Entradas populares

miércoles, 20 de abril de 2011

EL ESOTERISMO,LA CIENCIA O AMBOS (y III)



Volviendo al Ser Supremo, éste gran Ser, como primera y única manifestación de lo Absoluto, contiene EN SÍ MISMO (como nosotros tenemos, por ejemplo, las células y el poder de la voluntad) siete Grandes Jerarquías Creadoras que son las encargadas de crear esos siete Planos Cósmicos donde evolucionan infinidad de millones de Espíritus como nosotros. Ya hemos visto cómo estamos limitados para ver más allá de lo que perciben los sentidos, y algo similar ocurre respecto a creer o no creer en que dentro de un Ser pueda haber otros que cumplan una función, todo depende del desarrollo de la conciencia. La conciencia adquirida por un perro no está preparada para comprender quiénes somos y mucho menos para comprende que nuestro organismo funciona por medio de una vitalidad, un circuito de sangre, un sistema respiratorio y millones de células y neuronas que cumplen una misión, etc., etc., etc. Ellos perciben (de forma diferente a nosotros) nuestro cuerpo físico, pero no tienen información de cómo se ha creado y cómo funciona; y si dejáramos a un perro delante de un cadáver hasta que desapareciera, tampoco comprendería por qué ha desaparecido, porque su conciencia está limitada en el grado que conocemos como animal. ¿No nos puede ocurrir a nosotros algo parecido respecto a la formación del universo y a otros seres que habiten en él?

Si sabemos que la materia es el resultado de la combinación de varios átomos que a su vez tienen varias partículas subatómicas, y que entre ellos hay un vacío (todavía desconocido por la ciencia) donde se sabe que operan fuerzas o energías invisibles ¿Por qué no vamos a creer que el big bang es el resultado de una serie de combinaciones de éteres más sutiles que pertenecen a otros mundos? Es más, para crear un universo como el que conocemos, donde hay orden, leyes, fuerzas inteligentes, etc., ha debido de surgir de ALGO INTELIGENTE y con VOLUNTAD; o sea, como cuando nosotros queremos crear algo que, primero lo queremos hacer, luego pensamos cómo, y por último lo creamos físicamente. Los Espíritus ante el Trono o Jerarquías Creadoras son en realidad siete expresiones de Su propia naturaleza, algo así como siete rayos o canales por donde se expresa Su Vida, y son las Jerarquías Creadoras (Espíritus creados por Dios como a nosotros pero con una conciencia y un desarrollo tan cercano a Dios que Éste les permite utilizar esas energías-expresiones para la construcción del universo) las que utilizan esos Poderes de Dios para crear el universo en sus siete Planos y Mundos con sus subdivisiones por donde evolucionan otras muchas oleadas o enjambres de Espíritus como nosotros que estamos en el mundo más bajo. Entre estas jerarquías encontramos a los Ángeles, Arcángeles, Tronos, Dominaciones, Principados, Virtudes, Potestades y otras mencionadas por la iglesia católica y otras religiones del mundo.

Continuando con el Ser Supremo, cuando este gran y elevadísimo Ser fue manifestado por lo Absoluto, no había nada puesto que el Ser Supremo es la perfección espiritual, lo más elevado como conciencia, como existencia, como vibración, etc. Pero, cuando Él aún no había comenzado su obra, solo podríamos decir que el universo vacío era Vida, Espíritu y Conciencia, algo así como la matriz donde se unirán las dos partes o polos (Espíritu-Materia) necesarios para que se pueda formar el universo; lo que a los ojos de los científicos sería un vacío o caos. Cuando comenzó Su Obra con la ayuda de las Jerarquías Creadoras diferenció el espacio en dos aspectos, por un lado Él Mismo como Espíritu Universal o polo positivo y, por otro la Substancia Raíz Cósmica o polo negativo, la cual, según se van creando los Planos Cósmicos, será utilizarán para crear sus mundos más densos; llegando así al séptimo o inferior donde esa Substancia Raíz Cósmica se manifiesta como elementos químicos de dónde se ha formado todo lo que vemos. Así es que la formación del universo es casi al contrario que lo que opinan los científicos, no se puede partir de lo físico como real y buscar el origen o subjetividad como irreal, sino que lo físico es irreal puesto que es la condensación de ese vacío recién manifestado por ese Ser Supremo. Como dice la Biblia “En el principio las tinieblas cubrían la faz del abismo y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las Aguas”. Tanto las tinieblas como ese espacio compuesto de los éteres primordiales de donde se formó la materia y la vida son el Ser Supremo antes de comenzar Su Obra.

