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viernes, 23 de marzo de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (II)


En parte ha creado ella misma una atmósfera enrarecida de paranoia, hostilidad, miedo, egocentrismo y otros aspectos como la envidia, los celos, el odio, la lujuria, etc. Como resulta que nos preocupamos mucho de la limpieza de nuestros cuerpos pero nada de limpiar nuestra mente, casi podríamos hablar de ella como que es agresiva y produce agresividad, como que es confusa y crea confusión y como que parece a algo donde se acumula mucha basura. Así es que, sabiendo que la mente es lo que nos diferencia de los animales y es el fundamento de todo, podemos afirmar que según sea la calidad de la mente así serán los resultados de lo que haga; de ahí que se diga “Dime cómo piensas y te diré cómo eres.” Una mente desordenada y sin control, sin inocencia y sin verdad, crea ansiedad, estrés, confusión, hostilidad y carece de apertura y creatividad. Visto esto tenemos que admitir que los enfoques de la mente suelen ser erróneos y perjudiciales desde el punto de vista del Alma; así es que, tan nociva es para nosotros como para los demás respecto al trabajo evolutivo que se debe hacer para la identificación con el Alma y la búsqueda de la Verdad.



Otro factor importante respecto a la mente es la distracción, son muchos los errores que cometemos, las oportunidades que desperdiciamos o las contradicciones y discusiones que causamos por no estar atentos. Es cierto que muchas veces nos confundimos y nos distraemos por el exceso de información, quehaceres, problemas y estímulos que recibimos del exterior, pero otras muchas las provocamos por nuestras propias tendencias, impulsos y respuestas automáticas por no decir por nuestras huídas de lo que nos provoca dolor y ansiedad. La mayoría de nosotros no nos damos cuenta ni siquiera de que vivimos sin prestar atención a lo que hacemos y a lo que nos rodea, ignoramos que prestar atención u observar conscientemente es una manera de conectar con la realidad y de ser conscientes de nosotros mismos y de nuestra presencia allá donde nos encontremos. ¿Cuántas veces nos auto-observamos para ver qué sentimos, cómo pensamos, qué preocupaciones tenemos y cómo lo afrontamos o cuántas veces nos dejamos llevar por la ansiedad o la impulsividad? No nos damos cuenta que aunque estemos físicamente en cualquier lugar nuestra mente está en otros muchos pero no en lo que hacemos, sentimos o queremos pensar. La meditación es, posiblemente, el mejor medio para educar la atención y para conocer cómo somos respecto a los sentimientos y manera de pensar. Las personas distraídas viven casi como si no dieran importancia a lo que les rodea, van por la vida sin fijarse en los detalles y sin observar, pero los que practican la meditación siempre que pueden disfrutan de la vida, se acercan más a la realidad y se sienten más libres.


Comenzar un día es como comenzar un viaje cargados con nuestras costumbres, vicios, tendencias, sentimientos y forma de pensar. Esto nos brinda la oportunidad de actuar bien o mal o de decidir si hacemos algo o no en cada momento, pero la falta de observación ―interna y externa― y de atención consciente y voluntaria hace que cometamos errores, que respondamos igual que todos los días, que nos dejemos llevar por las mismas cosas, que tengamos malestares y sufrimiento cuando algo no sale como deseamos y que, por supuesto, no controlemos la mente. Muchos piensan que con el esfuerzo y la voluntad se puede alcanzar lo que se quiera pero, como ocurre con el dinero, tampoco así se alcanza la felicidad y el equilibrio interno. Son pocos los que, aun teniendo gran voluntad, se esfuerzan por descubrir quiénes y cómo son y menos aun por su evolución. Visto desde el punto de vista material y personal, el hecho de intentar hacer las cosas con responsabilidad y buena voluntad es aceptable y aconsejable, sin embargo, el hecho de no conseguirlo, es precisamente lo que nos puede causar frustración y disgusto. Es más, cuando alguien se propone superar algo y se levanta con la clara intención de hacerlo, estará casi todo el día en tensión o preocupado hasta que al final del día sea peor si fracasa. Las intenciones de alcanzar metas, objetivos, etc., de cada día crea tensiones e insatisfacciones como efecto del fracaso de nuestros objetivos, de los sentimientos no razonados y de los pensamientos que actúan por sí mismo; estar atentamente presente en cada momento, observando y auto-observándonos a nosotros mismos para actuar ―pensamiento, sentimiento, palabra y obra― con consciencia de una manera humilde, amorosa, servicial y compasiva, elimina todos los obstáculos que obstruyen nuestro desarrollo interno.


