Entradas populares

lunes, 15 de julio de 2013

LAS EMOCIONES EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (VII)





Es importante tener en cuenta que todos vamos cambiando según cambian las circunstancias y según pasan los años y que, por tanto, las emociones cambian y necesitan ser controladas como ocurre respecto a la mente. Hacen muy mal las personas que pasan años rumiando y aumentando emociones negativas por no solucionar un problema con su pareja, amigo o compañero de trabajo. Tarde o temprano no podrá evitar que se manifiesten las peores emociones por no haber sabido transformar las primeras relacionadas con la repulsión o la indiferencia. Es necesario recobrar el equilibrio pensando que el contrario también está pasando por algo similar e intentar dar respuestas que contengan verdad ante las dudas. El examen por parte de cada uno de sus emociones darán la clave sobre si deben actuar desde el punto de vista de superioridad, igualdad o inferioridad pero siempre ha de estar presente la emoción del amor y de las virtudes correspondientes según sea el problema emocional del otro. Es imprescindible que quien desea solucionar el problema por medio del control de las emociones razone sus expresiones previamente y se olvide de los defectos de los demás implicados. A su vez, deberá analizar los defectos o emociones negativas del que quiere ayudar para manifestar él las que correspondan y beneficien; el deseo de auxiliar el respeto y el amor inegoísta serán de gran ayuda para alcanzar la reconciliación.

La valentía y la persistencia son necesarias para vencer al miedo que es la más inhibidora de todas las emociones y que tanto poder tiene en las personas y en muchas circunstancias. El miedo paraliza la iniciativa y si no hay iniciativa no podremos ayudar a nadie ni a nosotros mismos en nuestros deseos de superación personal y de espiritualidad. No olvidemos que las emociones tienen ramificaciones y que si no podemos aplicar la del amor podremos aplicar la simpatía o el cariño, etc. con tal de transformar otra negativa y perjudicial. Con el amor va unido el deseo y éste es un aspecto de la voluntad que debe ser usado de forma impersonal y para el servicio amoroso y desinteresado a los demás. El amor y el deseo no podrán ser eliminados nunca y, por tanto, de lo que se trata es de utilizarlos para unir al que ama o desea con el o lo deseado o amado; es decir, para liberar de emociones negativas a una persona o a nosotros mismos con tal de encontrar la unión y la armonía.

La emoción es como una fuerza que aviva a la mente e impulsa a las personas a la acción, pero quien no controla sus emociones se ve golpeado y zarandeado de un sitio para otro entre gozos personales y materiales y entre otros sufrimientos. Estas personas se expresan por instinto, por impulso y sin razonamiento y, aun siendo personas compasivos y altruistas en ocasiones, mucho mejor les iría si analizarán hasta qué punto se dejan dominar por las emociones. Es muy fácil solucionar provisionalmente un problema o un sufrimiento por medio de una emoción negativa en vez de analizar las circunstancias y ver qué emociones nos están llevando a esa situación o qué emociones debemos expresar. El uso de las emociones negativas contra otros no nos pueden traer nada más que lo mismo por parte de ellos; solo el impulso amoroso complementado con las virtudes pueden solucionar un problema.

Una emoción de simpatía por parte de una persona compasiva es mucho más efectiva que muchas palabras de consuelo dichas sin discernimiento y sin el deseo sincero de servir o ayudar. La emoción debe ser la fuerza impulsora que busca la solución pero la guía depende más concretamente de la mente en su función de discernimiento siempre y cuando se haga voluntaria y conscientemente. La emoción impulsa a la acción y la razón debe guiarla pero es la consciencia o Yo superior quien debe imponer su voluntad ante las circunstancias. En las personas poco evolucionadas son las emociones las que dominan a la débil inteligencia y voluntad, pero quien de verdad quiera desarrollar sus virtudes latentes debe desarrollar la razón y la voluntad para gobernar sobre sus emociones.

La mayoría de las personas (y más aún las emocionales) no se dan cuenta de que su aura y el medio ambiente donde suelen estar están tan cargadas de emociones que interfieren y cambian enormemente lo que llega a su mente. Por tanto, lo que llega no es exactamente lo que perciben los sentidos, de ahí que se diga que las cosas se ven de acuerdo al color del cristal con que se miran. La desfiguración que hacen las emociones en nuestra aura es precisamente lo que hace que muchas veces obremos y juzguemos erróneamente lo que no nos gusta y positivamente lo que nos gusta. Las emociones y los deseos hacen que tengamos argumentos para seguir una línea de conducta siempre que nos guste o, por el contrario, nos hunda en la miseria. Las emociones pueden hacernos tan ciegos que no admitamos las expresiones de otros por el simple hecho de no coincidir con las nuestras, pero no nos queremos dar cuenta de que esas expresiones u opiniones contrarias pueden ser beneficiosas para nosotros precisamente por ser emociones diferentes a las nuestras. Es aquí donde debemos tomar nota de nuestras emociones con la intención de transformarlas una vez pasadas por el filtro de la razón y siempre que no estemos turbados por otras negativas.

