deseos y perversos sentimientos que han cristalizado parte de su cuerpo de deseos. A partir de despertar en el Mundo del Deseo, nuestro cuerpo de deseos toma la forma del físico y deja la materia de deseos más grosera en la parte más externa para que pueda ser arrancada por la fuerza de repulsión que gobierna estas bajas regiones; si la materia de este tipo es poca se acabará pronto el sufrimiento y podrá pasar antes al Primer Cielo. El papel de la película del Purgatorio es activar nuestra conciencia porque es la película la que hace que nuestra conciencia nos acuse de haber hecho el mal, y si nosotros respondemos con arrepentimiento y humildad ante el dolor que debemos sufrir, antes  lo eliminamos de nuestro cuerpo de deseos.

            En el Purgatorio perdemos el sentido de la identidad cuando revivimos alguna escena de la película para “ser” la otra persona y así aprendemos a ser misericordiosos y fraternales. También aquí en la Tierra podemos hacer lo mismo para eliminar futuros sufrimientos en el Purgatorio, es decir, ponernos en el lugar del que hemos dañado y ofendido y pedir perdón y arrepentirnos. Démonos cuenta que hemos de arrancar la imagen de nuestro cuerpo de deseos (de la película) al menos con la misma fuerza (de odio rencor, etc.) con la que la grabamos en el átomo-simiente del corazón, que es donde se graba la película de la vida. Así quedaremos libres de ese mal, lo que nos permitirá visitar a alguien en la Tierra, viajar por el Mundo del Deseo o incluso ascender un poco al Primer Cielo hasta que tengamos que revivir la próxima escena. Hemos de concienciarnos de que aquí podemos adelantar mucho y evitar en gran parte el Purgatorio. El arrepentimiento, el pedir perdón, la reforma y la retrospección pueden eliminar muchas imágenes de la futura película purgatorial (de la memoria subconsciente). El hecho de auto-observarnos a nosotros mismos, restituir o recompensar el mal causado, y ser sinceros al enjuiciarnos y al sufrir en el puesto del que hayamos hecho el mal, eliminará también esos malos hábitos y ese carácter y construiremos un cielo para nosotros mientras estamos aquí en la Tierra.

Francisco Nieto