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miércoles, 26 de septiembre de 2012

LOS INSTRUMENTOS DEL EGO Y SU DESARROLLO (IV)


La auto-observación y el recuerdo de sí mismo deben ser una constante en el control y uso de los vehículos del Ego si queremos que las emociones positivas (evitando las negativas) formen parte del carácter. Recuerden lo dicho sobre los hábitos y tendremos la clave para la solución, la repetición del aspecto contrario y la expresión física contraria al sentimiento negativo que queremos erradicar serán suficiente. Como ya he dicho, la voluntad es la base del desarrollo siempre que se sepa utilizar para el beneficio del Ego. La persona que piense en tristezas y se sienta en un sillón con una posición de decaimiento y abatimiento creará melancolía; la persona que se proponga y persista en no manifestar la pasión o el deseo que le domine conseguirá que éste muera; y la que, antes de enfadarse espere unos segundos y analice el motivo comprenderá que es absurdo. Recuerde lo dicho sobre la auto-programación e imagínese optimista, con fuerza para vencer un hábito o emoción, hinche el pecho y hable y piense con la autoridad del Ego para salir airoso de la lucha; imagine todo esto una y otra vez y formará el carácter que desee con las emociones y sentimientos que desee.



Tenemos otra facultad (por lo general mal o poco utilizada voluntaria y conscientemente) que también podría considerarse un instrumento del Ego y que, bien utilizada nos puede servir de ayuda para el desarrollo, esta es la imaginación. Cuando se limita y se adapta a nuestras necesidades de una forma razonada podemos utilizar la imaginación de forma creadora y constructora respecto a arquetipos o diseños que se desarrollarán físicamente en un futuro más pronto que tarde; como ejemplo podríamos decir ciertas invenciones o descubrimientos. La imaginación es algo así como el arquitecto de hechos o acciones futuras, pero por eso mismo una mente malévola o mal educada puede verse arrastrada lleno de surrealismo, tinieblas y confusión. Lo cierto es que la imaginación se usa más, comúnmente, en su aspecto ocioso, fantasioso y de ensoñación que en su aspecto creador, o de prevención futura, y este uso de su aspecto negativo es similar a lo que comúnmente llamamos “soñar despierto” ¿De qué sirve imaginarnos que somos muy importante en determinado sentido o que hemos conseguido tal o cual cosa de inmenso valor? Es preferible no caer en ese aspecto fantasioso de la imaginación y ser realista para utilizarla consciente y voluntariamente a favor de la creatividad y la espiritualidad.


El uso positivo de la imaginación trae progreso, propósito y realización. Haríamos muy bien en imaginar a diario toda una serie de hechos provechosos para que queden grabados en el subconsciente porque la voluntad hará uso de ello en su momento. En casi todos los trabajos y acciones se puede usar la imaginación visualizando los hechos por adelantado de una manera perfecta y positiva y intentando llevarlos a cabo en su momento; esto se convertirá en hábitos y traerá sus frutos. Es mejor imaginar propósitos y hechos constructivos y cambiarlos o reformarlos mil veces que soñar despierto; y tan útil como es eliminar imágenes mentales que detestamos o que nos perjudican porque no entran en nuestros planes de progreso ni concuerdan con los planes de Dios. Un uso de la imaginación que podríamos practicar a menudo por sus buenos resultados es el hecho de vernos tal y como deseamos ser porque cuando se persiste llegan a realizarse las visualizaciones. Por tanto, sabiendo que la imaginación es la que crea el molde o diseño de lo que se crea en el futuro, no sólo deberíamos estar más pendiente de lo que imaginamos y programamos, sino que deberíamos preguntarnos ¿mis imaginaciones son positivas o negativas, me hacen bien o me perjudican?


