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domingo, 25 de septiembre de 2011

ESPIRITUALIZANDO EL CARÁCTER (y II)

Una vez grabado el ideal en el subconsciente y como complemento (al menos durante un tiempo) es conveniente prestar atención a las situaciones o circunstancias donde nos encontremos para ver de qué manera podemos servir. Sin embargo y por si la persona interesada piensa que no surgen oportunidades para servir, diré que cuando no hay oportunidades claras de servir, el simple hecho de hacer todo y cumplir con nuestros deberes con amor y pensando que ese trabajo servirá o beneficiará a otros, es suficiente. Hay un detalle muy importante en la construcción de un ideal además de tener la clara voluntad de hacerlo, y es que, mentalmente, debe verse dueño del ideal y tener muy claro que es la base de su carácter. Si, a su vez, piensa o dice palabras de “confirmación” como que se ha consumado la obra o ideal, éste se verá más fortalecido en el subconsciente y su voz hablará más clara y fuerte para recordarlo.

Cualquier ocultista sabe que la mente es poderosa y creadora y que los pensamientos (según su naturaleza) estimulan los deseos y los sentimientos y, por último, llevan a la acción física. De acuerdo con esto, pues, está claro que las personas que se sienten y están convencidos de que son unos desgraciados o que tiene mala suerte y mantienen y repiten esos pensamientos y sentimientos, estarán dominados inconscientemente por ese “ideal” y todas sus actitudes y expresiones de sus cuerpos irán en esa dirección. Como es natural, una persona así debería tener el optimismo, la esperanza y el éxito como ideal. Hay que tener claro que la persistencia y repetición de pensamientos, deseos y sentimientos forman el ideal pero también que llevan a la acción y a atraen esa clase de vibraciones y ambientes.

El común de la humanidad piensa que nace con un carácter y que ese carácter es muy difícil o imposible de cambiar; otros que tampoco tienen mucho interés en cambiar su carácter y hábitos, se consuelan diciendo que ellos son así de nacimiento y que no pueden hacer nada para remediarlo. Estas personas no saben que, lo mismo que nacemos con unas tendencias o carácter como resultado de los anteriores renacimientos y que este carácter va cambiando, también éste último y como resultado de sus conocimientos, relaciones y experiencias, va cambiando día tras día. Este cambio o transformación del carácter que a diario hacemos es un trabajo, principalmente, de la mente subconsciente y de la atención o consciencia de los hechos con los que nos encontramos. Estas personas no saben que son ellas, y nadie más, quienes van formando su carácter partiendo del carácter o temperamento que traen desde el momento de su nacimiento, pero que si pusieran voluntad en crearse unos ideales desarrollarían otro carácter a voluntad.

Si nos dejamos dominar por malas influencias personales, las cuales estimulan malos sentimientos, deseos y pensamientos, crearemos unos hábitos que serán los ideales de nuestra vida y que nos llevarán a crear un carácter negativo. De aquí la necesidad de observarnos a nosotros mismos para que, una vez analizada la naturaleza de nuestro carácter, pongamos la voluntad y el discernimiento necesarios para transformar nuestro carácter y nuestras vidas. El hombre de fuerte voluntad y determinación construye su carácter sobre ideales elevados que, como causas, traerán un buen destino. Por el contrario, quien no se esfuerza ni desea analizarse y se deja dominar por los demás, por los placeres y por el materialismo, no debe esperar un buen destino y tendrá que hacer frente al mismo hasta que aprenda a cambiar su carácter.

Cuando somos conscientes de que somos un Ego, un Alma o Yo superior que renace en cada vida con nuevos cuerpos para continuar su evolución gracias al conocimiento y a las experiencias que obtenemos con los mismos, nos damos cuenta de que somos dueños y señores de dichos cuerpos y que su naturaleza es flexible y cambiante bajo la influencia y dirección de la voluntad. De la misma manera que conseguimos anular nuestro gusto por determinados vicios (alcohol, tabaco…) o conseguimos dar con amor un donativo a un mendigo que antes repudiábamos, también podemos cambiar nuestros malos hábitos e ideales para construir un nuevo y más espiritual carácter. Como ya hemos dicho, la mente subconsciente tiene un papel muy importante en la construcción del carácter, pero no nos olvidemos que es la voluntad del Ego quien debe dirigir, a través de la mente consciente, la construcción del ideal que llevará a dicha transformación del carácter. El Ego o Yo superior es el principio espiritual que intenta dirigir nuestras vidas, él es inmutable en comparación con lo cambiables que son nuestros cuerpos y nuestra mente, por tanto, es la voluntad espiritual quien debe dirigir nuestras vidas para hacer de la personalidad un ejemplo de admiración por parte de los demás. Nosotros podemos hacer un cuerpo musculoso y más sano, podemos cambiar nuestros deseos y sentimientos y podemos cambiar nuestra manera de utilizar la mente para pensar y enfocarla en cosas y hechos positivos y espirituales que formarán el ideal o base de la espiritualización del carácter.

