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domingo, 19 de febrero de 2012

¿HASTA QUÉ PUNTO SOMOS LIBRES? (y III)

El mundo físico es la manifestación más densa de un esquema de siete mundos creados o manifestados por Dios, cada uno de ellos –del más denso al más sutil– compenetra al inferior según se hace más grande puesto que su “materia” es más etérea; y eso mismo ocurre respecto a los cuerpos que utiliza el Espíritu. El más denso de éstos es el físico y la composición de la materia se va dividiendo en células, moléculas, átomos, electrones, protones, neutrones, quarks y otros mucho más sutiles y desconocidos que pertenecen a otros mundos relacionados con los deseos, pensamientos, y demás. Por consiguiente, el origen de esta diversidad de materia de la que también se forman los cuerpos que utiliza el Alma es Dios y por eso Dios no es material y, como consecuencia nosotros como espíritus tampoco. Dicho esto, es fácil comprender que el Espíritu en su propio mundo es totalmente libre y que cuanto más se identifica con el mundo físico –el más denso– y con el de los deseos e incluso con el mental, más difícil y más le costará ser libre. A simple vista, es evidente que cuanto más nos identifiquemos con la conciencia de Dios y cuanto menos con nuestros cuerpos inferiores más libres seremos y más se elevará nuestra conciencia, de aquí que debiéramos estar identificados constantemente con nuestro Yo superior, es decir vivir, vibrar, pensar y actuar como él para no tener la consciencia en los mundos de la personalidad.

Cada uno de nosotros trae un destino en el cual, además de afrontar nuestras deudas kármicas del pasado, podemos elevar la conciencia y sentirnos más desapegados del cuerpo y del mundo físico y, como consecuencia, más libres. Todo lo que sea actuar, sentir y pensar en línea con Dios tendrá esos efectos, lo contrario nos atara mucho más en esta y en la próxima vida. Cuando se intenta “vivir” en línea con Dios no sólo experimentamos paz y libertad sino que también nos sentiremos protegidos en nuestro destino. Para comenzar a vivir en Dios sólo es necesario tener el firme propósito de ver la mano de Dios en cada circunstancia o persona y así ser su instrumento de paz y amor. Hablando de este propósito ¿Cuántas veces al día actuamos, hablamos, sentimos y pensamos con amor hacia el prójimo o hacia Dios? ¿Quién, ante una seria preocupación, no ha dicho “Dios mío lo dejo en tus manos, ayúdame” y desde ese momento se ha sentido bastante liberado? Pues podemos imaginar los resultados si viviéramos las 24 horas con la consciencia en Dios, es decir, si nos propusiéramos actuar con compasión, con amor, con altruismo y con fraternidad hacia todos y ante toda circunstancias. Esta otra manera de actuar nos hace más receptivos a las fuerzas espirituales de los mundos superiores y nos cambia internamente, lo que significa que, a más cambio interno y elevación de conciencia, más relajación y tranquilidad por sentirnos colaboradores de la Obra de Dios. Einstein dijo: “Lo único que deseo es aprender a pensar como piensa Dios, todo lo demás son detalles.” Por tanto, si de verdad queremos sentirnos en la paz de Dios y libres de ataduras de este mundo debemos “pensar como Dios” y no estar en los detalles.


El camino de la perfección y de la liberad comienza por ser mejor que lo que fuimos ayer actuando siempre como “amor de Dios en acción”; por pensar más en el beneficio y desarrollo de los demás y no del nuestro; por expresar en pensamiento, palabra y obra lo que creemos que expresaría Dios; por ser humilde y estar en sintonía con el mundo de Dios; por dar gracias por todo lo que nos viene –malo o bueno– y lo que tenemos porque de todo podemos extraer un beneficio o una enseñanza; por no faltar el respeto, criticar ni juzgar a nadie; por ser consciente en el aquí y ahora para actuar como el verdadero Yo superior porque actuando así sabemos que estamos en el camino correcto.

