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lunes, 19 de noviembre de 2012

AUTOANALIZÁNDONOS PROFUNDAMENTE (II)




La humanidad ha pasado por varios estados de conciencia muy similares a los de los reinos que nos siguen, actualmente se dice que evoluciona en dos estados llamados de sueño y de vigilia, pero que en un futuro desarrollará otros superiores entre los que se encuentra el de la conciencia de sí mismo. Lo cierto es que, aunque nos parezca difícil de creer, nuestro estado de conciencia de vigilia es muy parecido al de sueño porque, como algunos dicen hoy, estamos dormidos. ¿Por qué digo esto? Pues porque, como he dicho antes, no somos conscientes de lo que somos y lo que hacemos como individualidad o verdadero Yo. Pocas personas y pocas veces son conscientes de lo que ocurre en ellas o a su alrededor salvo en ciertas situaciones notables por su originalidad, emocionalidad, peligro o de silencio mental. Son precisamente estos esporádicos momentos de consciencia los que quedan muy claros en la memoria, pero aunque sean momentos de consciencia no tenemos control sobre ellos. Como podemos ver, si queremos ser progresivamente más conscientes debemos eliminar de nosotros la creencia de que nos conocemos y de que somos lo que creemos ser (hay que superar la ignorancia) y analizarnos detalladamente para ver cómo funcionan las partes de ese “todo” que llamamos personalidad.



El hombre piensa, siente, tiene un aspecto instintivo interno que, entre otras cosas, mueve el organismo, y tiene una función motriz relacionada con el cuerpo físico. A nosotros nos interesan principalmente los aspectos del sentir (cuerpo de deseos o emocional) y del pensar (cuerpo mental) ya que el aspecto superior de estos cuerpos que desarrollaremos en el futuro, no son tan influyentes como los otros. Nuestra manera de utilizar la mente (procesos mentales, razón, imaginación, comparación, etc.) suele estar unida al sentimiento, al deseo o a las emociones (vicios, alegría, miedo, odio, etc.) y por eso tienen que ser comprendidas y observadas detenidamente como funciones de sus correspondientes cuerpos que actúan principalmente en el estado de conciencia de vigilia. Dejando a un lado el estado de conciencia de sueño por ser un estado subjetivo y pasivo donde no hay orden ni control voluntario, nos centraremos en el estado de conciencia de vigilia que es dónde actuamos, nos expresamos y creemos ser conscientes.


Ya hemos dicho que la humanidad ha pasado por unos estados de conciencia similares a los que están pasando los reinos de la naturaleza que nos siguen, nuestro anterior estado fue el de sueño con ensueños y el anterior a este fue el de sueño. Es decir, pasamos de vivir en una conciencia vegetal (sin imágenes) a otra animal con imágenes en nuestro interior como ocurre en los sueños; de aquí que se diga que la conciencia evoluciona y tiene grados. Pero desde que adquirimos la mente y percibimos el mundo físico (fuera y no dentro de nosotros) creemos que estamos en el estado de conciencia de “despierto” como opuesto al de “dormido”, y sin embargo no es así porque nos encontramos más bien en una etapa intermedia entre sueño con ensueños y despierto. Lo mismo que en el pasado percibimos y tomamos conciencia del mundo físico progresivamente hasta llegar al estado de vigilia, también ahora estamos obteniendo el estado de conciencia de “despierto” progresivamente para que, cuando lo alcancemos seamos total y perfectamente objetivos; a partir de entonces se desarrollará el superhombre futuro. Por este motivo nos influyen todavía los sueños, estamos pasando de un estado subjetivo a otro futuro objetivo sobre nuestro Ser, es decir, en el pasado no reconocíamos al Yo sino que nos guiábamos por los muchos yoes (sobre todo del cuerpo emocional) y al obtener la mente estamos empezando a tener vislumbres del Yo pero aún nos queda mucho para que suplante a la personalidad. Ahora distinguimos entre nosotros como personalidad y todo lo demás que nos rodea, pero no estamos lo suficientemente despiertos como para distinguir y actuar como el verdadero Yo o individualidad separada de sus cuerpos. De aquí que por tener una conciencia de personalidad (dominada por los prejuicios, impactos, miedos, deseos, sentimientos, pensamientos automáticos, instinto, imaginación, etc.) y no la del Ego, digamos que estamos semidespiertos. Si estuviéramos despiertos no nos dejaríamos dominar por todos esos aspectos de la personalidad y seriamos más objetivos en los asuntos que llevan al desarrollo del Alma.


