Entradas populares

sábado, 29 de enero de 2011

EL NO-YO, EL YO Y EL YO SUPERIOR (III)




Comprendo que las personas que tienen pocos conocimientos sobre filosofía oculta, pongan en duda muchas de las cosas que digo o incluso la propia evolución de la mente y del yo personal. Para procurar entenderlo pongamos un ejemplo: Supongamos que llevamos a dos personas a una excursión donde puedan apreciar el arte, la cultura y la naturaleza (pinturas, esculturas, catedrales, puesta de sol en el mar o en la montaña, etc.) Una de estas personas es el típico trabajador de pueblo sin estudios, que apenas ha viajado y que su vida es el trabajo y poco más; el otro es una persona más evolucionada, de ciudad, interesado por la cultura, el arte y la naturaleza, observador de todo cuanto le rodea y de elevados sentimientos. En principio podríamos destacar dos diferencias entre el primero y el segundo, esto es, que el segundo es observador de todo cuanto le rodea y más aún de la naturaleza y que su mente se ha hecho receptiva a las impresiones que recibe gracias a la observación tenaz y a su memorización. Esto significaría que esta segunda persona está desarrollando bastante más los poderes de su mente mientras que el primero no, lo que tiene su efecto negativo. El primer personaje se fijará en lo más notable o detalles más destacados del paisaje, pintura o edificios puesto que su mente (menos sensible que la del otro) no está capacitada nada más que para captar las vibraciones más fuertes de lo que perciben los sentidos; así es que la reproducción de las imágenes no es completa ni es perfecta, algo así como si no se hubiera dado cuenta de la existencia de los detalles. Por el contrario, la otra persona percibirá todo con detalle puesto que le gusta observar y valorar la naturaleza, el arte, la belleza, etc. Cuando más percibe y conoce la mente (la práctica de la concentración y la observación) más se desarrollan sus poderes de tal manera que, aun en un mismo objeto, cuanto más se observa y se medita sobre él, más conocimiento se obtiene y más materia mental superior se atrae. Cuando a una persona poco desarrollada en su cuerpo de deseos y mental se la pone ante algo cuyas vibraciones no reconoce internamente será indiferente por mucha belleza o mucho valor cultural que tenga; por el contrario, la otra persona más elevada captará dichas vibraciones y emitirá bellos y elevados sentimientos y pensamientos como respuesta.
Así es que, los cuerpos del hombre evolucionan renacimiento tras renacimiento, pero también y como es lógico en la propia vida; y es esta evolución la que marca el grado de desarrollo o capacidad que tienen los cuerpos para percibir algo y para expresar sentimientos y pensamientos de muy diferente grado. Así es como evoluciona el yo personal a través de sus cuerpos pero, más que nada, a través de su mente. El desarrollo y la capacidad de percepción de una persona no depende de los objetos externos sino del yo y sus vehículos, o sea, de la respuesta interna hacia éstos.
Está claro, pues, que la atención tenaz y la observación concentrada, ayudan a analizar, a pensar con claridad, a meditar, etc., pero, además, desarrollan la inteligencia; me atrevería a decir que los que tienen una mente confusa es porque son poco observadores y observan con poca exactitud (salvo excepciones kármicas) ¿Cuántas veces al día nos ocupamos de controlar nuestra mente para pensar lo que queremos? ¿Cuántas horas está la mente al cabo del día deambulando de un sitio para otro sin que el yo se dé cuenta de lo que hace o piensa? La mayoría de las personas miran en muchos casos y no son conscientes de lo que ven (no observan con detalle) la mayoría oye y no se entera porque no pone la atención en lo que llega a sus oídos; esto no es pensar ni es tomar conciencia de los hechos que les rodean a diario. Para poder decir que pensamos tenemos que crear una relación entre lo que conocemos y lo nuevo que hasta ese momento no se conoce, pero para sacar el mayor provecho de esto y aumentar el poder de la mente hay que ser observadores conscientes en todo momento. Esta práctica desarrolla la memoria de tal forma que tendremos a nuestra disposición las imágenes guardadas siempre que las necesitemos.
Todas las escuelas serias de ocultismo vienen a decir que si el aspirante espiritual desea, de verdad, dar un paso importante para la elevación de la conciencia hasta el mismo plano del Alma debe comenzar por hacer determinados ejercicios. Entre dichos ejercicios, el más importante para comenzar es el de la concentración porque gracias a ella descubrimos la realidad y eliminamos (nos disociamos) de todo lo relacionado con el yo personal. La conciencia o autoconocimiento como “yo” lo obtuvimos gracias a la mente concreta (lo que en esoterismo llamamos la individualización) por consiguiente sólo nos disociaremos de lo personal si nos situamos en el plano de la mente abstracta. El yo personal no puede actuar como tal junto al Yo superior y por eso se dice que hay que “matar” al yo personal y, queramos admitirlo o no, el yo personal contiene (además del aspecto inferior del cuerpo de deseos) aspectos tan sutiles como el orgullo de conocimiento, de haber desarrollado ciertas virtudes, y otros sentimientos y deseos que, aunque nos hagan sentirnos muy buenas personas, pueden desviarnos del camino de perfección.
