Entradas populares

viernes, 22 de junio de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (y VIII)



La cualidad de comprensión y de atención de la mente tiene relación con la conciencia, con el Ego, que es aquello que observa la realidad y presta atención sin ser emociones ni pensamientos. Es el Ego o Yo superior el que puede y debería observar los pensamientos que pasan por la mente para así ser consciente de que él no es la mente. El desarrollo de la meditación Vipassana y la atención plena ayudan a que la personalidad se convierta en observador de sí mismo y en pensador voluntario y consciente a la vez que se desapega de los pensamientos y de las emociones. La meditación, en su aspecto de “atención plena”:



1º.- Es ser conscientes ―como observadores― de la obra que se está representando en lo interno ―deseos, emociones, acciones y pensamientos automáticos, respuesta a las impresiones y sensaciones, etc.― incluyendo sus personajes o yoes inferiores.

2º.- Es prestar atención a todo lo que ocurre en lo interno constantemente y de forma voluntaria y consciente para poder ver la realidad.

3º.- Es la visión o intuición respecto a todo cuando existe pero que se pierde desde el mismo momento en que emitimos un juicio o valoración o designamos con palabras el objeto o hecho observado.

4º.- En la atención plena no hay yo definido que observar sino que trata de que el verdadero Yo superior se haga presente en cada instante de nuestra vida.


Si recordamos a una persona estamos recordando, y si nos hacemos conscientes de que estamos recordando estamos practicando la atención plena. Con esta práctica constante en el aquí y ahora nos damos cuenta de qué deseos, sentimientos, pasiones vicios, etc. dominan la mente y cómo responde ésta ante ellos; por tanto, la atención plena ayuda a expulsar de nuestra vida toda la maldad y todo aquello que nos tienta y que hace que nos creemos unos destinos kármicos de dolor y de pruebas. Si la concentración es enfocar la mente en un punto y no dejar que se desvíe, la atención plena es prestar atención a lo interno sin emitir pensamientos, libre de malos sentimientos y llena de amor y compasión. La concentración puede llevar a aspectos negativos como el egoísmo, mientras que en la atención plena no tiene que haber intención sino ser y vivir el presente como un observador desde los planos espirituales. La concentración necesita un objeto para fijarse, mientras que la atención no necesita nada especial, simplemente se observa lo que pasa por la mente y los cambios que se producen en lo interno sin implicarse en ello por ningún medio. En la atención plena no se lucha por ni contra nada porque esa misma lucha o clase de implicación nos apega al objeto, por tanto, es un esfuerzo sin esfuerzo. En esta práctica no tiene presencia el “mí” ni el “yo personal”, de ahí que se puedan ver las cosas tal y como son en realidad y por esto, cuando la atención plena se desvía, vuelve al objeto de atención sin lucha y sin esfuerzo. La atención plena es aceptar lo observado con paciencia, comprensión, amor y compasión por nosotros mismos.


Hay dos clases de atención, la automática que todo el mundo practica y la meditativa que, a su vez, puede ser activa o pasiva a voluntad. En la atención simple apenas se registra lo que está sucediendo a nuestro alrededor y no hay casi reacción, mientras que en la meditativa o atención plena se registra todo y se controlan las reacciones externas e internas incluidos los pensamientos. Pongamos en práctica la atención plena en este mismo momento ¿Dónde tiene la atención el lector? ¿La tiene en lo que perciben los ojos o quizás en un ruido que percibe por los oídos? ¿Qué sensaciones recibe? Preste atención y concéntrese en lo que percibe por algún sentido y note y viva las sensaciones que recibe sin emitir juicios a la vez que evita que la mente piense por sí misma. Luego cambie a otro sentido y haga lo mismo sin permitir que la mente se vea arrastrada ni que piense nada más que cuando usted quiera. A esto le podríamos llamar una cadena de sucesos con sus correspondientes impresiones o sensaciones, sin embargo, la atención plena permite interceptarlas cuando se quiera y dejar la mente en silencio para sentir la paz y la libertad. En realidad lo que vivimos, sentimos y expresamos en cada momento presente o ahora tiene sus causas en el pasado conocido y experimentado, todo es una constante causa-efecto que nos domina y ata, pero con la atención plena eso se puede evitar creando esos espacios vacíos de paz y libertad y pensando sólo y exclusivamente lo que se beneficioso para el desarrollo del Alma.


