Entradas populares

domingo, 18 de diciembre de 2011

EL DESARROLLO DE LA MENTE Y DE LA CONCIENCIA (I)

DESARROLLO DE LA MENTE Y DE LA CONCIENCIA


En toda partícula inorgánica se aprecian indicios de sensación o sensibilidad, lo que, a través de la evolución, termina convirtiéndose en sentidos u órganos de los sentidos que son la base para que la vida que utiliza a la forma como vehículo, desarrolle la mente y la consciencia. Aunque esto sea difícil de creer para muchos, lo cierto es que la afinidad química entre partículas consiste en que éstas perciben las diferencias cualitativas de las otras y experimentan atracción —placer— o repulsión al tomar contacto. Esa sensibilidad o sensación inconsciente de las partículas podría considerarse un vislumbrar de lo que llamamos pensamiento pues, queramos o no, hay una respuesta en forma de inclinación voluntaria inconsciente en esa atracción y repulsión. Este es el comienzo evolutivo de la vida en la forma y según va utilizando la vida formas más complejas, así avanza en la escala de la vida desenvolviendo la consciencia en ese mundo físico para, a continuación, obtener un principio mental. La vida representada por la célula manifiesta más todavía la sensación y el propósito para distinguir y seleccionar a la hora de asimilarse las substancias nutritivas; de hecho, en los vegetales superiores comienza a haber ciertas células sensitivas que bien podrían considerase órganos rudimentarios de los futuros sentidos. No es necesario decir que en el reino animal aumentan las sensaciones y se forma el sistema nervioso con rudimentarios órganos de los sentidos —en animales inferiores— En estos animales también comienza a manifestarse diferentes grados de mentalidad pero no de conciencia hasta que la vida utiliza formas de animales superiores y construye un sistema nervioso complejo y una “consciencia física” gracias a los sentidos.



Es muy común que en nuestras relaciones y forma de hablar digamos a menudo “yo soy”, “yo sé”, “yo soy consciente”, etc., pero no lo es tanto el hecho de preguntarnos ¿cómo ha llegado a ser posible esto? Muchas personas incluso confunden la mente con la consciencia sin saber que la consciencia es un aspecto de la mente la que, a su vez, es fruto de la evolución de la humanidad. Para decir yo soy, so sé o yo soy consciente debemos haber alcanzado el grado de conciencia que nos define como seres autoconscientes, si no es así —como ocurre con los reinos que nos siguen— no podemos autodefinirnos como un Yo independiente. Pero para que eso ocurra hemos tenido que desarrollar un cerebro y una mente, ya que es gracias al pensamiento como podemos observarnos y reconocernos, por consiguiente y aparentemente, el origen de la humanidad como tal es la mente, como resultado de un proceso evolutivo inconsciente. Consciencia significa tener conocimiento de las sensaciones y de los procesos mentales, es decir, obtener consciencia de los estados mentales y del pensamiento, pero para ello hemos tenido que reconocernos como individuos separados de los demás. De esta forma podemos comprender que somos “algo” —normalmente llamado Espíritu, Alma, Ego o Yo superior— que tuvo un origen y que ha evolucionado hasta autoreconocerse como un “Yo”.



Ese “algo” invisible, como la mente y la consciencia, es lo que normalmente llamamos en ocultismo la “chispa” o “vida divina” encarnante. Todo en el universo nace, se desarrolla y muere, lo que significa que tiene vida y que evoluciona. Todo lo manifestado y lo inmanifestado vibra, no hay nada muerto en el universo puesto que la vida anima a toda clase de partículas atómicas, subatómicas y otras mucho más sutiles que éstas. La vida está más allá de cualquier clase de materia porque procede de Dios, y es la vida la que se une a la forma física para poder evolucionar y obtener la autoconsciencia. La vida no es una partícula que flota sobre un mar de materia muerta, la vida anima a la materia compenetrándola desde el propio Mundo de Dios en forma de vibración; la vida en su propio mundo es como un átomo rodeado de vida palpitante y pensante pero que cuando desciende al mundo físico para tomar una forma, disminuye su vibración y pierde su conciencia divina cuanto más se sumerge en la forma física. Esa vida divina es la misma en nosotros que en los reinos que nos siguen y que en todo lo existente, lo que nos diferencia es el estado evolutivo y el grado de conciencia y de consciencia que cada forma haya adquirido.



Así es que, nuestra vida es parte de la vida de Dios y nuestra conciencia es parte de la conciencia de Dios, pero la hemos perdido al utilizar las formas físicas como vehículos de experimentación; sin embargo, es gracias al mundo físico como adquirimos la autoconciencia propia que es la que nos llevó a desarrollar la consciencia y la mente y nos llevará a alcanzar todos los poderes latentes del Espíritu que como hijos de
Dios que somos tenemos. Cada uno de nosotros, como Almas, utiliza diferentes vehículos de expresión pero, al igual que el cuerpo físico, la materia de la que están compuestos no nos pertenece y sólo la utilizamos temporalmente. Hay un depósito universal de “materia” en sus diferentes grados y vibraciones, de donde tomamos prestada la materia que necesitamos para nuestro uso en cada renacimiento y es gracias a ese depósito como evolucionamos y llegamos a manifestar vida, sentimientos, deseos y pensamientos. Así es que, todo el desarrollo o bien que hagamos estará relacionado con la materia de nuestros cuerpos que, a su vez, beneficiará a quien use esa misma clase de “materia”; así, tanto nosotros como los reinos que nos siguen y otras jerarquías existentes, vamos evolucionando gracias al bien y al desarrollo alcanzado en este esquema evolutivo donde vivimos, nos movemos y tenemos nuestros ser.



En este esquema y en nuestro caso en particular, hemos alcanzado el estado humano gracias a la adquisición de la mente y, por tanto, de la consciencia de uno mismo. Por consiguiente, además de ir sembrando el mundo físico con nuestras expresiones —en forma de palabras, hechos, sentimientos y deseos— personales, hay que añadir que también estamos sembrando, para bien o para mal, el medio ambiente en que nos movemos por medio del pensamiento. Así es que cada deseo, sentimiento o pensamiento negativo que creamos o manifestamos es una fuerza negativa que buscará con quién aliarse o dónde cobijarse para intentar fortalecerse en poder. En un pasado de aproximadamente 18 millones de años no éramos responsables de este mal que hacíamos porque no habíamos adquirido aún la mente ni la “consciencia de sí mismo” pero a partir de alcanzarla ya fuimos responsables de nuestros actos y expresiones y prueba de ello es que este es el mayor motivo por el que tenemos que renacer. De ahí que después de adquirir la mente y la autoconciencia nos encontremos en la etapa de perfeccionamiento de nuestros cuerpos por medio de la purificación del pensamiento —como base de toda expresión— y de la correcta expresión —en todos los sentidos— voluntaria y consciente.



Nuestro cuerpo físico pertenece al mundo físico, y decimos que es nuestro mundo simplemente porque nuestros sentidos nos permiten verlo y porque somos conscientes de él. Nuestros deseos y emociones pertenecen a otro mundo de materia más sutil —emocional—y de mayor grado de vibración y, aunque estamos en él mientras dormimos, no traemos el recuerdo porque no somos conscientes en él. Nuestros pensamientos pertenecen al mundo “mental” o “del pensamiento” que está por encima de los deseos y las emociones y es de una “materia” más sutil aún que el anterior; aquí tampoco somos conscientes ni tenemos medios para serlo. Por encima de estos mundos hay otro que es donde está nuestra Alma o Yo superior, el observador, el pensador o el recopilador de las experiencias de cada renacimiento. Cada uno de esos mundos está compuesto de menor a mayor —en sentido evolutivo y ascendente— importancia respecto a nuestro desarrollo. Así es que nos podemos imaginar moviéndonos en este universo de diferentes grados de materia y vibración, utilizándola según nuestras necesidades y devolviéndola a ese “Banco Universal” para bien o para mal de nuestros hermanos menores y mayores que en él evolucionan.



Estos mundos son expresiones de Dios, creados para que lo utilicemos y evolucionemos a través de ellos pero, al igual que cada uno de nosotros, tienen un mismo origen y un mismo fin, esto es, el desarrollo humano, la autoconsciencia y, en un futuro, el desarrollo de todos los poderes latentes que como espíritus e hijos de Dios tenemos. Por tanto, la materia y nosotros estamos evolucionando en esos mundos para desarrollar esos aspectos a modo individual. Pero como estamos en esos mundos que son manifestación de Dios —como nuestros cuerpo físico es nuestra manifestación— y no podemos salir de ellos —como una célula no puede salir de nuestro cuerpo físico— no cabe la menor duda de que, al final de nuestra evolución, nuestra vida y nuestra consciencia se unirán a las de Dios y seremos semejantes a él.



Cuando comenzamos la evolución nuestra “conciencia” era como la del mineral actual —sin expresión— después nos hicimos sensibles y comenzamos a expresarnos como el vegetal y el animal y por último adquirimos la mente y la consciencia actual. La meta próxima es hacernos conscientes en el mundo inmediatamente superior como en su momento conseguimos hacernos conscientes en éste. Esto es lo mismo que ocurre respecto al nacimiento y a la muerte: En el nacimiento tenemos la conciencia en los mundos superiores de donde venimos, y cuando nacemos la vamos perdiendo para ir adquiriéndola aquí según crecemos y se desarrollan los sentidos; cuando se muere se pierde la consciencia de este mundo y la adquirimos en los superiores donde asimilamos la quintaesencia de las experiencias de la vida pasada. Por tanto, está claro que quien quiera acelerar su desarrollo debe hacer un correcto uso de sus cuerpos, cuidarlos y expresar a través de ellos lo más elevado —sentimientos, deseos, emociones y pensamientos— de forma voluntaria y consciente. En la etapa actual, el común de la humanidad debería utilizar su mente para cuidar sus cuerpos y expresar lo más elevado de sí mismo, lo que ya es un gran paso. Pero el que desee ir más lejos debe trabajar a nivel de la consciencia, esto es, ser conscientes en el “aquí” y en el “ahora”, autoobservándose y recordándose a sí mismo como algo separado y por encima incluso de la mente. Este es el papel del Yo superior o Ego, y si nosotros intentamos hacer esto desde su posición, estaremos adelantando mucho respecto a la futura compenetración mutua.

Francisco Nieto

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL TRABAJO DEL EGO SOBRE LA MENTE


No es muy corriente que la gente se pregunte ¿Qué puedo hacer para que mi mente deje de pensar y de responder a las sensaciones que recibe? Pero si decide buscar la respuesta y lo hace por medio de la meditación, seguro que tarde o temprano llegue a la conclusión de que tiene que conseguirlo por medio del uso de la voluntad para concentrar la mente en el aquí y en el ahora, es decir, que debe ponerse en el puesto del verdadero Yo y disciplinar su mente para que esté el mayor tiempo posible callada y solo piense y responda cuándo y cómo él quiera. Sí, es este Yo el que cuando quiere encontrar la paz mental y la quietud interior deja de pensar y rompe la larga relación neuronal desconectándola de la red cerebral. Entonces y si verdaderamente sabemos controlar la mente por medio de la voluntad, nos quedamos en una posición de observadores conscientes pero libres de sentimientos, deseos y pensamientos. En esos momentos y durante el tiempo que queramos, ya no somos ese no-yo o personalidad influenciada y guiada por los patrones y las conexiones de la red neuronal, sino que somos el Yo desnudo haciendo de observador pero sin voluntad de comunicación con lo observado.