No podemos culpar de nuestros errores ni de nuestras malas actuaciones a los demás, ni buscar la solución de nuestros problemas fuera de nosotros. Nosotros somos los únicos dueños de nuestros cuerpos y de nuestra vida, nosotros tenemos el libre albedrío y la voluntad para decidir si hacer una cosa u otra, si hacer bien o hacer mal, si imponer nuestra voluntad y nuestra consciencia o lo contario; en todo esto radica la paz, la felicidad y la libertad personal. Debemos ser conscientes de que una crítica contra nosotros, una circunstancia negativa, o incluso un ataque verbal malintencionado no nos puede afectar, sino que nos afecta porque nosotros lo interiorizamos e interpretamos como tal según sea nuestra naturaleza. Todas esas cosas no nos afectan si no prestamos atención y si no pensamos en ellas –lo contrario de tener la consciencia en el aquí y ahora presente con la mejor voluntad– en el momento en que lo interiorizamos surgen las preguntas al respecto y sus correspondientes malos sentimientos, deseos y pensamientos.

Por consiguiente, cada nueva atadura de este tipo nos hace sufrir y nos ata puesto que estos hechos son terrenales y de la personalidad. A veces no podemos controlar algunas situaciones del destino, y menos aún si son karmas maduros, pero lo que sí está claro es que nadie puede decidir por nosotros ni puede obligarnos a hacer nada sin nuestra voluntad, por consiguiente, si alguien nos molesta, si algo nos limita, si alguien nos quiere hacer daño, si alguien nos controla, no es que ellos tengan ese poder sobre nosotros sino que nosotros se lo permitimos. Nadie puede crear nuestro destino por muchas cosas que nos quieran hacer si nosotros tenemos la voluntad puesta donde corresponde, son nuestras decisiones, nuestros pensamientos y nuestras acciones y deseos los que crean el destino, si todo esto está controlado por la consciencia y la voluntad, estaremos en el más recto camino hacia la verdadera libertad.

Francisco Nieto

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿HASTA QUÉ PUNTO SOMOS LIBRES? (II)

Es necesario que la voluntad sea utilizada conscientemente segundo a segundo para que las expresiones de los diferentes cuerpos no sean causa de ataduras y limitaciones y sí de libertad y de paz. Para ser plenamente consciente hay que auto-observarse y prestar atención al Ser porque así nos identificamos cada vez más con él y actuaremos correctamente. Cuando yo escribo estas palabras pueden ocurrir dos cosas: Primero que las escriba tal y como me vienen a la mente y, segundo que las escriba siendo plenamente consciente de su significado y por tanto con discernimiento. En el primer caso –ocurre con la mayoría de las cosas que hacemos– al no ser verdaderamente consciente, no va a ser tan real su significado para mí, mientras que en el segundo sí va a ser real porque lo he hecho con voluntad y consciencia. Cuando estamos en el salón de casa escuchando música de fondo, leyendo un libro, alguien que nos interrumpe de vez en cuando y muy posiblemente pensando en preocupaciones y deberes, se puede decir que no estamos viviendo la realidad porque estamos siendo influenciados por muchas cosas –sin tener la atención y la consciencia puestas en ellas– a las cuales respondemos instintiva, automáticamente y casi como hábito. Esto significa que las preocupaciones e interferencias pueden estimular respuestas inconscientes en nosotros lo que, a su vez, pueden traer nuevos problemas y limitaciones kármicas en un futuro. Sí, por el contrario, nos auto-observamos y ponemos atención a nuestro Ser, todo será real y responderemos con consciencia y de acuerdo con el Yo superior para sentirnos más libres y liberarnos del karma futuro.


