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sábado, 29 de octubre de 2011

HACIA EL "DESPERTAR"



En el lenguaje esotérico y en el hoy moderno llamado “psicología espiritual”, se dice que una persona está "despierta" o "dormida" dependiendo de si dicha persona es consciente de que debe esforzarse por elevar su conciencia y, por tanto transformar su vida para que se pueda identificar con su Alma. En la etapa actual y en los años que vivimos, podríamos decir, pues, que la mayor parte de la humanidad está dormida porque aún no está preparada para creer y poner en práctica las enseñanzas que traen ese despertar; estas son algunas de ellas:

1º.- No somos el cuerpo físico, ni las emociones, ni la mente sino que somos un Espíritu diferenciado por Dios dentro de Él mismo.
2º.- Nosotros, como un Yo superior o Alma estamos por encima de la mente y utilizamos a ésta para percibir el mundo físico a través del cerebro y los sentidos.
3º.- Ese Espíritu se manifiesta como un Alma en cada persona en forma de “conciencia” y “voluntad”; y como tal es el que recoge la quintaesencia de las experiencias de cada vida después de la muerte del cuerpo físico.
4º.- Cada Alma evolucionante renace como una nueva personalidad representada con un cuerpo físico, otro etérico, otro emocional y otro mental.
5º.- El renacimiento y la ley kármica de Causa y Efecto son la base para su desarrollo y crecimiento espiritual, haciendo que cada persona renazca y tenga el destino que se merece de acuerdo a sus hechos en anteriores vidas.
6º.- La evolución fue la que nos llevó a ser semianimales para después pasar a ser humano pero es el ser humano mismo quien ahora debe despertar para eliminar lo que nos queda del aspecto animal y elevar la conciencia al nivel del Alma.

Visto esto está claro que quien hoy ha despertado es porque se hizo consciente de que era dominado por los deseos, las emociones, las pasiones, los pensamientos… y ha comprendido que es unYo superior a todo eso y que debe luchar contra ello para sentirse libre y actuar según su propia voluntad y según su conciencia.

Así es que la mayoría de las personas se dedican a:
1º.- Cumplir con sus obligaciones y responsabilidades de mejor o peor gana.
2º.- A dejarse dominar por determinados vicios.
3º.- A alterarse, enfadarse o meterse en problemas por el hecho complicarse la vida en cosas sin importancia o que no le deberían de afectar.
4º.- A disfrutar “de la vida” siempre que tienen un momento de ocio.
5º.- Actuar casi como un autómata repitiendo todos los días los mismos hechos, pensando y actuando de la misma forma, no buscando una vida superior, y no dedicando un solo minuto a su Alma ni al prójimo.

Lo mismo que en el pasado utilizamos cuerpos de materia bastante más sutil que esta y otra clase de conciencia interna, —similar a la de los animales— así, en el futuro desecharemos el cuerpo físico para habitar un cuerpo espiritual etérico —fruto del desarrollo espiritual obtenido con el físico a través de los renacimientos— y obtendremos una conciencia libre de todos los obstáculos que hoy nos dominan e impiden que despertemos. Pero, como es evidente, eso no se consigue con dinero ni porque un supuesto maestro o vidente diga que nos lo va a conceder, ni por nada parecido. Los poderes del Espíritu, son niveles de conciencia superiores y los cuerpos etéricos que en un futuro tendremos que utilizar, debemos desarrollarlos en nuestro interior por medio de la práctica de los ideales más elevados, como por ejemplo:

1º.- El servicio a los demás hecho de corazón y de forma desinteresada.
2º.- El respeto, la consideración, la fraternidad, la comprensión, la tolerancia con el prójimo….
3º.- El amor a todo ser viviente puesto que su vida tiene el mismo origen que la nuestra.
4º.- La oración, la devoción y la adoración a Dios.