Aunque no queramos admitirlo o no nos demos cuenta de ello y aunque pensemos que no podemos cambiar nuestro carácter, hemos de admitir que muchas veces intentamos cambiar el de las personas que nos rodean. Lo podemos comprobar con nuestros hijos cuando queremos inculcarles una serie de verdades que les demuestren que su manera de enfocar la vida es errónea; o cuando intentamos ayudar con palabras, consejos o ejemplos a una persona que consume drogas; o cuando damos ejemplos y enseñamos estos conocimientos a otros para que enderecen su vida que va por mal camino. Entonces, ¿Por qué no vamos a poder cambiar nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos y deseos, y nuestra manera de hablar y actuar? El carácter, sea cual sea, puede cambiarse y espiritualizarse, da igual que sea el que traemos de otras vidas en forma de tendencias que el que hayamos forjado por medio de la autosugestión, de las relaciones y del medio ambiente en que vivimos. Sólo es necesario fortalecer la voluntad y utilizar el discernimiento para autoanalizarnos, corregirnos e incluso autosugestionarnos porque, al fin y al cabo, la autosugestión es un medio para crearnos los ideales que formarán el nuevo carácter.

Ya hemos dicho que el Ego es dueño y señor de sus cuerpos o vehículos puesto que los puede gobernar por medio de la voluntad. Todos los vehículos son importantes y necesarios para el desarrollo y evolución de este Yo superior porque:

1º.- Con el cuerpo físico experimenta y toma consciencia de las experiencias, obtiene conocimiento y se expresa por medio de las acciones y la palabra.
2º.- Con el cuerpo de deseos o emocional siente, tiene el aliciente necesario para impulsar al físico a la acción, desea y manifiesta emociones y crea hábitos por la satisfacción y repetición de los correspondientes hechos.
3º.- Con la mente podemos crear en los diferentes mundos, adquirimos conocimientos, formamos la memoria, razonamos y podemos gobernar el cuerpo de deseos y, por tanto, el cuerpo físico.

Por consiguiente y aunque la mente (bajo el dominio de la voluntad) tenga poder sobre los demás vehículos, estos cumplen un papel fundamental en cada vida y podemos obtener un gran beneficio de cada uno de ellos si sabemos aplicar nuestra voluntad y el discernimiento.

Es muy importante que tengamos claro el ideal que necesitamos o que mejor se adapta a nuestra voluntad para poder cambiar nuestro carácter, pero aquí también entra en juego el cuerpo de deseos porque, antes que nada, debemos “desear ese cambio”, ya que si no deseamos profundamente ese cambio no podremos aplicar la voluntad. La voluntad tiene poder sobre los deseos y los deseos pueden hacer que la voluntad entre en acción, aunque sea para actuaciones negativas por el simple hecho de no tener la consciencia en ese momento. Pero, aun siendo conscientes y puesto que deseamos cambiar el carácter, debemos permitir al cuerpo de deseos (debemos desear) que sus deseos elevados pongan en acción a la voluntad para comenzar la autosugestión o formación del o de los ideales elevados que necesitamos. Por tanto, hay que desear hacer el cambio de carácter para que entre en juego la buena voluntad que hará que la mente razone para conseguirlo. El cuerpo de deseos tiene dos aspectos o naturalezas: una es el aspecto animal más manifestado en las personas poco evolucionadas (lujuria, venganza, odio…) y otra hacia la que nos encaminamos los que deseamos espiritualizar el carácter, que trata de los deseos y sentimientos más elevados que el ser humano puede alcanzar en la etapa presente (amor al prójimo, deseo de servir y ayudar, compasión, altruismo…) Así es que, es de la naturaleza superior del cuerpo emocional de donde debe salir el deseo que formará el ideal necesario que consiga transformar o desarrollar el carácter.