Cuando ponemos atención y consciencia en algo, se hace real y podemos actuar o responder con la clara voluntad de liberarnos de las ataduras de los diferentes cuerpos y del mundo físico. Cuando no actuamos así, los sentimientos, deseos y pensamientos surgen sin control y hacen que nos apeguemos a las cosas y a las personas creándonos karmas y limitaciones. El recuerdo del pasado también estimula deseos y emociones que nos pueden perjudicar, sobre todo si son de resentimiento, odio, envidias, etc.; por otro lado, los planes de futuro también suelen atarnos puesto que están basados siempre en las experiencias del pasado. Por eso, de lo que se trata es de ser voluntariamente consciente del aquí y del ahora para actuar de acuerdo a los ideales más elevados que tengamos y donde no quepa el egoísmo, el materialismo, lo inmoral, los bajos deseos…. Si en nuestro pasado hay miedo, ansiedad, violencia, rencor, etc. y seguimos actuando sin esa atenta consciencia en todas nuestras expresiones, seguiremos atándonos y limitándonos en el futuro. El alma no está apegada ni necesita nada del mundo físico para expresar lo que es, pues el Alma, el verdadero Yo, simplemente “Es” conciencia y espiritualidad; por tanto no se ata ni limita por muchas manifestaciones y renacimientos que tenga como tampoco el guionista de una obra de teatro está implicado en la interpretación de los actores.

Cuando se vive en el pasado, como normalmente hacemos, no somos libres ni gozamos verdaderamente de la vida interna por mucho que disfrutemos de lo que nos rodea; para disfrutar de la vida hay que ser consciente y estar atento a todo para vivir la belleza, el amor y la Verdad que yace en ello. El hecho de ser consciente momento a momento de la respiración, de hacer deporte, de alimentarse sanamente o de estar vivo trae felicidad interna y sensación de ser libre, pero hacer eso mismo o cualquier cosa sin consciencia de ello y por instinto o automatismo casi no nos aporta nada ni nos libera de nada. El hecho de ser consciente –gracias a la auto-observación y a la atención– siempre en el presente ayuda a que cada individuo impida que se expresen malos sentimientos y pensamientos y a que penetren otros o cualquier otra cosa que le perjudique y le limite a algo concreto y material. Cuando lo que aparentemente somos –deseos, sentimientos, pensamientos– se implica en algo, se limita a ese algo según lo vea, es decir, si nuestra personalidad expresa –como carácter– una naturaleza desequilibrada y desconfiada significa que es así por hechos del pasado y que verá todo a través de ese color particular que él da a la vida; por tanto, estará atado y limitado por esos aspectos negativos que él ve respecto a la vida.

Cuando nos surgen problemas tenemos la mala costumbre de buscar la solución fuera de nosotros e incluso de culpar a los demás de ello, pero pocas veces se nos ocurre pensar que la solución está dentro de nosotros y que si los problemas nos afectan es porque algo tenemos que ver con ellos. En mi opinión hay dos maneras de afrontar los problemas:

1ª.- Como ya hemos dicho, teniendo la consciencia y la atención en el presente o aquí y ahora, y utilizar la mente consciente y voluntariamente para encontrar una solución razonada y espiritual.

2ª.- Hacer lo mismo sin intervención de la mente y con un sentimiento de “lo dejo en manos de Dios porque sé que me protege y ampara”, es decir, con un sentimiento de estar siempre conectado consciente y voluntariamente a Dios.

La primera opción debería ser la más aceptable para nosotros puesto que en nuestra etapa evolutiva todavía tenemos que usar la mente; en la segunda es la posición del Alma puesto que ésta no tiene ninguna conexión directa con el mundo físico que nos rodea, por tanto vive con la conciencia en los mundos espirituales. Nuestro mundo no es el físico sino que es aquel donde está nuestra Alma, allí no hay nada que ate ni que limite sino todo lo contrario, allí no hay preocupaciones, problemas ni obstáculos que obliguen a actuar en ese sentido, por eso ese Yo no está preso por los deseos, sentimientos, problemas, circunstancias ni obstáculos como los nuestros. De aquí que cuando tenemos la consciencia y la voluntad en el aquí y ahora presente, tenemos la posibilidad de situarnos en la posición del Alma y sentirnos más libres.

Francisco Nieto