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domingo, 27 de mayo de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (VI)



Aunque una persona pretenda no reaccionar ante las ofensas, la mente reacciona; aunque se pretenda no criticar ni juzgar, la mente critica y juzga; aunque se pretenda olvidar un mal recuerdo, la mente lo recuerda y sufre. Y es que la respuesta automática de la mente no discrimina entre una sensación o estímulo y una respuesta. En la respuesta automática no hay consciencia ni suele haber voluntad, es decir, no interviene el Ego ni siquiera para discernir. Si nos observamos detenidamente de vez en cuando a lo largo del día nos daremos cuenta que parecemos marionetas bajo la dirección de los pensamientos, de la mente, de los deseos y de las emociones. Esta es la razón por la que escritores, filósofos, psicólogos y otros profesionales están utilizando técnicas orientales como la concentración, la atención plena de la meditación introspectiva o la auto-observación con el fin de conocernos, analizarnos, gobernar la mente y crear espacios entre las secuencias de pensamientos, entre los estímulos externos e internos y las respuestas internas y externas. Estas técnicas o meditación aportan tiempo para responder y para actuar de una forma más habilidosa, cortan los hilos de la marioneta, crean espacios vacíos para que se exprese el Alma y nos hace conscientes de nuestra vida para que la vivamos más plenamente y con más libertad de ataduras y apegos.



Aunque gracias a la mente adquirimos conocimiento y bienestar, también su carácter respondiente, automático e independiente nos ha traído y nos trae dolor y problemas que se convierten en obstáculos para el desarrollo del Ego. Cuando algo la atrae intenta conseguirlo, si algo la puede perjudicar huye de ello o lo elimina; pero esta forma ignorante de actuar ―sin voluntad y consciencia en la atención que se debe poner― nos trae sufrimiento muchas veces. El aspecto de “atención plena” de la meditación budista introspectiva desarrolla la habilidad de estar presente ―de forma independiente e inalterable― ante la experiencia, objeto o estímulo, por lo que la mente deja de responder de esa forma indiscriminada y automática. La atención plena entrena a la persona para que se diferencie de sus deseos, sentimientos, emociones y pensamientos y para no dejarse arrastrar por ellos; es decir, ser atentamente conscientes en el aquí y en el ahora. ¿Es posible un estado mental de serenidad, paz y silencio? El primer objetivo de la atención plena es precisamente ese, aquietar, calmar y relajar la mente o incluso silenciarla cuando sea necesario. Para ello lo primero es aprender a concentrar la mente sobre un objeto de meditación, volviendo a enfocarla tantas veces como se aparte de dicho objeto; con ello se alcanza el estado mental de Samadhi que llaman los budistas, esto es: paz, serenidad, tranquilidad y quietud.


Es a partir de alcanzar cierto grado de concentración cuando se debe comenzar a practicar la “atención plena”. La atención plena:

1º.- Trata de adoptar un tipo de relación con las experiencias cuya actitud sea la de:

a) Curiosidad por el objeto, sensación, emoción o pensamiento.

b) Abrirse ante ello

c) Aceptarlo, sea agradable o no y sin reaccionar ante ello.

2º.- Es consciencia de los hechos pero sin quedar absortos en nuestros propios pensamientos ni divagar sobre el pasado ni el futuro, ni emitir juicios y valoraciones.

3º.- Es dirigir la atención voluntaria y conscientemente a algo y volver a hacer lo mismo desde el mismo momento en que la atención se disperse o desvíe.

4º.- No es desarrollar un testigo imparcial, sino que se trata de experimentar el cuerpo y la mente de una forma íntima.

5º.- Trata de tener espacio y tiempo para discriminar conscientemente y así elegir lo que ayude al desarrollo del Yo superior y dejar morir por inanición lo que pueda perjudicar.

6º.- Permite ser conscientes de nuestra actitud interna, darnos cuenta, discernir y diferenciarnos para no identificarnos con ella.

7º.- No trata de dejar de pensar ―aunque sí sólo cuando se quiera y sea necesario― o rechazar los eventos desagradables, sino que trata de aprender a estar conscientemente en nosotros mismos de una manera viva, intensa y profunda.

