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miércoles, 14 de agosto de 2013

LAS EMOCIONES EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (y IX)






La falta de control de las emociones también es un obstáculo para la meditación, para la concentración, para calmar la mente y para distanciarnos de la propia personalidad en el papel de observador. Por tanto, se trata de cambiar el hecho de que las emociones se hagan conscientes por hacernos nosotros conscientes de ellas como ocurre respecto a la mente y a sus pensamientos. Además, tenemos un segundo motivo para esforzarnos en dominarlos, y es que las emociones negativas nos causan sufrimiento y aquí la única y más sencilla solución es tan simple como dejar de hacerlas resistencia. Está  claro que estamos dominados por aquello con lo que nos identificamos y mientras estemos identificados con las emociones estaremos dominados por ellas y no nos permitirán ver y vivir nuestra realidad.

En nuestra vida cotidiana solemos responder más de forma automática que de forma razonada y, como es lógico, nos equivocamos muchísimo más en las automáticas e instintivas que en las respuestas razonadas. Esto ocurre, principalmente, cuando las emociones negativas afloran en un momento dado (según lo que  esté ocurriendo en ese momento) y nosotros actuamos a la defensiva, como sería el caso de tener que encontrarnos con alguien con quien tuvimos un problema y discutimos. Es en estos casos donde la reflexión y la atención deben advertir la presencia de la emoción negativa, actuar frente a ella (no ofrecer resistencia) y dejar un vacío entre el motivo para que surja la emoción y el surgimiento mismo de la emoción. Cuando más consigamos que este espacio vacío crezca, más observación atenta podremos hacer y más discernimiento podremos aplicar. Cuando no se ejerce un control como ese, las emociones nos pueden hacer sufrir, (como ocurriría en el ejemplo mencionado si tuviéramos miedo a esa persona) por eso, esta práctica de crear un intervalo para la reflexión, previene que respondamos en acciones incorrectas que generan o aumentan los conflictos internos. En sentido contrario, cuando, gracias a ese espacio para la reflexión, transformamos la emoción, hay una mejor comprensión del problema y, por tanto, la reflexión se hace precaución y expresión apropiada.

Por consiguiente y como norma, se trata de hacer una pausa temporal cuando notemos que va a surgir una emoción negativa para así poder poner nuestra atención plenamente sobre ella. En principio se trata de evitar que obligue a expresarnos de cualquier forma, de manera impulsiva y sin razonamiento alguno, para poder valorar y reflexionar lo que está sucediendo dentro de nosotros. Como esto no se consigue tan fácilmente, sería bueno que el interesado o el aspirante espiritual comiencen por tomarse en serio esta práctica y la lleve a cabo con atención y persistencia en momentos y circunstancias especiales. Esta es la mejor manera de romper con esos habituales condicionamientos para así poder responder con calma según lo programado por nosotros mismos para cada momento en que sabemos que puede surgir una emoción dominante que nos haga sufrir. Como este ejercicio hay que hacerlo con calma es aconsejable que cuando surja la excitación emocional (si surge) se hagan unas respiraciones profundas. De cualquier forma, se trata de percibir esas sensaciones de una forma atenta y detallada para que la emoción se exprese dentro del espacio que hemos creado.

A continuación debemos observar a la emoción de forma familiarizada y directa con la intención de tomar consciencia de si se ha producido algún cambio físico (tensión muscular o nerviosa, etc.) con tal de relajarlo. Otro estudio o análisis interesante que podemos hacer en ese momento es observar la causa que produce el surgimiento repentino de la emoción (personas, pensamientos, recuerdos…) para así identificarla (miedo, ira, venganza, rencor…) y hacer que pierda poder; porque el hecho de observarla y ponerla nombre hace que pierda poder.  También es importante que nos auto-analicemos y nos preguntemos ¿qué nos obliga a hacer la emoción? ¿cómo nos comportaríamos si nos dominara? para después observar sin juzgar y sin hacer resistencia hacia ella. Es importante observar, si hay y cómo es, el sentimiento de rechazo hacia la emoción y cómo surge la resistencia hacia ella a modo de defensa. Por tato es mejor que la emoción se exprese tal y como es para que, cuando baje su impulso, podamos separarnos de ella como lo que es, algo ajeno a nosotros sobre la que tenemos poder. Es cierto que la emoción se mantiene activa mientras pensemos en ella o en su significado pero, cuanto más la observemos sin emitir juicio y como algo ajeno, más fuerza perderá y más poder tendremos sobre ella para la próxima vez que se manifieste incluso antes de que ocurra.