Si queremos hacer una correcta meditación debemos concentrar la mente para relajarla y hacerla silenciar, porque cuanta más relajación mental más profundidad se alcanza respecto al objetivo de la meditación. Pero tan importante como eso es la concentración y el control mental frente a las sensaciones y distracciones internas y externas que nos llegan, porque si no se hace así no llegaremos a desconectarnos del no-yo que siempre está pensando en pasado y removiendo lo que no nos ayuda en nada. Desarrollar la atención consciente es concentración pero si queremos ser conscientes aquí y ahora de dónde y cómo se mueve la mente y cómo dominamos nuestros diferentes cuerpos: 1º.- Deberíamos relajar el cuerpo y la mente; 2º.- Deberíamos evitar fijarnos en las sensaciones y distracciones de la mente para que no causen ansia ni tensión; 3º.- Deberíamos hacer de observadores de la mente para disciplinarla, porque gracias a la atención voluntaria y libre de interferencias en general es como se consigue la unificación progresiva con el Alma o Yo superior.

Si cuando queremos mantener la atención constante como observadores para evitar los obstáculos y las distracciones que entorpecen la comunicación con nuestra Alma surge una distracción, la respuesta de la mente es inmediata con tal de indagar o de razonar lo que sea. La mente suele estar descontrolada y no quiere que la dirijan sobre lo que tiene que pensar, por eso, cuando la atención consciente sobre ella se debilita, vuelven a interferir las sensaciones y los recuerdos del pasado, de ahí la necesidad de control constante hasta que aprenda a callar. Sin embargo, aunque esas interferencias y sensaciones sean obstáculos tienen algo positivo y es que nos muestran dónde o a qué estamos apegados por medio de su atención. Apego es creer que somos la sensación, la distracción o el pensamiento, simplemente porque nos gusta o porque deseamos que sea así.

Las sensaciones y distracciones surgen de los patrones creados por las acciones y pensamientos del pasado, y cuanto más apegados hayamos estado al mundo físico y a nuestros deseos, sentimientos y manera de pensar, más nos costará concentrar la mente para que no se distraiga o sea vencida por esos obstáculos. Lo que vivimos en el presente es la semilla del futuro, por eso, si nuestra atención es constante sobre nuestra mente, sobre los sentimientos y deseos y sobre el mundo externo con la intención de ser dueños de todo y actuar de forma voluntaria y consciente según los dictados del Alma, entonces nuestro futuro estaría libre de karma y de muchas ataduras. Si, una vez alcanzada la paz interna aunque sólo sea por unos momentos, en vez de vivir en esa realidad temporal pero intensa, nos dejamos llevar por las ideas, deseos e intereses materiales del no-yo, nos complicaremos la vida y solo obtendremos sufrimiento.

Cuando alguien impone su voluntad sobre la personalidad, a la vez que elimina las distracciones y sensaciones, por mucho karma que tenga, siempre estará en la paz del Alma. Cuanto más se desea o se piensa en algo y cuanto más se distrae uno con las sensaciones internas y externas y con la mente instintiva, más ansia hay y más problemas surgen. Nuestra vida debe ser relajada física y mentalmente y para ello debemos reconocer las tensiones que surgen de las sensaciones porque son las sensaciones las que producen ansia; es decir, no debemos identificarnos con las sensaciones como normalmente hacemos cuando decimos “soy yo”, “es mío”, “me gusta”… Cuanto más interesados estemos en algo ajeno al Alma más fortaleceremos ese algo y más actuará contra nosotros, si queremos liberarnos de la personalidad para identificarnos con el Alma debemos tener la consciencia en el momento presente ─no en el pasado ni en el futuro─ y actuar con buena voluntad y discernimiento.

Es necesario practicar la observación atenta de las impresiones externas y las respuestas de nuestros instintos, deseos y sentimientos y muy especialmente de nuestra mente para ver cómo va de un asunto o hecho a otro, esto es la “atención consciente” Si queremos limpiar la mente tenemos que dejar pasar las distracciones que atraen la atención de la mente y no tener expectativas de futuro como tampoco remover el pasado. Lo importante es vivir el aquí y ahora presente y poner nuestra atención sólo en lo necesario para cumplir responsablemente con nuestros deberes y en las cosas del Espíritu; esto es, el amor al prójimo, la fraternidad, la colaboración con todo ser viviente, la compasión y la generosidad con todo lo manifestado como parte de ello que somos.

La concentración-meditación debe ser constante, sea lo que sea lo que estemos haciendo, pero debe estar siempre hecho con el corazón y teniendo nuestros más elevados ideales siempre presente. La “introversión consciente y voluntaria”, como podríamos llamar a esta técnica de desarrollo espiritual, nos hace conscientes de la experiencia interna porque analizamos las sensaciones y las distracciones de la mente separando unas de otras e imponiendo la voluntad espiritual del verdadero Yo sobre todo lo observado. Así vemos la naturaleza de estos obstáculos y la manera en que intentan condicionarnos y crear tensiones en nuestra vida y en nuestros cuerpos. Al hacernos conscientes de todo esto obtenemos fortaleza para detener esas influencias externas y para dejar de pensar a voluntad, lo que nos facilita una expresión total de todos los cuerpos en el más elevado sentido de la espiritualidad.


Francisco Nieto

domingo, 13 de noviembre de 2011

NUESTRO PAPEL EN EL MUNDO



Se suele decir entre los ocultistas que la ignorancia es, muy posiblemente, el peor enemigo que la humanidad tiene respecto a su proceso evolutivo. Y así es, si todo el mundo supiera que somos un Espíritu creado por Dios, que está utilizando una serie de vehículos o cuerpos para evolucionar a través de la experiencia aquí en el mundo físico; y que, tarde o temprano, tendremos que transformarnos y llegar a Dios como meta de nuestra perfección, otra manera de actuar tendríamos y una sociedad más fraternal y justa habríamos desarrollado. El hecho de no saber que el Renacimiento y la Ley de Consecuencia dirigen nuestro desarrollo y nuestros destinos, hacen que la mayoría de las personas no se interesen por mejorar moral, intelectual y espiritualmente su vida y su ser; y lo que es peor al pensar que solo vivimos la vida presente hace que muchos sean extremadamente egoístas y materialistas.

La humanidad está en un momento evolutivo en el que cada cual se reconoce como individuo autoconsciente pero no sabe cuál es su papel en el mundo, el porqué de dicha existencia, y ni siquiera cuál es el origen de la manifestación del universo. Somos partícipes y colaboradores de una gran y maravillosa obra pero, como cualquier tejedor, trabajamos por el reverso sin poder ver la parte importante y más bella de la obra. El trabajo post-morten y el destino basado en gran parte en los hechos de la vida pasada nos han ayudado a distinguir entre el bien y el mal y a desarrollar toda una serie de sentimientos y pensamientos elevados que suelen impedir que vayamos marcha atrás pero que no son tan motivacionales para la mayoría como para hacer que se interesen más por el prójimo que sufre necesidad que por ellos mismos. Así es que, el común de la humanidad está ciego respecto a su papel en esa obra divina y, por tanto, está trabajando pensando más en sus propios intereses que en los de los demás y mucho menos en Dios.

Como en todos los colegios donde siempre hay alumnos que se adaptan mejor, se esfuerzan y se sacrifican más que otros, lo que les lleva a no repetir y a estar en cabeza de su clase, aquí ocurre lo mismo respecto a las Almas reencarnantes, lo que tiene como efecto que unos ya no necesiten renacer o que otros trabajen conscientemente en el Plan de Dios sabiendo cómo funcionan sus leyes divinas. Éstos últimos, aun con unos conocimientos que el resto no tiene, tampoco saben, en la mayoría de los casos, qué es lo que están consiguiendo aun con esfuerzo y sacrificio. A éstos les trae el destino muchos medios para que aceleren su desarrollo espiritual pero la gran mayoría se desalientan y abandonan; sin embargo, tanto unos como otros, mientras sigan luchando continuarán progresando. Todas las personas, según su estado evolutivo, sienten el impulso interno de ser creativas, de esforzarse por algo, de intentar vivir en paz y de superarse a sí mismo, y es ese impulso, aunque algunos no lo crean, el que les llevará a la perfección y a la casa del Padre que está en los Cielos. Nos queda aún mucho para conseguirlo pero ese impulso nos irá facilitando —como efecto— la elevación intelectual y de conciencia necesaria para que vayamos comprendiendo progresivamente cuál es el papel del ser humano en los planes de Dios. Por muy incomprensible que parezca ser este Plan, a nosotros ahora sólo nos debería importar:

1º.- No desmoralizarnos
2º.- Persistir y levantarnos de las caídas una y mil veces si es necesario.
3º.- Intentar hacer el bien por cualquier medio allá donde nos encontremos y a todo ser
viviente.

Son muchos los medios por los cuales hemos conseguido alcanzar el desarrollo actual, tiempo atrás pasamos de la inconsciencia a la autoconsciencia y del estado animal al semianimal, pero siempre y en cada paso evolutivo que hemos dado ha sido necesario sacrificarse. Hoy no es menos, el sacrificio debe continuar y prueba de ello es que, si queremos dar el siguiente paso en el desarrollo de nuestra conciencia, debemos trabajar sobre nosotros mismos para conseguir librarnos de las ataduras de este mundo físico y de nuestro cuerpo emocional a la vez que controlamos la mente. En la época actual, donde contactamos con escuelas de ocultismo que son de mucha ayuda, debemos dar un primer paso considerado también como un sacrificio, esto es, el abandono de vicios que nos dominan —alcohol, tabaco, sexo, drogas, etc.— Esto, comparado con el sacrificio que hizo Cristo por nosotros no es nada, sin embargo, después de eliminar esos pequeños vicios, vendrá otra etapa que nos hará comprender que nos tendremos que sacrificar nosotros mismos por nuestros hermanos, a la vez que dejamos de ser tan materialistas y egoístas.

Cualquier persona que se analice detenidamente puede darse cuenta de que está dominada por los deseos, las pasiones, las emociones y los malos sentimientos y pensamientos entre otros; puede pensar que con el paso del tiempo y razonando con la mente se controlará todo, sin embargo, si observa también a la mente verá que ésta es muy inquieta, muy cambiante y que la gusta pensar por su cuenta y sin que lo percibamos la mayoría de las veces. Queramos o no, el destino nos obligará a sacrificarnos hasta dar sólo la necesaria importancia a lo material y, por el contrario, a mantener un ideal que nos lleve a servir y a amar al prójimo; por eso, el ideal del sacrificio, casi debería ser automático. No debemos tener prisa por recorrer el sendero y averiguar cuál es nuestro papel en la vida y en el Plan de Dios, sino todo lo contrario, hay que persistir en el desarrollo espiritual sin prisa pero sin pausa, puesto que las tentaciones son más y más sutiles cuanto más progresamos.

A veces, razonando con sentido común, podemos extraer mucho conocimiento de los efectos de nuestra actitud ante los demás y ante las circunstancias. Para ello sólo es necesario practicar la observación de todo ello y tener autocontrol sobre nosotros mismos para no estar perturbados, distraídos, enfadados ni nada que hiciera que nos amonestáramos a nosotros mismos en momentos de serenidad. La mente, además de ser muy útil para controlar los deseos y las emociones, debe estar vigilante ante cualquier hecho que merezca la pena para aplicar el discernimiento o el sentido común; de esta manera nos daremos cuenta de:

1º.- Que nuestro papel en nuestro medio ambiente y en la sociedad es muy importante y puede hacer mucho bien.
2º.- Que gracias a ese mundo externo podemos avanzar psicológica y espiritualmente respecto a nuestro Ser interno.
3º.- Que si conseguimos hacer esto en la paz interna, con buena voluntad y manteniendo unos ideales elevados, pronto escucharemos la voz que nos dejará todo mucho más claro.