La atención plena capta los sentimientos y los puede evitar o controlar para que no lleguen ni obliguen a la mente a pensar, que es lo que normalmente ocurre; los sentimientos pueden tener a las personas todo el día entretenidas en evaluaciones, disyuntivas, etc., pero si la atención plena observa el sentimiento y no interviene sino que simplemente deja que pase, lo único que habrá ocurrido es que ha tomado conciencia de él y que se está practicando el desapasionamiento o desapego. A su vez, la mente y el corazón serán más libres y abiertos a otras influencias superiores como son el amor, la compasión, el servicio a la humanidad o la tolerancia entre otros muchos. Como ya hemos dicho, la mente está todo el día entretenida con cosas, hechos o recuerdos que, o bien lo atraen o bien la disgustan, estas actitudes hacen que el hombre pierda su equilibrio y que sufra psicológicamente. En la atención plena debe haber esfuerzo, concentración y atención para que haya armonía y equilibrio; una meditación sin calma serena no suele dar resultados por eso el esfuerzo no debe pasar de la raya para que no inquiete a la mente ni la concentración tampoco para que la atención no se restrinja. Por otro lado, la meditación puede ser compasiva con tal de mantener una mente abierta y receptiva; la meditación con sentimientos de amor y compasión desarrolla el altruismo o no egoísmo y elimina otros aspectos negativos del carácter como por ejemplo la cólera. Cuando se alcanza un nuevo condicionamiento de naturaleza moral y espiritual se anulan los viejos patrones de conducta, de esta manera los hábitos, vicios y respuestas automáticas negativas permiten libertad y nuevas relaciones cuando son eliminados por inanición.


Cuando el practicante de meditación y aspirante espiritual, además de ayudarse a sí mismo, desea hacer un bien a la humanidad, practica la meditación de amor benevolente. Esta meditación puede ir unida a la atención plena que se practique en la casa ―con previa preparación― y también a la que se puede hacer en cada momento o ahora. Pero debe quedar claro que con las intenciones no es suficiente, debe haber compromiso, esfuerzo y persistencia; una meditación de este tipo a diario es una forma de higiene mental anti estrés y que contribuye al equilibrio interno y a la armonía familiar. La visualización, la reflexión y la repetición basadas en el amor y en la compasión hacen surgir los más elevados sentimientos; practique estos aspectos en todo lo que vea, sienta y piense; ponga estos sentimientos en todo lo que observe y en todas las personas en las que piense; irradie ese amor benevolente y esa compasión hacia todas las personas que le rodean y a todas las que desee en la distancia; también así se practica la atención, la concentración y la meditación.


No cabe la menor duda que la mayor preocupación del hombre es ser feliz, de hecho, se esfuerza en conseguirlo en todo lo que se ponga a su alcance, sin embargo, la mayoría de las veces y de los esfuerzos solo traen frustraciones, problemas y dolor porque la mente es impura y solo actúa sobre lo irreal. Por eso, el motivo principal por el cual deberíamos practicar meditación es porque purifica la mente y trae paz, libertad y felicidad interna. También la meditación ayuda a superar la frustración y el sufrimiento causados por el egoísmo, la ignorancia y el odio entre las personas. La mediación, además de lo mencionado anteriormente, lleva a caminar por el camino de la sabiduría, por el camino de la liberación del karma y del renacimiento, y lleva a liberarse de todo lo que causa apego, decepción, sufrimiento, lamentación, etc. Ésta no trata de ignorar o dar de lado los problemas y los defectos, sino que los hace frente cuando surgen en las mentes y en las emociones. La atención plena de la meditación Vipassana nos despierta para estar presentes en cada momento y para que nos demos cuenta de la riqueza y la profundidad de las posibilidades que tenemos de crecimiento y transformación espiritual. Los temores, la inseguridad y la ignorancia que nos dominan hacen que nuestras acciones y expresiones sean instintivas, mecánicas e inconscientes, lo que nos puede llevar a la falta de desarrollo espiritual y a la desconexión de la realidad o infelicidad. Por el contrario, la atención plena nos pone en contacto con la sabiduría interna, nos da las riendas para que obtengamos una mejor calidad de vida y para que tengamos una mejor relación con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.