Razonando los párrafos anteriores podemos asegurar de nuevo que la mayoría de las personas siguen todavía dormidas y pensando que sólo vivimos una vida y que, por tanto, hay que disfrutarla todo lo que se pueda. Si queremos despertar a esa nueva vida o conciencia espiritual no sólo debemos quitarnos los vicios que nos dominan y dejar de criticar, pensar mal y todos esos defectos que tan a diario manifestamos, sino que tenemos que descubrir nuevos conocimientos que llevados a la práctica nos faciliten esos objetivos. Los libros, las conferencias, videos, escuelas esotéricas, religiones, etc., pueden ser muy útiles siempre que nos señalen el sendero del desarrollo espiritual, si no es así, todo se quedará en conocimiento, resultando que el conocimiento hincha pero no satisface al Alma. Si no aplicamos, a modo de práctica rutinaria, los conocimientos espirituales y nuestros propios ideales, moriremos y volveremos a renacer casi como cuando lo hicimos en esta vida. El destino mismo nos trae las oportunidades que necesitamos para hacer los cambios que nos corresponden en determinadas épocas de la vida, bien sean posibilidades positivas de desarrollo o bien por medio de problemas y hechos que no queremos afrontar. Son muchas las veces y los hechos que dejamos de aprovechar o despreciamos porque no queremos analizarlos, resolverlos o porque preferimos que lo hagan otros; sin embargo, cuando nos demos cuenta de esta realidad después de la muerte ya será demasiado tarde y nos arrepentiremos.

Cuando todavía estamos “dormidos” parecemos niños entreteniéndonos con juegos, fiestas, televisión… sin darnos cuenta que todo eso es inútil para el Alma y que, además, hace que nos preocupemos, obsesionemos, tengamos temores y enfados, y un sin fin de cosas más que terminan por amargarnos la vida. La mayoría de nosotros hace lo que puede para cumplir con sus deberes pero no se esfuerza por desarrollar sus capacidades, dejándolo para otro tiempo futuro cuando quizás esté más preparado. Pero esto no es lo más grave, lo peor es que si estamos aprisionados y dominados por lo cotidiano y lo personal trabajando solamente por nuestros intereses egoístas ¿Cuándo nos vamos a preocupar por las cosas del Alma? Si de verdad queremos progresar en el sendero de la espiritualidad poniendo en práctica nuestros ideales más elevados, debemos desarrollar la voluntad y la persistencia llevando a cabo nuestros deberes cotidianos; debemos aprovechar las oportunidades de progreso; superar las tentaciones que nos llevan al ocio y a satisfacer pasiones y vicios; e intentar controlar la mente para que no piense por sí misma. Haciendo todas estas cosas tan simples es como nos preparamos para hacer trabajos mayores que nos harán mucho más sensibles a las influencias de los mundos espirituales. Una de las leyes divinas que más actúa sobre nosotros viene a decir algo así: “Cuando dais lo mejor de vosotros al mundo, lo mejor del mundo os será devuelto.”

Existen dos ejercicios que son muy útiles a todo aquel que desea superarse a sí mismo, estos son: La auto-observación y la Retrospección. La auto-observación trata de —como acto voluntario— tener la consciencia en todo lo que hacemos, sentimos y pensamos, es decir, de estar sumamente atentos a nosotros mismos para no actuar incorrectamente, para no crear malos sentimientos y deseos, y para evitar que la mente no esté descontrolada. Sólo de esa forma podemos evitar hacer mal y que lo que venga del exterior sirva de estímulo para ese mismo mal. La retrospección trata de revisar mentalmente los hechos del día —desde que nos acostamos en sentido inverso hasta que nos levantamos ese mismo día— Debemos practicar la observación de lo que nos rodea y la auto-observación propia para hacer una verdadera retrospección porque de lo que se trata es de ver dónde, cómo y cuándo hemos hecho mal para tomar conciencia de ello y proponernos no volver a caer más, así como también ver las buenas obras y pensamientos del día para fortalecernos espiritualmente y repetir esas mismas acciones siempre que podamos. Por tanto, es en la vida diaria, en las cosas pequeñas que llamamos “sin importancia” donde debemos esforzarnos por extraer el conocimiento y el poder espiritual que nos llevará a despertar una nueva y más elevada conciencia.

Es imprescindible que limpiemos nuestra casa y adquiramos muebles nuevos. Limpiar la casa es no repetir o crear malos sentimientos ni deseos; no dejarse dominar por las pasiones vicios; evitar las preocupaciones, miedos, enfados, críticas, etc.; y limpiar la mente de todos esos malos hábitos de pensar —hacer que no piense en ello— en cosas innecesarias, en distracciones absurdas, en los estímulos procedentes de las emociones y deseos, etc. Adquirir muebles nuevos es controlar la mente para que —además de no pensar en lo que no debe— piense en hechos relacionados con los más elevados ideales —amor al prójimo, fraternidad, altruismo, oración por la humanidad, compasión, comprensión y tolerancia con los demás,…— es llevar a la práctica esos pensamientos en cada oportunidad que nos surja a diario —ir en un medio de transporte y crear buenos pensamientos y sentimientos hacia las personas que vemos, servir en todo lo que podamos, valorar las cualidades sin fijarnos en los defectos de aquellos con quienes no simpatizamos, dar gracias a Dios por todo lo que nos ha facilitado, hacer las cosas con amor para que alcance a quien pueda afectar, etc. etc. Esta limpieza y nuevo amueblamiento de nuestra personalidad transmutarán el cristal oscuro y sucio que impide que veamos la luz y hará que nuestra aura brille de manera que los maestros se fijen en nosotros y nos faciliten lo que necesitemos.