Hay que dejar claro que estamos hablando de eliminar sentimientos, esquemas, deseos y conceptos que pertenecen al yo personal porque esta es la manera de liberar a la mente de obligaciones, compromisos y de toda clase de obstáculos y distracciones. Podríamos decir también que esto es una manera de “limpiar” la mente y que, a la vez, la hacemos más sensitiva al Yo superior, al mundo de las ideas, y al sufrimiento del prójimo. El resultado de esto es que obtendríamos una mente libre, limpia, sensitiva y capacitada para concentrarse en lo que desee pero sin temor a ningún apego a lo material o personal. También es importante no rememorar el pasado porque los vicios, obstáculos y distracciones de la personalidad se encuentran en la memoria y, si buscamos en el pasado y sentimos inseguridad conseguimos que renazca el miedo que tanto nos puede perjudicar.
Debe quedar claro que el yo personal debe ceder su posición al Yo superior para que, como dueño de la mente, utilice la materia mental y la facultad de pensar para su propio desarrollo espiritual. Esto significa que la mente debe ser dueña y señora del cuerpo de deseos, así es que, el Yo, como Alma, deberá estar atento, en observación constante y de manera concentrada sobre la personalidad para que ésta actúe según su conciencia y su voluntad. Todo estudiante esotérico sabe que los sentidos físicos tienen un papel muy importante respecto a la actividad de los cuerpos superiores, éstos son causa de impulsos por parte del cuerpo de deseos y de la creación de pensamientos personales basadas en las experiencias y en las formas físicas. Por eso es necesario el esfuerzo concentrado del Yo superior, porque de otra forma no se podrá aquietar la naturaleza inferior del hombre. Cuando el Yo superior actúa como un observador y percibidor desde la mente superior, todo lo inferior queda controlado, por no decir que desaparece. El objetivo es reemplazar los impulsos de la naturaleza inferior por la acción inteligente del Yo superior.
Sabemos que no somos la mente ni lo que piensa la mente, la mente es una herramienta a nuestro servicio pero que procura actuar por sí misma junto a lo que sentimos, si queremos doblegarla y manejarla está claro que tenemos que llevar a la práctica lo explicado en estos párrafos: Saber cómo funciona; adquirir el conocimiento que supere la ignorancia; aclarar la confusión y eliminar los obstáculos y las distracciones de la misma; y perseverar en los ejercicios y en el amor.
Para conocer el bien hay que conocer el mal y por eso, como parte de la doble polaridad existente en el universo, el mal es necesario como lo es la doble polaridad universal. El hombre tiene el bien y el mal dentro de él mismo y cuanto más conoce el mal o sus imperfecciones más se esfuerza por acercarse al bien, pero esto no se puede llevar totalmente a cabo si somos ignorantes del conocimiento y de lo que verdaderamente somos. Tenemos tres herramientas a nuestra disposición para poder desarrollar o alcanzar nuestro verdadero ser, estos son: El cuerpo con sus sentidos, la mente, y los sentimientos y deseos. Sin éstos no hubiéramos llegado hasta el grado evolutivo actual pero, cuando una persona tiene que dar otro paso importante en su desarrollo espiritual, tiene el deber de “eliminar” su aspecto personal para utilizarlos como un Yo superior. Esto quiere decir que debemos ser siempre conscientes de lo que hacen nuestros cuerpos (pensamiento, palabra, obra, deseos y sentimientos) para saber elegir lo positivo dentro de la doble polaridad positiva y negativa, mal o bien, etc., esto es actuar en conciencia.
Es común, entre los estudiantes de ocultismo, decir que la mente es el medio por el cual se adquiere conocimiento aunque, por lo general, se piense que la mente utiliza el conocimiento y que solo sirve para dar vueltas a los problemas intentando buscar soluciones o poco más. Lo cierto es que la realidad es otra muy diferente porque, además de adquirir conocimiento a través de las experiencias, debe servir para uso del Yo superior como órgano de visión o sexto sentido. Para conseguir eso debe haber un correcto control de la actividad y de las modificaciones de la mente y un correcto uso de la facultad perceptiva para que el conocimiento obtenido sea útil a dicho Yo superior. Cuando se haya conseguido esto, lo percibido será interpretado correctamente y será transmitido al cerebro como verdad.
Pero, como sabemos, el control de las actividades de la mente no es fácil de conseguir porque ésta se distrae muy fácilmente y ha creado toda una serie de obstáculos como resultado de su manera de pensar. Pero no hay otra explicación más lógica que decir que lo que la mente crea se puede transformar por ella misma, y en este caso, hay que hacerlo creando corrientes de pensamientos contrarios a los que erróneamente se han creado. No cabe la menor duda que la mayoría de las cosas que hacemos son hechas de forma automática, instintiva, por antiguos hábitos del cuerpo de deseos y de la mente, e incluso porque traemos algunos patrones pendientes de superar de otras vidas pasadas. Este es el efecto de vivir en un mundo material y con un cuerpo con cinco sentidos y una mente objetiva y concreta cuyo desarrollo es aún muy pobre. Pero precisamente por eso debemos desarrollarla y aprender a usarla desde su nivel más elevado o abstracto. Si queremos controlarla y acabar con los obstáculos que impiden su utilización por el Yo superior, debemos hacer una constante oposición a todas esas actitudes erróneas, y una de las mejores herramientas es la meditación porque facilita el trabajo al pensador para que utilice la mente correctamente sobre el cerebro físico. Como es lógico, los obstáculos a combatir son esos patrones asentados firmemente (odio, apego, crítica, etc.) pero sin olvidar otros más sutiles y poco activos que también pertenecen a la personalidad.
