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miércoles, 20 de marzo de 2013

TRABAJANDO ( V )




El cuerpo mental: Este vehículo se purifica de forma similar al anterior, es decir, gobernándole. Sabemos que, por ejemplo, cuando no nos concentramos en la lectura de un libro tenemos que hacer un esfuerzo de voluntad para conseguirlo, lo que demuestra que tenemos el poder de la voluntad a nuestra disposición para gobernar o silenciar la mente cuando queramos. Así es que para que la mente no actúe como se ha dicho respecto a la pureza del cuerpo deseos, es conveniente observarla y analizarla para ver qué, cuándo y cómo piensa. Sabiendo esto la podremos utilizar en crear pensamientos originales, de altruismo o de amor, (junto a los buenos sentimientos del cuerpo deseos) o bien imaginar hechos de belleza y espiritualidad en momentos de debilidad; o bien practicar la concentración y la meditación ante las pruebas y tentaciones que nos hacen caer; o enfocarla de forma optimista, en las cosas bellas de la vida y en la parte positiva que siempre hay en todo suceso, etc. La voluntad, junto a la conciencia, representa al Alma, al Yo superior o Ego, por tanto siempre puede (y debe) estar por encima de los cuerpos mencionados. Cuando voluntaria y conscientemente utilizamos la mente para gobernar el cuerpo de deseos, hablaremos y actuaremos siempre positivamente y seremos mejores obreros en la Obra de Dios.



Lo mismo que somos grandes consumidores deberíamos ser grandes productores, y lo mismo que nos gusta que nos den y recibir así deberíamos de preocuparnos de encontrar la manera de dar y de mantener el equilibrio. Para ver de qué manera estamos contribuyendo en su justa medida para , al menos, mantener el equilibrio, debemos elevar la consciencia por encima de los intereses del mundo y de la propia mente para no dejarnos seducir por la ilusión y la mentira. Todos y cada uno de nosotros tiene todos los días muchas oportunidades para actuar desde el más elevado concepto del Yo superior anulando, por tanto al yo egoísta y personal a la vez que damos y expresamos las cualidades de la conciencia divina. Es desde este estado de consciencia desde donde se comprende que el valor de las cosas cotidianas del mundo solo tienen la importantica necesaria que debe tener como uso del Alma.


Esta Alma o conciencia que debe estar presente en cada una de nuestras expresiones en la vida es la que observa las disputas, las luchas, los intereses materiales y todo lo que lleva a enfrentarse y a odiarse entre los humanos. Pero nosotros, los que hemos despertado a un estado superior y nos sentimos (o deberíamos sentir) obreros de Dios para con el prójimo y para el mundo, esto solo debe representar el pasado y deber ser observado con compasión y con los más puros ideales para que así podamos jugar nuestro papel de dadores de felicidad y de paz. El trabajador espiritual no se puede ver importunado por las cosas que quitan el sueño al común de la humanidad ni por lo que les causa irritación ni por lo que lucha; a él solo le importa el aquí y ahora donde centrar su conciencia para analizar dónde y cómo puede hacer el bien a través de sus palabras, de sus sentimientos o de sus pensamientos.


La mayoría de las personas gastan mucho bueno y también producen mucho malo, esto es, consumimos energía vital, vida, fuerzas espirituales, paciencia, tolerancia, amor, simpatía, cariño, perdón, etc., y sin embargo ¿Cuánto producimos de todo esto para darlo o, al menos, para compartirlo? Al igual que ocurre con el “dar y recibir” ocurre con el gasto y la producción. Si deseamos fuerza vital para estar sanos deberíamos desearla también para los demás o, al menos, no desear la debilidad de otros; si deseamos o pedimos luz para alumbrar nuestro camino, deberíamos desear lo mismo para los demás; si deseamos amor, inteligencia y medios para elevarnos hacia el Espíritu deseémoslo también para la humanidad y no actuemos haciendo lo contrario porque “dando es como recibimos” Todos los humanos somos hermanos y por eso debemos pedir por todos y debemos dar para todos según nuestras posibilidades y según nuestro discernimiento y estado de conciencia. Es necesario que nos levantemos de las miserias del mudo para acercarnos a Dios por medio de amar y servir en consciencia a todo hijo Suyo. Trabajando así desde el corazón, Él nos escucha y valora para hacerse sentir en cada servicio amoroso y desinteresado que hagamos. Así nos acercamos a lo más hondo del Ser donde podemos escuchar a nuestra Alma para que guíe nuestros pasos y para que nuestra labor como obreros sea lo más perfecta posible con todos nuestros hermanos.


