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sábado, 28 de abril de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS ( IV )



El discernimiento es imprescindible y necesario para que el aspirante a la vida superior pueda alcanzar el nivel mencionado pues, el discernimiento es una de las formas de expresión del Ego. El discernimiento debe ser usado a diario para diferenciar entre las formas y la vida que habita en ellas; entre el cuerpo físico y el Alma; entre la personalidad y él como dueño y señor de sus cuerpos; para tomar conciencia de lo real y rechazar lo irreal; para utilizar sus vehículos en sentido amoroso y servicial respecto a la humanidad; y para ocuparse en todo momento de las cosas del Espíritu y no de lo personal como hasta ahora lo viene haciendo. Esta práctica constante diaria hará que el aspirante penetre en un nuevo mundo que nada tiene que ver con lo personal. De un modo general ya hemos dicho que la concentración, la meditación y la contemplación ―entre otras― son necesarias para el desarrollo del aspirante espiritual, pero analizándolo detenidamente y basándonos en parte en las enseñanzas orientales, hay otros métodos que analizaremos más detalladamente. Uno de ellos es la meditación sobre lo interno, el retraimiento de los sentidos que pone al aspirante por encima de sus diferentes cuerpos a la vez que se cultiva una correcta actitud o expresión de dichos cuerpos. El segundo es la concentración o fijación de la mente porque con esta práctica la mente es controlada, ordenada y utilizada solo cuando es necesario, silenciándola mientras tanto. El tercero es la meditación que sirve para que el pensador utilice la mente para transmitir al cerebro los pensamientos e ideas abstractas y los ideales elevados que lleven al desarrollo subjetivo. Y el cuarto es la contemplación que sirve para que el hombre contemple, estudie y medite sobre los asuntos del Alma y de Dios para luego transmitirlo al cerebro.


Se dice que como el hombre piensa así es él, o sea, lo que se manifiesta objetiva y físicamente es siempre el resultado de un pensamiento, está claro que según sea el pensamiento o la idea así es el carácter o el propósito que la persona tiene en la vida. Hay pensamientos ―la mayoría de ellos― que se concretan y actúan en el mundo físico y hay otros que colaboran y ayudan a que la personalidad se úna con el Yo superior; de aquí que cuando el aspirante descubre que muchos de sus pensamientos no van en la línea del desarrollo espiritual deba esforzarse por atar a la mente para que su actividad no solo sea la de hacer bien sino que también sea la de no hacer mal de ninguna manera. Esta es la base para que la línea de actuación de cada individuo que se deja llevar por la personalidad, sea nueva y productiva para el Alma; a su vez, es también la manera de dominar a los sentidos para que su expresión no sea independiente de la voluntad del aspirante. Si a esto añadimos una correcta conducta externa, una rectitud de sentimientos y deseos y una pureza interna, veremos cómo la conciencia se centra en la cabeza para dirigirse solamente hacia arriba y hacia adentro, convirtiendo a la mente en el único campo de actividad del Ego. Esto es perder de vista todo sentido de separatividad ―de la personalidad― para centrarse en sí mismo como Yo superior, es actuar como desea el propio Ego.

Ya hemos mencionado ―y ampliaremos después― la importancia que tiene la meditación respecto al control de la mente, pero es necesario detallar algunos aspectos de la misma para facilitar el trabajo. Cuando, a partir del cerebro, tratamos de meditar sobre algo externo se aprecia lo siguiente:

1º.- Que el cerebro se hace consciente del objeto u motivo de la meditación, lo que induce a la mente a actuar o a crear pensamientos sobre lo que está viendo.

2º.- Como el aspirante sabe que no debe permitir que la mente actúe y piense por sí misma, pone su voluntad de por medio para anular dicha actividad y creación de formas de pensamiento.

3º.- Esta respuesta inmediata hace ver al aspirante que está identificado con el Ego o pensador en su propio plano, y como resulta que la mente ya está controlada y el objeto de la meditación ya no induce a la mente a actuar, entonces es cuando se percibe la realidad del objeto.

Esto significa que al estar la mente bajo el control del Ego, éste puede imprimir en el cerebro lo que es observado por la mente controlada. Esta actitud de meditación debería practicarse en todo momento, los primeros pasos no son nada fáciles pero rápidamente se aprecia cierta satisfacción interna como recompensa. Una vez que se crea el hábito de recogerse internamente y la capacidad de rechazar las actividades de la mente todo parece más fácil, a esto solo cabe añadir el aspecto espiritual y devocional como hijos de Dios que somos y hermanos de Espíritu.