Una de las cosas que cambiaron en mi carácter a partir de comenzar a estudiar la filosofía oculta fue el hecho de dejar de reírme tanto como lo hacía. El conocimiento de la Ley de Consecuencia, lo que ocurre después de la muerte, el propio conocimiento adquirido y la responsabilidad, han hecho que no me deje llevar por la emoción de la risa tan fácilmente y que razone más antes de hablar. La gente suele reír mucho (sobre todo donde hay progreso y dinero) cuando no tiene problemas que le preocupen o cuando no tienen ciertos conocimientos que les hagan reflexionar sobre sus expresiones, por eso, muchas veces las palabras ofenden y la risa es motivo de burla. Una cosa es reír y mostrar felicidad por que cumplimos nuestros ideales espirituales o porque nuestros deseos y sentimientos hacia el mundo son buenos y nos llenan de gozo, y otra por la burla o los chistes contados con irresponsabilidad o por palabras malintencionadas con tal de hacer gracia. Analizando seriamente lo que acabo de decir nos podemos dar cuenta de que la mayoría de las bromas llevan un tinte de superioridad respecto a alguien, pero eso no es lo peor, lo peor es que la broma pude ser un acto de la imaginación y los presentes la pueden interpretar de tal manera que se burlen del que sufre la broma. Llegando un poco más lejos podríamos decir que, a veces, incluso bromas sin maldad pueden ser tomadas a mal por quien sufre la burla para después crear emociones de repulsión o desprecio.

La burla es más propia de personas vulgares y de poca consideración y respeto hacia los demás, mientras que el respeto y la educación son fruto de una mente noble y de un carácter leal y responsable. La ternura que alguien que consuela a otro muestra puede ser causa de sonrisa, incluso la tristeza ante otro que sufre puede ser motivo de sonrisa con tal de ayudarle con  nuestras buenas palabras. Las carcajadas subidas de volumen pueden ser muestra de poco desarrollo y de mucho descontrol en el que se cree superior y diferente del otro, mientras que la sonrisa puede proceder del sentimiento de unión con los demás. Esta es la diferencia entre el que actúa como personalidad y el que está en el camino de la individualización espiritual, entre el Yo y el no-yo. Hay veces en que la envidia, el odio o el rencor son los que actúan ante otros hiriendo a alguien con tal de hacer reír, por tanto, más vale auto-observarse con humildad para ver cómo nos expresamos que no hacer reír o reírnos por la irresponsabilidad de nuestras emociones, pensamientos y palabras.

Basándonos en lo dicho en estas últimas líneas, tenemos que resaltar cómo las palabras pueden hacer mucho mal cuando se basan en emociones sin control y no son razonadas por la mente. Las palabras dichas así pueden causar rechazo, odio, rencor… y han llegado, a veces, a ser motivo de guerras o enfrentamientos serios. Incluso unas palabras basadas en emociones negativas respecto a otro pueden causar toda una serie de emociones y pensamientos perjudiciales en el ambiente donde se encuentren las personas. De aquí que se diga que el silencio es oro, ya que con las palabras van las emociones personales como son la vanidad, la superioridad, el orgullo, la envidia, etc. Quien razona antes de hablar es porque está controlando sus emociones y está creando un carácter nuevo, sabiendo así lo que va a  decir, sabiendo que es cierto y que beneficia a la otra persona, y diciéndolo con educación y respeto. 

Francisco Nieto

martes, 2 de julio de 2013

LAS EMOCIONES EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (VI)





Cuando sentimos repulsión por alguna persona es porque todavía queda en nosotros alguna huella de ese mismo vicio o defecto que ahora nos molesta y que estamos en vías de aniquilar de nuestra vida. De aquí que el ex fumador o el ex alcohólico (que tiene pleno control desde haced mucho tiempo) no sientan repulsión por los que fuman o beben, sino que más bien quieren aconsejarles positivamente y desde algún aspecto del amor. Según vamos hollando el sendero de perfección vamos amando por igual al pecador que al santo o quizás incluso más al pecador porque es éste el que más necesita nuestra ayuda. Es desde estos niveles de conciencia, desde donde se puede utilizar el odio como fuerza desintegradora de los obstáculos que surgen y que entorpecen nuestro sendero sin que surja en nosotros el sentimiento de separatividad. Cuando el aspirante espiritual ha trascendido lo personal es cuando puede hacer un uso correcto de las emociones de amor y odio porque en ese estado de conciencia se comprende que en realidad no existen como tal, o dicho de otra forma, están en un mismo nivel pero su origen es el amor divino o universal. Esto lleva al aspirante a practicar este amor con toda la humanidad.