Todas las normas y consejos que se dan en el mundo del misticismo con tal de que el aspirante espiritual eleve su conciencia y actúe como un verdadero hijo de Dios, se pueden resumir en la siguiente frase: “Andar en la Luz”. Y es que, como está escrito en la Biblia, “Dios es luz, si caminamos en la luz como Él está en la luz, tendremos comunión unos con otros.” Cuando tenemos por norma poner el “servicio altruista” a los demás antes que a nosotros mismos; cuando afrontamos las circunstancias, los problemas y las crisis con alegría sabiendo que está en nuestro destino; cuando somos humildes y, comprensivos con el prójimo aunque nos ofendan y perjudiquen; cuando cumplimos con nuestros deberes y responsabilidades alegremente; cuando nuestros corazones están llenos de perdón, compasión, ternura y buena voluntad; y cuando, sobre todo, intentamos imitar a Cristo ante las personas y ante el mundo que nos rodea; entonces ni siquiera necesitamos saber cuál es nuestro papel en el mundo porque todo nos vendrá en su momento por añadidura.

El simple hecho de vivir conscientemente en cada momento —en el aquí y ahora— con la idea de vivir en Dios ya nos hace sentir que estamos en un nivel vibracional superior al de cualquier momento de nuestra vida cotidiana; el simple hecho de hacer todo como si lo hiciéramos a gusto de Dios eleva nuestra conciencia y hace que nos observemos a nosotros mismos; el hecho de intentar hablar, actuar y pensar como lo haría Cristo en nuestro lugar hace que nuestro corazón esté deseoso de entregarnos y de amar al prójimo. Esto es “vivir en la luz” y cuando vivimos de esta manera en la luz no necesitamos buscar motivos ni ayuda para que nos guíen o iluminen nuestro camino; sin embargo y aunque así sea, tenemos más guías y más iluminación de lo que podemos imaginar. El aspirante espiritual debería procurar no verse en la necesidad de preguntarse que cuál es su papel en la Tierra ni nada parecido porque eso significa que aún se encuentra algo perdido.

En ese nivel, donde surgen las dudas así como las tentaciones todavía es fácil de permanecer en la oscuridad y decir en momentos de crisis “No me importa estar así”. Lo que significa que debe buscar cuanto antes un aliciente o algo que le estimule para encontrar de nuevo la vida superior. Como alguien escribió “Dios está más cerca de nosotros que nuestras propias manos” Dios está presente en nosotros y es testigo de todo lo que somos y lo que hacemos y, aunque en momentos de debilidad digamos que nos da igual todos, sabemos, porque así nos lo dice nuestro Yo superior que nuestra meta de perfección es Dios y que a Él tenemos que volver como hijos suyos que somos. Cuando abrimos nuestros corazón y elevamos nuestra consciencia Él nos inspira y nos intenta guiar en Su luz, luego entonces ¿Qué necesidad tenemos de andar a tientas en este mundo de ciegos?


Francisco Nieto

sábado, 29 de octubre de 2011

HACIA EL "DESPERTAR"



En el lenguaje esotérico y en el hoy moderno llamado “psicología espiritual”, se dice que una persona está "despierta" o "dormida" dependiendo de si dicha persona es consciente de que debe esforzarse por elevar su conciencia y, por tanto transformar su vida para que se pueda identificar con su Alma. En la etapa actual y en los años que vivimos, podríamos decir, pues, que la mayor parte de la humanidad está dormida porque aún no está preparada para creer y poner en práctica las enseñanzas que traen ese despertar; estas son algunas de ellas:

1º.- No somos el cuerpo físico, ni las emociones, ni la mente sino que somos un Espíritu diferenciado por Dios dentro de Él mismo.
2º.- Nosotros, como un Yo superior o Alma estamos por encima de la mente y utilizamos a ésta para percibir el mundo físico a través del cerebro y los sentidos.
3º.- Ese Espíritu se manifiesta como un Alma en cada persona en forma de “conciencia” y “voluntad”; y como tal es el que recoge la quintaesencia de las experiencias de cada vida después de la muerte del cuerpo físico.
4º.- Cada Alma evolucionante renace como una nueva personalidad representada con un cuerpo físico, otro etérico, otro emocional y otro mental.
5º.- El renacimiento y la ley kármica de Causa y Efecto son la base para su desarrollo y crecimiento espiritual, haciendo que cada persona renazca y tenga el destino que se merece de acuerdo a sus hechos en anteriores vidas.
6º.- La evolución fue la que nos llevó a ser semianimales para después pasar a ser humano pero es el ser humano mismo quien ahora debe despertar para eliminar lo que nos queda del aspecto animal y elevar la conciencia al nivel del Alma.

Visto esto está claro que quien hoy ha despertado es porque se hizo consciente de que era dominado por los deseos, las emociones, las pasiones, los pensamientos… y ha comprendido que es unYo superior a todo eso y que debe luchar contra ello para sentirse libre y actuar según su propia voluntad y según su conciencia.

Así es que la mayoría de las personas se dedican a:
1º.- Cumplir con sus obligaciones y responsabilidades de mejor o peor gana.
2º.- A dejarse dominar por determinados vicios.
3º.- A alterarse, enfadarse o meterse en problemas por el hecho complicarse la vida en cosas sin importancia o que no le deberían de afectar.
4º.- A disfrutar “de la vida” siempre que tienen un momento de ocio.
5º.- Actuar casi como un autómata repitiendo todos los días los mismos hechos, pensando y actuando de la misma forma, no buscando una vida superior, y no dedicando un solo minuto a su Alma ni al prójimo.

Lo mismo que en el pasado utilizamos cuerpos de materia bastante más sutil que esta y otra clase de conciencia interna, —similar a la de los animales— así, en el futuro desecharemos el cuerpo físico para habitar un cuerpo espiritual etérico —fruto del desarrollo espiritual obtenido con el físico a través de los renacimientos— y obtendremos una conciencia libre de todos los obstáculos que hoy nos dominan e impiden que despertemos. Pero, como es evidente, eso no se consigue con dinero ni porque un supuesto maestro o vidente diga que nos lo va a conceder, ni por nada parecido. Los poderes del Espíritu, son niveles de conciencia superiores y los cuerpos etéricos que en un futuro tendremos que utilizar, debemos desarrollarlos en nuestro interior por medio de la práctica de los ideales más elevados, como por ejemplo:

1º.- El servicio a los demás hecho de corazón y de forma desinteresada.
2º.- El respeto, la consideración, la fraternidad, la comprensión, la tolerancia con el prójimo….
3º.- El amor a todo ser viviente puesto que su vida tiene el mismo origen que la nuestra.
4º.- La oración, la devoción y la adoración a Dios.

Razonando los párrafos anteriores podemos asegurar de nuevo que la mayoría de las personas siguen todavía dormidas y pensando que sólo vivimos una vida y que, por tanto, hay que disfrutarla todo lo que se pueda. Si queremos despertar a esa nueva vida o conciencia espiritual no sólo debemos quitarnos los vicios que nos dominan y dejar de criticar, pensar mal y todos esos defectos que tan a diario manifestamos, sino que tenemos que descubrir nuevos conocimientos que llevados a la práctica nos faciliten esos objetivos. Los libros, las conferencias, videos, escuelas esotéricas, religiones, etc., pueden ser muy útiles siempre que nos señalen el sendero del desarrollo espiritual, si no es así, todo se quedará en conocimiento, resultando que el conocimiento hincha pero no satisface al Alma. Si no aplicamos, a modo de práctica rutinaria, los conocimientos espirituales y nuestros propios ideales, moriremos y volveremos a renacer casi como cuando lo hicimos en esta vida. El destino mismo nos trae las oportunidades que necesitamos para hacer los cambios que nos corresponden en determinadas épocas de la vida, bien sean posibilidades positivas de desarrollo o bien por medio de problemas y hechos que no queremos afrontar. Son muchas las veces y los hechos que dejamos de aprovechar o despreciamos porque no queremos analizarlos, resolverlos o porque preferimos que lo hagan otros; sin embargo, cuando nos demos cuenta de esta realidad después de la muerte ya será demasiado tarde y nos arrepentiremos.

Cuando todavía estamos “dormidos” parecemos niños entreteniéndonos con juegos, fiestas, televisión… sin darnos cuenta que todo eso es inútil para el Alma y que, además, hace que nos preocupemos, obsesionemos, tengamos temores y enfados, y un sin fin de cosas más que terminan por amargarnos la vida. La mayoría de nosotros hace lo que puede para cumplir con sus deberes pero no se esfuerza por desarrollar sus capacidades, dejándolo para otro tiempo futuro cuando quizás esté más preparado. Pero esto no es lo más grave, lo peor es que si estamos aprisionados y dominados por lo cotidiano y lo personal trabajando solamente por nuestros intereses egoístas ¿Cuándo nos vamos a preocupar por las cosas del Alma? Si de verdad queremos progresar en el sendero de la espiritualidad poniendo en práctica nuestros ideales más elevados, debemos desarrollar la voluntad y la persistencia llevando a cabo nuestros deberes cotidianos; debemos aprovechar las oportunidades de progreso; superar las tentaciones que nos llevan al ocio y a satisfacer pasiones y vicios; e intentar controlar la mente para que no piense por sí misma. Haciendo todas estas cosas tan simples es como nos preparamos para hacer trabajos mayores que nos harán mucho más sensibles a las influencias de los mundos espirituales. Una de las leyes divinas que más actúa sobre nosotros viene a decir algo así: “Cuando dais lo mejor de vosotros al mundo, lo mejor del mundo os será devuelto.”

Existen dos ejercicios que son muy útiles a todo aquel que desea superarse a sí mismo, estos son: La auto-observación y la Retrospección. La auto-observación trata de —como acto voluntario— tener la consciencia en todo lo que hacemos, sentimos y pensamos, es decir, de estar sumamente atentos a nosotros mismos para no actuar incorrectamente, para no crear malos sentimientos y deseos, y para evitar que la mente no esté descontrolada. Sólo de esa forma podemos evitar hacer mal y que lo que venga del exterior sirva de estímulo para ese mismo mal. La retrospección trata de revisar mentalmente los hechos del día —desde que nos acostamos en sentido inverso hasta que nos levantamos ese mismo día— Debemos practicar la observación de lo que nos rodea y la auto-observación propia para hacer una verdadera retrospección porque de lo que se trata es de ver dónde, cómo y cuándo hemos hecho mal para tomar conciencia de ello y proponernos no volver a caer más, así como también ver las buenas obras y pensamientos del día para fortalecernos espiritualmente y repetir esas mismas acciones siempre que podamos. Por tanto, es en la vida diaria, en las cosas pequeñas que llamamos “sin importancia” donde debemos esforzarnos por extraer el conocimiento y el poder espiritual que nos llevará a despertar una nueva y más elevada conciencia.

Es imprescindible que limpiemos nuestra casa y adquiramos muebles nuevos. Limpiar la casa es no repetir o crear malos sentimientos ni deseos; no dejarse dominar por las pasiones vicios; evitar las preocupaciones, miedos, enfados, críticas, etc.; y limpiar la mente de todos esos malos hábitos de pensar —hacer que no piense en ello— en cosas innecesarias, en distracciones absurdas, en los estímulos procedentes de las emociones y deseos, etc. Adquirir muebles nuevos es controlar la mente para que —además de no pensar en lo que no debe— piense en hechos relacionados con los más elevados ideales —amor al prójimo, fraternidad, altruismo, oración por la humanidad, compasión, comprensión y tolerancia con los demás,…— es llevar a la práctica esos pensamientos en cada oportunidad que nos surja a diario —ir en un medio de transporte y crear buenos pensamientos y sentimientos hacia las personas que vemos, servir en todo lo que podamos, valorar las cualidades sin fijarnos en los defectos de aquellos con quienes no simpatizamos, dar gracias a Dios por todo lo que nos ha facilitado, hacer las cosas con amor para que alcance a quien pueda afectar, etc. etc. Esta limpieza y nuevo amueblamiento de nuestra personalidad transmutarán el cristal oscuro y sucio que impide que veamos la luz y hará que nuestra aura brille de manera que los maestros se fijen en nosotros y nos faciliten lo que necesitemos.