La conciencia que estamos desarrollando progresivamente en la etapa actual de la evolución se podría llamar consciencia de sí y gracias a ella seremos objetivos respecto a nosotros mismos en un futuro próximo, pero lo que separa estos dos estados intermedios de la consciencia son los sueños, la imaginación, el instinto, los sentidos y otros estados subjetivos de la conciencia. Pero el hombre seguirá semidormido mientras no se dé cuenta de que se encuentra en ese estado de inconsciencia de la realidad. Al igual que en el sueño no somos capaces de distinguir los sueños de lo que actualmente llamamos “realidad”, tampoco la mayoría de las personas distinguimos la diferencia entre la conciencia actual de semidespiertos y el verdadero despertar que nos permite ver la realidad. En el estado semidespierto podemos conocer la realidad de una forma muy relativa, pero sólo cuando alcancemos la conciencia de sí podremos conocer la realidad sobre nosotros mismos y para ello hay que empezar por observarnos, conocernos y analizarnos profundamente. Sólo en la siguiente etapa evolutiva conoceremos la realidad del mundo en que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser. Para alcanzar la autoconsciencia o conciencia de sí debemos poner en acción la voluntad todo el tiempo posible y esto dependerá siempre del dominio propio, es decir, del poder que tengamos, particularmente, sobre el cuerpo de deseos y sobre la mente. Si nos preguntamos a nosotros mismos que si somos conscientes, en ese momento diremos que sí porque la pregunta misma nos lleva a conciencia de sí mismo, pero a continuación estaremos influenciados y dominados por los hábitos, la imaginación, el instinto o por la mente que estará pensando sin control por parte de la voluntad que es complementaria de la consciencia; mejor dicho, volveremos a estar semidespiertos.


El párrafo anterior nos lleva a comentar algo sobre las escuelas. La vida es una escuela y en cada renacimiento aprendemos y elevamos la conciencia gracias a la “programación” que traemos y que hemos asumido y aceptado antes de renacer pero, como todo en la evolución y como los niños en el colegio, tiene que haber medios por los cuales podamos acelerar el aprendizaje y desarrollar nuevos poderes. Las religiones y escuelas actuales (metafísica, hinduismo, teosofía, autoayuda y espiritualidad entre otras) pueden ayudar a dar un paso más hacia ese despertar futuro pero hay otras que ayudan a desarrollar la conciencia de sí mismo o del Yo superior. Las escuelas que en ocultismo llamamos iniciáticas tienen métodos que no se pueden encontrar y no se pueden comprender con la consciencia de semidespiertos y por eso solo llegan a ella los que (porque está en su destino) se acercan o están preparados para ampliar la conciencia gracias a sus enseñanzas. Estas escuelas tienen un método por medio del cual y progresivamente los aspirantes reciben una enseñanza individual que no sirve para todos ni se puede dar públicamente. De aquí que, quien en su grado de desarrollo, se haya dado cuenta de que necesitan algo nuevo y superior para continuar, necesite una escuela. Otra cosa es que su voluntad se debilite o que no quieran esforzarse en seguir sus métodos y enseñanzas y se marchen, o también, que una vez aprendido todo lo que creen necesario decidan marcharse y poner en práctica esas enseñanzas toda su vida. Pero, de cualquier forma, las escuelas de Misterios son y serán necesarias para todos y estar en ellas requiere mucha paciencia, persistencia, sacrificio, esfuerzo y voluntad.


Volviendo de nuevo al estudio y análisis del hombre tenemos que decir que éste se divide en dos partes: primera, la personalidad que ya hemos explicado y que es el falso yo u hombre y, Segunda el Ego o Alma que es el verdadero Yo superior o Ser. La personalidad está compuesta de cuatro cuerpos que sirven como vehículos para el Ego, estos se pueden cambiar pero también perjudicar. El Ego o Alma es la esencia de todas las experiencias obtenidas con dichos vehículos y a lo largo de todos sus renacimientos como humano. La personalidad está compuesta por todo lo aprendido consciente o inconscientemente (educación, enseñanzas, experiencias, por imitación o instinto, etc.) y ésta se puede manifestar mejor o peor dependiendo de la influencia o poder que el Ego tenga sobre ella. Por tanto, cuando el Ego domina la personalidad ésta se interesa por lo que es bueno para ella, pero cuando domina la personalidad, ésta se interesa por lo que es malo para el Ego. La personalidad es imprescindible para el Ego porque sin ella no habría evolución, por eso y partiendo de un equilibrio entre ambas partes, es el Ego quien debe manifestarse cada vez más en la personalidad gracias a que la personalidad trabaje a favor del Ego.