La memoria, por otro lado, no es propiamente una facultad sino que es más bien uno de los poderes de la mente porque el desarrollo y la educación de las personas dependen en gran parte de este poder. Tengamos en cuenta que sin la memoria (que comunica a la mente) donde está el recuerdo de las experiencias, cada acto que se haga sería nuevo; o sea, seríamos como el niño pequeño que está aprendiendo pero que nunca terminaría de aprender. La memoria está formada de impresiones, ideas y pensamientos guardados en “registros” que, según se repitan las impresiones se pueden elevar a la consciencia para uso del Ego. Cuando se rememora algo puede ocurrir que se guarden nuevas ideas que alteren los originales, incluso la imaginación puede alterar estos registros; de ahí que, en estos casos, sea conveniente ser fiel a lo guardado o intentar que la reforma sea para mejor desde el punto de vista moral, intelectual o espiritual. Las grabaciones en la memoria se hacen en mayor o menor profundidad dependiendo del interés y la atención que se ponga; es conveniente tener presente que si las impresiones originales de la memoria no son profundas y claras, las reproducciones tampoco lo serán. La educación de la mente tiene una directa relación con el cultivo de la memoria porque toda actividad de la mente depende de la memoria. El cultivo de la memoria perfecciona el poder de la percepción y desarrolla la voluntad pero una persona sin memoria roza la imbecilidad.


Antes de pasar a explicar ciertos aspectos creadores de la mente y de la propia mente quiero analizar más detalladamente otro aspecto interno que he mencionado mucho a lo largo de estos párrafos, este es el deseo. Se dice en filosofía oculta que los deseos (cuerpo de deseos o emocional) son el incentivo para la acción pero que, si no nos queremos ver arrastrados por ellos debemos gobernarlos con la mente y analizarlos a la luz del discernimiento. Un hombre tiene determinado carácter y comportamiento de acuerdo a la calidad y grado de sus deseos. ¿De qué sirve tener una gran percepción, juicio o imaginación si no tenemos un fuerte deseo para controlarlas y llevarlas a la práctica? El deseo impulsa a la acción (sea física o mental) de acuerdo a la voluntad. Para hacer o manifestar cualquier cosa o hecho es necesario que lo deseemos consciente o inconscientemente. Podríamos asegurar que nuestra vida depende del deseo y que ésta puede ser de una forma u otra dependiendo de su calidad y grado de desarrollo moral y espiritual. Los hechos y la consumación de nuestros ideales dependen del deseo porque las aspiraciones o ansias por conseguir algo dependen también de él. La diferencias entre alcanzar los objetivos deseados o no dependen del grado porque, como todos sabemos, muchos confunden el “quisiera” (deseo de menor grado) con el verdadero deseo que incita a la voluntad. Es cierto que la voluntad es el poder que gobierna la mente pero la voluntad sin deseo que impulse se queda en poca cosa, es más, la voluntad es como el timón que dirige la fuerza del deseo hacia el objetivo deseado o incluso lo neutraliza. Esto es tan simple como decir que una persona puede utilizar su voluntad si tiene voluntad para ello porque, por muy claras que tenga las ideas del subconsciente, memoria, imaginación, etc., si no hay deseo que impulse y voluntad de acción nada conseguirá.



Generalmente se dice que el deseo surge del subconsciente, bien como una reproducción de alguna emoción experimentada conscientemente (a modo de memoria) o como respuesta a otras impresiones guardadas pero puestas en actividad por algún hecho externo; de una forma u otra tienen siempre una relación con la mente y con la voluntad. Como perteneciente al subconsciente tiene relación con la mente del pasado (además de con las emociones y los sentimientos) pero respecto al futuro está más unido a la voluntad por medio de la cual se transformará y espiritualizará. No se suele desear nada que no esté en el subconsciente como sentimiento o emoción (conocimiento deseado) ni tampoco si no ha sido una experiencia consciente; o sea, lo lógico es que ante lo desconocido no tengamos ni atracción ni repulsión. Las experiencias de cada vida más la quintaesencia de las mismas que obtenemos después de la muerte son las que transforman y purifican los deseos para que elevemos cada vez más la conciencia. Pero, mientras tanto, la mayoría de los humanos se dejan dominar por los deseos más bajos, ya que no hemos desarrollado el poder suficiente como para dominarlos con la razón y con la voluntad. Quien ha desarrollado estos poderes lo suficiente avanzará mucho en el camino de perfección y los deseos serán sus buenos colaboradores para alcanzar sus ideales y elevados objetivos.

