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jueves, 18 de octubre de 2012

LOS INSTRUMENTOS DEL EGO Y SU DESARROLLO (y V)



Si analizáramos nuestros pensamientos, nuestras “ideas” y lo que decimos, nos daríamos rápidamente cuenta de que pensamos muchísimo menos por nuestra cuenta de lo que pensamos; que nos expresamos mayormente según lo guardado y escuchado de otros; que nos expresamos como si todo fuera nuestro y verdad dándonos cuenta después de que no todo es así; y de que creemos y nos guiamos por todo lo que oímos (personas, medios de comunicación, noticias, etc.) repitiéndolo personalmente. La verdad es que estamos sugestionados por todo lo que nos rodea en mayor o menor grado y de acuerdo a la voluntad y al discernimiento de cada uno. La sugestión tiene su lugar en la mente y ese lugar comienza a llenarse desde que nos educan en nuestros primeros años de vida. Cuanto menos poder de la individualidad más débil se es ante las sugestiones de los demás; así, se acepta los pensamientos, ideas y palabras de otros y se guardan en el subconsciente para luego expresarlo como pensamientos o ideas nuestras. Al igual que el débil receptor es más sugestionado, también el de más autoridad y más carácter es el que más poder tiene de sugestionar, pero lo cierto es que somos sugestionados por esas personas o porque imitamos o repetimos lo de otros. Los comerciales, vendedores o conferenciantes que hablan con firmeza, autoridad y poder de convicción son, entre otros, unos de los que más sugestionan. Qué decir tiene de los políticos, de los hombres poderosos o de muchos religiosos y predicadores que hablan por ellos mismos y dicen hablar por las enseñanzas de sus religiones o de Dios. La música, los símbolos, determinados objetos, los colores, etc. son motivo de sugestión en nosotros porque despiertan sentimientos o deseos. Como resultado de todas estas sugestiones externas podemos ver que la mayoría de las veces no somos nosotros los que nos expresamos sino que repetimos e imitamos lo de otros con poder de sugestión. Para rechazar tanta sugestión externa lo primero que hay que hacer es fortalecernos como individualidad y utilizar el discernimiento para distinguir y clasificar lo que nos llega de otros y del mundo que nos rodea para así admitirla o rechazarla; evidentemente conviene apartarse de estas fuentes de sugestión.



Hablando de sugestión y puesto que estamos analizando la verdadera constitución del hombre y sus instrumentos, no podemos continuar sin mencionar algo sobre la sugestión que nos hacemos nosotros mismos. La auto-sugestión tiene su poder cuando repetimos ciertos pensamientos dirigidos a nosotros mismos llevándolas a cabo a continuación. Es la expresión la que hace que un pensamiento normal se convierta en sugestión, qué decir tiene que la repetición y las afirmaciones aumentan dicho poder, prueba de ello son los mantrams tan de moda hoy día o el simple hecho de repetirse uno mismo “yo soy….” Porque tarde o temprano actuará en esa línea de conducta. Lo mismo que una persona que se sugestione afirmándose a sí misma que es despistada puede actuar en ese sentido. También puede hacerlo para decir “no” a cualquier deseo que le domine, solo tiene que repetirlo con afirmación y autoridad, sobre todo si lo complementa imaginándose la situación, puesto que esta repetición crearía el hábito. La auto-sugestión voluntaria es la manera que tiene el Ego de proponerse alcanzar un nuevo estado mental positivo que cambie el carácter o naturaleza de la personalidad. Al igual que ocurre con los deseos, emociones y pensamientos, también aquí podríamos decir que somos el resultado de lo que hemos dicho y pensado de nosotros mismos y de lo que sabemos que otros dicen, ya que esto queda grabado en el subconsciente para luego pasar a la consciencia y a la acción. Como consecuencia de todo esto no deberíamos pensar nada negativo de nosotros (y si lo hay habrá que superarlo) y, al contrario sugestionarnos con que nuestra voluntad y nuestra mente son poderosas y las podemos utilizara para nuestro desarrollo espiritual. La auto-sugestión nos ayudará en gran medida a conseguir esto, sólo tenemos que darnos a nosotros mismos las correspondientes órdenes y visualizar la situación que deseamos conseguir.