Es evidente que quien desea espiritualizar su carácter es porque observa en su cuerpo de deseos ciertos deseos o sentimientos de naturaleza inferior, por eso, repito, es necesario que el aspirante espiritual se observe y analice para ver qué clase de ideales debe crear para erradicar los defectos e imperfecciones que hay en su carácter. De acuerdo a la fuerza del deseo será la fuerza de voluntad que se ponga en la intención, esto significa que el deseo debe ser tan intenso como para poner en acción la voluntad y para que haya la suficiente persistencia como para crear el ideal a seguir hasta cambiar el carácter. Sin embargo, se puede dar el caso de que no haya deseo y sí algo de buena voluntad para hacernos mejores personas, en este caso habrá que imponer la voluntad sobre el cuerpo de deseos para crear un deseo elevado sobre el cual se pueda fijar la voluntad hasta desarrollarle como ideal a seguir. Una persona de buena voluntad y razonamiento puede que no se interese por estas enseñanzas ocultas pero si, por determinadas circunstancias o personas que le hablan de ellas, llega a interesarse y a desear aprender el aspecto espiritual de ellas, y después comienza a trabajar con la imaginación y el discernimiento hasta encontrar un ideal que madure en su interior, no cabe la menor duda que creará un carácter positivo que se manifestará en ella, como un nuevo y más espiritual carácter.

El deseo es necesario para la supervivencia del ser humano, y según sea éste así podrán se los logros que se alcancen para bien para mal; el deseo puede llegar a hacer de una persona un santo o un terrorista. El mismo poder o fuerza que tiene el deseo para llevar a una persona al peor de los vicios, también lo tiene para salir de ese vicio y elevar a la persona por encima de todos los instintos animales. El deseo, al igual que una planta hay que sembrarle (tener voluntad), regarle (mantenerle consciente y voluntariamente en la mente para llevarle a la práctica) y cuidarle (no practicar lo contrario para entorpecer el crecimiento de lo que deseamos) Si a determinado deseo le complementamos imaginando que ya lo poseemos (por ejemplo: un carácter amable y simpático) y meditamos sobre su naturaleza y sus efectos positivos, podremos ver cómo el subconsciente lo tendrá presente y nos lo recordará. Cuando creamos y situamos un fuerte deseo en la mente inconsciente también estamos fortaleciendo la voluntad para que ese deseo se cumpla, de aquí que quien desee cambiar su carácter lo tenga más fácil si de verdad lo quiere hacer bien.

Los deseos, como ya hemos dicho respecto a la planta, se pueden alimentar, pero cuando lo que queremos es eliminar un deseo que perjudica a nuestros ideales o a nuestro carácter, lo que debemos hacer es lo contrario, es decir, hacer que la mente no piense en ese deseo ni en nada relacionado con él. Para matar un mal deseo hay que desearlo, hay que tener una voluntad firme, no hay que pensar en ello, y no hay que prestarle atención ni siquiera con la imaginación porque eso sería un alimento para él. Es cierto que con cada victoria nos hacemos más fuerte para luchar contra cualquier mal deseo, pero eso no debe evitar que busquemos otras ayudas complementarias como la creación del hábito contrario al mal deseo. Si nos centramos en este nuevo deseo y le fortalecemos con la imaginación y con la práctica, venceremos al mal deseo más rápidamente.

Cuando una persona, refiriéndose a otra, dice que tiene un carácter de tal o cual naturaleza, es muy posible que no sepa que el carácter actúa desde el subconsciente. Es decir, la repetición crea el hábito y éste hace lo mismo respecto al carácter en la mente consciente, pero según se va formando el verdadero carácter lo va haciendo en la mente subconsciente desde donde se manifiesta como naturaleza propia del individuo; de aquí que los trabajos dirigidos hacia el subconsciente tengan éxito. Como podemos ver, la formación de hábitos es muy importante para la transformación del carácter puesto que el hábito se sitúa sobre la mente subconsciente. En realidad, eliminar un mal hábito del carácter es tan simple como crear otro que represente la virtud opuesta y repetirla en pensamientos y hechos hasta que se consolide como parte del carácter.

Una vez comprendida la naturaleza del deseo y su mecanismo, debemos dar la correspondiente importancia al siguiente paso que nos ayudará a cambiar el carácter, esto es, el hábito. Los hábitos tienen su origen en alguno de los dos siguientes aspectos de la vida:

1º.- Los que traemos en forma de tendencias de renacimientos anteriores y que debemos fomentar (los positivos) o eliminar (los negativos)
2º.- Los que creamos en la presente vida desde la propia infancia y de acuerdo a la educación, el medio ambiente y a las relaciones personales.