Si alguien piensa que esto sirve para poco (lo mismo podríamos decir respecto al control de los pensamientos) yo le pregunto ¿qué necesidad tenemos de dejarnos dominar por la rabia, el rencor, la envidia o el orgullo entre otros muchos? ¿por qué sufrir por todas esas cosas que nos atan durante muchos años? ¿no es mejor observar, analizar y luego actuar o no según las circunstancias? Si hay que actuar, deberá hacerse consciente y voluntariamente desde la posición de observador, pero después y tengamos el resultado que tengamos, siempre habremos ganado posición y fortaleza para la próxima vez. Cuando se obtiene cierto dominio en esta práctica, es decir, cuando estamos en armonía y equilibrio, la respuesta puede ser rápida, pero cuando no es así o la emoción es fuerte, entonces es preferible esperar y actuar como se ha dicho. Lo que nunca se debe olvidar es que si queremos controlar las emociones, hay que estar “conscientemente presentes” para ver lo que pasa pero sin perdernos en ello. Una metáfora del monje vietnamita Thich Nhat Hank dice que ante la imagen de una madre que consuela a su hijo acunándole en sus brazos, la madre somos nosotros y el niño representa la emoción que queremos tranquilizar. En esta metáfora, por tanto, vemos que la madre comprende y acepta lo que le pasa al niño para luego consolarle dándole cariño; así el niño se calma y deja de llorar.

Con esto quiero decir que, aunque parezca una tontería, el hecho de hacernos consciente de una emoción por medio de la plena observación, la emoción se relaja o baja de intensidad. Así un afecto que se haya convertido en pasión puede volverse afecto otra vez por el simple hecho de observarla y crear un concepto claro y distinto. Esta es una forma de relacionarse y tratar a las emociones negativas porque con ese método evitamos la reacción emocional no razonada, conseguirnos estar presentes como observadores de la emoción pero sin identificarnos con ella, o dicho de otra forma, vivimos la emoción pero no nos dejamos llevar por ella. Volviendo a lo dicho anteriormente (y que también sirve para los pensamientos) sobre crear una pausa o espacio vacío entre el surgir de la emoción y la observación de la misma, conseguimos tranquilizar dicha emoción gracias a esa pausa. El fin es dejar de identificarnos con el contenido del espacio (la emoción) para identificarnos con el propio espacio vacío.

Las emociones tienen una influencia muy importante sobre el cuerpo físico y sobre la mente, pero cuando, progresivamente, se van dominando desde la consciencia gracias a la actitud de “observar conscientemente”, pueden ser evitados muchos males. La consciencia, unida a la voluntad, son un reflejo del Espíritu en la personalidad y, por tanto, a través de ellas se puede hacer mucho bien, tanto a nivel mental como emocional. El odio, la ira, el miedo y otras muchas emociones negativas dejan una gran huella en los cuerpos sutiles o etéricos y está demostrado que son el origen de muchas enfermedades. Es cierto que hay enfermedades cuyo origen está en otras vidas y por eso son difíciles de curar, son karmas maduros que debemos afrontar para aprender algunas lecciones, pero no siempre es así.  Desde nuestra infancia, (aunque traigamos cierta predisposición de carácter como resultado de otras vidas) nuestros cuerpos comienzan a recibir impactos y enseñanzas (de padres, de colegios, de la cultura del país, de hábitos, de las relaciones sociales, etc.) que se graban como hábitos y formas de actuar y de responder automática, y dependiendo de su naturaleza así actuaremos más o menos desde la consciencia y con voluntad o, por el contrario, estaremos dormidos y nos dejaremos dominar por todo lo dicho respondiendo como autómatas y dejándonos llevar por las corrientes emocionales y de pensamientos.