Son muy pocas las veces que prestamos atención a las sensaciones, a los pensamientos que crea la mente, a lo que nos llega por medio de los sentidos; más bien nos identificamos con todo eso y creemos que somos ello. Cuando practicamos la atención plena de una forma abierta y sin dejarnos atrapar por lo que nos disgusta o nos gusta, por los prejuicios y frustraciones, por los anhelos, expectativas, etc., se abren nuevas posibilidades ante nosotros y surgen oportunidades de estar más conscientes a la vez que nos liberamos de la inconsciencia. Es una manera de estar conectados a la realidad de todo lo existente y de vivir nuestro ser con plenitud por medio de la auto-observación, de la auto-indagación y de la atención plena. La atención plena nos permite observar con más claridad los aspectos de nuestra vida que antes no observábamos ―enfados, odios, fobias, heridas y otras emociones profundas― a la misma vez ayuda a valorar sentimientos elevados que suelen pasar inadvertidos; por tanto es un trabajo liberador que dota de poder. Meditar es salir de las secuencias de sentimientos, emociones y pensamientos, y sentarnos a su lado para escuchar y aprender de todo ello para que nos sirva de guía. Es sin duda alguna una gran ayuda por parte de la sabiduría oriental para los tiempos modernos que actualmente vivimos.


Francisco Nieto

sábado, 9 de junio de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (VII)



Esta meditación budista ve las cosas profundamente y por debajo de las ideas y de los conceptos, evita la confusión y nos muestra la realidad, mantiene a raya los obstáculos mentales y los elimina; y se manifiesta como una atención firme y persistente difícil de debilitar o desviar. Cuando aceptamos el hecho presente en el ahora estamos dejando un espacio para ello en vez de permitir que la mente cree otra situación, permitimos que lo que es sea ante nuestra atención para luego responder voluntaria y conscientemente si la ocasión lo requiere. Nuestra atención tiene el poder de transformarnos, de hacernos sentir armonía y felicidad o lo contrario, por eso es necesario observar atentamente sin cambiar lo que percibimos con nuestros conceptos, críticas o interpretaciones. Las reglas básicas para tener una atención plena son:



1º.- Permitir que las cosas sean como son y no intentar cambiarlas.

2º.- Observar sin escoger y sin reaccionar

3º.- Experimentar y vivir lo que se está sintiendo y pensando.

4º.- Estar siempre alerta utilizando todos los sentidos

5º.- Identificar y evitar que haya automatismo en las acciones y en los pensamientos

6º.- Estar siempre pendiente de cada situación.


Alguien puede pensar que esta técnica no permite tener libertad de elección pero no es así porque el aspirante siempre puede elegir en qué implicarse o sobre qué actuar u observar. De hecho estos son algunos de los beneficios que aportan la meditación y la atención plena:


1º.- Evita y reduce la respuesta automática y la impulsividad

2º.- Reduce el sufrimiento gracias a que potencia la auto-conciencia

3º.- Hace la realidad tal como es disfrutando del estrés y de las distracciones de la mente a la vez que aumenta el poder de la concentración

5º.- Desarrolla la responsabilidad y la espiritualidad

6º.- Fortalece ante la adversidad y ayuda a ponerse objetivos más realistas

7º.- Evita el sufrimiento y acepta la realidad tal como es.




Los métodos de desarrollo que se centran en el aquí y ahora inducen al aspirante un estado de “no pensamiento” con tal de facilitar la conexión con las vivencias internas, es más, permiten que la persona entre en contacto directo con el significado real de las vivencias y que pueda crear otras nuevas como respuesta. Algún sabio dijo: “El mundo está ahí, lo único que debemos hacer es vaciar nuestras mentes y abrirnos para percibirlo y experimentarlo.” Y es que es mucho lo que se puede averiguar del mundo por el simple hecho de prestarle atención y ser perfectamente consciente de lo que se vive. Algunos piensan que la meditación solo sirve para dejar la mente en blanco, para relajarse, para adquirir cierta paz interna o para escapar de la realidad, sin embargo, eso son solo efectos secundarios puesto que esta práctica busca la realidad y conocer el funcionamiento de la mente. La meditación Vipassana permite ver la realidad después de descubrir las causas profundas de nuestro sufrimiento y de eliminar la confusión mental; consiste en volver una y otra vez al objeto o experiencia inmediata de la realidad en el aquí y ahora. En ella nos encontramos solos, como un yo, para observar lo que nos transmiten los sentidos y que la mente hace creer que es cierto. El pasado está pasado, el futuro es presente cuando llegue, por tanto, la única realidad es el presente, en el que mente, cuerpo y Alma están alineados; de aquí que la atención plena desee que se vuelva cuantas veces sea necesario a ese espacio de apertura e intimidad con el aquí y ahora. Atención plena no requiere nada en particular para su práctica, da igual prestar atención a la respiración para silenciar la mente que hacerlo cuando se camina o se hace cualquier otra actividad; solo es necesario que la mente esté centrada en lo que está sucediendo en ese momento para ser consciente de ello ―observar cómo la mano coge un vaso, cómo masticamos, vivir un dolor que tenemos, sentir cómo se apoyan los pies cuando se camina, escuchar cierto sonido, o ver qué comenta la mente cuando hacemos cualquier cosa―