Basándonos en lo dicho hasta ahora preguntémonos ¿Cuánto me preocupo por mi personalidad y cuánto por mi Espíritu? ¿Cuánto me esfuerzo y sirvo a los demás? ¿Cuántas veces doy gracias a Dios y, en general, a las personas que hacen que yo me alimente, trabaje, sea feliz, obtenga conocimientos que me ayudan..? Después de meditar sobre estas preguntas seamos sinceros y respondámonos a nosotros mismos ¿no deberíamos esforzarnos y sacrificarnos más por ser mejores, —en pensamiento, palabra y obra— por servir allá donde podamos y ser más humildes y agradecidos a Dios y al prójimo? Todo el bien que hagamos y que nos procuremos a nosotros mismos perdurará y tendrá una gran utilidad en el universo y en el medio ambiente en que vivimos, por tanto, seamos más fieles colaboradores de Dios y unos servidores amorosos de nuestro prójimo.


Francisco Nieto

domingo, 9 de octubre de 2011

LA DISCIPLINA MENTAL EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL (I)



Cuando en mis artículos hablo del Yo superior o Ego, me estoy refiriendo al verdadero “Ser” y no a la personalidad compuesta de los muchos yoes relacionados con los sentimientos, emociones y forma de expresarse de la mente. Este Yo, también considerado el Alma fruto de todas sus manifestaciones y renacimientos en el mundo físico, es el representante del Espíritu diferenciado por Dios dentro de Él mismo, es el recopilador de la quintaesencia de cada vida y el que sólo está subyugado a Dios puesto que está desarrollando los poderes de Dios que tiene en forma latente. El Yo superior se vale del cuerpo físico, del cuerpo de deseos o emocional y de la mente para experimentar y evolucionar aquí en la tierra, pero él habita en el "Mundo del Pensamiento" desde donde, a través de la mente, se supone que debe gobernar dichos vehículos por medio de la voluntad.



Estos vehículos o cuerpos traen, como desarrollo adquirido en otras vidas, cierto grado de poder que deberá ser ampliado progresivamente hasta que adquieran la perfección necesaria como para que seamos conscientes en los mundos superiores como lo somos actualmente en el mundo físico; y para ello debe valerse y hacer el mejor uso posible de los mismos en cada vida. El vehículo más elevado que puede utilizar el Ego para identificarse con su propio Espíritu y con su creador es la mente, puesto que ésta tiene poder sobre los pensamientos, las emociones y sentimientos, y, por tanto, sobre las acciones del cuerpo físico. Por consiguiente, debemos aprender a utilizar la mente de manera que, por medio de la voluntad, podamos purificar los diferentes cuerpos y así espiritualizar el carácter y la voluntad.



Podríamos hablar de diferentes métodos de desarrollo espiritual pero, en mi opinión, hay que comenzar a partir de una misma base para todos ellos, esto es, el reconocimiento de que el ser humano no es el cuerpo físico, ni los deseos, ni los sentimientos y ni siquiera la mente. Es imprescindible que cada persona se observe a sí mismo hasta comprobar que “su voluntad” (como expresión de su Yo superior) gobierna su cuerpo físico, sus emociones y su mente, es decir:



1º.- La voluntad puede concentrar y dirigir su mente hacia el asunto que desee, por tanto, está por encima de ella.

2º.- Un pensamiento determinado hace que responda el cuerpo de deseos o emocional, manifestando éste un deseo, sentimiento o emoción; por tanto, el pensamiento está por encima de los deseos y sentimientos.

3º.- El cuerpo físico obedece a la voluntad a través de la mente y, como efecto, también a través de los deseos y sentimientos; por tanto, el cuerpo físico está bajo el dominio de los deseos, sentimientos y pensamientos a la vez que éstos están todos gobernados por la voluntad del Yo superior.



Así es que, el primer paso es reconocer este Yo e identificarnos con él porque, según el grado de identificación, así será el poder que desarrollaremos y así serán los resultados que obtendremos respecto al desarrollo espiritual que debemos alcanzar. La mente, por tanto, es el instrumento del que se vale el Ego para pensar, obtener conocimiento y dominar sus vehículos hasta hacer de ellos sus herramientas sagradas.



El Ego se manifiesta en cada renacimiento desde las regiones (hay siete en cada mundo) superiores del Mundo del Pensamiento, unas regiones donde aún no somos conscientes como tampoco lo somos en el mundo de los deseos y de los sentimientos, sin embargo, este Ego está envuelto en materia mental de acuerdo al desarrollo alcanzado desde el principio de su evolución. Existen tres clases de mente relacionadas con el Ego:

1ª.- La mente instintiva que pertenece al pasado pero que aún se manifiesta.

2ª.- La mente concreta con la que razonamos como personas y a la cual debemos controlar para que no actúe por sí misma.

3ª.- La mente abstracta o espiritual que se manifestará según desarrollemos los poderes del Espíritu.



En el pasado, el ser humano se guiaba por su mente instintiva, pero cuando hemos desarrollado el germen de la mente concreta, la hemos impuesto sobre lo instintivo y hemos aprendido a discernir con voluntad y consciencia. En un futuro desarrollaremos la mente abstracta y espiritual haciendo, como primer paso, que la mente sólo piense cuándo, cómo y lo que queramos según el grado de desarrollo espiritual adquirido. Como podemos intuir ya partiendo de lo dicho, si debemos obtener poder sobre el mundo físico y sobre nuestros vehículos, y si debemos desarrollar los poderes latentes del Espíritu, lo primero que debemos hacer es desarrollar los poderes internos antes de gobernar lo externo.



El Yo, junto a la voluntad, debe obtener auto control de su mente hasta el punto de que ésta obedezca y piense sólo y exclusivamente cuando el Yo quiera y para lo que quiera porque consiguiendo eso, el cuerpo de deseos y el físico responderán de acuerdo a la naturaleza del pensamiento. Esto debe ser así con el fin de tener un cuerpo mental limpio y claro y no lo que normalmente hacemos de estar haciendo una cosa o estar observando otra a la vez que la mente campa a sus anchas y piensa en mil cosas a la vez y la mayoría de las veces sin que nos demos cuenta. Una vez que conseguimos limpiar y controlar la mente hasta cierto punto, es nuestro deber utilizarla inteligente y eficazmente para los asuntos relacionados con nuestro desarrollo espiritual. Esto hace que no derrochemos vitalidad y que desarrollemos la voluntad y la concentración a la vez que la ponemos en armonía con la voluntad. Así es que ya vemos que para obtener los primeros resultados respecto al control de los diferentes cuerpos o personalidad, es necesario desarrollar la voluntad y la concentración de la mente. Esta es la manera en que la mente espiritual se desarrollará para imponerse sobre la mente instintiva y la concreta. El correcto uso y la concentración de la mente nos permite descubrir la verdadera naturaleza interna de las cosas para así obtener un conocimiento oculto pero, si esto es importante, más importante es aún la observación y análisis de nuestra propia mente y naturaleza interna puesto que estudiándonos a nosotros mismos descubrimos a Dios del cual somos parte.



Sabemos que el desarrollo de la mente se debe principalmente a la concentración, prueba de ello y sin que muchos se den cuenta, son los científicos e investigadores que vienen a decir que sus descubrimientos surgen después de profundizar persistentemente sobre un asunto concentrando la mente sobre él. Si nos ponemos en el puesto del Ego y nos situamos (como en realidad es) por encima de la mente como observadores de la misma, nos daremos cuenta que hace lo que la viene en gana según lo que perciban los sentidos y según los estímulos del cuerpo de deseos; es más, a veces miramos y no vemos, oímos pero no escuchamos y nuestra mente piensa y no nos damos cuenta. La mente es como un niño o como un animal sin adiestrar, cuando queremos utilizarla para algo útil nos cuesta concentrarla, por eso se dice que es inquieta, inestable, cambiante e incluso molesta. Está claro que todo aquel que haya conseguido algo importante en la vida ha sido gracias a la concentración y buen uso voluntario de la mente, ya que, sin voluntad y concentración no se adquiere poder ni gobierno sobre ella. Las mentes tienen tal poder y autonomía que no se dejan dominar fácilmente y más aún porque están acostumbradas a disfrutar y a complacerse en los deseos y sentimientos que la persona tiene como hábitos dominantes.

Francisco Nieto

domingo, 25 de septiembre de 2011

ESPIRITUALIZANDO EL CARÁCTER (y II)

Una vez grabado el ideal en el subconsciente y como complemento (al menos durante un tiempo) es conveniente prestar atención a las situaciones o circunstancias donde nos encontremos para ver de qué manera podemos servir. Sin embargo y por si la persona interesada piensa que no surgen oportunidades para servir, diré que cuando no hay oportunidades claras de servir, el simple hecho de hacer todo y cumplir con nuestros deberes con amor y pensando que ese trabajo servirá o beneficiará a otros, es suficiente. Hay un detalle muy importante en la construcción de un ideal además de tener la clara voluntad de hacerlo, y es que, mentalmente, debe verse dueño del ideal y tener muy claro que es la base de su carácter. Si, a su vez, piensa o dice palabras de “confirmación” como que se ha consumado la obra o ideal, éste se verá más fortalecido en el subconsciente y su voz hablará más clara y fuerte para recordarlo.

Cualquier ocultista sabe que la mente es poderosa y creadora y que los pensamientos (según su naturaleza) estimulan los deseos y los sentimientos y, por último, llevan a la acción física. De acuerdo con esto, pues, está claro que las personas que se sienten y están convencidos de que son unos desgraciados o que tiene mala suerte y mantienen y repiten esos pensamientos y sentimientos, estarán dominados inconscientemente por ese “ideal” y todas sus actitudes y expresiones de sus cuerpos irán en esa dirección. Como es natural, una persona así debería tener el optimismo, la esperanza y el éxito como ideal. Hay que tener claro que la persistencia y repetición de pensamientos, deseos y sentimientos forman el ideal pero también que llevan a la acción y a atraen esa clase de vibraciones y ambientes.

El común de la humanidad piensa que nace con un carácter y que ese carácter es muy difícil o imposible de cambiar; otros que tampoco tienen mucho interés en cambiar su carácter y hábitos, se consuelan diciendo que ellos son así de nacimiento y que no pueden hacer nada para remediarlo. Estas personas no saben que, lo mismo que nacemos con unas tendencias o carácter como resultado de los anteriores renacimientos y que este carácter va cambiando, también éste último y como resultado de sus conocimientos, relaciones y experiencias, va cambiando día tras día. Este cambio o transformación del carácter que a diario hacemos es un trabajo, principalmente, de la mente subconsciente y de la atención o consciencia de los hechos con los que nos encontramos. Estas personas no saben que son ellas, y nadie más, quienes van formando su carácter partiendo del carácter o temperamento que traen desde el momento de su nacimiento, pero que si pusieran voluntad en crearse unos ideales desarrollarían otro carácter a voluntad.