Hay una filosofía de vida o nueva conciencia que actualmente ―aunque desde otro punto de vista o enfoque― se está poniendo de moda como medio para que el hombre pueda redescubrirse y desmaterializarse, esta nueva enseñanza tiene su fundamento en el pasado y más concretamente en la antigua sabiduría oriental. Unida a cada etapa de desarrollo humano siempre ha habido una enseñanza dada por los Maestros de Sabiduría, esto en la filosofía hindú le llaman yogas, por tal motivo, la yoga que le corresponde a la actual etapa es la que llaman “Raja Yoga”. El raja Yoga: facilita:

1º.- El contacto consciente con el Alma o Yo superior que viene a ser en occidente como el despertar del principio crístico.

2º.- Conocer el poder del Alma para utilizarlo a favor de la humanidad.

3º.- Intensificar nuestra luz interna para crear un puente entre el cerebro y el Yo superior para que la personalidad reciba los mensajes de éste.

4º.- Dominar la naturaleza psíquica de la personalidad para expresar las facultades espirituales del Alma.


Pero está claro que antes de llegar a este trabajo mental y espiritual hemos pasado por otros como por ejemplo:

1º.- El Hatha Yoga del cuerpo físico que fue dado para que la primera raza de la época Lemúrica se hiciera consciente del cuerpo y del mundo físico.

2º.- El Laya yoga y el Bhakti yoga que fueron enseñados en la época Atlante con la intención de que se asentara y equilibrara el cuerpo etérico con sus correspondientes chacras y que se desarrollara la naturaleza psíquica, y a continuación para que el hombre futuro pudiera conocer, vivir y expresar el misticismo y la devoción.


Como en nuestra actual época aria y aunque fue el último cuerpo adquirido ―el menos desarrollado― estamos trabajando principalmente con la mente para que el Yo superior pueda manifestarse en la personalidad, está claro que la yoga de esta época tiene que servir para controlar la mente. Hay que decir que aunque oriente tiene sus enseñanzas de raza diferentes a las de occidente y que, como consecuencia, los yogas del pasado no deberían considerarse útiles para nosotros, el Raja Yoga ―hoy practicado en occidente con otros nombres― sí parece que los guías de la humanidad hayan previsto que se practique en occidente para ayudar a gobernar la mente.


La meta más inmediata para que el “hombre obtenga un total control de la personalidad víctima de sus ataduras al mundo de la carne ―egoísmo, materialismo y apego― es hacer el cambio necesario para ser consciente de su propia Alma o Ego, y esto sólo se puede conseguir cuando dicho Ego se refleja en la mente. La mente es la intermediaria entre el Ego o Yo superior y el yo inferior o no-yo, y esto es lo primero que se debe imprimir en el cerebro para que comience el trabajo del desapego al cuerpo y al mundo físico. Cuando se encuentra el equilibrio entre los pares de opuestos es cuando el hombre comienza a liberase de su apasionamiento, temperamento, deseos, sentimientos, etc. A partir de ahí comienza el trabajo para gobernar la mente y para que ésta no se distraiga ni sea un impedimento para el desarrollo en su enfoque personal. Se trata de conseguir silenciarla en todo lo que no sea provechoso para el Ego, de impedir que adopte las formas personales que modifican su naturaleza superior, y de controlar el cuerpo de deseos ―deseos, sentimientos, emociones, pasiones…― que tanto obstruye que la luz del Ego se refleje en el cerebro. La naturaleza de la mente permite crear formas de pensamiento gracias a las cuales hemos construido el mundo en que vivimos, pero unidos a esas formas mentales siempre han estado los deseos y sentimientos personales que, al igual que las formas mentales, desaparecen después de la mente. El mundo es lo que es y nosotros somos lo que somos gracias a que la voluntad, mayormente egoísta, ha aprendido a utilizarla mente y el cuerpo de deseos, pero ahora de lo que se trata es de utilizar la voluntad con discernimiento sólo y exclusivamente para lo necesario respecto a lo material y siempre, desde el punto de vista del Ego, para lo espiritual.