Cuando cualquier persona alcanza una edad madura puede ocurrir que se acuerde de los muchos errores que cometió en el pasado e imagine otras muchas buenas obras que podría haber hecho. Entonces, incluyéndonos todos, quizás alguno haga estas reflexiones: “Si me hubiera dado cuenta del valor de la vida y de las personas me hubiera levantado cada día con el propósito de haber hecho algo por los demás”; entonces mi vida no hubiera sido tan monótona y no hubiera caído en tantas cosas ni hubiera cometido tantos errores”. ¿Cuántos de nosotros nos levantamos cada día sabiendo que tendremos muchas oportunidades para servir a Dios y al prójimo? ¿Cuántos vemos pasar los días y años como un tiempo no aprovechado para superarnos a nosotros mismos física, moral, mental y espiritualmente? ¿Cuántos de nosotros hacemos algo tan bueno un día como para considerarle especial? El propósito de la vida y el de despertar cada día no es simplemente mantener vivo el cuerpo físico; o mantener y mejorar el estado social, económico y laboral; ni tampoco el de disfrutar de todos los placeres a nuestro alcance en este mundo de materialismo. Renacemos y vivimos cada día para cumplir con un destino donde está previsto que cuidemos lo dicho anteriormente con el fin de sobrevivir, pero también con la intención de que cumplamos con nuestros deberes y responsabilidades materiales y espirituales.

Francisco Nieto

domingo, 3 de marzo de 2013

TRABAJANDO ( IV )



El propósito de la vida es servir a los demás de acuerdo a nuestro propio desarrollo y a las posibilidades del destino pero sin dejar de tener la conciencia en Dios. Una de las acciones que se deberían llevar a la práctica a diario y sin embargo se olvida es la compasión. Para tener compasión es necesario estar conscientemente presente en todo momento para obtener la paz mental y la felicidad interna necesaria. Para conseguir esto debemos analizar y transformar nuestra actitud interna y externa para que la compasión no sea respuesta emocional sino un firme compromiso basado en la razón. La compasión debe ser tan firme ante los demás que aunque ellos modifiquen su actitud no la afecte y siga haciendo su labor compasiva. Es indiferente que la persona tenga el aspecto que tenga o sea positivo o negativo pues, queramos o no, es un ser humano como nosotros y tiene el mismo derecho a ser feliz y a eliminar el sufrimiento de su vida. Mantener esta idea en la mente es querer estar cerca de los que necesitan nuestro servicio o ayuda a manera de compasión. Naturalmente que no debe existir en nosotros ese fuerte apego al Ego o personalidad, a ese yo autoexistente que disfruta de todo lo que le rodea, porque si fuera así impediría el acto compasivo propio.



La compasión es sutil, armónica, pacífica y muy poderosa, por tanto está en oposición a la ira, a la impulsividad y al descontrol en general de uno mismo, y por eso deberíamos ser humildes y sinceros ante los demás si de verdad queremos dar y servir con compasión. Dar y servir con amor y generosidad desarrollan la compasión pero para llevar a la práctica la compasión necesitamos a personas con problemas o incluso enemigos. Todos somos hermanos en Dios ¿qué más da el color, la religión, las ideas políticas y sus actitudes si necesitan ayuda amorosa y compasiva? Para ser feliz internamente hay que erradicar la ira y el odio entre otros, solo esta felicidad nos puede llevar a estar expectantes ante los demás para hacer el papel de obrero de Dios y ser amorosamente compasivos. Todos necesitamos el amor de Dios, pero quienes en esta vida hemos tenido la gran suerte de conocer esta verdad que nos hace comprender que debemos ser trabajadores de Dios, estamos en la obligación de estar atentos para ser comprensivos, tolerantes y compasivos. La clave para el progreso y la felicidad en el mundo bien podría ser la compasión y el dar sin esperar nada a cambio pero para alcanzar este estado de conciencia debemos purificar nuestros cuerpos y observarnos a nosotros mismos para transformar nuestras debilidades en poderes del Alma; eso traerá la paz interna y los deseos de dar en la obra de Dios.