En un futuro, la evolución misma, situará nuestra conciencia en tal nivel del Mundo del Pensamiento que la mente no será como es ahora sino que reflejará el aspecto interno o superior de las formas. Quien desee adelantar algo en ese sentido en la presente vida tendrá que admitir algunas cosas de las mencionadas en este artículo como, por ejemplo, que hay que comenzar por controlar la mente por medio de la concentración. Sin embargo, en esta primera etapa, para que haya concentración debe haber recogimiento y relajación pero, a su vez, la mente no debe estar suelta ni entretenida (seamos o no conscientes de ello) con sus distracciones habituales que son los obstáculos a vencer. Pero claro, para que no existan dichas distracciones deberíamos ser indiferentes a lo que perciben nuestros sentidos en lo que respecta a la personalidad; es decir, deberíamos centrar la conciencia en los hechos o causas y no en lo que proyecta la mente sobre ellos cuando no está bajo el debido control.
Pero, la comprensión del párrafo anterior, nos lleva obligatoriamente a buscar al pensador, al productor del pensamiento (el yo pensante como personalidad) que es quien ha creado los obstáculos, patrones y hábitos y se deja engañar por la mente concreta según las sensaciones externas, por lo general, filtradas por el cuerpo de deseos. Cuando somos conscientes de lo que pensamos, tratamos con la mente concreta o consciente, pero para averiguar los motivos de por qué pensamos y asociamos pensamientos inconscientes, tenemos que profundizar en los estratos inconscientes de la mente. En realidad no son los objetos sino las modificaciones y asociaciones que hace la mente inconsciente respecto a ellos lo que constituye la raíz de todas las distracciones; y esto es así porque la mente basa su actividad en las intenciones, propósitos, motivos y formas, o lo que es lo mismo, en unos patrones de pensamiento.
Una de las conclusiones que podemos sacar de lo anterior es que debemos facilitar (más bien “obligar a tomar”) un nuevo punto de partida. Pero para hacer eso pienso que deberíamos tomar a la mente por sorpresa, o sea, observar a la mente para ver qué dirección toma el pensamiento ya que, en la dirección o línea que sea, es donde podremos observar los hábitos, impulsos, etc. Esto no se puede hacer en cualquier momento sino que habrá que relajarse física y mentalmente siempre que sea posible, entonces podremos observar el comportamiento de la mente desde una posición de espectador pasivo.
En general, la mente de cada persona sigue una línea de acción particular pero, de una forma u otra, esa línea representa los hábitos de la mente, los que a su vez proceden del yo personal que es el productor del pensamiento. Así es que, la actividad común de la mente se basa en el centro de operaciones del creador de pensamientos al cual hay que transformar. Naturalmente que no es fácil puesto que, aún dando a la mente una nueva línea de acción o punto de partida, ésta buscará su propio interés (algo así como “a modo de supervivencia”) y intentará volver a ser la mente personal que se siente atraída y responde al cuerpo de deseos. Suele ocurrir en estos casos que la mente se divida (aparentemente) en dos aspectos. Un ejemplo sobre mi mismo: un aspecto superior o yo que es quien escribe y comprende todo esto como algo necesario para elevar la vibración de la mente, y otro que es el que actuará cuando deje de escribir y vuelva a los quehaceres cotidianos dejándome llevar por asuntos que ahora mismo rechazo. Así es que, el primer aspecto juzga, (como un yo superior) al segundo y puede quedar como dicho “yo superior” sin embargo no lo es sino que busca su supervivencia en nombre del desarrollo espiritual e intelectual. Aunque esto indicaría que se está actuando sobre una nueva línea de acción sobre la personalidad, no significa que este yo sea el verdadero yo superior.
En un futuro y gracias a la Ley de Renacimiento y a la propia evolución, también adquiriremos gran sabiduría, de hecho, el conocimiento es la base de la sabiduría; por consiguiente, si queremos acelerar ese proceso en esta misma vida, debemos situarnos voluntaria y conscientemente en el nivel del “conocedor”, del yo personal autoconsciente de lo que hace. La gente niega al Yo superior porque conoce y se identifica con el yo personal, pero el yo personal es conocimiento y para conocer al Yo superior tiene que obtener sabiduría. Nos hacemos sabios cuando aprendemos a utilizar nuestros cuerpos desde la posición más elevada que podamos (en sentido espiritual) y transformamos la mente para que deje de actuar de forma indolente, pasiva e ilusoria. Cuando la mente se vacía de todo eso solo se expresa lo que el yo sabe que es real y solo se admite como impresiones o sensaciones lo que se comprende que es útil para el propio desarrollo. Pero esta mente “vacía” no está en blanco ni es pasiva sino que retiene, está atenta y es sensible a todo lo superior y lo que proceda del Alma. De aquí la necesidad de practicar constantemente y de forma voluntaria la observación concentrada de todo lo que hacemos, decimos y pensamos para que, a través del discernimiento primero y de la intuición después, diferenciemos lo que es real y perteneciente al Yo superior de lo irreal y perteneciente al yo personal y al mundo físico.