Francisco Nieto

domingo, 4 de noviembre de 2012

AUTOANALIZÁNDONOS PROFUNDAMENTE (I)





Analizando la evolución de la humanidad a través del esoterismo podemos afirmar que el estado actual de la misma se ha alcanzado gracias a las leyes de Renacimiento y de Consecuencia; analizándola desde el punto de vista de la misma humanidad podríamos afirmar que ha sido gracias a la religión, al arte y a la ciencia; pero analizándolo como individuo desarrollado psicológica y espiritualmente, tendríamos que decir que también ha sido gracias al esfuerzo y a la persistencia que cada uno hemos puesto en llevar a la práctica nuestra propia filosofía de vida basada en todo lo anteriormente mencionado. Todas las religiones de razas han tenido y tienen unas enseñanzas que han ayudado al hombre a desarrollar su aspecto interno y esto se ha conseguido cuando se ha llevado a la práctica su aspecto filosófico y psicológico. Todas las religiones han dejado grandes obras literarias espirituales y otras enseñanzas ocultas (India, Tíbet u occidente entre otros), otras escuelas han dejado escrito profundas filosofías o “Misterios” (Grecia o Egipto) y entre todas ellas se creó una nueva enseñanza basada en los símbolos, (astrología, magia, ocultismo, alquimia…) y todo con el único fin de ayudar en la evolución de cada individuo.


El hombre actual llegó a ser “humano” gracias a las Jerarquías Creadoras que, evolutivamente hablando, van por delante nuestro y cumplen el “Plan de Dios”, pero a partir de hacerse autoconsciente en la Época Atlante es el hombre mismo quien se hace responsable de su destino y de su evolución, esforzándose y avanzando o no esforzándose y muriendo casi como nació. Así es que siempre hemos necesitado ayuda, tanto antes de la autoconsciencia como individuos humanos como después de la misma, y esa ayuda siempre ha estado a disposición del que se ha querido esforzar por ser diferente. Quien no progresa, se desarrolla y se diferencia más del grupo es porque no quiere, no se esfuerza o no comprende la manera en que esas ayudas le pueden servir. Son muy pocos los que se conforman con lo que tienen y con lo que son, incluso los deseos de elevación temporales o los problemas y el descontento con las circunstancias que nos rodean son suficientes para hacer que nos sacrifiquemos por ser diferentes y actuar de otra manera. Estamos tan acomodados y satisfechos con lo que somos y tenemos que no queremos esforzarnos en cambiar ni en saber quiénes somos y qué potencial tenemos. Solo el hecho de esforzarnos en saber quiénes somos y el desarrollo individual que podamos alcanzar (hacernos diferentes) nos puede facilitar una serie de facultades y poderes que ni siquiera imaginamos, pero para alcanzar esto, primero hay que comprender lo que somos, las posibilidades y herramientas que tenemos a nuestro alcance, y (muy importante) lo que no somos y creemos ser. Por consiguiente, el hombre debe conocerse a sí mismo y para ello también debe autoanalizarse profundamente.


Para la mayoría de las personas es difícil admitir y creer que somos autómatas, que no actuamos como un verdadero Yo, y que tenemos los suficientes medios para comprenderlo y dejar de actuar como lo que no somos. En cada momento actuamos de diferente forma (como diferentes yoes) según las influencias, circunstancias o impactos externos. Respondemos y nos expresamos en pensamientos, deseos, emociones, palabras y acciones según lo que nos llega, según lo que sentimos y según las experiencias y lo guardado en la memoria y en el subconsciente. Sin embargo y aunque creemos que somos nosotros como yoes los que actuamos, pocas veces es así porque, en realidad, podríamos decir que las cosas suceden porque somos llevados de un sitio para otro por los hilos de las circunstancias, de los diferentes vehículos (cuerpos del Yo superior o Ego) y de la escala de valores que cada uno de nosotros tenemos. Comprender esto es dar un primer paso para comenzar a cambiar y a ser diferentes de la mayoría. Está claro, pues, que si no comprendemos que somos autómatas o no queremos admitirlo, poco podremos cambiar y moriremos más o menos con el mismo desarrollo que traíamos al nacer. Creemos ser una individualidad porque nos identificamos con un nombre, por las sensaciones que nos produce el cuerpo físico y por la educación, experiencias y costumbres que hemos adquirido. Pero la realidad es que cada pensamiento, sentimiento, deseo, palabra y acción son manifestados (generalmente) sin voluntad ni consciencia, lo que nos viene a decir que son falsos yoes. ¿Y por qué decimos que no actuamos como una individualidad o verdadero Yo? Pues porque cada una de estas manifestaciones o expresiones no parten desde un mismo centro psíquico ni están coordinados por una misma voluntad y conciencia sino que cada una de ellas surge de manera independiente dependiendo de las impresiones y circunstancias externas.