8º.- Trata de eliminar la mente automática e independiente de la consciencia para tener presencia ante nuestros deseos, recuerdos, emociones y pensamientos.


¿Cuántas cosas hacemos durante el día sin que nuestra consciencia esté presente? ¿Cuántas sin intención y sin atención completa? Estoy utilizando el ordenador para escribir y mi mente quiere estar en otras varias cosas a la vez, y como este ejemplo mil cosas más al cabo del día. La atención plena no es estar atentos a los cinco sentidos ―seis con la mente― sino solo al más utilizado o más importante, o a la sensación que nos interese; atención plena es no estar distraído ―darnos cuenta de lo que hace la mente o lo que sentimos y centrarnos voluntaria y conscientemente en lo que interese― La atención plena entrena a los aspirantes para que puedan identificar conscientemente y en el aquí y ahora y de la forma más directa posible sus propias cogniciones, emociones, sensaciones y pensamiento para diferenciarlas de su propio lenguaje y de sus prejuicios que le esclavizan; no trata de explicar o de dar sentido a las conductas y expresiones. No hay que preguntarse si se está haciendo bien o mal, simplemente esté atento al aquí y ahora, sienta el presente y no categorice a catalogue si quiere vivir en la armonía del ser. La atención plena hace que nos demos cuenta de cuándo estamos atrapados por los patrones de pensamiento para así salir de ellos y prestar atención a lo que nos interese.


La meditación no es una simple serie de ejercicios, y menos aún físicos, es el cultivo de la atención plena que se puede aplicar constantemente en cada ahora de la vida cotidiana. Los pensamientos, las palaras y las acciones tienen su origen en la mente; todo lo que experimentamos tiene una relación íntima con la mente; todas las expresiones son dirigidas por la mente porque la mente es su creadora y su dueña, por eso en la literatura sagrada budista se dice: “Actúa o habla con una mente impura y el sufrimiento te seguirá como las ruedas de la carreta siguen a las patas del buey; actúa o habla con una mente pura y la felicidad te seguirá como tu propia sombra te sigue sin apartarse de ti.” Una vida poco espiritualizada está llena de ignorancia y dedicada a vicios y satisfacciones de deseos materiales e impuros, o lo que es lo mismo, dedicada a toda clase de impurezas mentales. Estas personas expresan negatividad, egoísmo y materialismo en pensamiento, palabra y obra. Como fruto de su mente impura, sin embargo, cuando espiritualizamos el carácter y purificamos la mente experimentamos una gran felicidad interna libre de remordimientos, juicio, dolor, etc.


La atención plena es la base fundamental de la meditación introspectiva comúnmente llamada Vipassana, y ésta recuerda a quien medita que debe prestar atención al objeto apropiado en el momento apropiado para así obtener un estado de calma y de alerta que impida la manifestación de obstáculos que distraigan a la mente. Cuando la atención plena elimina dichos obstáculos ―odio, lujuria, egoísmo, crítica…― los ideales más elevados toman su lugar; de ahí que se diga que esta clase de meditación acrecienta la sabiduría y la compasión. Dentro de la naturaleza personal del ser humano hay un mecanismo que percibe y se interesa por lo “bueno” y que rechaza lo “malo”. Aunque esta meditación implica no enjuiciamiento ni valoración, cuando es algo importante para el propio desarrollo espiritual, es evidente que rechacemos lo que nos estorba porque captan la atención, porque son compulsivos, porque se apoderan de la mente y porque cuando la mente se pone a dar vueltas sobre ellos impiden que podamos vivir la vida plenamente y que veamos la realidad. Cuando la atención plena está presente, lo hace sobre la realidad de ese momento dado y, por tanto, contra esas actividades y obstáculos de la mente. Cuando la atención se debilita surge el apego a las formas y la resistencia a nuestra voluntad obscureciendo así nuestra percepción, pero también es la atención la que hace que nos demos cuenta que nuestra voluntad e intención se han debilitado y actúe como un antídoto contra la resistencia y la debilidad. Cuando se desarrolla la atención plena el desapego a las formas es total, nos sentimos libres de los obstáculos y estamos preparados para liberarnos de nuestras debilidades humanas.