Dios, con Sus tres poderes y siete Espíritus ante el Trono, estaba allí para crear la vida y los Planos Cósmicos de manifestación para que los enjambres de Espíritus y las Jerarquías Creadoras pudieran evolucionar a través de los cuerpos y formas. El hecho de que el vacío sea transformado en Substancia Raíz Cósmica por un aspecto de este gran Ser, significa que está siendo preparado para que pueda ser usado en los diferentes Planos Cósmicos. Por eso he dicho que los elementos que componen nuestro sistema solar y el universo son la manifestación de una “partícula” que procede de un vacío o Caos, y es que fue sobre ese vacío o polo negativo de la Substancia Raíz Cósmica sobre el que el Tercer Aspecto de Dios puso Su energía para comprimirlo y facultarle para ser usado en los diferentes mundos. Esto no nos debe extrañar puesto que toda la materia está formada por átomos y cuanto más compleja la forma más combinación y más átomos intervienen, sin embargo, todo surgió de un átomo de hidrógeno. Por consiguiente, nuestros átomos (materia) son el resultado de un trabajo efectuado por la Conciencia (por Su poder o aspecto) de Dios y por eso se dice que “Dios mantiene la manifestación” (hasta que quiera disolverla) y que “En Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestros ser”.

Según se forman los Planos para ser usados, el Segundo Aspecto o Poder de este gran Ser anima la materia con lo que conocemos como “vida” para que puedan ser construidas las formas, es a partir de aquí cuando podemos decir que hay nacimiento, crecimiento, decadencia y muerte en el universo manifestado. Esta vida anima la materia de los Planos superiores comenzando así a evolucionar esa elevada y muy sutil “materia”. Según desciende esta Vida por los diferentes y más densos mundos, va animando la materia que los forman, y cuando por fin llega al Plano y mundo físico, facilita a los elementos químicos ya manifestados, el poder de combinarse entre sí por medio del big bang de los científicos. Por tanto, el universo está formado por materia inerte procedente de la Substancia raíz Cósmica o vacio primordial, mientras que la vida procede de ese éter primordial del Ser Supremo que ocupaba todo el vacío o tinieblas antes de la primera intervención de nuestro Dios. La vida comenzó animando formas invisibles a nuestros ojos, después hizo lo mismo con otras formas más densas y después de muchísimas combinaciones de la materia, (átomos) la vida, ya muy experimentada por las anteriores formas, anima nuestros cuerpos de forma individual. Esta vida que desarrolló la conciencia propia gracias a las experiencias en cuerpos con conciencias similares a las que tienen los diferentes reinos, es la que hace reconocernos como un Yo

Estos Aspectos o Poderes de Dios densificaron los átomos para crear el mineral, hicieron posible la unión del hidrógeno y el oxígeno para que hubiera agua en el planeta y que la vida siguiera evolucionando a través de los reinos. Así es que la Vida de Dios está presente en todo lo manifestado y Dios Mismo está más cerca de nosotros de lo que pensamos. Cuando esa vida ha evolucionado lo suficiente como para utilizar un cuerpo tan complejo como el nuestro, el Primer Aspecto de Dios hace que uno de los Espíritu de los enjambres que Él Mismo diferencia en Sí Mismo pueda utilizar ese cuerpo con autoconciencia, de ahí que se diga que tenemos a Dios dentro (nuestro ser es parte de Él) de nosotros y que somos a imagen y semejanza a Él. Nosotros nos encontramos (como Espíritus o vidas evolucionantes) en el más denso de un esquema de siete mundos que, a su vez, está en el séptimo Plano Cósmico o Plano Físico, por tanto, estos mundos de diversos grados de vibración, densidad de materia y conciencia, están formados a partir de esos éteres primordiales y de esa Substancia Raíz Cósmica que compenetran todos los Planos y Mundos. Nuestra vida y nuestros Espíritus fueron diferenciados Por y En Dios y estamos empezando a evolucionar como seres humanos en sentido ascendente por los diferentes mundos del sistema solar hasta que desarrollemos los poderes latentes que de Él tenemos.