Francisco Nieto

sábado, 15 de enero de 2011

EL NO-YO, EL YO Y EL YO SUPERIOR (II)







Está claro que uno de los mayores enemigos del hombre respecto a su desarrollo y a su liberación de la rueda de renacimientos es la ignorancia. Pero la ignorancia está unida al hombre desde el momento en que se vio velado por la forma o cuerpos, y es por medio de esos cuerpos como el hombre se hizo egoísta al auto identificarse como un yo dentro de ellos. Los poderes del verdadero Yo se ven limitados e impedidos por los poderes instintivos del aspecto animal que representa, principalmente, el cuerpo de deseos. No olvidemos que los cuerpos están compuestos por un conjunto de vidas o unidades semiinteligentes que, aunque están haciendo el sentido involutivo de su evolución, están camino de su autoexpresión. De aquí que el hombre se vea fácilmente enredado en la actividad de esas vidas que tanto tienen que ver con nuestros deseos, hábitos, forma de expresarnos, etc. Es por esto que el yo personal debe esforzarse por liberarse de la forma y de la ignorancia que le impide ver la realidad.

Al igual que el hombre actúa erróneamente y con maldad mientras se deje influenciar por el aspecto inferior del cuerpo de deseos, también hará lo mismo siempre que no controle su mente concreta y modifique los patrones sobre los que se basa para pensar y actuar como tal. Sólo así se aquietarán las actividades, el desasosiego, los impulsos del cuerpo de deseos y, en general, la actividad incontrolada de la personalidad. Pero para conseguir esto, el Yo superior (el Alma) debe hacer un esfuerzo para poder concentrar la mente del observador o personalidad. A su vez, la personalidad debe colaborar con los correspondientes ejercicios de concentración, meditación y observación en su vida cotidiana. El fin es, al fin y al cabo, el de reemplazar la actividad del yo (como voluntad-deseo) por la acción inteligente del Yo superior cuya naturaleza es Amor-Sabiduría. Es decir, la identificación con los cuerpos y las formas materiales deben ser reemplazadas por el desapego. Sólo el propio aislamiento y separación de todo lo que vela la visión del Alma pueden llevar a la liberación y al contacto con esta última.

Son muchos los obstáculos que el yo debe vencer para poder elevarse a las regiones superiores del Mundo del Pensamiento para, así, identificarse con su Yo superior. La mayoría de los obstáculos son efecto de malos hábitos de pensar o del mal uso de la mente como principio pensante. Es cierto que su origen está en muchos casos en el cuerpo de deseos pero son las impresiones, pensamientos y patrones sobre los que actúa la mente los que llevan al error al hombre. Así es que, para comenzar a despojarse de esos obstáculos, lo primero que debería hacer es analizar su naturaleza para, de una forma voluntaria y consciente, poder contrarrestarlos desde la mente por medio de pensamientos y patrones contrarios. Se trata de crear nuevos y correctos hábitos de pensar pero desde la posición del Yo superior, como un perceptor del mundo y un pensador que sabe que él no es lo que se ve, ni lo que se toca, ni tampoco lo que se oye. Será necesario el uso de la mente y de las formas y cuerpos de manera voluntaria y para fines específicos pero teniendo su conciencia por encima de la personalidad.

Los sentidos se utilizarán como medios para desarrollar sus actividades pero sin identificarse con ellos. A su vez, cuando se utiliza la mente de esa forma concentrada para observar las formas y discernir entre éstas y la vida u origen de las mismas, y cuando se medita intentando ver el aspecto superior de todo lo que nos rodea, entonces, el perceptor va eliminando el desapego y la ilusión que nos impide tomar conciencia del mundo del Alma. Todo lo existente en el mundo físico procede del Mundo del Deseo como éste procede del Mundo del Pensamiento que es donde están las primeras imágenes, sin embargo, el verdadero origen está en las regiones superiores de este último, donde se crean las ideas que serán la base de todo lo demás. Ese “todo lo demás” por muy real que sea para el yo personal, no deja de ser una ilusión o irrealidad para el Yo superior que habita esas regiones mentales superiores. Y es por este motivo por el que la evolución de la humanidad nos llevará a ser conscientes en la región etérica del mundo físico, en el Mundo de Deseos, y después en el Mundo del pensamiento donde nos convertiremos en el Yo superior o Alma. Por eso, de lo que se trata, una vez conocido el mecanismo del Alma y de la mente, es de facilitar el trabajo al Yo superior por medio de eliminar las barreras relacionadas con los diferentes cuerpos o personalidad.

Desde el punto de vista físico, la humanidad descendió desde los mundos espirituales (involución del Espíritu a la materia) en un estado de conciencia de sueño profundo (no era consciente del mundo físico como no lo es hoy el reino mineral) A continuación obtuvo la conciencia de sueño similar al nuestro actual para, por último, despertar o tomar conciencia del mundo físico como conciencia de vigilia. Así es que pasó de estar despierto en los mundos superiores y dormido en el mudo físico a estar despierta en el mundo físico pero inconsciente de los mundos superiores. A partir de ahí y aunque sabemos que debemos evolucionar por medio de las experiencias en el mundo físico, es cuando comenzamos a trabajar con el fin de volver a nuestro origen. Pero volver a nuestro origen significa adormecer progresivamente la conciencia personal para adquirir la de vigilia en los mundos superiores con la particularidad de llevarnos la quintaesencia de las experiencias utilizando los cuerpos de una forma voluntaria y consciente en todo momento para actuar desde el punto de vista del Alma. Esto nos llevar a la conclusión de que, para situarnos como conciencia en la región abstracta del Mundo del Pensamiento, debemos eliminar todo lo que representa el no-yo (persona ignorante de la realidad y dominada por el cuerpo de deseos) y el yo pensante (la mente que actúa según sus ideas, patrones, hábitos, etc.) La mente debe estar libre de distracciones y obstáculos que la impulsen, dirijan o controlen, así como de los instintos y de todo lo que proceda de los sentidos y que sea causa de apego.