Si nos dejamos dominar por malas influencias personales, las cuales estimulan malos sentimientos, deseos y pensamientos, crearemos unos hábitos que serán los ideales de nuestra vida y que nos llevarán a crear un carácter negativo. De aquí la necesidad de observarnos a nosotros mismos para que, una vez analizada la naturaleza de nuestro carácter, pongamos la voluntad y el discernimiento necesarios para transformar nuestro carácter y nuestras vidas. El hombre de fuerte voluntad y determinación construye su carácter sobre ideales elevados que, como causas, traerán un buen destino. Por el contrario, quien no se esfuerza ni desea analizarse y se deja dominar por los demás, por los placeres y por el materialismo, no debe esperar un buen destino y tendrá que hacer frente al mismo hasta que aprenda a cambiar su carácter.

Cuando somos conscientes de que somos un Ego, un Alma o Yo superior que renace en cada vida con nuevos cuerpos para continuar su evolución gracias al conocimiento y a las experiencias que obtenemos con los mismos, nos damos cuenta de que somos dueños y señores de dichos cuerpos y que su naturaleza es flexible y cambiante bajo la influencia y dirección de la voluntad. De la misma manera que conseguimos anular nuestro gusto por determinados vicios (alcohol, tabaco…) o conseguimos dar con amor un donativo a un mendigo que antes repudiábamos, también podemos cambiar nuestros malos hábitos e ideales para construir un nuevo y más espiritual carácter. Como ya hemos dicho, la mente subconsciente tiene un papel muy importante en la construcción del carácter, pero no nos olvidemos que es la voluntad del Ego quien debe dirigir, a través de la mente consciente, la construcción del ideal que llevará a dicha transformación del carácter. El Ego o Yo superior es el principio espiritual que intenta dirigir nuestras vidas, él es inmutable en comparación con lo cambiables que son nuestros cuerpos y nuestra mente, por tanto, es la voluntad espiritual quien debe dirigir nuestras vidas para hacer de la personalidad un ejemplo de admiración por parte de los demás. Nosotros podemos hacer un cuerpo musculoso y más sano, podemos cambiar nuestros deseos y sentimientos y podemos cambiar nuestra manera de utilizar la mente para pensar y enfocarla en cosas y hechos positivos y espirituales que formarán el ideal o base de la espiritualización del carácter.

Aunque no queramos admitirlo o no nos demos cuenta de ello y aunque pensemos que no podemos cambiar nuestro carácter, hemos de admitir que muchas veces intentamos cambiar el de las personas que nos rodean. Lo podemos comprobar con nuestros hijos cuando queremos inculcarles una serie de verdades que les demuestren que su manera de enfocar la vida es errónea; o cuando intentamos ayudar con palabras, consejos o ejemplos a una persona que consume drogas; o cuando damos ejemplos y enseñamos estos conocimientos a otros para que enderecen su vida que va por mal camino. Entonces, ¿Por qué no vamos a poder cambiar nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos y deseos, y nuestra manera de hablar y actuar? El carácter, sea cual sea, puede cambiarse y espiritualizarse, da igual que sea el que traemos de otras vidas en forma de tendencias que el que hayamos forjado por medio de la autosugestión, de las relaciones y del medio ambiente en que vivimos. Sólo es necesario fortalecer la voluntad y utilizar el discernimiento para autoanalizarnos, corregirnos e incluso autosugestionarnos porque, al fin y al cabo, la autosugestión es un medio para crearnos los ideales que formarán el nuevo carácter.

Ya hemos dicho que el Ego es dueño y señor de sus cuerpos o vehículos puesto que los puede gobernar por medio de la voluntad. Todos los vehículos son importantes y necesarios para el desarrollo y evolución de este Yo superior porque:

1º.- Con el cuerpo físico experimenta y toma consciencia de las experiencias, obtiene conocimiento y se expresa por medio de las acciones y la palabra.
2º.- Con el cuerpo de deseos o emocional siente, tiene el aliciente necesario para impulsar al físico a la acción, desea y manifiesta emociones y crea hábitos por la satisfacción y repetición de los correspondientes hechos.
3º.- Con la mente podemos crear en los diferentes mundos, adquirimos conocimientos, formamos la memoria, razonamos y podemos gobernar el cuerpo de deseos y, por tanto, el cuerpo físico.

Por consiguiente y aunque la mente (bajo el dominio de la voluntad) tenga poder sobre los demás vehículos, estos cumplen un papel fundamental en cada vida y podemos obtener un gran beneficio de cada uno de ellos si sabemos aplicar nuestra voluntad y el discernimiento.

Es muy importante que tengamos claro el ideal que necesitamos o que mejor se adapta a nuestra voluntad para poder cambiar nuestro carácter, pero aquí también entra en juego el cuerpo de deseos porque, antes que nada, debemos “desear ese cambio”, ya que si no deseamos profundamente ese cambio no podremos aplicar la voluntad. La voluntad tiene poder sobre los deseos y los deseos pueden hacer que la voluntad entre en acción, aunque sea para actuaciones negativas por el simple hecho de no tener la consciencia en ese momento. Pero, aun siendo conscientes y puesto que deseamos cambiar el carácter, debemos permitir al cuerpo de deseos (debemos desear) que sus deseos elevados pongan en acción a la voluntad para comenzar la autosugestión o formación del o de los ideales elevados que necesitamos. Por tanto, hay que desear hacer el cambio de carácter para que entre en juego la buena voluntad que hará que la mente razone para conseguirlo. El cuerpo de deseos tiene dos aspectos o naturalezas: una es el aspecto animal más manifestado en las personas poco evolucionadas (lujuria, venganza, odio…) y otra hacia la que nos encaminamos los que deseamos espiritualizar el carácter, que trata de los deseos y sentimientos más elevados que el ser humano puede alcanzar en la etapa presente (amor al prójimo, deseo de servir y ayudar, compasión, altruismo…) Así es que, es de la naturaleza superior del cuerpo emocional de donde debe salir el deseo que formará el ideal necesario que consiga transformar o desarrollar el carácter.

Es evidente que quien desea espiritualizar su carácter es porque observa en su cuerpo de deseos ciertos deseos o sentimientos de naturaleza inferior, por eso, repito, es necesario que el aspirante espiritual se observe y analice para ver qué clase de ideales debe crear para erradicar los defectos e imperfecciones que hay en su carácter. De acuerdo a la fuerza del deseo será la fuerza de voluntad que se ponga en la intención, esto significa que el deseo debe ser tan intenso como para poner en acción la voluntad y para que haya la suficiente persistencia como para crear el ideal a seguir hasta cambiar el carácter. Sin embargo, se puede dar el caso de que no haya deseo y sí algo de buena voluntad para hacernos mejores personas, en este caso habrá que imponer la voluntad sobre el cuerpo de deseos para crear un deseo elevado sobre el cual se pueda fijar la voluntad hasta desarrollarle como ideal a seguir. Una persona de buena voluntad y razonamiento puede que no se interese por estas enseñanzas ocultas pero si, por determinadas circunstancias o personas que le hablan de ellas, llega a interesarse y a desear aprender el aspecto espiritual de ellas, y después comienza a trabajar con la imaginación y el discernimiento hasta encontrar un ideal que madure en su interior, no cabe la menor duda que creará un carácter positivo que se manifestará en ella, como un nuevo y más espiritual carácter.

El deseo es necesario para la supervivencia del ser humano, y según sea éste así podrán se los logros que se alcancen para bien para mal; el deseo puede llegar a hacer de una persona un santo o un terrorista. El mismo poder o fuerza que tiene el deseo para llevar a una persona al peor de los vicios, también lo tiene para salir de ese vicio y elevar a la persona por encima de todos los instintos animales. El deseo, al igual que una planta hay que sembrarle (tener voluntad), regarle (mantenerle consciente y voluntariamente en la mente para llevarle a la práctica) y cuidarle (no practicar lo contrario para entorpecer el crecimiento de lo que deseamos) Si a determinado deseo le complementamos imaginando que ya lo poseemos (por ejemplo: un carácter amable y simpático) y meditamos sobre su naturaleza y sus efectos positivos, podremos ver cómo el subconsciente lo tendrá presente y nos lo recordará. Cuando creamos y situamos un fuerte deseo en la mente inconsciente también estamos fortaleciendo la voluntad para que ese deseo se cumpla, de aquí que quien desee cambiar su carácter lo tenga más fácil si de verdad lo quiere hacer bien.

Los deseos, como ya hemos dicho respecto a la planta, se pueden alimentar, pero cuando lo que queremos es eliminar un deseo que perjudica a nuestros ideales o a nuestro carácter, lo que debemos hacer es lo contrario, es decir, hacer que la mente no piense en ese deseo ni en nada relacionado con él. Para matar un mal deseo hay que desearlo, hay que tener una voluntad firme, no hay que pensar en ello, y no hay que prestarle atención ni siquiera con la imaginación porque eso sería un alimento para él. Es cierto que con cada victoria nos hacemos más fuerte para luchar contra cualquier mal deseo, pero eso no debe evitar que busquemos otras ayudas complementarias como la creación del hábito contrario al mal deseo. Si nos centramos en este nuevo deseo y le fortalecemos con la imaginación y con la práctica, venceremos al mal deseo más rápidamente.

Cuando una persona, refiriéndose a otra, dice que tiene un carácter de tal o cual naturaleza, es muy posible que no sepa que el carácter actúa desde el subconsciente. Es decir, la repetición crea el hábito y éste hace lo mismo respecto al carácter en la mente consciente, pero según se va formando el verdadero carácter lo va haciendo en la mente subconsciente desde donde se manifiesta como naturaleza propia del individuo; de aquí que los trabajos dirigidos hacia el subconsciente tengan éxito. Como podemos ver, la formación de hábitos es muy importante para la transformación del carácter puesto que el hábito se sitúa sobre la mente subconsciente. En realidad, eliminar un mal hábito del carácter es tan simple como crear otro que represente la virtud opuesta y repetirla en pensamientos y hechos hasta que se consolide como parte del carácter.

Una vez comprendida la naturaleza del deseo y su mecanismo, debemos dar la correspondiente importancia al siguiente paso que nos ayudará a cambiar el carácter, esto es, el hábito. Los hábitos tienen su origen en alguno de los dos siguientes aspectos de la vida:

1º.- Los que traemos en forma de tendencias de renacimientos anteriores y que debemos fomentar (los positivos) o eliminar (los negativos)
2º.- Los que creamos en la presente vida desde la propia infancia y de acuerdo a la educación, el medio ambiente y a las relaciones personales.

Aquí juega un papel muy importante la auto observación y la meditación sobre lo que hacemos, deseamos y pensamos. Hasta tal punto es cierto esto que la mayor parte del día nos expresamos sin razonar lo que hacemos. El que ha creado el hábito de ser sincero es difícil que mienta, el que ha creado el hábito de ser servicial y altruista es difícil que desaproveche una oportunidad para beneficiar a otros, y así sucesivamente actuando casi de una manera automática o instintiva. Así es que, como hemos explicado, el cambio de carácter tiene como base el cambio de hábitos, y si alguien lo duda que haga una retrospección de su vida y comprobará cómo eliminó algunos hábitos y creó otros nuevos.

Si un día decidimos aprender mecanografía lo más seguro es que no demos pie con bola, pero si al siguiente día lo volvemos a intentar fallaremos menos, y si seguimos practicando, al cabo de no mucho tiempo tendremos muy pocos fallos. Esto significa que se alcanza mejores resultados cuando hacemos una pausa o descanso entre un ejercicio o trabajo y otro. En la formación del carácter ocurre algo parecido, debemos practicar todo lo aconsejado en estas líneas y debemos hacerlo con plena confianza de que lo vamos a conseguir pero entre el trabajo de un día y otro hay que olvidarse un poco de ello para que quede grabado en el inconsciente que es el que actuará automáticamente en el futuro. En la filosofía oculta se hace mucho hincapié en:

1º.- Que los estudiantes comprendan el poder de la mente como origen de todo lo que ha creado y puede crear el hombre.
2º.- En que el Yo superior o Ego está por encima de la mente y, por tanto, puede dominarla y utilizarla para trasforma su carácter y naturaleza.
3º.- En que no somos el cuerpo físico, los deseos, sentimientos y ni siquiera la mente.
4º.- En que es imprescindible que nos observemos y conozcamos para así trabajar a favor de nuestro propio desarrollo espiritual.
5º.- En que nada conseguiremos si no hemos obtenido antes un alto grado de dominio propio.