Lo mismo que al hablar del origen del universo siempre quedan muchas preguntas sin responder, tanto desde el punto de vista científico como del esotérico, lo mismo hemos de decir respecto a su final. Hemos hablado (según la ciencia) de que en ALGO VACÍO Y OBSCURO, que también creo que llaman “energía obscura”, se produce una pequeña explosión en una partícula, la cual, necesariamente, debe ser el origen o portadora de todos los elementos químicos y biológicos y de todas las fuerzas y leyes que gobiernan el universo. Desde el punto de vista esotérico, esta energía obscura es el séptimo Plano Cósmico antes de manifestarse como materia, la cual surge gracias a las Jerarquías Creadoras (invisibles a nuestros ojos como los otros mundos) que trabajan en otros mundos superiores y más sutiles. Sin embargo, tanto en el séptimo Plano inmanifestado, como en ese VACÍO O TINIEBLAS científico, ya estaba el germen de lo que debía ser el universo físico, puesto que, aún sin manifestarse físicamente, el Ser Supremo (existente antes de la manifestación del universo) ya compenetraba ese vacío, Él era las Tinieblas de donde proceden todos los Planos, Mundos, Vida, Leyes y Fuerzas del universo. Es más, el universo físico es su Cuerpo o aspecto físico como nuestro cuerpo físico es el aspecto nuestro, y cuando digo nuestro me refiero a ese Espíritu o voluntad que renace (se manifiesta) y tiene conciencia, inteligencia, deseo, vida, sentimientos…

Se dice que cuando llegue el momento en que nuestro sistema solar deba morir (como en su momento lo hará el universo) el núcleo del Sol perderá calor, entonces éste se expandirá para hacerse un gigante rojo que abarque, compenetre y desintegre los planetas más cercanos (podríamos decir que los reabsorbe) A partir de cierto momento el Sol se contraerá para hacerse una enana blanca, quedando una nebulosa (como en el origen del sistema solar) que alcanzará a los planetas que hayan quedado haciendo que desaparezcan. Si algo quedara de estos planetas quedaría a la deriva puesto que ya no existiría la gravedad del astro rey. Pero esa enana blanca pierde también su energía al cabo de millones de años, convirtiéndose así en una enana negra y fría como el espacio, el cual, pienso, terminaría por desintegrarla y reabsorberla.

Pero, como todo ocultista sabe, la Ley de Analogía y el axioma hermético mencionado en otro párrafo, nos dicen que desde el átomo hasta el universo, pasando por el hombre y por toda forma manifestada, todo tiene Espíritu, Conciencia y Vida. Así es que, lo mismo que detrás de nuestro cuerpo físico hay un espíritu con conciencia y con una vida que se expresa en sus cuerpos, así un planeta, una estrella y cualquier otro cuerpo celeste en el universo, tiene su Espíritu que se expresa como vida y conciencia puesto que todo Espíritu creado está evolucionando. La diferencia entre un Espíritu planetario o solar y nosotros es evolutiva y de conciencia, como ocurre entre nosotros y los reinos que evolutivamente nos siguen. Todo Espíritu ha sido creado por un Dios y tiene su origen en ese Ser Supremo, por tanto, los que llevan evolucionando muchos millones de años y incluso fueron creados en otra manifestación anterior, van muy por delante de nosotros y su forma de expresión ya no es un cuerpo físico humano sino un planeta (donde la vida evoluciónante existente, invisible o visible, evoluciona gracias a la Vida y Conciencia de ese Espíritu) una estrella o una galaxia. Estos Espíritus, al igual que nosotros con nuestros cuerpos llenos de infinitas vidas con conciencia, están evolucionando a través de esos Planos y Mundos invisibles y así van manifestando sus cuerpos o creaciones para que, a la vez que ellos evolucionan, puedan evolucionar otros Espíritu menos evolucionados como nosotros. Por consiguiente, al igual que nosotros como Espíritus, conciencia y vida, abandonamos nuestros cuerpos porque ya no nos sirven para una siguiente etapa y porque ya no podemos experimentar más en ellos, así mismo, un sistema solar y el universo mismo se deben desintegrar cuando se haya cumplido el Plan del Dios que lo creo, volviendo su materia al Caos de donde salió.