Los estudiantes de ocultismo intuimos o sabemos que nuestro verdadero Yo se encuentra en las regiones abstractas del Mundo del Pensamiento, y también sabemos que, tarde o temprano, tendremos que desaparecer como personalidad puesto que ésta (con todo lo que ella implica) representa sólo el medio de manifestación y adquisición de experiencia en cada renacimiento. En el Mundo del Alma no existen las formas físicas, ni los deseos y sentimientos personales y mucho menos la forma errónea de pensar y las imágenes e impresiones que nos hacen interpretar todo y actuar como si solo existiera lo que perciben nuestro sentidos. Pero con nuestro estado de conciencia actual podríamos preguntarnos ¿Cómo voy a eliminarme yo mismo? Está claro que de lo que se trata es de eliminar lo personal para limpiar la mente y así poder situarla en su estado natural para uso del Yo superior. Así es que quien desee hacerlo debe comenzar por practicar la observación de una manera concentrada, consciente y voluntaria a modo de observador desde las regiones superiores del Mundo del Pensamiento. Esta es la mejor manera de controlar la mente para que no se distraiga ni siga fortaleciendo los patrones, ideales personales e imágenes basadas en lo personal (obstáculos en general)

Es necesario examinar y descubrir en qué se basa la mente para existir porque en base a eso es como pensamos y actuamos. Cuando averiguamos el proceso por el cual la mente ha creado esos patrones es cuando podemos actuar a la inversa para crear los patrones del Yo superior, lo que nos llevaría a eliminar progresivamente al yo personal. Debe quedar claro que “eliminar al yo personal” no es olvidar todo el pasado o no hacer nada desde el punto de vista físico, se trata de quedarnos con la quintaesencia de nuestras experiencias y actuar con conciencia en pensamiento, palabra y obra. Esta es la manera de desechar todo lo que impide que el Yo superior se manifieste en la personalidad. Es cierto que cuando el yo personal se centra en lo superior y actúa como voluntad y conciencia del Alma y por tanto eliminando los obstáculos e impidiendo que haya distracciones mentales, puede tener la sensación de encontrarse solo y sin aliciente en la vida, sin embargo, la intención le confirma que está conectando con lo superior.


SOBRE LA MENTE

Lo que normalmente llamamos mente está compuesta de dos aspectos: Mente concreta en su cuerpo mental y mente abstracta en su cuerpo causal, la primera es parte de la personalidad y la segunda lo es del Yo superior. La mente sirve al yo para obtener conocimiento como medio para evolucionar pero la mente no es quien conoce, no es el conocedor ni quien percibe. La mente personal, objetiva y concreta con la que razonamos, sin embargo, es un elemento limitador para el Yo superior (desde su propio punto de vista) en sus deseos de manifestación en la personalidad, o lo que es lo mismo, un impedimento para el aspirante según va aumentando su propia conciencia. Esto es tan simple de entender como el ejemplo del violinista que, aun siendo el mejor del mundo, no podría expresar sus habilidades y conocimientos si le pusieran un par de guantes; y qué decir tiene si le pusieran más.

El cuerpo mental, comenzó a formarse hace millones de años y, en cada renacimiento o vida, desarrollamos un poco más sus poderes; el hecho de que una persona nazca con algún problema mental no significa que no haya desarrollado su cuerpo mental como todo el mundo, sino que es una deuda kármica. Y lo mismo que decimos lo anterior también es cierto que lo estamos desarrollando desde que nacemos gracias al conocimiento y a un nuevo cerebro, por tanto es el resultado de todas las anteriores vidas. Pero la mente concreta con mayor o menor desarrollo o con más o menos cualidades y defectos, no es ni más ni menos que lo que nosotros, como egos reencarnantes, hemos creado, y esto no lo podemos alterar por arte de magia ni en un momento dado, sólo se puede conseguir lentamente.

Así es que nuestra mente no puede mostrar lo que no ha desarrollado sino que, dentro de su grado de vibración, solo puede facilitar toda una serie de imágenes basadas en la experiencia y en el conocimiento adquirido. Pero lo mismo que, tanto a nivel de renacimientos como de una sola vida, la mente es el resultado de pensar pasado, así podemos cambiar su línea de desarrollo pensando y utilizándola de otra manera. Todo lo que captan los sentidos llegan a ella en forma de impresiones, los cuales transforman el grado de vibración de la mente quedando así una nueva vibración y ampliación. Por si fuera poco, como ya he explicado en otros artículos, el yo, el pensador o conocedor, no ve directamente sino que percibe gracias al cerebro y a los ojos físicos, por consiguiente y sabiendo que las formas que vemos son la materialización del Mundo de las ideas del Espíritu, ¿Hasta qué punto actuamos viendo la realidad? ¿No es lógico que en algunas escuelas orientalistas llamen a la mente la “creadora de ilusión”?
Las imágenes que perciben los sentidos son vibraciones (ondas de luz) alteradas por los ojos (como un cristal altera la luz y el color) y por las propias de la mente como resultado del desarrollo y conocimiento obtenido en el pasado; así es que para poder ver las formas en su aspecto interno u obtener un conocimiento real de lo que nos rodea debemos transformar la mente hacia la subjetivo e impersonal. Naturalmente que solo los más adelantados, espiritualmente hablando, pueden retirar la conciencia de ella para que, en su estado natural o puro, refleje la imagen verdadera de las impresiones que reciba del exterior; es decir, al no haber observador personal, no puede haber mezcla de vibraciones de éste con lo que se percibe. Hay otro sendero para conseguir ver la realidad a través de la mente y es el que estoy intentando explicar en este artículo: la identificación con el Yo superior para ver la forma desde ese estado de conciencia. Se trata de elevar la vibración del cuerpo mental hasta tal punto que abarque las ideas y vibraciones de las formas existentes en las regiones donde se encuentra el Yo superior. Para eso debemos comenzar por purificar nuestro cuerpo de deseos y nuestra mente y forma de pensar, creando patrones e ideales nuevos que sustituyan a la personalidad.
Los objetivos por los cuales el aspirante debe esforzarse y sacrificarse son:
1º.- Adquirir el conocimiento necesario como yo personal para controlar e ir eliminando de su conciencia al no-yo.
2º.- Dominar y dirigir voluntaria y conscientemente la naturaleza animal y personal del cuerpo de deseos.
3º.- Practicar los ejercicios recomendados por las escuelas serias de ocultismo y expresar sus facultades espirituales.
4º.- Trabajar y expresarse desde la posición del Yo superior para ayudar a despertar los poderes del mismo y a facilitar su contacto armónico con el cerebro.
5º.- Ayudar por medio de ejercicios espirituales y oraciones elevadas a que el Alma se manifieste en la conciencia personal de vigilia.
Esto nos lleva a lo ya mencionado, es decir, a crear unos patrones e ideas superiores de conducta para que la mente no esté centrada en las innumerables formas e imágenes en que suele estar, entonces cesará de hacer modificaciones mentales constantemente y se hará obediente al Yo superior.