Francisco Nieto

domingo, 13 de mayo de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (V)



Quien quiera entrenar a la mente para que haga una correcta meditación introspectiva deberá tener en cuenta las siguientes sugerencias:


1ª.- Al principio deberá concentrar su atención en los movimientos del cuerpo, es decir, como si fuera a aprender a andar, a sentarse, a comer o cualquier otra actividad a modo de vivir más plenamente la experiencia. Es fundamental que haya esfuerzo por prestar atención de una manera consciente y voluntaria en cada instante.

2ª.- Es aspirante no se debe desanimar sino que debe persistir de una forma tranquila y despacio pero sin pausa. Lo importantes es que cuando se dé cuenta de que su atención se ha distraído y que no es concentrada vuelva a concentrarla plenamente en el ahora y sobre lo que esté haciendo.

3ª.- Los obstáculos, los vicios, las sensaciones ―sean cuales sean― tienen que ser afrontadas como un desafío, sin embargo, lo único que se debe hacer es analizarlas y anotar que existen y no crear actividad mental para derrotarlas.

4ª.- Tampoco se debe practicar esta clase de meditación con el fin de adquirir cuanto antes algún desarrollo psíquico o poderes; en la práctica inicial solo se necesita poner la atención en el entrenamiento personal sin entrar en juicios.

5ª.- En las primeras prácticas y a modo de concentrar la mente conviene etiquetar las actividades que se hagan, por ejemplo, si se está masticando, se puede repetir mentalmente: masticando, masticando… Esto mantiene a la mente ocupada y facilita su observación más detenidamente para así aminorar su actividad; con la práctica ya no será necesario etiquetar nada porque la mente se concentrará sola y sin apenas esfuerzo.


A la mente no se la puede manipular como a un objeto cualquiera y no es fácil observar lo que hace si no se la entrena y trabaja, de ahí que la meditación introspectiva intente y consiga entenderla y ver en cada momento cómo actúa frente a las impresiones y sensaciones. Es la atención plenamente enfocada la que consigue hacer esto porque, atendiendo a su actividad en cada instante permite conocerla. Está claro que el darnos cuenta que está activa en algún objeto u asunto, significa que existe y que está en algún lugar, pero lo que interesa averiguar es qué es lo que la entretiene, obsesiona e influye para poder eliminarlo como actividad; de lo que se trata es de utilizarla en lo verdaderamente importante para nuestro progreso ―de forma voluntaria y consciente― y de concentrarla a modo de atención plena en todo lo demás pero sin emitir juicio alguno. Debe quedar claro que el propósito no es una atención general a la espera de que la mente actúe ante un objeto o sensación, sino de interrumpir la sucesión de pensamientos y actitudes para observarla y controlarla. Si cuando estamos meditando vemos que la mente divaga o se desvía del asunto para pensar en otras cosas, hay que tomar nota de ello y hacer que regrese o que no piense en nada ―si no es necesario― concentrándola como atención en lo que estemos haciendo o en algo interno ―como por ejemplo la respiración― en el caso de que no hagamos nada. Incluso cuando la mente está en calma hay que ser conscientes ―poner atención― de ello sin apegarse ni emitir juicio al respecto. Lo mismo ocurre respecto a lo que percibimos por medio de los sentidos, la mente puede irse a escuchar un ruido o a ver algo atractivo, pero nosotros debemos ser conscientes de ello y hacer que vuelva a donde estaba. Es la consciencia y sabiduría interna las que tienen que enfocar la atención sobre lo verdaderamente útil para el desarrollo del Alma.


La práctica de la meditación introspectiva o de atención plena tiene un efecto similar a una luz que de pronto se enciende en la oscuridad porque revela e intensifica lo que esté presente. La atención general que tenemos en nuestra vida cotidiana es una especie de conciencia alerta pero confusa, mientras que la atención concentrada o plena es algo así como el estado mental que tiene una persona cuando, por ejemplo, sabe que algo va a salir por determinado sitio y no sabe lo que es o el que tiene que atravesar un precipicio sobre tronco sabiendo que puede caer y perder la vida. Muchas personas piensan que prestan mucha atención a las cosas y a los hechos cuando en realidad solo practican una tención general influenciada por el pasado y el futuro pero sin centrarse plenamente en el presente. La atención general trae consigo una verdad convencional del objeto, una comprensión clara pero mezclada e influenciada por lo conocido y por otras actividades mentales; la atención plena y consciente trae la verdad o realidad última, una conciencia alerta que permite corregir el objeto sin ninguna duda.