                               Francisco Nieto

domingo, 4 de marzo de 2012

LA SABIDURÍA ORIENTAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS (I)



Se dice que Buda dijo a los monjes: “Meditad, no os distraigáis, no permitáis que vuestras mentes estén llenas de impurezas, no lloréis ni os quejéis diciendo que la vida está llena de problemas, de miseria, angustia y dolor.”


Pienso que para la mayoría de las personas está claro que cada uno de nosotros somos un mundo puesto que ninguno hemos tenido la misma educación, las mismas experiencias, las mismas amistades, ni tampoco tenemos la misma evolución como resultado de todos nuestros anteriores renacimientos. Por consiguiente, nuestros sentimientos, deseos, anhelos, gustos, pensamientos, etc., no pueden ser iguales, sin embargo, sí que todos tenemos algo en común formado de todo lo anteriormente dicho, y ese algo es la “personalidad”. La personalidad es lo que normalmente creemos ser, es fruto del desarrollo obtenido desde hace millones de años ―desde que obtuvimos la autoconciencia― y se ha desarrollado de la inconsciencia a la consciencia del mundo físico para, en un futuro aún lejano, llegar a alcanzar la conciencia del Alma. Pero, aunque parezca mentira, el problema que actualmente impide una rápida identificación con el Alma es precisamente dicha personalidad y muy particularmente los sentimientos, deseos, emociones y pensamientos incontrolados.

Tal y como es el hombre en la etapa actual, podríamos definirle como mentalmente ciego e insensible respecto a la realidad que existe más allá de las formas. Él mismo se considera una forma ―un cuerpo físico― y no se ve a sí mismo como es realmente; sólo ve lo transitorio y lo que le atrae personalmente; no tiene sentido de los valores; sufre precisamente por su apego a lo material y a lo impuro; y se identifica con los sentidos y con la mente. Pero esto ni ha sido siempre así ni puede ser eterno, el Yo superior puede separarse o desapegarse del yo inferior por medio de la discriminación y por el gobierno y correcto uso de la mente; esto es, por medio del conocimiento directo se supera la ignorancia. Incluso cuando el aspirante identifica al Alma y consigue poner a la personalidad en el lugar que le corresponde se trasciende el conocimiento para quedarse el Ego ―el observador― solo en su ascenso hacia la unión con el Espíritu.

Es precisamente la personalidad ―y la mente en particular― la que no nos permite ver con claridad la luz, esa realidad de la vida, que no es otra que la vida del Alma o Yo superior. Si analizamos detenidamente nuestra vida, qué responderíamos a estas preguntas: ¿Cómo es y cómo vivimos nuestra vida? ¿Vivimos plena y satisfactoriamente o algo nos dice que no es así y que nos falta algo? ¿Por qué nos dominan el miedo, las preocupaciones, los deseos y los problemas en general? ¿Por qué estamos condicionados por alcanzar posiciones y metas o por ser o tener cada día más que otros si sabemos que después de la muerte no nos podemos llevar nada? Está claro que lo que entendemos por mundo, debe estar relacionado íntimamente con los sentidos que son los instrumentos con los que percibimos e interpretamos dicho mundo, es más, tiene que estar relacionado con la mente y los pensamientos. Por tanto, ¿No sería necesario e imprescindible analizar cómo funciona nuestra mente y los pensamientos? Veamos, el estado normal y psicológico de la mente en la mayoría de los seres humanos es el de intranquilidad e inquietud, y si no preguntémonos a nosotros mismos ¿Cuál es el estado y qué suele hacer mi mente y los pensamientos la mayor parte del día? Está claro que para responder de una forma medianamente clara deberíamos auto-observarnos y con más razón observar a la mente.