La voluntad está íntimamente relacionada con el deseo como podemos ver al decir que se puede desear todo lo que se quiera sin tener que poner la voluntad en acción pero que es muy difícil poner en actividad la voluntad si no hay un deseo. Son muchas las veces a lo largo del día que nuestros deseos nos dominan y obligan a utilizar la voluntad pero son pocas las que utilizamos la voluntad conscientemente para anular la expresión de un deseo. Pero la voluntad tiene un aspecto que nos puede ayudar a dominar el deseo y este es la libertad de elegir (seleccionar) a la luz del discernimiento, el problema surge cuando la voluntad tiene que luchar contra un hábito formado por la repetición de determinado deseo. Entonces es cuando se suele demostrar la fuerza y la educación que cada uno ha hecho de su mente pero, de una forma u otra, lo mejor es analizar el deseo separado del hábito y del propio Ego y proponerse con una fuerte voluntad actuar de alguna de las siguientes formas (entre otras posibles)


1ª.- Juzgar razonablemente, como si de un juicio se tratara, al deseo.

2ª.- Proponerse, a partir del primer punto, que cuando surja ese deseo no se le va a prestar atención ni se va a pensar en él.

3ª.- Proponerse que, aun en momentos de debilidad, la firmeza de la voluntad será tal que siempre se dirá que no al deseo.


Aún así no hay que olvidar que el Ego es el que tiene el poder de dirigir la mente, el cuerpo de deseos y el cuerpo físico respecto a hacer o no hacer algo que se desea, por eso mismo y como suelo decir, es conveniente auto-observarse para ver cómo y qué pensamos y sentimos momento a momento. Por otro lado, también está claro que se debería formar una idea clara o ideal de lo que queremos conseguir y fortalecer la voluntad con afirmaciones positivas pensando en el futuro.


Hoy cada día se afirma y se demuestra más que según se piensa y se siente (clase de pensamiento, sugestiones propias, imaginación, hábitos de pensar, etc.) así repercute sobre el cuerpo físico. Los especialistas confirman los malos efectos del miedo o de la ira sobre el carácter y también sobre el organismo mientras que la esperanza o el optimismo hacen lo mismo en sentido positivo para la salud. Lo mismo podemos decir sobre la imaginación, las pasiones o la auto-sugestión, etc., confirmando la experiencia entonces que cuanto más elevada e intensa sea la fe, la esperanza o la positividad de pensamientos, mejores resultados se alcanzarán para el organismo. El cultivo de positivas emociones, deseos y pensamientos a la vez que vivimos con confianza en lo divino, con esperanza de alcanzar nuestros ideales y con buena voluntad, nos situará en un nivel de consciencia y en un estado de salud envidiable.


El hombre no debe tener el concepto de sí mismo de que es un mero instrumento del destino dominado por las influencias y las probabilidades, el verdadero Ser o Ego está por encima de todos los conceptos o partes que componen sus vehículos y tiene el poder de la voluntad y de la mente para dirigir su destino desde dentro. El hombre puede hacer de sí mismo, de su mente y de su vida lo que quiera; él es el creador de su propio destino. Ya hemos podido comprobar a lo largo de estos párrafos que en la personalidad hay muchos factores y que normalmente los utilizamos en sentido negativo pero también hemos podido comprobar que la individualidad o Yo superior tiene los medios suficientes a su alcance como para transformarla. Es el Ego (cochero) quien a través de las riendas (voluntad) debe dominar y dirigir a los caballos (mente pensante, imaginación, deseos, emociones, etc.) Por consiguiente, hay que tener unas riendas fuertes y ser un conductor hábil y observador cuyos ideales de destino deberían ser los más elevados. El dominio de la mente es la clave para que nos expresemos con la mejor voluntad y para que utilicemos todos los instrumentos a favor de nuestro propio desarrollo y el del resto del mundo.


La doble polaridad existe en todo el universo pero es el uso de la mente (desde el punto de vista positivo o negativo) bajo la voluntad el Ego la que puede hacer bien o mal, tener fuerza o impotencia, equilibrio o desarmonía, etc. Todos somos libres de dirigir nuestra vida y nuestro destino hacia el lado del bienestar y del éxito o al de los problemas y el fracaso; todos podemos ejercitar el libre albedrío sobre nuestros aspectos o instrumentos internos para tener una vida llena de paz y felicidad interna o lo contrario. Poco se ha debido enterar el lector de todo lo explicado si no pone en práctica lo dicho en estas líneas con tal de transformar su carácter que, en definitiva es crear un nuevo destino. Cada persona interesada en progresar espiritualmente por cualquier medio a su alcance, debería poner en práctica estas y otras muchas enseñanzas similares como “medios para acelerar su desarrollo en el Sendero de Perfección. Pregúntese el lector ¿Me ayudan estas enseñanzas a ser mejor, a ser más fuerte, a ser más eficiente y espiritual? Si es así, como debería ser ¿Por qué esperar más tiempo para poner manos a la obra?



Francisco Nieto