Francisco Nieto

miércoles, 5 de enero de 2011

EL NO-YO, EL YO Y EL YO SUPERIOR (I)


Partiendo de la base de que no todo el mundo está preparado para comprender las enseñanzas ocultas, entiendo que algunos de mis artículos sean difíciles de comprender incluso para muchos estudiantes de estas enseñanzas. Pero deseo aclarar que, aunque también mis blogs están dirigidos a quienes saben algo o sienten interés por estos temas, en ellos hay artículos que serán demasiado simples para los estudiantes ya formados; sin embargo, el presente artículo va un poco más allá de lo normal y es fácil de entender que a muchos no les guste, no lo crean o incluso lo critiquen. No pretendo, con este artículo ni con ningún otro, dar a entender que todo lo que digo es cierto o que tenga razón, simplemente son el resultado de mis estudios, meditaciones y trabajos espirituales, por tanto, cada uno es libre de pensar lo que desee.

El autor

SOBRE EL NO-YO

Si analizamos la evolución de la humanidad, como tal, desde sus primeros tiempos, pasando por la actual etapa, y sabiendo (esotéricamente) el futuro que nos espera, nos daremos cuenta de que el yo del pasado no es como el del presente ni éste es como el del futuro. El yo del pasado ni siquiera debería llamarse “yo” puesto que no se reconocía a sí mismo como tal. En la Época Atlante, antes de que desarrolláramos suficientemente la razón como para reconocernos a nosotros mismos como un “Yo” actuábamos como un no-yo, es decir, sin autoconciencia, por instinto, impulso, deseo… El origen de este no-yo es el deseo porque en ese estado evolutivo todo se basaba en lo que comenzábamos a “guardar” en la recién nacida mente, (cuerpo mental) Cada experiencia que nos llegaba a través del cuerpo de deseos (sentimientos, placer, dolor, frío, calor, satisfacción, etc.) dejaba su semilla en la mente naciente y en el cuerpo de deseos, y esta era la base para futuras actuaciones y respuestas. Cuando el resultado de un impacto externo (experiencia o sensación) despertaba placer repetidamente, terminaba actuando el cuerpo de deseos (no la mente) para que ese no-yo experimentara ese hecho por medio del deseo propio. Así es que, la humanidad de entonces, que no sabía aún razonar ni había desarrollado la voluntad de ahora, se dejaba gobernar por los deseos, sentimientos, emociones, placeres, etc., a la vez que también guardaba, como base de lo que hoy llamamos el cuerpo mental, el resultado de sus experiencias.

Cuando se crea una relación entre un objeto o experiencia y el placer, nace el deseo por experimentar de nuevo ese placer, y como la imagen de ese objeto ha quedado también registrada en la mente, al repetirse una y otra vez, ocurre que está dando origen a la memoria, sin embargo y aunque esto ocurrió en aquella época, aún no éramos un yo auto-conocido en nosotros mismos. Así es que, al igual que en los animales, la experiencia (por ejemplo de placer) crea el deseo y va formando las bases de la futura mente, a lo que hay que añadir que con cada repetición se desarrolla una vibración o poder que es el estímulo necesario para que el cuerpo mental pueda reproducir las imágenes. Así el objeto y el placer se relacionan y esas experiencias son la base de futuras actuaciones más instintivas y por deseos que razonadas pero que servirán para comenzar a utilizar la razón y como origen de la memoria. Esta es la manera en que va naciendo el yo personal o pensante, porque las mismas vibraciones de las experiencias u objetos que llegan al cerebro hacen que la mente “conozca”. Y cuando esas experiencias se repiten comienza una reflexión (dependiendo si el resultado es agradable o lo contrario) y una relación que hace intuir que ese no-yo comienza a ser algo separado de todo lo que le rodea, algo independiente.