La atención plena se para automáticamente y se distorsiona desde el mismo momento en que añadimos algo a la experiencia. No se centra en el yo inferior ni acepta conceptos como “yo” o “mí”, no trata de conseguir nada ni de llegar a ningún objetivo en particular. Cuando en la experiencia metemos al yo distorsionamos la realidad porque con el yo creamos la dualidad. Pongamos un ejemplo: Una persona tiene una economía que le permite tener y hacer las cosas más comunes pero desea ganar más dinero para permitirse ciertos lujos. La atención plena es partidaria de vivir el presente aprovechado las oportunidades con un discernimiento consciente pero no de crear ―forzar― una dualidad por el hecho de emprender una serie de actitudes que puedan traer resultados buenos pero también malos o preocupaciones o incluso disgustos y sufrimientos; por tanto, el objetivo es ser uno mismo. Otra manera de crear dualidad y, por consiguiente, de desviar la atención fuera del aquí y ahora sería que mientras yo escribo estas líneas esté pensando en que tengo que hacer otro trabajo y cuando esté haciendo el mismo esté pensando en que tengo que cobrarlo.


Así es que la atención plena es una observación constante donde uno contempla las propias sensaciones, sentimientos, emociones y pensamientos pero sin intervenir ellos. Cuando alguien mira por la ventana y observa que llueve es fácil que piense “¡Está lloviendo!” pero suele ocurrir, en la mayoría de los casos, que esa persona se hace consciente de que llueve pero no de que ha creado ese pensamiento. La atención plena sobre uno mismo hace que el pensador se dé cuenta de que su mente ha creado dicho pensamiento, o lo que es lo mismo, se acerca al estado de conciencia del propio Ego. Supongamos que roban a una persona y que ésta, automática e instintivamente, maldice al ladrón en ese momento, al rato él mismo se da cuenta de que está muy alterado y piensa “tengo que tranquilizarme”; hasta aquí estamos hablando de la reacción normal de cualquier persona mientras que si aplicamos la atención plena en ese momento, seríamos conscientes de todo y nos daríamos cuenta de que la mente ha pensado que necesita tranquilizarse. Lo positivo de la atención plena en estos casos es que hubiéramos evitado la maledicencia y hubiéramos controlado a la mente en sentido de utilizarla o no utilizarla y hacerlo para bien o para mal; sabiendo, por supuesto, que si elegimos pensar o actuar mal es crearnos un karma negativo. La atención plena puede ayudarnos muchísimo a acelerar nuestro desarrollo espiritual gracias a que nos hace conscientes de nuestras respuestas en pensamiento, sentimientos, emociones, palabras y, por tanto, acciones.


La atención plena de la meditación budista también consiste en no estar pendiente de los recuerdos pasados ni de los proyectos futuros, lo correcto es que la atención esté en lo interno y, como mucho, pensar en el pasado cuando se da uno cuenta de que la atención no es plena y está en otra cosas que no es el presente o ahora. Cuando no nos dejamos atrapar por las impresiones, emociones o pensamientos, y tampoco nos apegamos ni nos identificamos con ello, estamos en el ahora con atención plena. Cuando un practicante de esta meditación no evalúa, enjuicia ni interviene en lo que observa, se va dando cuenta progresivamente de que sus pensamientos no reflejan la realidad de lo que se percibe sino que son simplemente pensamientos creados por la mente. Esto es algo así como crear un vacío entre el hecho u objeto y el practicante de atención plena, lo que facilita la capacidad de auto-observarse y ver sus reacciones, lo que no es otra cosa que distinguir la realidad de lo que no lo es. Atención significa “atender a”, “estar con”, y esta atención implica la presencia de la mente por encima de los sentidos aunque como un sentido más para el Ego. Cuando estamos atentos a lo que perciben nuestros ojos nos hacemos conscientes de los objetos percibidos y de la relación que hay entre ellos y los ojos e incluso de cómo nos relacionamos con dichos objetos y cuáles son las reacciones internas que se producen.

Francisco Nieto