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miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL TRABAJO DEL EGO SOBRE LA MENTE


No es muy corriente que la gente se pregunte ¿Qué puedo hacer para que mi mente deje de pensar y de responder a las sensaciones que recibe? Pero si decide buscar la respuesta y lo hace por medio de la meditación, seguro que tarde o temprano llegue a la conclusión de que tiene que conseguirlo por medio del uso de la voluntad para concentrar la mente en el aquí y en el ahora, es decir, que debe ponerse en el puesto del verdadero Yo y disciplinar su mente para que esté el mayor tiempo posible callada y solo piense y responda cuándo y cómo él quiera. Sí, es este Yo el que cuando quiere encontrar la paz mental y la quietud interior deja de pensar y rompe la larga relación neuronal desconectándola de la red cerebral. Entonces y si verdaderamente sabemos controlar la mente por medio de la voluntad, nos quedamos en una posición de observadores conscientes pero libres de sentimientos, deseos y pensamientos. En esos momentos y durante el tiempo que queramos, ya no somos ese no-yo o personalidad influenciada y guiada por los patrones y las conexiones de la red neuronal, sino que somos el Yo desnudo haciendo de observador pero sin voluntad de comunicación con lo observado.

Si queremos hacer una correcta meditación debemos concentrar la mente para relajarla y hacerla silenciar, porque cuanta más relajación mental más profundidad se alcanza respecto al objetivo de la meditación. Pero tan importante como eso es la concentración y el control mental frente a las sensaciones y distracciones internas y externas que nos llegan, porque si no se hace así no llegaremos a desconectarnos del no-yo que siempre está pensando en pasado y removiendo lo que no nos ayuda en nada. Desarrollar la atención consciente es concentración pero si queremos ser conscientes aquí y ahora de dónde y cómo se mueve la mente y cómo dominamos nuestros diferentes cuerpos: 1º.- Deberíamos relajar el cuerpo y la mente; 2º.- Deberíamos evitar fijarnos en las sensaciones y distracciones de la mente para que no causen ansia ni tensión; 3º.- Deberíamos hacer de observadores de la mente para disciplinarla, porque gracias a la atención voluntaria y libre de interferencias en general es como se consigue la unificación progresiva con el Alma o Yo superior.

Si cuando queremos mantener la atención constante como observadores para evitar los obstáculos y las distracciones que entorpecen la comunicación con nuestra Alma surge una distracción, la respuesta de la mente es inmediata con tal de indagar o de razonar lo que sea. La mente suele estar descontrolada y no quiere que la dirijan sobre lo que tiene que pensar, por eso, cuando la atención consciente sobre ella se debilita, vuelven a interferir las sensaciones y los recuerdos del pasado, de ahí la necesidad de control constante hasta que aprenda a callar. Sin embargo, aunque esas interferencias y sensaciones sean obstáculos tienen algo positivo y es que nos muestran dónde o a qué estamos apegados por medio de su atención. Apego es creer que somos la sensación, la distracción o el pensamiento, simplemente porque nos gusta o porque deseamos que sea así.

Las sensaciones y distracciones surgen de los patrones creados por las acciones y pensamientos del pasado, y cuanto más apegados hayamos estado al mundo físico y a nuestros deseos, sentimientos y manera de pensar, más nos costará concentrar la mente para que no se distraiga o sea vencida por esos obstáculos. Lo que vivimos en el presente es la semilla del futuro, por eso, si nuestra atención es constante sobre nuestra mente, sobre los sentimientos y deseos y sobre el mundo externo con la intención de ser dueños de todo y actuar de forma voluntaria y consciente según los dictados del Alma, entonces nuestro futuro estaría libre de karma y de muchas ataduras. Si, una vez alcanzada la paz interna aunque sólo sea por unos momentos, en vez de vivir en esa realidad temporal pero intensa, nos dejamos llevar por las ideas, deseos e intereses materiales del no-yo, nos complicaremos la vida y solo obtendremos sufrimiento.