Si bien, tanto Patanjali como Buda, enseñaron las técnicas o métodos de la meditación haciendo las correspondientes distinciones de clases dentro de las mismas, hoy diferentes escritores, filósofos y psicólogos llevan a la práctica estudios que demuestran que la meditación no sólo es buena desde el punto de vista esotérico y espiritual, sino que también lo es respecto a la autoestima, autoayuda, el estrés y otras enfermedades psicológicas. Es necesario aclarar que estas personas se han dedicado principalmente a estudiar los efectos de la llamada “meditación introspectiva”, en el momento presente ―aquí y ahora― y con atención plena. En la meditación introspectiva es necesario observar cuatro aspectos internos:

1º.- Observar aquello que hace que el cuerpo físico se mueva, es decir, la mente, puesto que observando los movimientos del cuerpo se aprecia la actividad de la mente y, evidentemente, la intención o voluntad que hace que ésta actúe.

2º.- Observar las sensaciones ―agradables, desagradables o neutras― que causan el apego que el hombre tiene a los objetos de los sentidos.

3º.- Observar la atracción, indiferencia o repulsión que aparece en el pensamiento.

4º.- Observar el apego mental ante los hechos ―preocupación, simpatía, duda, inquietud, etc.―

Observando estos aspectos es como el aspirante puede actuar sobre la atracción o repulsión hacia los objetos y equilibrar la energía, la concentración y la atención en ese momento presente. El fin de esta meditación no es otro que desarrollar la atención consciente y voluntaria en el ahora para facilitar la expresión del Alma.

Esta atención consciente en el presente o ahora trata de observar el flujo de los objetos ante la mente, es un entrenamiento para ir en contra de la rutina mental o corriente de respuestas habituales en cada acción y reacción. Esta meditación entrena a la atención para que esté expectante a cada movimiento de la mente para así investigar cuidadosamente cómo actúa, lo que trae consigo una reducción de la actividad mental a la vez que se controlan los movimientos físicos. Con la práctica se va desarrollando la capacidad de observar los objetos según se van presentando ante la consciencia en cada momento presente para unir y coordinar lo físico y lo mental y así crear un nuevo patrón de comportamiento. Este método desarrolla una comprensión cada vez más clara que permite eliminar los obstáculos contaminantes de la mente a la vez que ayuda a recordar al aspirante que debe recordarse a sí mismo ―lo que está haciendo― y comprender lo que pasa en su mente.

La meditación permite darse cuenta de las reacciones de la mente ante lo que se presenta en la consciencia. Cuando se pierde la atención en el ahora y la mente se apega a un estímulo o sensación agradable, o se molesta por otra desagradable, la comprensión clara que tenga el individuo hace que la atención sea plena de nuevo en el asunto presente. Esta atención clara o sabiduría interna hace actuar en verdad, mientras que la atención produce la observación correcta; ambas indican cómo hay que proceder en cualquier situación, pero dicha sabiduría evita que surja la ilusión y el interés por aquello que desvía o contamina la atención. La consciencia, como sabiduría y comprensión, debe estar informada por la atención plena en todo momento de los estados emocionales, sensaciones y estímulos que puedan afectar al aspirante.

La mente siempre está inquieta y rara vez se relaja, estamos casi todo el día abrumados por los obstáculos y distorsiones mentales fruto de los intereses, preocupaciones, problemas sociales y un sinfín de cosas más. En la mayoría de las personas, la mente actúa como hace cientos de años o peor porque no tiene el apoyo de una actitud sana y una dirección inteligente, por eso se distrae y anda de un lado para otro sin control y pensando por su propia cuenta. La mente, como si fuera un sentido más, tiene unas cualidades y características que permiten moldearla y desarrollar sus habilidades para que pueda hacer su trabajo de una manera más relajada y natural. Los medios más importantes para hacer este trabajo son la meditación a, la cual y a su vez, podríamos dividir en dos tipos:

1º.- La meditación o entrenamiento mental que mediante la concentración permite alcanzar la paz y cierto estado de felicidad interna a la vez que elimina temporalmente las pasiones y distorsiones mentales.

2º.- La meditación de introspección que desarrolla la atención plena y otros niveles de conocimiento con el fin de que aparezca la sabiduría interna que es la destructora de la ignorancia, del sufrimiento y del apego.

Un correcto uso de la tención observa la actividad de la mente e impide que las sensaciones perjudiciales para el desarrollo intervengan en la misma. Pero es la sabiduría interna la que puede erradicar definitivamente esos obstáculos de la mente de acuerdo al estado de conciencia, de aquí que sea la meditación introspectiva la que facilite la observación de los aspectos de la realidad no convencional.