Aquí juega un papel muy importante la auto observación y la meditación sobre lo que hacemos, deseamos y pensamos. Hasta tal punto es cierto esto que la mayor parte del día nos expresamos sin razonar lo que hacemos. El que ha creado el hábito de ser sincero es difícil que mienta, el que ha creado el hábito de ser servicial y altruista es difícil que desaproveche una oportunidad para beneficiar a otros, y así sucesivamente actuando casi de una manera automática o instintiva. Así es que, como hemos explicado, el cambio de carácter tiene como base el cambio de hábitos, y si alguien lo duda que haga una retrospección de su vida y comprobará cómo eliminó algunos hábitos y creó otros nuevos.

Si un día decidimos aprender mecanografía lo más seguro es que no demos pie con bola, pero si al siguiente día lo volvemos a intentar fallaremos menos, y si seguimos practicando, al cabo de no mucho tiempo tendremos muy pocos fallos. Esto significa que se alcanza mejores resultados cuando hacemos una pausa o descanso entre un ejercicio o trabajo y otro. En la formación del carácter ocurre algo parecido, debemos practicar todo lo aconsejado en estas líneas y debemos hacerlo con plena confianza de que lo vamos a conseguir pero entre el trabajo de un día y otro hay que olvidarse un poco de ello para que quede grabado en el inconsciente que es el que actuará automáticamente en el futuro. En la filosofía oculta se hace mucho hincapié en:

1º.- Que los estudiantes comprendan el poder de la mente como origen de todo lo que ha creado y puede crear el hombre.
2º.- En que el Yo superior o Ego está por encima de la mente y, por tanto, puede dominarla y utilizarla para trasforma su carácter y naturaleza.
3º.- En que no somos el cuerpo físico, los deseos, sentimientos y ni siquiera la mente.
4º.- En que es imprescindible que nos observemos y conozcamos para así trabajar a favor de nuestro propio desarrollo espiritual.
5º.- En que nada conseguiremos si no hemos obtenido antes un alto grado de dominio propio.

Creo que ya hemos hablado de todo ello excepto del dominio propio, el cual es importante. El ser humano no debería andar por la vida como una veleta, no debería dejarse influenciar por los demás, ni tampoco debería pensar hoy de una manera y mañana de otra, ni debería dejarse arrastrar por los deseos ni los sentimiento, sino que debería imponer su voluntad sobre sus vehículos con tal de controlar los impulsos y la mente y así mantener el equilibrio y la paz interior. Es imprescindible que el aspirante al cambio de carácter tenga plena confianza en sí mismo y exprese o repita mental y conscientemente frase como: Tengo poder para conseguirlo, tengo firmeza y persistencia u otras similares; esto y el hecho de imaginar que ya se ha conseguido el cambio deseado y que se está llevando a la práctica con éxito, completará la formación.

La fe o confianza en uno mismo también son importantes a la hora de proponerse hacer un cambio de carácter por medio de nuevos y elevados hábitos e ideales. Para muchas personas será suficiente con leer algunas enseñanzas como las que aquí se dan o similares, pero para otros no serán suficientes y deberán esforzarse más y persistir desde la voluntad y la mente. La mente es constructora y como tal, si hay voluntad y persistencia, no puede fallar, por eso se deberá trabajar con la imaginación, con el deseo y con la confianza de que se va a conseguir con toda seguridad como explicamos en estas líneas. Está claro que cuanta mayor voluntad y confianza propia más probabilidades de éxito porque éstas eliminan barreras. Por el contrario, la falta de fe y de confianza junto a la duda de conseguirlo, impedirán que se alcance ese o esos nuevos hábitos que cambiarán el carácter.