Basándonos en lo dicho hasta ahora preguntémonos ¿Cuánto me preocupo por mi personalidad y cuánto por mi Espíritu? ¿Cuánto me esfuerzo y sirvo a los demás? ¿Cuántas veces doy gracias a Dios y, en general, a las personas que hacen que yo me alimente, trabaje, sea feliz, obtenga conocimientos que me ayudan..? Después de meditar sobre estas preguntas seamos sinceros y respondámonos a nosotros mismos ¿no deberíamos esforzarnos y sacrificarnos más por ser mejores, —en pensamiento, palabra y obra— por servir allá donde podamos y ser más humildes y agradecidos a Dios y al prójimo? Todo el bien que hagamos y que nos procuremos a nosotros mismos perdurará y tendrá una gran utilidad en el universo y en el medio ambiente en que vivimos, por tanto, seamos más fieles colaboradores de Dios y unos servidores amorosos de nuestro prójimo.


Francisco Nieto

domingo, 9 de octubre de 2011

LA DISCIPLINA MENTAL EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (I)



Cuando en mis artículos hablo del Yo superior o Ego, me estoy refiriendo al verdadero “Ser” y no a la personalidad compuesta de los muchos yoes relacionados con los sentimientos, emociones y forma de expresarse de la mente. Este Yo, también considerado el Alma fruto de todas sus manifestaciones y renacimientos en el mundo físico, es el representante del Espíritu diferenciado por Dios dentro de Él mismo, es el recopilador de la quintaesencia de cada vida y el que sólo está subyugado a Dios puesto que está desarrollando los poderes de Dios que tiene en forma latente. El Yo superior se vale del cuerpo físico, del cuerpo de deseos o emocional y de la mente para experimentar y evolucionar aquí en la tierra, pero él habita en el "Mundo del Pensamiento" desde donde, a través de la mente, se supone que debe gobernar dichos vehículos por medio de la voluntad.



Estos vehículos o cuerpos traen, como desarrollo adquirido en otras vidas, cierto grado de poder que deberá ser ampliado progresivamente hasta que adquieran la perfección necesaria como para que seamos conscientes en los mundos superiores como lo somos actualmente en el mundo físico; y para ello debe valerse y hacer el mejor uso posible de los mismos en cada vida. El vehículo más elevado que puede utilizar el Ego para identificarse con su propio Espíritu y con su creador es la mente, puesto que ésta tiene poder sobre los pensamientos, las emociones y sentimientos, y, por tanto, sobre las acciones del cuerpo físico. Por consiguiente, debemos aprender a utilizar la mente de manera que, por medio de la voluntad, podamos purificar los diferentes cuerpos y así espiritualizar el carácter y la voluntad.



Podríamos hablar de diferentes métodos de desarrollo espiritual pero, en mi opinión, hay que comenzar a partir de una misma base para todos ellos, esto es, el reconocimiento de que el ser humano no es el cuerpo físico, ni los deseos, ni los sentimientos y ni siquiera la mente. Es imprescindible que cada persona se observe a sí mismo hasta comprobar que “su voluntad” (como expresión de su Yo superior) gobierna su cuerpo físico, sus emociones y su mente, es decir:



1º.- La voluntad puede concentrar y dirigir su mente hacia el asunto que desee, por tanto, está por encima de ella.

2º.- Un pensamiento determinado hace que responda el cuerpo de deseos o emocional, manifestando éste un deseo, sentimiento o emoción; por tanto, el pensamiento está por encima de los deseos y sentimientos.

3º.- El cuerpo físico obedece a la voluntad a través de la mente y, como efecto, también a través de los deseos y sentimientos; por tanto, el cuerpo físico está bajo el dominio de los deseos, sentimientos y pensamientos a la vez que éstos están todos gobernados por la voluntad del Yo superior.