El fin del universo puede ocurrir cuando la expansión venza a la gravedad, entonces se destruiría todo, la materia se disgregaría y los átomos se destruirían, convirtiéndose así en un Vacío o Nada (para nuestros sentidos) en el que reinaría la Vida y la Conciencia del Ser Supremo y todas las Jerarquías que evolucionan en los Planos superiores sin necesidad de expresión física. Según el punto de vista de la ciencia, una vez disuelto todo lo manifestado, o mejor dicho, una vez que los átomos se desintegran y reabsorben en ese vacío existente antes del big bang, solo quedaría esa “energía obscura” que es la que hace que el universo se expanda. Para acabar y por añadir un motivo más de meditación, diré que, visto lo ya expuesto, nuestro cuerpo está compuesto de átomos que bien han podido formar parte de cualquier cuerpo celeste y que nuestra conciencia es parte y está evolucionando dentro de la Conciencia de Dios manifestada en todo el sistema solar. Por consiguiente, química y biológicamente somos parte del universo, es decir, todos somos Uno con Dios, con Su creación y, por supuesto, con el Ser Supremo.

Francisco Nieto

lunes, 4 de abril de 2011

¿EL ESOTERISMO, LA CIENCIA O AMBOS? (II)







Los científicos no tienen explicación alguna porque no saben, o no creen, que haya otros mundos superiores y de materia más sutil que lo que conocemos, por eso no hablan nada más que de que el big bang trajo la posibilidad de que existiera un universo físico donde se forma la vida por una serie de circunstancias físicas, químicas y biológicas. Entonces dicen que la explosión trajo las fuerzas y elementos que formaron los soles y de éstos los planetas y que en éstos se formó la vida. Pero el ocultista afirma que el universo es la expresión de Una Vida Consciente (normalmente conocida como: Dios, Ishvara, Aura Mazda, Alá o Logos) que se manifiesta como tres aspectos o poderes (Poder, verbo y Movimiento; Brahma, Vishnu y Shiva; Padre, Hijo y Espíritu Santo; Creador, Conservador y Destructor) para diferenciar dentro de Él Mismo siete Planos Cósmicos que van de mayor a menor vibración desde el suyo propio y, igualmente desde el suyo propio, de menor densidad de “materia” hasta la máxima que sería el séptimo Plano cósmico que es el inferior o físico. Partiendo de la base (tal como he explicado al principio) de que estos Planos se compenetran como la materia más sutil compenetra la más densa (en nuestro cuerpo hay materia sólida, líquida, gaseosa, células, moléculas, átomos, Quark y otras partículas o éteres que la ciencia no ha descubierto) hemos de entender que si vivimos en un mundo físico con un cuerpo físico, nuestros sentidos actuales como humanos de acuerdo a la conciencia adquirida, no pueden percibir nada más que la materia física como les ocurre a los científicos.




Pero hemos de admitir que lo mismo que un haz de luz se manifiesta en siete diferentes colores al pasar por un prisma de cristal, algo similar puede ocurrir con la formación de los siete mundos de diferente densidad de materia y diferente grado de vibración y conciencia, partiendo del propio Poder de Dios. Pero, hagamos un inciso para aclarar un poco el aspecto de lo que llamamos conciencia en ocultismo. Todo universo está compenetrado por la Vida y la Conciencia de su creador como también está nuestro cuerpo creado por nuestro verdadero Yo o Alma para poder evolucionar gracias a las experiencias que como personalidad tiene en él. Y, al igual que las células, neuronas, moléculas y átomos se benefician de nuestra vida y conciencia, también nosotros y todo lo existente (puesto que todo está compenetrado pro la Vida de Dios) nos beneficiamos de Su Conciencia que está a nuestra disposición para que a través de los cuerpos que utilizamos la podamos desarrollar progresivamente en cada vida.




El mineral, inerte y sin vida aparente, tiene vida (aunque no la veamos como no vemos la nuestra) y está comenzando a desarrollar la conciencia gracias a las impresiones que recibe del exterior, bien sean golpes (que estimulan y despiertan) frío, calor, transformación que hace el hombre, combinaciones con otros elementos, radiaciones… Cuando la vida del mineral haya alcanzado cierto grado de desarrollo, comenzará a utilizar formas de vegetales que irán desde los más rudimentarios a los más complejos y bellos, desde los que se alimentan de la roca más dura hasta los que se alimentan de otros vegetales pasando por muy diferentes clases de tierras. Cuando esta vida, que ya ha nacido como semilla, ha crecido, se ha desarrollado, se ha reproducido y ha conocido la “muerte”, alcanza cierto grado de conciencia como tal, comenzará una nueva etapa en el reino animal donde, además de lo anterior, podrá expresar deseos, sentimientos, emociones y cierto instinto mental. Cuando esa misma vida llega a utilizar cuerpos de animales domésticos como los gatos, perros, caballos, etc., a través de los cuales se ha familiarizado con el hombre, ha asimilado sus vibraciones, ha aprendido costumbres humanas y ha elevado su grado de vibración y de conciencia gracias a los cuerpos del hombre, entonces está lista para la siguiente etapa de “ser humano”.