Según las experiencias del no-yo fueron repitiéndose en aquella época, (como las experiencias de un animal actual) sus vibraciones atrajeron la materia mental básica que estableció las relaciones entre el naciente yo y el no-yo, y a partir de ahí se fueron formando imágenes mentales en la materia más grosera del Mundo del Pensamiento que hizo que hubiera una comparación que, a su vez, se convirtió en razonamiento y autoconocimiento. La acumulación de imágenes que causan placer o dolor, la “observación” de las mismas , el orden de sucesión y su relación con otras anteriores experimentadas, etc., desarrolló un poder o facultad (cuyo origen es el Yo superior) que hizo razonar al no-yo y comprender que había una causa y un efecto entre ellas, así nació la comparación y el razonamiento entre el ser y el no ser, entre el placer o el dolor y el que lo experimenta, entre el deseo que impulsa como aliciente y la razón. Así es que, el yo personal nace de la dualidad, de la observación inconsciente, de la comparación, de la separación, de la distinción y del “conocer” y reconocer los objetos y las experiencias del no-yo.

El no-yo, representado en aquella época más bien por el cuerpo de deseos, estaba atado al mundo material y más concretamente a los objetos que producían placer. Todavía hoy sigue siendo así en gran medida en la mayoría de la humanidad aun teniendo la mente para razonar, el deseo que dominaba a aquel hombre-animal no se diferencia mucho del que sienten hoy muchas personas por el disfrute de cualquier placer; sin embargo, el deseo en su naturaleza positiva es una tendencia del Espíritu para manifestarse en el mundo físico. El deseo, que en cierto modo es apego, también es lo que tiene un cristiano por Dios así como lo tuvo en el pasado el hombre prehistórico por la comida, pero llegará el día en que el yo no sienta deseo por nada de este mundo físico y la intuición le lleve a desear lo no material y, por tanto, real. La ignorancia del no-yo respecto al yo fue lo que impulsó a descubrir que era un ser independiente, y todo gracias a los sentidos físicos u órganos de percepción que le hicieron consciente y que se apegara al mundo físico. Pero la ignorancia de lo superior y espiritual y sus consecuencias harán que el yo no encuentre lo que internamente busca, entonces y gracias a conocerse a sí mismo, descubrirá que tampoco es real y que el verdadero Yo no pertenece a este mundo físico.

SOBRE EL YO

El hecho de pensar y la conciencia del yo nació hace millones de años como resultado de la acumulación de las sensaciones producidas por los impactos del mundo sobre los sentidos del cuerpo físico. El pensamiento, en su origen, no puede nacer de la mente al igual que un generador no puede producir electricidad sin ese “algo” que haga que se ponga en marcha. El pensar tiene su origen en las sensaciones pero no puede haber pensamiento sin el yo como “pensador” y “conocedor”; por tanto, el yo (como conocedor) no puede ser fruto del pensamiento. Para que haya pensamiento, no solo son necesarias las sensaciones sino que debe haber una capacidad innata para poder identificar, organizar, crear lazos de unión, etc., y relacionar éstas con el mundo externo o no-yo. Cuando el yo personal se hace consciente de las sensaciones se hace “conocedor” y a partir de ahí “observador”, y de acuerdo a lo que observe, comenzará a pensar; esto es, al fin y al cabo, el nacimiento o diferenciación del yo personal y pensante del no-yo o mundo que le rodea.

Pongamos un ejemplo: Si me hago consciente, gracias al dolor, de haber pisado algún objeto punzante, tendré una sensación de malestar, el hecho de reconocer esa sensación relacionada con mi cuerpo y con el objeto hará que emita un pensamiento, por tanto, el conocimiento del objeto punzante y su relación con mi cuerpo a través de la sensación, me hace tomar conciencia del objeto y actuar como un ser pensante, como un yo personal. Ni un objeto, ni un sentimiento nos puede hacer conscientes ni pensadores, porque para que el yo pueda manifestarse como un yo personal tiene que haber una relación por medio de la cual el yo conozca al no-yo. El despertar de la conciencia por medio de lo externo y de las sensaciones convirtió el no-yo (nosotros antes de reconocernos como yoes) en el yo que ahora somos reconociéndonos como seres sencientes y pensantes.

El yo pensante, la personalidad, (compuesta de los cuerpos: físico, vital, de deseos y mental) es lo que representa normalmente a cualquier persona cuando dice “yo soy”. Es cierto que el verdadero Yo (el Yo superior) es Uno y que es consciente, senciente y existente de por vida, pero ese Uno se reconoce como un ser en cada personalidad. Esto lo podemos comprobar desde el mismo momento en que intentamos negarnos a nosotros mismos diciendo “yo no soy” o “yo no existo”. Ese Yo superior que es la base imprescindible de la vida manifestada, lo identificamos en cada personalidad como voluntad para actuar y experimentar el sentimiento como respuesta a los choques externos y como la reflexión interna ante el no-yo de donde surge el conocimiento y el pensamiento. Gracias a estos aspectos, el yo personal y pensante se da cuenta de que él no es las formas o imágenes (no-yo) que se reflejan en su cerebro y en su mente; es decir, este “yo personal” no puede manifestar voluntad, tener sentimientos ni pensar a través de esas formas. Por tanto, la personalidad se considera un yo mientras que al mineral, al vegetal y al animal les considera un no-yo puesto que no puede manifestarse a través de ellos.