Creo que ya hemos hablado de todo ello excepto del dominio propio, el cual es importante. El ser humano no debería andar por la vida como una veleta, no debería dejarse influenciar por los demás, ni tampoco debería pensar hoy de una manera y mañana de otra, ni debería dejarse arrastrar por los deseos ni los sentimiento, sino que debería imponer su voluntad sobre sus vehículos con tal de controlar los impulsos y la mente y así mantener el equilibrio y la paz interior. Es imprescindible que el aspirante al cambio de carácter tenga plena confianza en sí mismo y exprese o repita mental y conscientemente frase como: Tengo poder para conseguirlo, tengo firmeza y persistencia u otras similares; esto y el hecho de imaginar que ya se ha conseguido el cambio deseado y que se está llevando a la práctica con éxito, completará la formación.

La fe o confianza en uno mismo también son importantes a la hora de proponerse hacer un cambio de carácter por medio de nuevos y elevados hábitos e ideales. Para muchas personas será suficiente con leer algunas enseñanzas como las que aquí se dan o similares, pero para otros no serán suficientes y deberán esforzarse más y persistir desde la voluntad y la mente. La mente es constructora y como tal, si hay voluntad y persistencia, no puede fallar, por eso se deberá trabajar con la imaginación, con el deseo y con la confianza de que se va a conseguir con toda seguridad como explicamos en estas líneas. Está claro que cuanta mayor voluntad y confianza propia más probabilidades de éxito porque éstas eliminan barreras. Por el contrario, la falta de fe y de confianza junto a la duda de conseguirlo, impedirán que se alcance ese o esos nuevos hábitos que cambiarán el carácter.

La determinación debe ir unida al conocimiento de que todos somos iguales y de que tenemos las mismas herramientas para crear un nuevo carácter. La voluntad procede del Yo Superior en todas las personas, lo que nada tiene que ver con que una persona tenga más estudios, fama… que otra a la hora de realizar estos trabajos internos. También somos todos iguales a los ojos de Dios pero el que se esfuerza por cambiar su vida y su destino (carácter es igual a destino) obtendrá ayuda desde los planos invisibles. La persona que se proponga cambiar su carácter debe hacerlo desde este convencimiento, olvidándose de su personalidad terrenal que hasta ahora le ha llevado por caminos erróneos por la influencia de los malos deseos y hábitos, y con la fe y confianza en su Yo superior que también representa la sabiduría. Esto dará ánimos, valor y conciencia suficiente como para vencer el miedo y la duda. En cada uno de nosotros hay un centro de poder y ese poder se adquiere cuando nos interiorizamos y trabajamos consciente y voluntariamente a favor del Espíritu. Entonces, éste nos ayudará fortaleciéndonos para que aprendamos a decir ¡No! A los deseos y hábitos negativos de la personalidad, entonces será cuando nuestra conciencia y nuestra voluntad sean invencibles.

Francisco Nieto

domingo, 11 de septiembre de 2011

ESPIRITUALIZANDO EL CARÁCTER (I)

El carácter es lo que nos identifica, es algo así como la marca que se pone a un objeto o animal, y es por eso por lo que decimos que una persona tiene buen o mal carácter, o un carácter brusco, o disciplinado, o inquieto, etc. El carácter se forma y transforma principalmente por dos medios:

1º.- Por las influencias de la propia familia y educadores así como del medio en que nos movemos desde que nacemos.
2º.- Por la propia voluntad, iniciativa y naturaleza de la propia persona.

Pero para el ocultista hay un tercer medio sobre el cual se forma el carácter, y éste es el que se relaciona con los átomos simiente de nuestros diferentes cuerpos y que son el resultado ─como quintaesencia─ de la evolución alcanzada hasta ahora a través del renacimiento. Esta quintaesencia se refleja en la manera de pensar y en nuestros deseos y sentimientos y viene reflejada sobre todo en el signo solar y en el del Ascendente del horóscopo; pero esto, al fin y al cabo, son tendencias modificables por el propio carácter y voluntad de la persona como podemos comprobar que ocurre según van pasando los años. Según va evolucionando la humanidad a través del renacimiento va desarrollando la voluntad ─aspecto del Espíritu─ y el discernimiento por lo que, como es evidente, en cada renacimiento estamos más capacitados o tenemos más poder para aplicar ambos con la intención de crearnos un buen carácter y un buen destino; por consiguiente, cada persona debería preocuparse un poco cada día por actuar de acuerdo a las Leyes Divinas y a las morales y espirituales humanas.

Cuando decimos que nacemos con un carácter y en un medio ambiente y familia determinada que influirá en el desarrollo del carácter en la presente vida, estamos refiriéndonos también a la Ley Kármica de Causa y Efecto puesto que es esta ley la que hace que renazcamos en esas circunstancias para cumplir con nuestro destino y para que tengamos la oportunidad de desarrollar en un grado más amplio y superior dicho carácter. Tengamos el carácter que tengamos las leyes divinas nos facilitarán los medios ─buenos o malos─ para que, al final de nuestra vida, el resultado sea siempre un mayor desarrollo que en la anterior. Naturalmente que nosotros podemos colaborar o entorpecer dicho desarrollo pero, aun actuando en contra de las Leyes Divinas, éstas nos pondrán los impedimentos necesarios para que rectifiquemos, por tanto ¿Por qué retrasar nuestra evolución si podemos espiritualizar el carácter en la presente vida? Las personas que, como fruto de su evolución, sienten la necesidad de ser mejores, adelantarán muchísimo más que las que no lo sienten si aplican a sus vidas cualquier ayuda que se cruce en su destino ─filosofía oculta, literatura de auto-ayuda, o el sendero de devoción y de las enseñanzas cristianas─ pues, éstas ayudas no estarán en su vida por casualidad, sino porque se lo merecen y les brindan la oportunidad de utilizarlas para su propio desarrollo espiritual.

Las ayudas que en nuestros días están al alcance de cualquiera son muchas aunque algunas sean más válidas que otras. La persona que elige el sendero de devoción le bastará con imitar a Cristo y practicar sus enseñanzas, o incluso tener como ideal “hacer todo como si fuera para Dios”; las que elijan el sendero del intelecto tienen suficiente información con la física cuántica y la literatura de autoayuda como para comprender que somos un Espíritu que renace y que utiliza un cuerpo físico y una mente para perfeccionarse; las personas que se interesen por la filosofía oculta o esotérica también obtendrán la información necesaria para espiritualizar su carácter, con la diferencia de que esta filosofía ─si procede de una verdadera escuela─ unifica a las anteriores y llevan a la adquisición de la primera iniciación en mucho menos tiempo que las anteriores. Algunas de las ayudas que nos encontramos en esta vida para espiritualizar el carácter son más acertadas que otras, por ejemplo, unas aconsejan que para quitarse un defecto se concentren en él y lo nieguen, mientras que otras aconsejan esforzarse por desarrollar la virtud opuesta al defecto para así hacerle desaparecer por inanición.

La mente consciente y la subconsciente juegan un papel muy importante en el desarrollo y transformación del carácter, veamos un poco cuál es la naturaleza del subconsciente. Nuestra mente, en su aspecto general, es algo parecido a un iceberg del cual sólo se ve una pequeña parte quedando el resto escondido a nuestra visión. La mente concreta y consciente estaría representada por la pequeña parte superior que flota, mientras que la otra mayor parte que queda bajos las aguas escondidas representaría al subconsciente o inconsciente. Pongo este ejemplo para decir que la mayor parte del día la mente está activa pero que no somos conscientes de su actividad nada más que cuando tenemos que hacer o pensar algo verdaderamente importante.

Si analizáramos nuestra actividad mental y nuestra expresión nos daríamos cuenta de que en un 90 % son respuestas automáticas del subconsciente, instinto y respuestas no razonadas y por tanto no conscientes. De hecho, muchas personas que no recuerdan algo o que son incapaces de resolver un problema, reúnen la información que pueden y se la dejan a la mente subconsciente para que ésta resuelva el caso; es algo así como si la mente subconsciente trabajara de forma independiente de la consciente y nos enviara la información o respuesta correcta después de un tiempo y sin esperarlo. Otras veces nos concentramos y reflexionamos tanto sobre un asunto que es como decir que nos hacemos voluntariamente inconscientes del mundo que nos rodea, de nosotros y de los pensamientos pero que, al final, obtenemos la respuesta que buscamos; casi podríamos definir a esto “atención inconsciente”.

Todo ser humano siente el impulso o deseo inconsciente de obtener conocimiento y de progresar y, aunque parezca que no es así, es la mente inconsciente la que nos facilita en gran medida los logros que alcanzamos, viniendo alguno de ellos incluso de otra vida. La mente subconsciente obedece a la voluntad mucho más de lo que creemos, lo que ocurre es que no lo ponemos en práctica, por ejemplo, si nos proponemos firmemente levantarnos a determinada hora y damos la orden al subconsciente, éste hará que nos despertemos; o también, resolver un problema o acordarnos de algo, si le damos los datos al subconsciente, al cabo de un tiempo nos dará la respuesta. Todo está en saber imaginarse o plantear el problema, tener claro lo que queremos obtener y dar la orden al subconsciente como si fuera un empleado. Sabiendo que los pensamientos son formas de materia mental, debemos dejar clara constancia del problema y de lo que deseamos obtener porque serán los elementales los que cumplirán las órdenes. Para quien desee poner en práctica este conocimiento debe tener presente dos cosas, una que no debe buscar él mismo la solución y dos que debe desecharlo ─dárselo al subconsciente─ como quien da un trabajo a otro con la seguridad de que lo va a hacer. Naturalmente que los resultados dependerán de cómo lo haga, de la persistencia y de la paciencia.

Aplicando este conocimiento al desarrollo del carácter, tendremos que comenzar por decir que la base es la “construcción consciente de un ideal” para que luego trabaje la mente sobre él haciendo que estemos atentos. Lo creamos o no, el carácter de cada persona adulta tiene mucho que ver con los pensamientos, sentimientos y deseos que asiduamente tiene. Así, la persona cuyo ideal sea imitar a Cristo sentirá ese impulso a lo largo del día porque su mente subconsciente se lo recordará; pero para ello habrá tenido que estar un tiempo creando pensamientos, deseos y sentimientos relacionados con la obra de Cristo y con la clara voluntad de hacerlo ella. Supongamos que deseamos desarrollar la virtud de servir amorosamente al prójimo, lo primero que debemos hacer para crear el ideal es trabajar con la imaginación ─ver cómo, dónde y cuándo podemos servir─ para luego añadir la firme voluntad y deseo de querer hacerlo y los correspondientes sentimientos relacionados con el amor al prójimo y el altruismo. Cuando esto se repite en momentos de meditación y oración o en momentos de relajación y de paz interior, el ideal queda grabado mucho más claramente en la mente subconsciente.