Francisco Nieto

lunes, 9 de abril de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS ( III )


El hombre tiene dos enemigos inmediatos a los que debe vencer: Primero, la naturaleza instintiva de las vidas que componen los diferentes cuerpos, que se hallan en un proceso de involución con tal de obtener la autoexpresión y autoconciencia, que impiden la expresión del verdadero Yo, y que es donde se enreda la mente personal en su hiperactividad pensante. Segundo, la herencia de deseos y mental que traemos de otras vidas como karma y que sólo en la medida que se controle se podrá liberar el ser interno de esas modificaciones y obstrucciones mentales que le impiden manifestarse. Esto, como es evidente, sólo se puede conseguir por medio de la concentración de la mente, por medio de la voluntad del Alma como observador y percibidor. Una vez conseguido esto gracias al esfuerzo y a la persistencia, se podrá comenzar a enfocar la mente cuando sea necesario y sólo en los deseos y formas mentales que se deseen crear dejando a la mente el resto del tiempo en un estado de inactividad personal que servirá para que se manifieste el Ego. La acción del hombre está basada en el fruto o pensamiento de la mente al cual va unido un deseo o sentimiento que, a su vez, actúa como personalidad que no permite que se exprese el Ego, por el contrario, el método oriental llamado Raja Yoga permite reemplazar esos pensamientos-deseos por la voluntad inteligente del Ego cuyo principio es el amor universal.
Hemos de deducir, evidentemente, que hay varios métodos de percepción o de adquirir conocimiento. Primero: El conocimiento que se adquiere por medio de las vibraciones de los sentidos y que llegan al cerebro; y segundo, el conocimiento que adquiere la persona psíquicamente desarrollada que, como Ego en su propio plano, usa correctamente a la mente como un sentido más. Se podría incluir la deducción, la imaginación y el conocimiento adquirido utilizado como ley de analogía para razonar algo y sacar una conclusión, pero no son medios de adquirir conocimiento directo. El único medio para alcanzar un conocimiento directo como persona es la mente, incluso un vidente centrado en la conciencia del Ego necesita a la mente para recibir la información de lo que quiera saber en los mundos donde se está evolucionando. Por eso de nada sirve la concentración o el hecho de dar vueltas a las cosas mentalmente cuando lo que se desea es el desarrollo espiritual relacionado con ese Ego o Yo superior. Así es que es necesario un perfecto control de la mente si queremos utilizarla como una herramienta para el propio desarrollo del Ego, así es que, es necesario:
1º.- Controlar las actividades de la mente como creadora de pensamientos automáticos, instintivos y sin control.
2º.- Estabilizar la mente para que el propio Ego pueda utilizarla como un nuevo sentido desde donde analizará los demás.
Esta sería la mejor manera de adquirir conocimiento puesto que lo que llegue al cerebro sería analizado por la razón y la intuición que es el aspecto mental superior lo que, a su vez, trae como resultado una correcta transmisión del cerebro. Esta es la diferencia entre el conocimiento directo y lo que en oriente llaman “maya” o ilusión, es decir, una visión incorrecta porque falta la percepción del Ego.

Teniendo claro ya lo que es una correcta percepción y un correcto uso de la mente, no es necesario decir que la mente en blanco y que todo aquello que no esté dirigido por la voluntad y la conciencia no entra dentro de lo que un aspirante a la propia superación debe perseguir. Es necesario un persistente e incansable esfuerzo en la repetición voluntaria y consciente para aniquilar los malos hábitos de la mente y sus actividades personales y para imponer y reemplazarlas por las impresiones y actividades del Yo superior o Ego. Aquí no caben los entusiasmos ni las esperanzas, el sacrificio y el trabajo paciente son lo único que puede hacer del hombre un superhombre. Es el desapego a los conocimientos que nos llegan a través de la personalidad el que hace que los sentidos cumplan mejor su trabajo y el que libera al hombre del contacto sensorio normal para hacerse el capitán del barco, el observador que utiliza sus cuerpos y sus sentidos cómo y cuándo quiere. Solo cambiado las fluctuaciones de la mente y controlando la naturaleza psíquica inferior es como el hombre puede manifestar la vida del Alma en sus quehaceres cotidianos; sólo el correcto y persistente empleo de la voluntad puede alcanzar y mantener al hombre espiritual. Es necesario detener las actividades y manifestaciones de la mente que responden a la atracción del conocimiento personal y a los sentimientos, deseos y emociones y para ello hay que hacer toda una serie de restricciones mentales. Como es lógico, si el objetivo es la unión con el Alma para después, hacer lo mismo respecto a todas las Almas, en el trabajo no debe faltar el correcto discernimiento y el ardiente y elevado deseo de obtener los resultados mencionados y, en consecuencia, aniquilar la personalidad.