En realidad y aunque se identifique con sus cuerpos, tampoco éstos son el yo personal sino que son complementos y medios de expresión. Teóricamente, al cuerpo físico le impulsa el cuerpo de deseos, al cuerpo de deseos le gobierna la mente, y a la mente la dirige la voluntad, pero este conglomerado se manifiesta como el yo personal a través de la mente. Es decir, lo que traemos como resultado de las experiencias de otras vidas, más lo que hemos desarrollado a través de esos cuerpos, más las experiencias desde que nacemos hasta que morimos. Así es que, todo lo que no somos yo, lo manifestado que nos sirve para adquirir conocimiento, es lo que el yo puede conocer y por eso el yo es el conocedor, experimentador y razonador. Por ejemplo, cuando percibimos algo que hasta ahora era desconocido para nosotros, llega al cerebro gracias a las ondas de luz y a los ojos, y una vez en el cerebro lo captamos como “yo” gracias a la mente. Es en ese momento cuando la conciencia del yo nos dice o nos hace sentir que nosotros no somos ese objeto y por tanto eso es no-yo. Esta relación de “conocer algo y afirmar que no es nuestro yo” es lo que hizo nacer a la individualidad ya la personalidad reencarnante en la época Atlante.

Sabiendo ya que el mundo físico es no-yo (lo que se conoce) y que el conocedor es la personalidad o yo, no nos queda más remedio que admitir que la mente es el medio de obtener conocimiento pero no el Yo como voluntad. El yo obtiene conocimiento del mundo físico gracias a lo que se refleja en la mente pero la afirmación de si es yo o no-yo depende del efecto que produzca en la conciencia. Las imágenes de lo que percibimos están en la mente pero es el Yo como conciencia quien se identifica o no con ellas; por tanto, la observación y el discernimiento deben estar presentes siempre si queremos desarrollar los poderes de la mente y del Yo superior como origen de todo lo que hemos sido y somos. Cuando se comprende lo que estamos explicando y se profundiza en la naturaleza de la mente y su mecanismo para pensar, es cuando se está preparado para distinguir lo ilusorio de lo verdadero, porque sólo cuando se conoce lo ilusorio puede uno esforzarse y superarlo. Nosotros estamos acercándonos o descubriendo, (como yoes personales) el Yo superior, como el conocedor de los números desea aprender las matemáticas aun teniendo muchos errores en sus prácticas; pero al igual que el estudiante tiene que aprender de sus errores y reglas incorrectas o mal comprendidas, también nosotros tenemos que conocer lo no-yo (lo que no pertenece al Espíritu) para superarlo y “eliminarlo” de nuestra vida. En realidad no hay otra manera de identificarnos con el Yo superior.

El yo tiene que aprender a pensar porque si no fuera así se dejaría dominar por el deseo y por los sentimientos. Cuando una sensación causa placer queda su vibración en el cuerpo de deseos y su imagen en la conciencia, por lo que, cuando se perciba otra vez ese objeto o imagen se sentirá el deseo de experimentar de nuevo ese placer; esto, a su vez, crea un hábito y va formando la memoria. Para evitar esto, siempre que sea un obstáculo, sabiendo que el yo personal es conocedor y pensador, es necesario practicar una constante y perfecta observación de todo lo que nos rodea para ver si lo observado es lo suficientemente real como para aceptarlo como útil y necesario para nuestro propio desarrollo. También es necesario desarrollar el cuerpo mental para que sea totalmente receptivo a todas las imágenes e impresiones que le lleguen porque, unido a la observación y al discernimiento, serán los medios para acelerar el desarrollo de los poderes de la mente y del Espíritu.

La mente actúa tras toda una serie de patrones de pensamiento que podríamos calificar como motivos, propósitos, incentivos, intenciones, etc., y en base a esto crea los pensamientos, así es que, cuando las distracciones impiden la verdadera observación hay que buscar la solución en las asociaciones que hace la mente respecto a los objetos conocidos, o sea, a lo que observa. Somos más conscientes de los pensamientos que del creador de dichos pensamientos y mientras no ocupemos conscientemente el lugar del “pensador” no seremos capaces de dominar la mente, de vencer las distracciones por medio de la observación y la concentración, y de utilizar sus poderes para elevarnos hacia el Yo superior.

Si nos situamos en el nivel de la mente (como si sólo fuéramos mente) podríamos percibir a los demás cuerpos como un yo inferior o incluso un no-yo, puesto que la mente está normalmente distraída y dominada por el cuerpo de deseos. Pero como ese yo mental está obligado a identificarse con el Yo superior, debe pasar por diferentes etapas:


1ª. De ignorancia, cuando recién adquirida la mente no sabíamos pensar ni razonar lo suficiente como para diferenciar el yo del no-yo; esto es, al no haber dualidad, estaban juntos y sin diferenciarse. De aquí la necesidad de no confundir el yo personal o pensante (voluntad-mente) con el yo animal o no-yo dominado por el cuerpo de deseos. Igual que el no-yo llevó a la autoconciencia del yo, el yo y el conocimiento y diferenciación de lo que es perecedero de lo que no lo es, debe llevar al yo a buscar lo real e imperecedero o Yo superior.


2ª. Podríamos decir que la segunda etapa es cuando el yo personal, la humanidad actual, está cansada de luchar por salir de la dualidad (de la lucha entre la influencia del Yo superior y la mente superior contra la personalidad apegada a lo material) Los propios deseos por vivir nos han atado a los placeres, al mundo físico, y así estamos engañados pensando que lo que perciben nuestros sentidos es la realidad. Pero llega un momento en la evolución en que el Yo superior comienza a reflejarse en la mente concreta por medio de ideas y de la intuición para que ésta anhele lo elevado y superior.

3ª. Esta sería la tercera etapa, cuando, según se va adquiriendo sabiduría se va conectando con lo superior pero, también algún día, tendrá que haber otra disociación, esta vez entre el Yo superior y el personal.


Francisco Nieto