Francisco Nieto

lunes, 22 de agosto de 2011

BUSCANDO LA VIDA INTERIOR (Y II)

Queda claro, pues, que si queremos vivir la vida interna como si fuéramos ese Yo superior, deberíamos tener nuestra consciencia enfocada en todo lo que hacemos, hablamos, sentimos, deseamos y pensamos. Pero vivir la vida interna también es observar a todo lo que nos rodea como una manifestación de Dios de la cual nosotros somos parte, valorarlo con amor, admirar su belleza y su verdad, y sentirla como parte nuestra. Cuando nosotros nos dejamos llevar por los deseos y sentimientos y actuamos sin razonar, instintivamente o dominados por nuestros hábitos y costumbres adquiridas desde que nacemos, estamos manifestando la personalidad o yo inferior. Pero cuando no permitimos todo eso y actuamos consciente y voluntariamente manifestando nuestros más elevados ideales a la vez que evitamos las interferencias de la mente, entonces, vivimos la vida interna. Vivir la vida interna es mirar a una flor, a un animal, a cualquier persona o a cualquier otra cosa con amor y con admiración, como si estuviéramos contemplando la obra de Dios en la cual estamos evolucionando e involucrados, a la vez que no permitimos que el cuerpo de deseos y la mente expresen lo que es personal. Entonces y envueltos en los más elevados sentimientos, es como damos paso a que el Yo superior pueda manifestarse en nosotros.
Para acercarnos al Yo superior y para alcanzar estos objetivos debemos ser dueños primeramente de la mente en sus diferentes aspectos. El primer aspecto que debe ser dominado es la mente instintiva. La mente instintiva es la que aún nos queda de nuestros primeros pasos como humanos, cuando éramos más animales que personas y no percibíamos lo que hoy llamamos conciencia, sobre todo porque aún no la habíamos creado. La mente instintiva se relaciona más con el mantenimiento de las funciones del cuerpo físico pero en ella también se refleja algo de lo que fuimos en el pasado y por tanto tiene relación con los hábitos; así es que, si imponemos nuestra razón y nuestra voluntad iremos cambiándola poco a poco para que sea una fiel aliada en nuestro progreso espiritual.
Otro aspecto de la mente es el intelecto o razón, el aspecto con el que nos identificamos más creyendo que es el Yo pero, como podemos comprobar cuando la utilizamos para analizar, discernir y pensar voluntaria y conscientemente, el verdadero Yo (representado también como voluntad) está por encima y la utiliza para obtener conocimiento a través de la experiencia en este mundo.
El tercer y superior aspecto de la mente es el aspecto espiritual o abstracto del cuerpo mental. El ser humano no tiene apenas consciencia de este aspecto puesto que, actualmente, manifiesta más el aspecto instintivo y el razonador combinados. La mente abstracta es el origen del genio, de la intuición, de la inspiración, profecía y espiritualidad; de este aspecto mental proceden todas las ideas que han servido para que el hombre cree el mundo físico tal como lo vemos. Pero también de este aspecto superior relacionado con el Yo superior es de donde tiene su origen todo lo que llamamos moral, intelectualidad, espiritualidad, religión, justicia, amor, compasión, fraternidad, etc., por consiguiente, quien desee acelerar su progreso espiritual debería centrar su consciencia y su voluntad en lo que representan estas regiones superiores del Mundo del Pensamiento donde se encuentra el Yo superior.
Como Almas evolucionantes hemos obtenido hasta ahora cuatro cuerpos (el físico, el vital, el de deseos y el mental) pero nuestra consciencia la tenemos en el mundo físico gracias a los sentidos del cuerpo físico que son los que nos informan de lo que ocurre en el exterior. Ha sido gracias a la mente concreta y también a la instintiva como hemos conseguido ser conscientes en este mundo, por tanto, no hay que caer en el error de pensar que por el hecho de que el Yo esté en un nivel superior a la mente, haya que dejar de utilizarla. Lo mismo que de la inconsciencia pasamos a la consciencia gracias a la mente instintiva, ahora debemos utilizar la mente concreta para llegar a su aspecto superior o abstracto. Es más, nuestro futuro desarrollo depende completamente del uso que hagamos de la mente respecto a los otros vehículos; recordemos que estamos comenzando a utilizar el enorme potencial de ese cuerpo.
Si queremos dominar a la razón para que el Yo superior pueda manifestarse en la personalidad y así ésta vivir más en lo interno, debemos trabajar sobre los diferentes vehículos o cuerpos. Cuando una persona con conocimientos como éstos desea “conocerse a sí mismo” y medita sobre su propio ser, puede darse cuenta rápidamente de que si intenta silenciar la mente no lo consigue fácilmente porque acuden a ella toda una serie de sensaciones del cuerpo físico, sentimientos o deseos del cuerpo de deseos, e impresiones mentales que distraen a dicha persona; es más, tendrá que hacer un gran esfuerzo de voluntad para sujetar y concentrar la mente si es que quiere utilizarla para algo concreto. Esto, queramos o no, demuestra que el Yo que se muestra como “fuerza de voluntad” no es el cuerpo físico ni ninguno de los otros cuerpos. Así, si el cuerpo tiene hambre, el Yo puede retrasar la hora de alimentarle; si tiene deseos de satisfacer algún hábito también puede hacer que el cuerpo de deseos espere; si le invaden pensamientos de cosas que tiene pendientes de hacer o de cualquier otro hecho, también puede echarlos para centrarse voluntariamente en lo que desee. Pero como no todos estamos en el mismo grado evolutivo, está claro que los menos evolucionados así como los que se vean dominados por un vicio o mal hábito del cuerpo de deseos, no podrán vencer la tentación hasta que no tengan más control y fortaleza mental. Y para obtener esta fortaleza mental hay diferentes métodos pero el principal es la concentración constante junto a la observación atenta aquí y ahora. No es necesario decir que toda esta práctica debe ir acompañada del conocimiento de que quien tiene hambre, deseos y piensa es el cuerpo físico, el de deseos y la mente concreta que está descontrolada, pero nunca es el Yo.
Para conocernos a nosotros mismos como personas con determinados caracteres es muy útil la meditación porque, además, nos hace ver que tenemos control sobre nuestros cuerpos y que no somos ellos. Esto es tan simple como hacer una retrospección de lo que hemos hecho o dicho durante el día, y si resulta que hemos perdido el control o hemos caído en una tentación que normalmente rechazamos, lo que debemos hacer es aislarla y meditar sobre ella como un incidente externo. Entonces llegaremos a la conclusión de que hemos sido débiles de voluntad y nos hemos dejado llevar por la reacción (enfado, deseo o cualquier otro hecho) del cuerpo de deseos en vez de razonarlo y evitarlo; dándonos cuenta así de que nosotros no somos el enfado, el deseo, ni cualquier otro hecho similar.
Desde el mismo momento en que analizamos una situación donde ciertas sensaciones o impresiones mentales nos dominan y somos conscientes de que si hubiéramos actuado de otra forma hubiera sido diferente, estamos demostrando que nosotros no somos esas sensaciones e impresiones y que tenemos poder sobre ellas. Así es que, para acercarnos al Yo superior y vivir en lo interno, debemos estar atentos y observarnos consciente y constantemente para dejar pasar en nuestras vidas solo lo positivo e imponer nuestra voluntad para desear, sentir y pensar sólo lo que se relacione con el Espíritu. Para ello solo es necesario hacer una lista de los sentimientos y deseos más comunes en nosotros y luego ver cuáles nos interesa desarrollar (darles paso) y cuáles hay que aborrecer (cerrarles la puerta) A partir de ahí se emitirán sentimientos y pensamientos sobre lo positivo que nos pueda beneficiar y se evitarán los sentimientos, deseos y pensamientos sobre lo que deseamos aborrecer.
Como podemos ver, el hecho de analizar o meditar sobre algo nos demuestra que ese algo es ajeno a nosotros y que no somos nosotros pero si, por el contrario, quisiéramos analizar y meditar sobre el Yo separándolo de nosotros, no podríamos porque el Yo es la consciencia de “Yo soy” que analiza, medita y extrae el conocimiento de las experiencias. Y este yo que analiza y estudia las cosas pero que no es dichas cosas, es el aspecto inferior del Yo superior que nos hace conscientes de que ese “Yo soy” es parte de la chispa divina diferenciada por Dios para, después de extraer el mayor beneficio de todos sus cuerpos y una vez desechados los mismos, vuelva al Padre con toda su gloria y sus poderes latentes desarrollados. Por consiguiente, es conveniente dejar claro que somos un Yo individual que está utilizando una serie de cuerpos para evolucionar a través de diferentes mundos, pero que no somos esos cuerpos. Aunque fuéramos capaces de poner al yo en un sitio aparte para analizarlo como cualquier otra cosa o para demostrar que no es el Yo ¿Quién lo analizaría y demostraría que no es el Yo? La personalidad terrestre es una especie de no-yo en comparación con el verdadero “Yo soy” porque nosotros, como Almas, somos dioses en formación que algún día desarrollarán sus poderes latentes; somos una chispa de la Gran Llama, una vida en la Vida Universal.
Nosotros somos dueños y no esclavos de nuestros cuerpos, nuestra voluntad tiene poder sobre ellos y los debe dirigir y controlar para beneficio del Espíritu, porque cuando dominamos la mente y nos liberamos de sus impresiones dejándola limpia, es cuando estamos mejor preparados para trabajar sobre los sentimientos y deseos que entorpecen nuestro desarrollo. Si el cuerpo de deseos emite un deseo que nos perjudica y la mente incontrolada accede a él, significa que ese no-yo está desarrollando algo negativo y perjudicial. Pero si evitamos que eso ocurra y tenemos la consciencia en el aquí y en el ahora con la voluntad fuerte y preparada para utilizar el discernimiento según lo que mejor nos convenga, entonces estaremos acercándonos al Yo superior y eliminando ese no-yo. Esto también es intentar vivir en lo interno, siendo conscientes de lo que percibimos y no dejando que las sensaciones del cuerpo y las impresiones que llegan la mente nos distraigan. Es triste ver a personas que no pueden dormir ni descansar porque las preocupaciones y los problemas se lo impiden, pero cuando uno vive en lo interno eso no puede pasar porque sabemos que esas preocupaciones y problemas no somos nosotros y las expulsamos de la mente. Controlar la mente y echar o eliminar los pensamientos indeseables es la meta más importante que debemos alcanzar en la etapa actual de desarrollo; esto no sólo evitará torturas mentales ajenas a nuestra voluntad, sino que además obtendremos una gran poder para formar un nuevo carácter gracias al poder sobre el pensamiento.
El ser humano debe, primero, conocerse a sí mismo y, segundo, autogobernarse desde la posición del Yo superior si verdaderamente quiere vivir en la paz interior y no influir negativamente como personalidad en los demás. Una vez que nos conocemos (sobre todo meditando sobre nuestros deseos, sentimientos y pensamientos) podremos imponer consciente y voluntariamente el discernimiento y la conciencia sobre todos nuestros actos. Una vez que nos reconozcamos como un Yo aparte y por encima de las sensaciones e impresiones tanto internas como externas, estaremos listos para interceptar todo pensamiento, deseo y sentimiento que se interponga y nos distraiga en nuestro deseo de vivir la vida interna. Como verdadera entidad espiritual, somos un centro sobre el que giran todas las influencias y circunstancias ajenas al Espíritu; somos una conciencia que es parte de la Conciencia de Dios, y es en esa conciencia donde debemos centrar nuestra existencia y la de nuestros cuerpos. Es imprescindible que en todo momento actuemos como un Yo superior cuyo poder mental es superior a toda expresión de la personalidad y a toda influencia ajena a nosotros. Es necesario actuar siempre de una manera consciente y voluntaria como algo ajeno al cuerpo físico, a los deseos, sentimientos y pensamientos para observar y corregir los aspectos inferiores de la personalidad.
Observar el cuerpo físico como herramienta, los sentimientos y deseos negativos como algo ajeno a nosotros, y a los pensamientos ajenos a nuestra voluntad como algo que entorpece el control mental, es la tarea que nos debe ocupar desde la mañana a la noche. Actuando así sentiremos cómo el Yo superior acrecienta su poder sobre la personalidad y cómo nuestra vida es más interna y armónica. Cuando se ha trabajado durante un tiempo en este sentido, notaremos que somos más felices, que superamos los problemas fácilmente, que expresamos esa felicidad interna hacia quienes nos rodean, que miramos el mundo y el prójimo como algo a lo que estamos unidos y debemos amar y respetar, que ya nada nos atemoriza porque sabemos encontrar la salida más positiva, y que, viviendo en lo interno, (amor, fraternidad, servicio desinteresado, compasión…) estaremos haciendo el bien en nombre de Dios.