La determinación debe ir unida al conocimiento de que todos somos iguales y de que tenemos las mismas herramientas para crear un nuevo carácter. La voluntad procede del Yo Superior en todas las personas, lo que nada tiene que ver con que una persona tenga más estudios, fama… que otra a la hora de realizar estos trabajos internos. También somos todos iguales a los ojos de Dios pero el que se esfuerza por cambiar su vida y su destino (carácter es igual a destino) obtendrá ayuda desde los planos invisibles. La persona que se proponga cambiar su carácter debe hacerlo desde este convencimiento, olvidándose de su personalidad terrenal que hasta ahora le ha llevado por caminos erróneos por la influencia de los malos deseos y hábitos, y con la fe y confianza en su Yo superior que también representa la sabiduría. Esto dará ánimos, valor y conciencia suficiente como para vencer el miedo y la duda. En cada uno de nosotros hay un centro de poder y ese poder se adquiere cuando nos interiorizamos y trabajamos consciente y voluntariamente a favor del Espíritu. Entonces, éste nos ayudará fortaleciéndonos para que aprendamos a decir ¡No! A los deseos y hábitos negativos de la personalidad, entonces será cuando nuestra conciencia y nuestra voluntad sean invencibles.

Francisco Nieto

domingo, 11 de septiembre de 2011

ESPIRITUALIZANDO EL CARÁCTER (I)

El carácter es lo que nos identifica, es algo así como la marca que se pone a un objeto o animal, y es por eso por lo que decimos que una persona tiene buen o mal carácter, o un carácter brusco, o disciplinado, o inquieto, etc. El carácter se forma y transforma principalmente por dos medios:

1º.- Por las influencias de la propia familia y educadores así como del medio en que nos movemos desde que nacemos.
2º.- Por la propia voluntad, iniciativa y naturaleza de la propia persona.

Pero para el ocultista hay un tercer medio sobre el cual se forma el carácter, y éste es el que se relaciona con los átomos simiente de nuestros diferentes cuerpos y que son el resultado ─como quintaesencia─ de la evolución alcanzada hasta ahora a través del renacimiento. Esta quintaesencia se refleja en la manera de pensar y en nuestros deseos y sentimientos y viene reflejada sobre todo en el signo solar y en el del Ascendente del horóscopo; pero esto, al fin y al cabo, son tendencias modificables por el propio carácter y voluntad de la persona como podemos comprobar que ocurre según van pasando los años. Según va evolucionando la humanidad a través del renacimiento va desarrollando la voluntad ─aspecto del Espíritu─ y el discernimiento por lo que, como es evidente, en cada renacimiento estamos más capacitados o tenemos más poder para aplicar ambos con la intención de crearnos un buen carácter y un buen destino; por consiguiente, cada persona debería preocuparse un poco cada día por actuar de acuerdo a las Leyes Divinas y a las morales y espirituales humanas.

Cuando decimos que nacemos con un carácter y en un medio ambiente y familia determinada que influirá en el desarrollo del carácter en la presente vida, estamos refiriéndonos también a la Ley Kármica de Causa y Efecto puesto que es esta ley la que hace que renazcamos en esas circunstancias para cumplir con nuestro destino y para que tengamos la oportunidad de desarrollar en un grado más amplio y superior dicho carácter. Tengamos el carácter que tengamos las leyes divinas nos facilitarán los medios ─buenos o malos─ para que, al final de nuestra vida, el resultado sea siempre un mayor desarrollo que en la anterior. Naturalmente que nosotros podemos colaborar o entorpecer dicho desarrollo pero, aun actuando en contra de las Leyes Divinas, éstas nos pondrán los impedimentos necesarios para que rectifiquemos, por tanto ¿Por qué retrasar nuestra evolución si podemos espiritualizar el carácter en la presente vida? Las personas que, como fruto de su evolución, sienten la necesidad de ser mejores, adelantarán muchísimo más que las que no lo sienten si aplican a sus vidas cualquier ayuda que se cruce en su destino ─filosofía oculta, literatura de auto-ayuda, o el sendero de devoción y de las enseñanzas cristianas─ pues, éstas ayudas no estarán en su vida por casualidad, sino porque se lo merecen y les brindan la oportunidad de utilizarlas para su propio desarrollo espiritual.

Las ayudas que en nuestros días están al alcance de cualquiera son muchas aunque algunas sean más válidas que otras. La persona que elige el sendero de devoción le bastará con imitar a Cristo y practicar sus enseñanzas, o incluso tener como ideal “hacer todo como si fuera para Dios”; las que elijan el sendero del intelecto tienen suficiente información con la física cuántica y la literatura de autoayuda como para comprender que somos un Espíritu que renace y que utiliza un cuerpo físico y una mente para perfeccionarse; las personas que se interesen por la filosofía oculta o esotérica también obtendrán la información necesaria para espiritualizar su carácter, con la diferencia de que esta filosofía ─si procede de una verdadera escuela─ unifica a las anteriores y llevan a la adquisición de la primera iniciación en mucho menos tiempo que las anteriores. Algunas de las ayudas que nos encontramos en esta vida para espiritualizar el carácter son más acertadas que otras, por ejemplo, unas aconsejan que para quitarse un defecto se concentren en él y lo nieguen, mientras que otras aconsejan esforzarse por desarrollar la virtud opuesta al defecto para así hacerle desaparecer por inanición.