Estos trabajos que estamos mencionando son formas de concentración y meditación y tratan de enfocar la mente en una sola dirección para aquietar las actividades o modificaciones que se producen por medio de las impresiones externas o de los sentidos. Por tanto, cuando el aspirante controla la percepción de lo que transmiten los sentidos hasta tal punto que no afectan a la mente, el cerebro se calma en su actividad y la mente no se modifica sino que asume la voluntad del Yo superior. Esto trae consigo una intensa actividad interna basada en el enfoque voluntario y consciente en el aquí y ahora. Por consiguiente, esa actividad responde a las impresiones procedentes de los planos superiores a la mente, a la región abstracta del mundo del pensamiento. Estas impresiones abstractas o subjetivas aportan un nuevo conocimiento que descubren al hombre un mundo que nada tiene que ver con los sentidos ordinarios. Es lógico que el aspirante tarde en darse cuenta de este cambio y más aún cuando tenga caídas y vuelva a ser dominado por los deseos, emociones y hábitos personales, pero cuando progresiva y persistentemente se va practicando la concentración, la meditación y la contemplación, termina por “vivir” una vida contemplativa que transforma totalmente a la personalidad. Es decir, cuando el aspirante hace caso omiso y rechaza lo que le presentan los sentidos ante la mente, concentrando la misma sólo y exclusivamente cuándo y dónde él quiere, entonces deja de identificarse con ellos y queda libre del apego y apasionamiento del yo inferior. Esto, inevitablemente facilita aún más la concentración y estabilización de la mente. El apego a las formas materiales o la atracción de la forma por el Espíritu lleva casi a involucionar, por el contrario, la repulsión de la forma y su desapego a partir de la mente impulsa lleva a la evolución individual, de aquí que cuando el pensamiento del Ego está ocupado en su propio plano y en sus propios asuntos no sea posible el apego a las formas de los mundos inferiores.

Las modificaciones o actividades de la mente concreta ―personal― tienen su origen en el pasado conocido y experimentado, pero los obstáculos que más perjudican al desarrollo y control de la mente abstracta por parte del Ego son el deseo, el apego, la ignorancia, el sentido personal, el odio y otros muchos aspectos de la mente y del cuerpo de deseos que atan al pensador en su vida cotidiana; es decir, a las tendencias, hábitos de pensar y simientes de la memoria y del subconsciente. Es necesaria, por tanto, una actitud mental nueva por parte del pensador y sobre la mente para que repercuta sobre el cerebro. Esos obstáculos o distracciones de la mente que bien podríamos agrupar como “sutiles” ―impresiones― y groseras ―que afectan más directamente a la mente pensante― se pueden eliminar cuando se obtiene el control de la mente y una vez conocida y comprendida su naturaleza. Si dichos obstáculos o distracciones son el resultado de malos hábitos de pensar y del mal uso de la mente, está claro que es necesario crear nuevos y positivos hábitos de pensar, del discernimiento y de la atención voluntaria y consciente de la mente en lo subjetivo.

Puesto que estos hábitos relacionados con el cuerpo etérico ―por medio de la repetición― tienen su origen en la mente pensante personal y en los deseos y emociones, está claro que son los causantes de nuestro dolor y sufrimiento, por ejemplo: Cuando deseamos algo y no lo conseguimos o cuando nos molestamos y alteramos por una ofensa en vez de hacer oídos sordos o buscar su lado positivo. Dicho de otra forma, cuando el aspirante deja de identificarse con los sentidos y reconoce que él no es el que ve, oye y toca, entonces se separa de los sentidos y asume el papel de observador de los mismos, es decir, asume el papel de perceptor y Yo superior. A partir de ahí una vez controlada la mente podrá utilizar las formas y actuar en el mundo físico sin sentirse engañado e identificado con todo ello. Respecto a la mente ocurre algo similar, el pensador debe pensar libremente ―sin ser inducido por la personalidad― y crear las formas mentales que estén en sintonía con su naturaleza superior o espiritual; el conocedor debe obtener conocimiento del mundo físico, de sus emociones y de todo campo de conocimiento que esté a su alcance sabiendo que él no es la mente; el observador observará sin identificarse con lo observado. Esta es la manera de que el Ego se libere del apego al mundo fenoménico y de que no le afecten los obstáculos y las actividades constantes y automáticas de la mente, a partir de aquí el aspirante utilizará el campo de los sentidos como medio para adquirir conocimiento de una manera consciente y para experimentar en busca de un mayor desarrollo moral, mental y espiritual. Si el mundo que conocemos ha sido construido en base a los pensamientos creados por el hombre, a partir de aquí, el aspirante deberá esforzarse por crear nuevos pensamientos que sirvan para el desarrollo de la humanidad y para estar en armonía con la voluntad de Dios.

Francisco Nieto