Como acabamos de decir, si queremos ser compasivos, si queremos actuar como verdaderos trabajadores de Dios para dar y servir, hay que purificar los vehículos, es decir, el carácter y la manera en que pensamos y nos expresamos. Cuando más puros seamos mejor haremos nuestro trabajo en el mundo porque ser puro es “haber desarrollado la aptitud necesaria para hacer un santo servicio”, y puro es aquel que está libre y por encima de toda clase de corrupción y maldad física, moral y mental. Uno demuestra que ha alcanzado determinado grado de pureza cuando tiene y lleva a la práctica diaria toda una serie de ideales elevados; cuando lleva la paz y el servicio amoroso siempre consigo para basar su trabajo en ellos, y cuando el hombre irradia sus cualidades espirituales entre los demás puesto que la esencia de Dios no puede esconderse. Debemos hacernos dignos de las palabras del Maestro “Benditos los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.” Según se va desarrollando nuestro trabajo en la vida se va desarrollado la pureza en nosotros, nos vamos liberando del sufrimiento, de las rabias y apegos y de la influencia dominante del cuerpo de deseos y de la mente. Solo cuando el hombre se va unificando con su Alma puede decirse que nace la pureza que nos hace servidores de nuestros hermanos. La pureza es la antesala que nos permite reconocer a Dios en nosotros, pues la pureza es la conciencia purificada, beatificada y tan emancipada de la personalidad terrenal y de la mente que no permite la existencia del mal en nosotros.


Los vehículos o cuerpos sobre los que deberíamos prestar atención a su pureza son:

1º.- El cuerpo físico: El cual se debe mantener limpio, (por higiene) bien alimentado con alimentos sanos y principalmente no carnívoros. (Las personas avanzadas en espiritualidad deben hacerse vegetarianos cuando su conciencia les haga comprender que la carne forma parte de los cuerpos de sus hermanos menores en evolución y, por tanto, matarlos les impide su desarrollo por falta de vehículo para la experiencia) Al cuerpo físico hay que mantenerle en contacto con la naturaleza haciendo también ejercicio físico; no intoxicándole con tabaco, alcohol ni otras drogas; y llevando una vida sencilla y armónica. Hay un aspecto que no voy a tratar en profundidad en ese párrafo porque sería muy extenso, sin embargo, diré lo siguiente al respecto:

La energía creadora, Energía Divina, que aquí llamamos energía sexual, es como su nombre indica, una energía que parte de los planos espirituales y desciende por los diferentes mundos hasta el físico donde cumple una misión en todos ellos gracias a su doble polaridad. En el ser humano se manifiesta como energía creadora sexual y su función es la de procrear cuerpos para que los Espíritus puedan renacer, experimentar y evolucionar. Puesto que el ser humano está evolucionando desde un estado de semi-animalidad a humano, esta fuerza ha sido utilizada de forma indiscriminada porque el hombre ha sido (y aún sigue siendo en gran medida) dominado por los deseos, pasiones, lujuria, emociones, etc. Sin embargo y gracias a la mente, muchos aspirantes espirituales han conseguido doblegar esas pasiones y esos deseos inferiores para que eso no ocurra. También otras muchas Almas que en esta vida se han entregado a la vida devocional (por ejemplo las monjas y sacerdotes) han conseguido doblegar las pasiones y no hacer uso de esa energía en ningún sentido. El ocultista sabe que esa energía solo se debería utilizar para la procreación ya que hacer uso de ella para la satisfacción sexual es ir contra las leyes divinas, las que, en un futuro nos limitarán en algún sentido como efecto kármico.


2º.- El cuerpo de deseos o emocional: La pureza del cuerpo de deseos se consigue principalmente gracias al control de los deseos y emociones de éste lo que, en principio, se basa en seis formas de actuar:

A) No pensando en nada que pueda estimular el apetito sexual ni cualquier otro deseo o emoción inferior que nos lleve a actuar peor que los animales.

B) Rechazando (pensando en lo contrario o en cualquier motivo espiritual) los estímulos negativos del cuerpo de deseos y de otros pensamientos que puedan venir de la atmósfera externa o de otros.

C) Impidiendo que los sentidos se centren en todo lo que pueda impulsarnos al deseo sin control.

D) Manteniendo nuestra conciencia en el aquí y ahora porque estando presente conscientemente en lo que estemos haciendo tenemos pleno control sobre nosotros mismos y podemos evitar todo lo anterior.

E) Viendo al sexo contrario como a un/a hermano/a o a una madre o padre al cual se respeta como tal.

F) Transformando los bajos deseos y pasiones en el mismo momento centrando nuestra atención en oraciones, ejercicios e ideales espirituales.

Francisco Nieto