La mente consciente y la subconsciente juegan un papel muy importante en el desarrollo y transformación del carácter, veamos un poco cuál es la naturaleza del subconsciente. Nuestra mente, en su aspecto general, es algo parecido a un iceberg del cual sólo se ve una pequeña parte quedando el resto escondido a nuestra visión. La mente concreta y consciente estaría representada por la pequeña parte superior que flota, mientras que la otra mayor parte que queda bajos las aguas escondidas representaría al subconsciente o inconsciente. Pongo este ejemplo para decir que la mayor parte del día la mente está activa pero que no somos conscientes de su actividad nada más que cuando tenemos que hacer o pensar algo verdaderamente importante.

Si analizáramos nuestra actividad mental y nuestra expresión nos daríamos cuenta de que en un 90 % son respuestas automáticas del subconsciente, instinto y respuestas no razonadas y por tanto no conscientes. De hecho, muchas personas que no recuerdan algo o que son incapaces de resolver un problema, reúnen la información que pueden y se la dejan a la mente subconsciente para que ésta resuelva el caso; es algo así como si la mente subconsciente trabajara de forma independiente de la consciente y nos enviara la información o respuesta correcta después de un tiempo y sin esperarlo. Otras veces nos concentramos y reflexionamos tanto sobre un asunto que es como decir que nos hacemos voluntariamente inconscientes del mundo que nos rodea, de nosotros y de los pensamientos pero que, al final, obtenemos la respuesta que buscamos; casi podríamos definir a esto “atención inconsciente”.

Todo ser humano siente el impulso o deseo inconsciente de obtener conocimiento y de progresar y, aunque parezca que no es así, es la mente inconsciente la que nos facilita en gran medida los logros que alcanzamos, viniendo alguno de ellos incluso de otra vida. La mente subconsciente obedece a la voluntad mucho más de lo que creemos, lo que ocurre es que no lo ponemos en práctica, por ejemplo, si nos proponemos firmemente levantarnos a determinada hora y damos la orden al subconsciente, éste hará que nos despertemos; o también, resolver un problema o acordarnos de algo, si le damos los datos al subconsciente, al cabo de un tiempo nos dará la respuesta. Todo está en saber imaginarse o plantear el problema, tener claro lo que queremos obtener y dar la orden al subconsciente como si fuera un empleado. Sabiendo que los pensamientos son formas de materia mental, debemos dejar clara constancia del problema y de lo que deseamos obtener porque serán los elementales los que cumplirán las órdenes. Para quien desee poner en práctica este conocimiento debe tener presente dos cosas, una que no debe buscar él mismo la solución y dos que debe desecharlo ─dárselo al subconsciente─ como quien da un trabajo a otro con la seguridad de que lo va a hacer. Naturalmente que los resultados dependerán de cómo lo haga, de la persistencia y de la paciencia.

Aplicando este conocimiento al desarrollo del carácter, tendremos que comenzar por decir que la base es la “construcción consciente de un ideal” para que luego trabaje la mente sobre él haciendo que estemos atentos. Lo creamos o no, el carácter de cada persona adulta tiene mucho que ver con los pensamientos, sentimientos y deseos que asiduamente tiene. Así, la persona cuyo ideal sea imitar a Cristo sentirá ese impulso a lo largo del día porque su mente subconsciente se lo recordará; pero para ello habrá tenido que estar un tiempo creando pensamientos, deseos y sentimientos relacionados con la obra de Cristo y con la clara voluntad de hacerlo ella. Supongamos que deseamos desarrollar la virtud de servir amorosamente al prójimo, lo primero que debemos hacer para crear el ideal es trabajar con la imaginación ─ver cómo, dónde y cuándo podemos servir─ para luego añadir la firme voluntad y deseo de querer hacerlo y los correspondientes sentimientos relacionados con el amor al prójimo y el altruismo. Cuando esto se repite en momentos de meditación y oración o en momentos de relajación y de paz interior, el ideal queda grabado mucho más claramente en la mente subconsciente.

Francisco Nieto