Así es que, el primer paso es reconocer este Yo e identificarnos con él porque, según el grado de identificación, así será el poder que desarrollaremos y así serán los resultados que obtendremos respecto al desarrollo espiritual que debemos alcanzar. La mente, por tanto, es el instrumento del que se vale el Ego para pensar, obtener conocimiento y dominar sus vehículos hasta hacer de ellos sus herramientas sagradas.



El Ego se manifiesta en cada renacimiento desde las regiones (hay siete en cada mundo) superiores del Mundo del Pensamiento, unas regiones donde aún no somos conscientes como tampoco lo somos en el mundo de los deseos y de los sentimientos, sin embargo, este Ego está envuelto en materia mental de acuerdo al desarrollo alcanzado desde el principio de su evolución. Existen tres clases de mente relacionadas con el Ego:

1ª.- La mente instintiva que pertenece al pasado pero que aún se manifiesta.

2ª.- La mente concreta con la que razonamos como personas y a la cual debemos controlar para que no actúe por sí misma.

3ª.- La mente abstracta o espiritual que se manifestará según desarrollemos los poderes del Espíritu.



En el pasado, el ser humano se guiaba por su mente instintiva, pero cuando hemos desarrollado el germen de la mente concreta, la hemos impuesto sobre lo instintivo y hemos aprendido a discernir con voluntad y consciencia. En un futuro desarrollaremos la mente abstracta y espiritual haciendo, como primer paso, que la mente sólo piense cuándo, cómo y lo que queramos según el grado de desarrollo espiritual adquirido. Como podemos intuir ya partiendo de lo dicho, si debemos obtener poder sobre el mundo físico y sobre nuestros vehículos, y si debemos desarrollar los poderes latentes del Espíritu, lo primero que debemos hacer es desarrollar los poderes internos antes de gobernar lo externo.



El Yo, junto a la voluntad, debe obtener auto control de su mente hasta el punto de que ésta obedezca y piense sólo y exclusivamente cuando el Yo quiera y para lo que quiera porque consiguiendo eso, el cuerpo de deseos y el físico responderán de acuerdo a la naturaleza del pensamiento. Esto debe ser así con el fin de tener un cuerpo mental limpio y claro y no lo que normalmente hacemos de estar haciendo una cosa o estar observando otra a la vez que la mente campa a sus anchas y piensa en mil cosas a la vez y la mayoría de las veces sin que nos demos cuenta. Una vez que conseguimos limpiar y controlar la mente hasta cierto punto, es nuestro deber utilizarla inteligente y eficazmente para los asuntos relacionados con nuestro desarrollo espiritual. Esto hace que no derrochemos vitalidad y que desarrollemos la voluntad y la concentración a la vez que la ponemos en armonía con la voluntad. Así es que ya vemos que para obtener los primeros resultados respecto al control de los diferentes cuerpos o personalidad, es necesario desarrollar la voluntad y la concentración de la mente. Esta es la manera en que la mente espiritual se desarrollará para imponerse sobre la mente instintiva y la concreta. El correcto uso y la concentración de la mente nos permite descubrir la verdadera naturaleza interna de las cosas para así obtener un conocimiento oculto pero, si esto es importante, más importante es aún la observación y análisis de nuestra propia mente y naturaleza interna puesto que estudiándonos a nosotros mismos descubrimos a Dios del cual somos parte.



Sabemos que el desarrollo de la mente se debe principalmente a la concentración, prueba de ello y sin que muchos se den cuenta, son los científicos e investigadores que vienen a decir que sus descubrimientos surgen después de profundizar persistentemente sobre un asunto concentrando la mente sobre él. Si nos ponemos en el puesto del Ego y nos situamos (como en realidad es) por encima de la mente como observadores de la misma, nos daremos cuenta que hace lo que la viene en gana según lo que perciban los sentidos y según los estímulos del cuerpo de deseos; es más, a veces miramos y no vemos, oímos pero no escuchamos y nuestra mente piensa y no nos damos cuenta. La mente es como un niño o como un animal sin adiestrar, cuando queremos utilizarla para algo útil nos cuesta concentrarla, por eso se dice que es inquieta, inestable, cambiante e incluso molesta. Está claro que todo aquel que haya conseguido algo importante en la vida ha sido gracias a la concentración y buen uso voluntario de la mente, ya que, sin voluntad y concentración no se adquiere poder ni gobierno sobre ella. Las mentes tienen tal poder y autonomía que no se dejan dominar fácilmente y más aún porque están acostumbradas a disfrutar y a complacerse en los deseos y sentimientos que la persona tiene como hábitos dominantes.

Francisco Nieto