Cuando alguien impone su voluntad sobre la personalidad, a la vez que elimina las distracciones y sensaciones, por mucho karma que tenga, siempre estará en la paz del Alma. Cuanto más se desea o se piensa en algo y cuanto más se distrae uno con las sensaciones internas y externas y con la mente instintiva, más ansia hay y más problemas surgen. Nuestra vida debe ser relajada física y mentalmente y para ello debemos reconocer las tensiones que surgen de las sensaciones porque son las sensaciones las que producen ansia; es decir, no debemos identificarnos con las sensaciones como normalmente hacemos cuando decimos “soy yo”, “es mío”, “me gusta”… Cuanto más interesados estemos en algo ajeno al Alma más fortaleceremos ese algo y más actuará contra nosotros, si queremos liberarnos de la personalidad para identificarnos con el Alma debemos tener la consciencia en el momento presente ─no en el pasado ni en el futuro─ y actuar con buena voluntad y discernimiento.

Es necesario practicar la observación atenta de las impresiones externas y las respuestas de nuestros instintos, deseos y sentimientos y muy especialmente de nuestra mente para ver cómo va de un asunto o hecho a otro, esto es la “atención consciente” Si queremos limpiar la mente tenemos que dejar pasar las distracciones que atraen la atención de la mente y no tener expectativas de futuro como tampoco remover el pasado. Lo importante es vivir el aquí y ahora presente y poner nuestra atención sólo en lo necesario para cumplir responsablemente con nuestros deberes y en las cosas del Espíritu; esto es, el amor al prójimo, la fraternidad, la colaboración con todo ser viviente, la compasión y la generosidad con todo lo manifestado como parte de ello que somos.

La concentración-meditación debe ser constante, sea lo que sea lo que estemos haciendo, pero debe estar siempre hecho con el corazón y teniendo nuestros más elevados ideales siempre presente. La “introversión consciente y voluntaria”, como podríamos llamar a esta técnica de desarrollo espiritual, nos hace conscientes de la experiencia interna porque analizamos las sensaciones y las distracciones de la mente separando unas de otras e imponiendo la voluntad espiritual del verdadero Yo sobre todo lo observado. Así vemos la naturaleza de estos obstáculos y la manera en que intentan condicionarnos y crear tensiones en nuestra vida y en nuestros cuerpos. Al hacernos conscientes de todo esto obtenemos fortaleza para detener esas influencias externas y para dejar de pensar a voluntad, lo que nos facilita una expresión total de todos los cuerpos en el más elevado sentido de la espiritualidad.


Francisco Nieto

domingo, 13 de noviembre de 2011

NUESTRO PAPEL EN EL MUNDO



Se suele decir entre los ocultistas que la ignorancia es, muy posiblemente, el peor enemigo que la humanidad tiene respecto a su proceso evolutivo. Y así es, si todo el mundo supiera que somos un Espíritu creado por Dios, que está utilizando una serie de vehículos o cuerpos para evolucionar a través de la experiencia aquí en el mundo físico; y que, tarde o temprano, tendremos que transformarnos y llegar a Dios como meta de nuestra perfección, otra manera de actuar tendríamos y una sociedad más fraternal y justa habríamos desarrollado. El hecho de no saber que el Renacimiento y la Ley de Consecuencia dirigen nuestro desarrollo y nuestros destinos, hacen que la mayoría de las personas no se interesen por mejorar moral, intelectual y espiritualmente su vida y su ser; y lo que es peor al pensar que solo vivimos la vida presente hace que muchos sean extremadamente egoístas y materialistas.

La humanidad está en un momento evolutivo en el que cada cual se reconoce como individuo autoconsciente pero no sabe cuál es su papel en el mundo, el porqué de dicha existencia, y ni siquiera cuál es el origen de la manifestación del universo. Somos partícipes y colaboradores de una gran y maravillosa obra pero, como cualquier tejedor, trabajamos por el reverso sin poder ver la parte importante y más bella de la obra. El trabajo post-morten y el destino basado en gran parte en los hechos de la vida pasada nos han ayudado a distinguir entre el bien y el mal y a desarrollar toda una serie de sentimientos y pensamientos elevados que suelen impedir que vayamos marcha atrás pero que no son tan motivacionales para la mayoría como para hacer que se interesen más por el prójimo que sufre necesidad que por ellos mismos. Así es que, el común de la humanidad está ciego respecto a su papel en esa obra divina y, por tanto, está trabajando pensando más en sus propios intereses que en los de los demás y mucho menos en Dios.