Francisco Nieto

lunes, 3 de septiembre de 2012

LOS INSTRUMENTOS DEL EGO Y SU DESARROLLO (III)



Como podemos ver, la herramienta o vehículo físico que el Ego tiene para desarrollar sus poderes gracias al mundo físico trata de:


1º.- La percepción por parte de los sentidos.

2º.- La transmisión por parte del sistema nervioso.

3º.- El registro por parte del cerebro.


Pero también hay que decir que ni todo llega con la misma claridad ni todo llega al Ego si no hay interés y voluntad en la percepción de los hechos. Todos sabemos que una persona puede estar tan concentrada en lo que está haciendo que no se entere de otras cosas importantes a su alrededor, o que, a veces estamos mirando algo pero pensando tan profundamente en otra cosa que es como si no miráramos. Por tal motivo es conveniente poner interés en lo que se hace o nos atraiga porque esto desarrolla la voluntad y la voluntad es la base del progreso. Cuanta más atención haya más claras las percepciones y cuanto más claras sean éstas, más impresiones se grabarán y con más profundidad lo harán. Una fuerte voluntad demuestra que hay una fuerte individualidad que educa y gobierna la mente, lo contrario puede llevar a la idiotez. Todos los días hablamos con personas pero la mayoría de las veces no nos fijamos ni siquiera en la ropa que llevan puesta. Si, como sabemos, el subconsciente se abastece de impresiones gracias al interés y a la atención, deberíamos prestar atención a todo lo que hacemos, sobre todo para poder interesarnos en los hechos, ideas y sentimientos que sirvan de desarrollo espiritual, moral e intelectual. A una mente poco educada le será difícil concentrarse y practicará poco la atención voluntaria, al contrario, se sentirá interesada por cosas sin importancia, será distraída y estará influenciada por pensamientos ajenos a la voluntad. Por tanto, para desarrollar la atención se deberían llevar a cabo prácticas como por ejemplo:


1ª.- El hecho de observar los pequeños detalles nos lleva a desarrollar el interés y este interés hará que haya atención ocurriendo entonces que hay más interés.

2ª.- Hay que procurar que la atención no se debilite y para ello es conveniente buscar o crear nuevos puntos de interés o cualidades; estos cambios y nuevos detalles hacen más cómoda la atención y evitan que se canse.


Como vemos y podremos analizar más adelante, la voluntad es de gran utilidad para el trabajo a realizar respecto a las impresiones externas, pero no lo es menos respecto a lo interno (emociones, hábitos, deseos y ciertos aspectos mentales) El dominio de unas cosas u otras dependerá mucho del gobierno y la educación mental que cada individuo tiene, ya que la mente suele andar por lo fácil y conocido; es decir el camino de menor resistencia. Precisamente este andar siempre en las mismas cosas es lo que crea el hábito, el cual, por lo general, suele ser más malo que bueno, lo que no quita que lo positivo del hábito sea que podemos hacer que todos ellos sean buenos. Cuando un hábito se ha hecho fuerte y se afianza firmemente en el subconsciente es un nuevo aspecto del carácter y si éste es negativo, se necesitará una gran voluntad para erradicarlo, es más, por lo general, con la voluntad solamente no es suficiente. Fue San Pablo quien dijo que aun teniendo voluntad no podía hacer el bien que quería y que el mal que no quería sí lo hacía. El hábito tiene una relación directa con el subconsciente y por eso tan importante o más es saber la naturaleza del hábito como la manera de eliminarlo del carácter. De aquí que, además de voluntad, sea necesario combatir los malos hábitos con otros de naturaleza opuesta, o sea, dirigir la mente por nuevos senderos para que deje de recorrer los de menor resistencia. Por tanto, utilizando la imaginación, programemos y visualicemos cada mañana el nuevo carácter y la nueva imagen (contraria al mal hábito) en nosotros tan firme y claramente que el subconsciente nos lo recuerde a lo largo del día. A continuación póngase en práctica los nuevos hábitos o ideales para que, progresivamente, se repitan automáticamente; esto es, llevar a cabo o manifestar los deseos, sentimientos y pensamientos correspondientes para que los malos hábitos mueran de inanición. Por último, hágase cada noche una retrospección mental de los hechos del día para ver dónde, cómo y cuándo se ha vuelto a caer en el mal hábito y propóngase vencer la tentación al siguiente día. No olvidemos que cada victoria sobre un hábito representa más fortaleza y poder para eliminar otros, pero sobre todo, nunca se debe retroceder.