El resultado de esto último sería el desequilibrio y la desarmonía que, a su vez, repercutirían sobre la salud, vía cuerpo etérico y cuerpo emocional. Las emociones negativas así como la represión de las mismas tienen un efecto perjudicial sobre el sistema nervioso, endocrino, molecular y celular, de aquí la necesidad de hacernos conscientes de lo que sentimos y pensamos con tal de crear unos nuevos y positivos patrones de vida. Es necesario que nuestra vida esté rodeada de hechos positivos pero más importante es aún que sepamos crear y expresar la alegría, la amistad, el amor, etc., porque estas emociones nos aportarán salud, armonía y paz interna. Vivir la vida desde el punto de vista de las emociones es una experiencia que nos ayuda a cambiar los patrones del carácter, a comprender a los demás y a ver la vida desde un ángulo superior. Llenemos, por tanto, nuestra consciencia presente en cada momento con las emociones más elevadas que podamos expresar y seamos un ejemplo de vida para los demás.

                                   Francisco Nieto

jueves, 1 de agosto de 2013

LAS EMOCIONES EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (VIII)



Es muy aconsejable no mentir pero también lo es ser responsable hasta el punto de no herir aún teniendo la intención de ayudar o aconsejar. Las palabras deben estar basadas en buenas emociones y pensamientos y deben ser verdad, agradables y, si se puede, auxiliadoras. Las personas que por ser francas hablan bruscamente, con indiferencia o sin escrúpulos tampoco hacen bien pues, lo inútil, grosero y superfluo hacen poco bien y demuestran qué clase de emociones dominan. Más vale el buen callar que el necio hablar, se suele aconsejar a los que hablan mucho diciendo tonterías y derrochando energía según sus bajas emociones. Mucho mejor efecto tiene el silencio que produce paz y que no ofende ni desanima a los presentes.

No hay que temer al silencio que se produce por pensar antes de hablar porque con la práctica  no se pierde y beneficiará. Las prisas y la impulsividad tampoco son buenas respecto a lo que estamos tratando, la paz y la armonía interna ayudan a ser prudentes antes de expresarnos o de pasar a la acción. Ceder ante un repentino o violento impulso emocional demuestra el poco control y la falta de discernimiento que tenemos. El discernimiento y el hecho de pensar antes de actuar nos lleva por el camino de la intuición para que ésta nos beneficie ante un hecho grave o urgente. Dejarse llevar por lo que llamamos normalmente impulso emocional (procedente del cuerpo emocional o de deseos) es dejarse llevar por una energía precipitada e irreflexiva que no ha pasado por el filtro de la razón.

Por el contrario, la intuición es una energía pacífica, fuente  deliberada que procede del Yo superior, de aquí que, con la práctica, el impulso ceda ante la razón, la calma y la paciencia. Es muy cómodo dejarse llevar por los impulsos emocionales por no decir que incluso molesta luchar contra ellos, pero cuando hollamos el sendero de perfección y vencemos estos aspectos del carácter nos damos cuenta de su importancia. Tiene más goce y causa más felicidad vencer estos defectos y alcanzar la paz interna y la calmada reflexión que ceder ante esos impulsos emocionales que tanto nos hacen pensar, actuar y sufrir.

La falta de control y razonamiento emocional no termina aquí. Cuando el aspirante espiritual ha comenzado a hollar el sendero también se deja llevar por la imaginación y otras emociones, creando así toda una serie de fantasías y pensamientos, muchas veces equivocados, sobre otros que le rodean. Este derroche de energía por pensar que, por ejemplo, se comportan mal con nosotros, hace que surjan emociones perjudiciales para la convivencia entre aspirantes. Es mejor tomar el dolor que nos puedan causar estas personas como una deuda kármica de nuestro destino que dejar que las emociones nos invadan y descontrolen; y es mejor actuar en forma de servicio a los compañeros que no crear emociones de repulsión o separación.