Como en todos los colegios donde siempre hay alumnos que se adaptan mejor, se esfuerzan y se sacrifican más que otros, lo que les lleva a no repetir y a estar en cabeza de su clase, aquí ocurre lo mismo respecto a las Almas reencarnantes, lo que tiene como efecto que unos ya no necesiten renacer o que otros trabajen conscientemente en el Plan de Dios sabiendo cómo funcionan sus leyes divinas. Éstos últimos, aun con unos conocimientos que el resto no tiene, tampoco saben, en la mayoría de los casos, qué es lo que están consiguiendo aun con esfuerzo y sacrificio. A éstos les trae el destino muchos medios para que aceleren su desarrollo espiritual pero la gran mayoría se desalientan y abandonan; sin embargo, tanto unos como otros, mientras sigan luchando continuarán progresando. Todas las personas, según su estado evolutivo, sienten el impulso interno de ser creativas, de esforzarse por algo, de intentar vivir en paz y de superarse a sí mismo, y es ese impulso, aunque algunos no lo crean, el que les llevará a la perfección y a la casa del Padre que está en los Cielos. Nos queda aún mucho para conseguirlo pero ese impulso nos irá facilitando —como efecto— la elevación intelectual y de conciencia necesaria para que vayamos comprendiendo progresivamente cuál es el papel del ser humano en los planes de Dios. Por muy incomprensible que parezca ser este Plan, a nosotros ahora sólo nos debería importar:

1º.- No desmoralizarnos
2º.- Persistir y levantarnos de las caídas una y mil veces si es necesario.
3º.- Intentar hacer el bien por cualquier medio allá donde nos encontremos y a todo ser
viviente.

Son muchos los medios por los cuales hemos conseguido alcanzar el desarrollo actual, tiempo atrás pasamos de la inconsciencia a la autoconsciencia y del estado animal al semianimal, pero siempre y en cada paso evolutivo que hemos dado ha sido necesario sacrificarse. Hoy no es menos, el sacrificio debe continuar y prueba de ello es que, si queremos dar el siguiente paso en el desarrollo de nuestra conciencia, debemos trabajar sobre nosotros mismos para conseguir librarnos de las ataduras de este mundo físico y de nuestro cuerpo emocional a la vez que controlamos la mente. En la época actual, donde contactamos con escuelas de ocultismo que son de mucha ayuda, debemos dar un primer paso considerado también como un sacrificio, esto es, el abandono de vicios que nos dominan —alcohol, tabaco, sexo, drogas, etc.— Esto, comparado con el sacrificio que hizo Cristo por nosotros no es nada, sin embargo, después de eliminar esos pequeños vicios, vendrá otra etapa que nos hará comprender que nos tendremos que sacrificar nosotros mismos por nuestros hermanos, a la vez que dejamos de ser tan materialistas y egoístas.

Cualquier persona que se analice detenidamente puede darse cuenta de que está dominada por los deseos, las pasiones, las emociones y los malos sentimientos y pensamientos entre otros; puede pensar que con el paso del tiempo y razonando con la mente se controlará todo, sin embargo, si observa también a la mente verá que ésta es muy inquieta, muy cambiante y que la gusta pensar por su cuenta y sin que lo percibamos la mayoría de las veces. Queramos o no, el destino nos obligará a sacrificarnos hasta dar sólo la necesaria importancia a lo material y, por el contrario, a mantener un ideal que nos lleve a servir y a amar al prójimo; por eso, el ideal del sacrificio, casi debería ser automático. No debemos tener prisa por recorrer el sendero y averiguar cuál es nuestro papel en la vida y en el Plan de Dios, sino todo lo contrario, hay que persistir en el desarrollo espiritual sin prisa pero sin pausa, puesto que las tentaciones son más y más sutiles cuanto más progresamos.