Estas expresiones automáticas o instintivas pueden tener relación entre ellas en un momento dado pero también pueden estar cambiando constantemente sin que nosotros lo impidamos, (por ejemplo la mente pensante, los deseos o las emociones) porque no hay control ni, por consiguiente, orden ni sistema. Estas expresiones, respuestas automáticas, etc., son pequeñas partes (yoes) de la personalidad que tienen su ubicación y relación con el cerebro y con la mente pero que no tienen que ver nada con el Ser representado como voluntad y consciencia; por tanto y aunque pretendan representar a la individualidad o Ser no lo son. Comúnmente, cuando decimos “yo” o “yo soy” creemos que lo estamos diciendo como el verdadero Yo, Alma o Ego, sin darnos cuenta de que es la personalidad quien está suplantado a la individualidad. Así, podemos afirmar, creer, ver, pensar o desear algo según lo estamos percibiendo (un yo personal) y al rato podemos cambiar de opinión y afirmar otra cosa porque otro yo personal nos “habla” más fuerte y más claro. Está claro, pues, que para comenzar a cambiar hay que analizarse y hay que desarrollar todo aquello que creemos ser (una individualidad con voluntad y consciencia) además de comprender cuáles son los poderes o herramientas que tenemos y cuáles faltan. Pero, como he dicho, lo primero es admitir que lo que creemos ser no es el verdadero Yo o Ego y que tenemos que observar y analizar lo que somos para poder convertirnos en lo que aún no somos.


El primer paso en este sentido es actuar como consciencia, es decir, darnos cuenta de la actividad mental que como personalidad tenemos; observar atentamente cómo respondemos a través de los diferentes cuerpos (cuerpo mental, emocional y físico); darnos cuenta de que somos “algo” separado de todo eso; y observar a la personalidad respecto a lo que hace, lo que sabe, dónde está, cómo reacciona, etc. Esta es la manera de hacernos conscientes de nosotros mismos (como un Yo superior) de separarnos de la personalidad y de conocernos a nosotros mismos actuando siempre que podamos como consciencia. Cada uno de nosotros hemos llegado a desarrollar las bases de cada personalidad antes y después de la muerte pero es a partir de cada renacimiento cuando, en cada vida, se forma el carácter y personalidad que confundimos con la individualidad. Pero, lo mismo que cada personalidad es diferente en grado de desarrollo físico, moral e intelectual, también la conciencia o Yo superior de cada uno es de diferente grado como podemos ver en el hecho de que algunos se pueden hacer conscientes de sus actos fácilmente, mientras que otros ni siquiera admiten esa posibilidad.


Cuando un aspirante a la vida superior desea llevar a la práctica estos conocimientos tendrá o podrá alcanzar diferente grado de conciencia dependiendo del tiempo y momentos que sea consciente al cabo del día y del alcance y profundidad de esos momentos de conciencia. Por tanto, el autoanálisis que queremos explicar aquí con la intención de ayudar al desarrollo de la individualidad, lleva a la autoconsciencia de uno mismo y a conocerse y a observarse como consecuencia. Debe quedar claro que el hecho de observar el mundo que nos rodea, de recordar o de pensar, no significa “ser consciente” o autoconsciente, porque son precisamente esos hechos los que, por lo general, crean la ilusión de ser conscientes de nosotros cuando no es así. Yo puedo estar pintando uno de mis cuadros concentradamente con el pensamiento de que estoy pintando y, sin embargo no ser consciente de ello, es más, por la noche puedo verme en una retrospección pintando dicho cuadro y tampoco ser consciente puesto que solo estaría trabajando con la imaginación y la memoria. Sin embargo, si observo atentamente mi mano mientras pinta, (sin pensar) y voluntaria y conscientemente la dirijo y controlo como una herramienta que me pertenece como Yo, entonces me hará autoconsciente de ese momento presente.

Francisco Nieto