Si nos dejamos llevar por la personalidad separatista y sus imaginaciones, deseos y emociones estaríamos alentando el mal en las mentes de quienes nos rodean y debilitándonos ante las peores emociones que pasarían a dirigir nuestras vidas. El sendero de renunciación es duro pero lo cierto es que el hombre puede superarse, transformarse y elevarse desde los más bajos deseos y emociones hasta los niveles más elevados de conciencia. Se trata de individualizarnos y elevarla la conciencia cada vez más con tal de que la personalidad deje de engendrar emociones perjudiciales como el orgullo, la vanidad y otros que, a veces, dominan al aspirante. Por el contrario, no deberíamos dejar de fomentar la fraternidad, el amor, la compasión, la humildad, etc.

Quien desee obtener ayuda de este estudio sobre los sentimientos y las emociones debe saber que no conseguirá nada hasta que no ponga manos a la obra y tenga claro en su consciencia que sus emociones no son él mismo, sino que estas sirven para impulsar a los otros cuerpos por medio de la acción y reacción del Yo sobre el no-yo. Debe tener claro que el placer y el dolor son manifestados en el cuerpo de deseos  como respuesta a los contactos del mundo externo y que la respuesta que da el Yo (como felicidad interna) a través de dicho cuerpo, así como los pensamientos a través de la mente, son emociones debidas a contactos similares dados por el Ego como conocimientos. El placer tendrá más poder que el dolor (y el amor más que el odio) según el Yo se conozca a sí mismo y se separe de sus vehículos para actuar sobre ellos como voluntad y conciencia. Llegará el día en que las emociones y deseos perturbarán la mente y ésta las utilice para crear felicidad, lo que no significa que se pueda librar del dolor o placer que corresponda kármicamente. Entonces las emociones serán de gran ayuda porque del dolor se obtendrá poder y del placer vitalidad e iniciativa. Quien controla sus emociones las siente a voluntad y las hace sentir porque escoge intencionadamente las palabras y gesticula adecuadamente para ello. Mientras alguien se vea dominado por las emociones no podrá mantener la firmeza y la paz necesarias para ayudar o hacer un buen servicio en pensamiento, palabra y obra.

Sabemos que los cuerpos de deseos transmiten las vibraciones de sus contenidos a las personas que le rodean, por tanto, quien no haya progresado lo suficiente en el control de las emociones, reproducirá dichas emociones en sí mismo si tiene dichas vibraciones, sean de ira, de amor o de lo que sean. Este conocimiento facilita al aspirante espiritual la posibilidad de poner más voluntad a diario en analizar sus emociones para transformar las negativas y responder con las que correspondan a las personas con los que se ponga en contacto. Está claro que cuando más tranquilo se encuentre uno (a la vez que emite emociones y pensamientos que contrarresten la negatividad) mientras está entre otros que se expresan de forma descontrolada o violentas, más control tiene sobre sus emociones. Así, el aspirante responderá a la violencia con palabras de paz y armonía, a la irascibilidad con paciencia y simpatía, y a la maldad con la benevolencia y la amistad.

Esto llevado a la práctica durante cierto tiempo creará un hábito en el cuerpo de deseos y este  responderá automáticamente sin necesidad de estar tan pendiente de él. La regla del aspirante en este sentido sabiendo que el mal aumenta el mal, es que el bien le neutraliza y si se persiste lo transforma. El aspirante que desea servir amorosa y altruistamente se dedica a enviar emociones, deseos y pensamientos de amor, compasión y consuelo a todo aquel que lo necesita. Donde quiera que nos encontremos estamos como Alma y dueño de nuestros vehículos físico, emocional y mental, luego entonces y sabiendo que aspiramos a ser dignos hijos de Dios, ¿por qué no comenzar ya a utilizarlos para nuestros propio bien y para neutralizar el mal que hay en el mundo?

Francisco Nieto