Cuando, como en este caso, se intenta explicar todo el mecanismo que utiliza el Ego o Yo superior para evolucionar y expresarse, nos podemos dar cuenta de que el cuerpo físico es el de menor importancia dentro de que también sea imprescindible para ello. El cuerpo físico es el vehículo que actúa en el mundo físico pero que expresa lo que se produce en lo interno (deseos, sentimientos, pensamientos memoria, imaginación, etc.) es decir, el carácter, de aquí que tengamos que analizar más profundamente los mecanismos internos para ver cómo funcionamos realmente. Esto nos lleva a poner en duda ese famoso proverbio que dice:”Según piensa el hombre, así es él”. El carácter y comportamiento de una persona no se basa solamente en su forma de pensar o en la clase de pensamiento puesto que el pensamiento se origina de acuerdo a las impresiones y sensaciones externas y internas que nos llegan por diferentes medios y que originan sentimientos, emociones, deseos subconsciente, memoria, etc. Un matemático o persona que trabaje con lo que comúnmente llamamos enseñanzas abstractas no puede hacer que su carácter sea abstracto, pero una persona normal que se interese por algo que estimule sus deseos o emociones sí puede moldear su carácter en ese sentido porque lo está creando en el subconsciente.


El ser humano tiende a parecerse a sus ideales, tiende a amar lo opuesto a lo que odia pero todo esto está unido a sus deseos, emociones y sentimientos. La mente o inteligencia es fría y aunque encontremos cierta satisfacción en pensar no deja de ser un trabajo relacionado con deseos, necesidad, curiosidad y otros sentimientos. Así es que, los ideales sobre los que se forma el carácter dependen de sus gustos repulsiones, sensaciones, emociones, etc. Por consiguiente, podríamos decir que el hombre actúa y es de acuerdo a sus ideales y a lo que ama porque: Primero, las acciones se producen según el molde de los sentimientos y deseos; y Segundo por lo general actuamos inconscientemente de acuerdo a nuestros deseos, placeres, odios y otros sentimientos y emociones. Otro carácter tendríamos si actuáramos siempre como cuando tenemos un problema serio que resolver que es cuando actuamos en consciencia y con discernimiento.


La emoción, de la cual se derivan los sentimientos, suele surgir de la toma de conciencia de algún hecho u objeto fuera de nosotros, de algún hecho guardado en la memoria, o de algo que traemos a la mente y que puede pertenecer al subconsciente, pero de cualquier forma produce sentimientos, impulsos de acción o actividad mental. De una forma u otra la emoción, el sentimiento y la acción reaccionan mutuamente sobre el Yo, por ejemplo: placer, dolor, amor, odio egoísmo, altruismo, etc., todos nos afectan y pueden llegar a manifestarse incluso en el rostro. Es un hecho que las emociones (miedo, ira, desconfianza…) nos afectan pero también lo es que nosotros podemos cambiarlas por medio de la voluntad y si no haga la prueba. Cuando por algún motivo perciba que se está enfadando sonría persistentemente y verá que el enfado desaparece, por este motivo podríamos decir también que el hombre es lo que su falta de voluntad ha permitido que sean sus emociones guardadas en su subconsciente.

Francisco Nieto