El amor es la raíz y el fundamento de cualquier virtud y es el medio de unión entre todas las Almas, o sea, el sendero que lleva a una conciencia superior. Pero en los pocos evolucionados es sólo un instinto que lo mismo trae placeres que odio personal. El amor en estas personas siempre suele llevar algún tinte de egoísmo, por eso y hasta que se desarrolle el amor impersonal, todavía debe pasar mucho tiempo. Dios es amor y es el único Yo que abarca todos los yos y cuando alcanzamos la conciencia del Yo individual es cuando conocemos el amor que nos une a los demás en cuerpo y alma. Solo así podemos observar limpiamente la naturaleza de los deseos-emociones, de nuestros pensamientos, de nuestras palabras y de nuestras acciones.

El control y cultivo de las emociones es tan importante como el de los pensamientos porque tanto unas como otros repercuten en el cuerpo físico (sistema nervioso y otras funciones del organismo) y gastan energía sin necesidad. No hay mejor método para ello que la disociación y la atención profunda y analítica para después sustituir o trasformar lo que no se desea mantener. Lo que no se debe hacer es reprimir las emociones porque, como el agua retenida, las emociones terminan por encontrar una salida. La observación es imprescindible para poder separarnos de las emociones y analizarlas desde la consciencia, entonces se debilitará su dominio. El análisis sirve para poder agruparlas en alguna de las categorías de amor u odio, y a partir de ahí podremos comprender si estamos en la línea de la atracción o de la repulsión. Tanto desde el dominio de las emociones como desde el de los pensamientos podremos cambiar nuestro carácter y comenzar a dirigir nuestro destino voluntaria y conscientemente.

Veamos como la emoción es la reacción del cuerpo físico a la mente: Si advertimos un peligro de alguien que nos quiere hacer daño es fácil que manifestemos coraje y deseo de responder a la agresión o quizás sintamos miedo, pero de una forma u otra estamos concentrando una energía a la que llamamos emoción, y esta emoción afecta al cuerpo físico si no es controlada. Esto es así porque estamos identificados constantemente con las emociones (como ocurre con los deseos, con los sentimientos y con la mente) y cuando más identificación haya más nos dominan, de ahí la necesidad de separarlas conscientemente y analizarlas para poder controlarlas.

No olvidemos que también atraemos hacia nosotros las vibraciones de lo que somos, así, una persona irascible atraerá vibraciones similares de las auras de las personas que le rodean y aumentará su irascibilidad por no decir que atraerá y tendrá problemas con personas similares a ella. Esto ocurre en la mayoría de las personas de forma inconsciente y por eso hay que situarse en la posición de “observador consciente”. Una vez que se toma consciencia de que la emoción (o de sus efectos en el cuerpo físico) no somos nosotros, si queremos la podemos dejar ahí puesto que lo importante es que nos hemos hecho conscientes de lo que era  inconsciente. Si un patrón o hábito de pensar se refleja en el cuerpo emocional éste manifestará una emoción pero también se reflejará de nuevo en la mente, y así seguirá ocurriendo hasta que, desde el “recuerdo de sí” o propia conciencia, nos situemos como observadores y utilicemos la mente a nuestra voluntad para hacer las transformaciones necesarias para la separación definitiva del Yo del no-yo o personalidad. Cuando desde esta posición nos hacemos conscientes de los pensamientos y emociones negativas estamos favoreciendo el hecho de que no nos puedan dominar y también el florecimiento consciente de las virtudes que nos traerán paz, felicidad y amor entre  otras emociones.

La filosofía oculta facilita suficiente información sobre los vehículos del Ego y más sobre el cuerpo de deseos y emocional como para interesarse seriamente por aprender a despertar emociones positivas para hacer el bien a la vez que evitamos las negativas con tal de no hacer mal. Razonando lo que en estos párrafos se está exponiendo seremos capaces de evitar la creación de emociones negativas (odio, repulsión y otros defectos) en nosotros mismos y en los demás a la vez que nos analizamos para manifestar las de naturaleza positiva. Ante el orgullo de otros deberíamos actuar con humildad, ante el rechazo deberíamos ser simpáticos y amistosos, etc. Lo que no se debe hacer, por ejemplo, es manifestar desprecio ante el que tiene miedo o es tímido ni mostrarse orgulloso o egocéntrico ante el orgullo de otro. El amor, la humildad, la benevolencia o la compasión son emociones que sirven como respuesta para casi todo.

También y aunque parezca más difícil, se pueden encontrar soluciones ante los problemas emocionales que puedan surgir en el matrimonio o vínculo familiar. Este es el caso de la persona que se queja ante otra de falta de atención o cariño a la vez que la otra le acusa de lo mismo o de que no se comporta bien con ella. Lo primero que hay que hacer es analizar si hay superioridad, inferioridad o igualdad (como se ha explicado) entre ellos y comprobar si hay conformidad ente ambos para que la relación continúe, y lo segundo es que tiene que haber respeto, cariño y piedad de uno a otro según sean superiores o inferiores. Este es un caso muy común en la juventud cuando al poco tiempo de conocerse se demuestran y prometen amor para luego perderse el respeto y olvidar las atenciones de uno sobre el otro. Y es que si estuviéramos más pendientes de nuestras emociones no tendríamos porqué arrepentirnos tantas veces.

Francisco Nieto