Nosotros estamos evolucionando a través del renacimiento en cada vez más perfectos cuerpos de expresión para nuestra Alma, en cada vida alcanzamos un mayor grado de desarrollo espiritual o elevación de la conciencia pero, como todas las religiones afirman, Dios creó a otros seres cuyo desarrollo está muy por encima del nuestro. Así es que, nosotros debemos continuar evolucionando y desarrollando esa conciencia hasta llegar y sobrepasar el nivel de esos otros seres, puesto que lo que en realidad hacemos es “identificar nuestra conciencia con la de Dios”. Por eso nuestra meta es Dios y nuestra conciencia terminará identificándose con la de Dios, y entonces seremos a imagen y semejanza de Él. Cuando el desarrollo de la conciencia y del Espíritu alcanza determinado grado por encima del que tenemos la mayoría de nosotros actualmente, entonces se desarrolla la clarividencia que permite ver el mundo de los muertos y otros más elevados. Hablando de la clarividencia y de la conciencia, puesto que, al igual que nuestra visión actual, todo está unido al grado de conciencia desarrollado, sería conveniente aclarar por qué percibimos el mundo físico y no los invisibles donde habitan otros seres como los Ángeles y donde, entre otros muchos motivos más, vamos después de abandonar definitivamente el cuerpo físico en lo que llamamos “muerte”. Esta es otra manera de creer en la existencia de otros mundos invisibles que son donde están las “causas” que originan la formación del universo físico y, por tanto, de nuestro sistema solar y del planeta Tierra.




Nosotros estamos evolucionando gracias a este mundo físico y a nuestro cuerpo físico pero aún nos queda mucho por desarrollar puesto que ni siquiera somos capaces de ver totalmente dicha materia; nosotros solo vemos en parte, lo que captan nuestros ojos, pero no lo que hay dentro ni al otro lado. Lo que llamamos “ver” es la respuesta que nuestros ojos dan a los diferentes grados de vibración de luz que dichos ojos perciben, vibraciones que son emitidas por cada objeto que vemos. La luz es una vibración en el éter, y según sea su amplitud de onda y su frecuencia, así muestra un determinado color ante nosotros. Cuando pasamos un rayo de luz por un prisma de cristal, ocurre que las partículas del prisma dividen el haz de luz en sus vibraciones constitutivas y, cuando éstas alcanzan la retina del ojo se representan en el cerebro y ante nuestra conciencia como siete colores. ¿Y por qué menciono esto? Pues porque quien quiera entender este artículo con una mente abierta, comprenderá que nuestra conciencia (nosotros como yoes) está limitada por los sentidos, sin embargo eso no significa que no existan otros mundos invisibles a nuestros ojos por ser de una vibración diferente y más elevada que las que conocemos.




Nosotros no vemos más colores que los siete en que se divide un haz de luz y las pocas variaciones que se pueden conseguir combinándolas, ni tampoco vemos las ondas de radio y televisión que hay en la atmósfera, ni la electricidad, ni el electromagnetismo, ni los rayos ultravioleta…., pero el que nuestro conocimiento esté limitado por nuestros ojos no significa que no existan otras formas y fuerzas “invisibles” que son parte de nuestro mundo como los átomos son parte invisible de la materia física. Y lo mismo que el átomo (aún sin conocerlo del todo) tiene un gran poder potencial, así las Leyes y Fuerzas invisibles que hacen que se manifieste un universo o un mundo también lo tienen. Algo similar ocurre con los sonidos, nuestros oídos solo pueden percibir ciertos sonidos en una escala que van desde la nota más baja (de 32 por segundo) hasta la más alta de aproximadamente 34.768. El hecho de que nuestro oído responda solo a estas frecuencias de onda no significa que no haya otras, como todo el mundo sabe, por ejemplo, un silbato cuyo sonido no oímos los humanos pero sí los animales.




Resumiendo, nuestra conciencia no percibe los mundos invisibles primero porque no ha evolucionado lo suficiente, como ocurre con la adquisición de la mente del animal respecto a nosotros; y segundo porque, como consecuencia de lo anterior, nos vemos limitados en un cuerpo de cinco sentidos donde el cerebro no recibe nada más que la novena parte de las vibraciones del mundo que conocemos.








Francisco Nieto