Basándose en la sabiduría antigua oriental, y más concretamente en la budista, hoy se están poniendo de moda las técnicas y enseñanzas impartidas por personajes tan importantes para el desarrollo del Alma como Buda o Patanjali. Echart Tolle, refiriéndose al estado normal de la mente, dice que contiene una disfunción o velo que engaña u oculta la realidad y que ―según la sabiduría oriental― nos causa sufrimiento, desdicha o insatisfacción pero que, sin embargo, es una característica de la condición humana. Dice Tolle que la mayoría de nosotros estamos tan identificados con la mente, los pensamientos impulsivos y las emociones que podríamos decir que estamos poseídos por la mente, y es que cuanto más identificados con la personalidad más creemos que somos el pensador u observador, mientras que la realidad es que es la mente la que piensa y nosotros somos inconscientes de ello la mayor parte del día.

Esto es así porque tenemos un sentimiento muy profundo del yo en cada pensamiento, opinión, emoción, reacción o interpretación. Y es que resulta que aunque muchos creamos que usamos la mente incorrectamente, la verdad es que no la usamos y más bien es ella la que nos utiliza a nosotros. Esta es la disfunción o elemento distorsionador que impide ver realmente quiénes somos, ella piensa sin parar según lo que conoce desde que nacimos basándose en el pasado o en un futuro imaginario, mientras que el Alma sólo puede expresarse entre un pensamiento y otro, en ese silencio que tan poquísimas veces creamos. Así es que, el mundo del Alma es el silencio de la personalidad y la personalidad es la mente o yo inferior moviéndose entre el recuerdo de su existencia y los anhelos, sentimientos y emociones que la acompañan e impulsan. Parece ser que los toltecas pensaban que la mente es como un sueño donde muchas personas hablan a la vez y ninguna de ellas se entiende, de ahí que no podamos ver quiénes somos realmente y que sus apegos, pensamientos, etc. ―deseos insatisfechos, envidia, arrogancia, codicia, lujuria, etc.― nos traigan sufrimientos e inconsciencia de la realidad.

Creo recordar que fue Ortega y Gasset quien dijo “Casi todo el mundo está alterado, y en su alteración el hombre pierde su atributo más esencial, es decir, la posibilidad de meditar e interiorizarse para ponerse de acuerdo consigo mismo y concretarse qué es lo que cree, lo que de verdad estima y lo que de verdad detesta.” La alteración ciega al hombre, le impulsa y le hace actuar mecánicamente en un frenético sonambulismo. Aunque es la mente la que nos diferencia mayormente de los animales, existe un paralelismo entre ambos. El animal siente miedo ante el mundo y a la vez vive en un constante apetito de lo que en él hay y aparece, siendo dominado irremediablemente por éste. Por ese motivo, el animal no rige su vida sino que está gobernada por los objetos y acontecimientos; él no vive desde él mismo sino basándose en lo que pasa fuera, o sea, en lo otro. La única diferencia entre el animal y el hombre es que este último puede deshacerse o desentenderse del mundo externo para interiorizarse en su intimidad y ocuparse de su Alma.

Por lo general, la mente siempre está activa pensando una cosa tras otra, es como una voz dentro de nuestra cabeza, cuando no está pensando en el pasado lo está haciendo en el futuro pero casi nunca en el presente o aquí y ahora. Gran parte del día está luchado por algo o rechazando lo desconocido o que no le gusta; es temerosa y cuando no está tomando precauciones está cambiado las cosas; se mueve sobre lo seguro, lo conocido y sobre la memoria; aunque la gusta fantasear y proyectar imágenes, está en parte controlada por las circunstancias, por lo que la atrae, por las emociones y por los recuerdos y sensaciones externas; es reaccionaria y responde automáticamente basándose en lo experimentado; actúa muchas veces según sus hábitos, sus obsesiones, su impaciencia, sectarismo, agresividad, complejos y otras justificaciones. Por esto se dice que la mente es inestable, conflictiva, confusa, ofuscada e insatisfecha.

                         Francisco Nieto