Hay un aspecto mental que requiere especial atención sobre todo para los que llevan poco tiempo practicando la meditación, este es el dolor o sufrimiento que surge por determinados sentimientos, deseos o emociones. Suele ocurrir que en la meditación introspectiva aparezcan sucesos del pasado, o de un futuro imaginario en ese momento presente o aquí y ahora. Entonces la conciencia se da cuenta y observa cómo trae una emoción consigo y cómo produce un cambio en la atención haciendo que la mente sufra, si en ese momento de confusión se concentra la atención voluntaria y conscientemente, el dolor cesa. El recuerdo, la planificación o la imaginación no pertenecen a la atención plena sino que pertenecen más bien a las actividades de la mente respecto al pasado y al futuro; son más reales para la atención plena la atención de los sentidos que todo eso. Por tanto, tampoco se debe permitir que la mente se entretenga en esas cosas, es preferible que se enfoque como atención plena en lo que se esté haciendo.


La meditación consiste en vivir y experimentar los hechos tal y como están sucediendo en el momento presente pero sin intentar ejercer control alguno sobre ello. El practicante tampoco se centra en un pensamiento para transformarlo, sino que se centra en el objeto ―pensamiento, hecho actividad― en sí mismo sin querer transformarlo ni eliminarlo. Esto hace que se acepten los hechos tal y como suceden sin evitarlo siquiera por el hecho de ser desagradable; así los hechos suceden completa y naturalmente para que sean vividos y experimentados en el aquí y ahora. Esta meditación también hace que el aspirante se centre en lo que esté viendo en vez de centrarse en las actividades que la mente hace de la experiencia; hace que la persona se centre en lo que siente y percibe sin utilizar las palabras para interpretarlo o sustituirlo; hace que la persona se limite a observar y experimentar lo que el objeto o hecho le sugiere sin ejercer control sobre esas sensaciones. Se trata de aceptar las experiencias tal y como son ―agradables o lo contrario― sin emitir juicios sobre su naturaleza buena o mala ni ninguna otra comparativa. El objetivo no es reducir o controlar el malestar ―culpa, miedo, enfado, tristeza, violencia…― sino experimentarlos tal y como aparecen en la mente.


Cuando diferentes autores actuales hablan del poder del “ahora” y de la “atención plena” están hablando de la meditación introspectiva, una experiencia contemplativa que, observando atentamente el ahora, acepta la experiencia tal como es sin hacer juicio ni valoración; una forma de estar en el mundo sin prejuicios que plantea positivamente como orientar la atención y la actividad según sea cada situación. Muy pocas son las personas que no se identifican con su mente, con esa voz que habla dentro de nosotros, que no da un minuto de tregua y que siempre está analizando, evaluando, criticando, gozando en los placeres, fantaseando o imaginando entre sus deseos y su futuro. Toda esta actividad mental o de identificación con los pensamientos hace que nos identifiquemos con el mundo externo o mejor dicho, con la imagen que tenemos de las cosas. La famosa frase de Descartes “Pienso, luego existo” va en esta línea en sentido de equipara el hecho de “pensar” con “ser”, o sea, soy porque pienso. Pero en realidad el hecho de “pensar” es una actividad de la mente mientras que el “ser” asume el papel de observador o pensador. Si no fuera así ¿Quién es entonces el que escucha la voz dentro de nosotros? ¿Quién es quién se da cuenta de que la mente no para de pensar por sí misma? ¿No es lógico pensar entonces que la conciencia que dice “existo” no es la misma que piensa? ¿No es lógico que este ser ―consciencia-voluntad― pertenezca a una dimensión o mundo superior al del pensamiento?

Francisco Nieto