A veces, razonando con sentido común, podemos extraer mucho conocimiento de los efectos de nuestra actitud ante los demás y ante las circunstancias. Para ello sólo es necesario practicar la observación de todo ello y tener autocontrol sobre nosotros mismos para no estar perturbados, distraídos, enfadados ni nada que hiciera que nos amonestáramos a nosotros mismos en momentos de serenidad. La mente, además de ser muy útil para controlar los deseos y las emociones, debe estar vigilante ante cualquier hecho que merezca la pena para aplicar el discernimiento o el sentido común; de esta manera nos daremos cuenta de:

1º.- Que nuestro papel en nuestro medio ambiente y en la sociedad es muy importante y puede hacer mucho bien.
2º.- Que gracias a ese mundo externo podemos avanzar psicológica y espiritualmente respecto a nuestro Ser interno.
3º.- Que si conseguimos hacer esto en la paz interna, con buena voluntad y manteniendo unos ideales elevados, pronto escucharemos la voz que nos dejará todo mucho más claro.

Todas las normas y consejos que se dan en el mundo del misticismo con tal de que el aspirante espiritual eleve su conciencia y actúe como un verdadero hijo de Dios, se pueden resumir en la siguiente frase: “Andar en la Luz”. Y es que, como está escrito en la Biblia, “Dios es luz, si caminamos en la luz como Él está en la luz, tendremos comunión unos con otros.” Cuando tenemos por norma poner el “servicio altruista” a los demás antes que a nosotros mismos; cuando afrontamos las circunstancias, los problemas y las crisis con alegría sabiendo que está en nuestro destino; cuando somos humildes y, comprensivos con el prójimo aunque nos ofendan y perjudiquen; cuando cumplimos con nuestros deberes y responsabilidades alegremente; cuando nuestros corazones están llenos de perdón, compasión, ternura y buena voluntad; y cuando, sobre todo, intentamos imitar a Cristo ante las personas y ante el mundo que nos rodea; entonces ni siquiera necesitamos saber cuál es nuestro papel en el mundo porque todo nos vendrá en su momento por añadidura.

El simple hecho de vivir conscientemente en cada momento —en el aquí y ahora— con la idea de vivir en Dios ya nos hace sentir que estamos en un nivel vibracional superior al de cualquier momento de nuestra vida cotidiana; el simple hecho de hacer todo como si lo hiciéramos a gusto de Dios eleva nuestra conciencia y hace que nos observemos a nosotros mismos; el hecho de intentar hablar, actuar y pensar como lo haría Cristo en nuestro lugar hace que nuestro corazón esté deseoso de entregarnos y de amar al prójimo. Esto es “vivir en la luz” y cuando vivimos de esta manera en la luz no necesitamos buscar motivos ni ayuda para que nos guíen o iluminen nuestro camino; sin embargo y aunque así sea, tenemos más guías y más iluminación de lo que podemos imaginar. El aspirante espiritual debería procurar no verse en la necesidad de preguntarse que cuál es su papel en la Tierra ni nada parecido porque eso significa que aún se encuentra algo perdido.

En ese nivel, donde surgen las dudas así como las tentaciones todavía es fácil de permanecer en la oscuridad y decir en momentos de crisis “No me importa estar así”. Lo que significa que debe buscar cuanto antes un aliciente o algo que le estimule para encontrar de nuevo la vida superior. Como alguien escribió “Dios está más cerca de nosotros que nuestras propias manos” Dios está presente en nosotros y es testigo de todo lo que somos y lo que hacemos y, aunque en momentos de debilidad digamos que nos da igual todos, sabemos, porque así nos lo dice nuestro Yo superior que nuestra meta de perfección es Dios y que a Él tenemos que volver como hijos suyos que somos. Cuando abrimos nuestros corazón y elevamos nuestra consciencia Él nos inspira y nos intenta guiar en Su luz, luego entonces ¿Qué necesidad tenemos de andar a tientas en este mundo de ciegos?


Francisco Nieto