Francisco Nieto

domingo, 7 de agosto de 2011

BUSCANDO LA VIDA INTERIOR (I)

Son pocas las personas que, particularmente en occidente, se paran a pensar en quiénes son, qué es la voluntad, qué poder tiene ésta respecto a los deseos y sentimientos, o quién es ese yo que tiene el poder de utilizar la voluntad según su libre albedrío. Podríamos decir que son pocos los que se llegan a analizar y a conocer lo suficiente como para cambiar de actitud pensando más en su desarrollo espiritual que en el material. Otra cosa muy diferente sería si esas personas fueran conscientes de que son un Yo o Alma en evolución que en cada vida utiliza una serie de cuerpos para obtener conocimientos, desarrollar la mente y la voluntad y, en definitiva, para desarrollar los poderes latentes que tiene como Espíritu creado por Dios. El simple hecho de tener presente estos conocimientos en cada momento del día, ya cambiaría mucho su carácter y su personalidad, lo que, por medio de la Ley de Consecuencia, cambiaría su destino.

Existen dos aspectos importantes en el ser humano de los cuales deberíamos ser conscientes todos, estos son:

1º.- Que desde el punto de vista del Ser o de la Conciencia somos independientes del cuerpo físico como así lo demuestra la filosofía oculta y la física cuántica actual.
2º.- Que aun siendo un Espíritu creado y diferenciado temporalmente “de” y “por“ Dios, somos uno con la vida universal y por tanto con toda vida manifestada o inmanifestada en la forma.

Este conocimiento le tiene cualquier persona que esté relacionada con el ocultismo o la filosofía oculta, pero como este artículo lo escribo para mis blog donde puede entrar cualquier persona, explicaré un poco el significado de los dos aspectos mencionados para que lo puedan comprender quienes son noveles en estas enseñanzas.

Primer aspecto: La ciencia, y más concretamente la neurociencia y la física cuántica, afirman y corroboran lo que lleva diciendo desde hace siglos la filosofía oculta de que no somos el cuerpo físico puesto que:

a) Lo que percibimos a través de los sentidos, llega en forma de impulsos eléctricos al cerebro; siendo éste de la misma materia atómica que el resto del cuerpo.
b) En el cerebro se forma la imagen de lo percibido pero nosotros no podemos ser el cerebro puesto que si lo fuéramos, al ser el cerebro de igual materia que el resto del cuerpo, percibiríamos con todo el cuerpo.
c) Es la mente quien refleja la imagen formada en el cerebro, pero, como todos sabemos, la mente no es física como tampoco lo son los deseos, los sentimientos, los pensamientos y la voluntad.
d) La única manera de definirnos, como Alma enfocada sobre sus cuerpos y sobre el mundo físico, es que, como seres, nos manifestamos como Voluntad, como Conciencia y en forma de intuición y, por tanto, al estar incluso por encima de la mente (prueba de ello es que la dominamos) no somos el cerebro ni el cuerpo físico.

Segundo aspecto: Si todo en el universo es vida, se mueve y evoluciona, nosotros, como Espíritus, no podemos estar fuera de ese Esquema de manifestación, por tanto, aunque ahora estemos manifestados temporal e independientemente en un cuerpo físico, formamos parte de esa Vida Universal (de Dios) con la única diferencia de que la propia evolución de cada Alma hace que pensemos que somos individuos con una conciencia propia separada de la de todo cuando nos rodea.

Así es que, el ser humano está evolucionando como una vida independiente que ha obtenido la autoconciencia gracias a las miríadas de formas que ha utilizado hasta conseguir autoconocerse como individuo con conciencia propia. Pero lo mismo que nosotros estamos evolucionando con un estado superior de conciencia que los animales y éstos en un grado superior a la vida que anima el reino vegetal; también hay vidas independientes que se manifiestan en formas superiores a nuestros cuerpos físicos y que su conciencia es, evolutivamente hablando, muy superior a la nuestra. Sin embargo, hay que dejar claro que es la evolución de la vida a través de la forma, la que desarrolla la conciencia. Por eso, el hombre siempre ha tenido la necesidad de saber quién es y porqué está en este mundo, pero son pocos los que saben que para conocer el universo externo deben primero conocer el interno. El mundo externo nos ayudó a obtener la autoconciencia como están a punto de alcanzarla muchos animales domésticos actuales, pero una vez obtenida, el hombre debe conocerse a sí mismo para encontrar las respuestas que tanto busca. Por tal motivo, uno de los objetivos a alcanzar cuando antes es reconocer al Yo y actuar conscientemente como tal.

Para saber quiénes somos debemos analizar nuestra propia naturaleza y así darnos cuenta de que hemos pasado por diferentes etapas que nos relacionan con los reinos que nos siguen. Tenemos un cuerpo físico, (compuesto de materia como el mineral) el cual estamos perfeccionando desde hace millones de años a través del renacimiento; de hecho, hubo un tiempo en que tuvimos una conciencia interna como ellos (inconsciencia) similar a un sueño muy profundo. También tenemos una vida individual (como el vegetal) que mantiene vivo el cuerpo físico durante cierta cantidad de años para que obtengamos conocimiento de este mundo por medio de las experiencias y para que desarrollemos los poderes latentes del Espíritu; también tuvimos una conciencia similar en un pasado remoto. Por encima de dichos cuerpos y compenetrándolos por ser de materia más sutil aún que la vida (cuerpo vital o etérico) está el cuerpo de deseos o emocional, que es el aliciente para actuar y experimentar por medio de los deseos, sentimientos y emociones; este cuerpo le tienen los animales, como todos podemos comprobar, y en él pueden estar desde los deseos y sentimientos más bajos hasta los más elevados y espirituales. Por último y como cuerpo que nos diferencia de los reinos mencionados, tenemos la mente que se desarrolló a partir de la adquisición de la autoconciencia y que nos debe servir para discernir, razonar y meditar nuestros actos con tal de que no seamos dominados por los deseos y sentimientos inferiores. Esta mente es la última adquisición como vehículo de expresión y por eso es la menos desarrollada, pero gracias a ella y a la voluntad llegaremos a unirnos con nuestro propio Espíritu y con Dios como creador del universo y como único Ser que compenetra toda la creación con Su vida.
Como hemos podido comprender, el ser humano, aun con todas sus cualidades física y mentales, no es el verdadero Yo puesto que éste está por encima de la mente y la utiliza en cada renacimiento para avanzar (como conciencia) un poco más en ese Plan evolutivo creado por Dios y en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Como Espíritus somos inmortales y eternos como lo es nuestro creador, de hecho, tenemos todos sus poderes de forma latente, los cuales debemos desarrollar progresivamente y hasta que nos unamos de forma autoconscientes a Él Pero lo mismo que un niño no está preparado para comprender lo que le pueda enseñar un profesor universitario o no está preparado para utilizar máquinas y herramientas de adultos, tampoco nosotros hemos alcanzado la preparación necesaria (el grado de conciencia) para asimilar y expresar los poderes internos y el conocimiento divino que nos aguarda. Lo mismo que los animales no pueden comprender lo que somos y porqué actuamos como lo hacemos, tampoco nosotros hemos llegado a identificarnos y a comprender a ese Yo o Alma, pero según vamos haciéndolo vamos abandonando la forma de expresarnos como personalidad egoísta y materialista. Según asumimos la conciencia del Yo, vamos comprendiendo que estamos en este mundo pero que no somos de él y nos vamos liberando de la esclavitud de nuestros cuerpos que hacen que tengamos todavía mucho de animales por los malos deseos, sentimientos y pensamientos que expresamos.
La chispa divina, la vida de Dios, está oculta en toda forma evolucionante por muchas capas de diferentes clases de materia que tengan. La vida que contiene el reino mineral llegará a estar en el vegetal y después en el animal, y cuando éste llegue a tal grado de desarrollo que necesite la ayuda de una mente, pasará a utilizar el cuerpo de un salvaje o ser poco evolucionado. Y cuando éste, aun haciendo lo que nosotros conceptuamos como verdaderas monstruosidades, llegue a un nivel como el nuestro, ya habrá desechado de sí mismo todos su peores deseos y sentimientos y comenzará a buscar algo más elevado que todo lo material de lo que hasta ahora se ha servido, porque comenzará a escuchar la voz de su conciencia de su verdadero Yo que está en los mundos espirituales. Los animales tienen deseos y sentimientos como nosotros pero no tienen mente, por eso se guían por instinto, pero nosotros, desde que obtuvimos el germen de lo que llamamos mente, hemos estado evolucionando bajo el dominio de los más bajos deseos y pasiones, y por eso no solo nos comportamos peor que los animales sino que, además, utilizamos la mente para hacer el mal. Y es ese mal el que, a través de la Ley de Consecuencia y el karma, debe quitarnos esos bajos deseos, pasiones y sentimientos gracias al correcto uso de la mente; entonces despertamos de ese sueño para comenzar a ver la luz del Yo superior. Según evoluciona el hombre se va identificado con su Yo superior o Alma, se sitúa en el mundo de la mente y desde allí intenta gobernar sus cuerpos actuando conscientemente con ellos gracias a la atenta observación de todo lo que dice, hace, siente, desea y piensa. A partir de ahí y poco a poco, se da perfecta cuenta de que él no es el cuerpo físico, ni los deseos, ni los sentimientos y ni siquiera la mente porque él es mucho más real que todo eso.

Quedando claro ya que el Yo no es el cuerpo físico puesto que éste es gobernado por el Yo a través de la mente que es inmaterial, pasaremos a situar de manera un poco más clara la posición de este Yo superior o Ego. El yo personal, es decir, nosotros cuando comúnmente decimos “yo soy”, de manera consciente estamos situados en el mismo nivel de la mente concreta y razonadora, por eso la mayoría de las personas se identifican con la mente. El verdadero Yo superior está situado también en el Mundo de la Mente o del Pensamiento pero lo está en las regiones más elevadas relacionadas con el pensamiento abstracto y con las ideas originales que, a veces, se envían a la personalidad a modo de intuición e imaginación. Al igual que decimos que el mundo físico está compuesto de materia sólida, líquida y gaseosa compenetrándose mutuamente por ser cada una más sutil que la otra y todas a su vez por los átomos, también dice la filosofía oculta que esos átomos están compenetrados por unos éteres y éstos por otra materia más sutil, (sentimientos y deseos) y ésta otra por otra materia aún más sutil llamada mental. Estas materias corresponden a los mundos físico, de deseos y mental, y en cada uno de ellos hay siete divisiones o planos de diferente grado de vibración (en su materia) y de conciencia. Así es que nuestro cuerpo físico pertenece a las regiones inferiores (sólido, líquido y gaseoso) del mundo físico; nuestro cuerpo vital o etérico pertenece a las regiones etéricas de dicho mundo; nuestro cuerpo de deseos pertenece (está compuesto) al Mundo de Deseos y contiene materia de diferentes regiones según sean nuestros deseos, sentimientos, emociones…; nuestra mente está compuesta de materia de las regiones inferiores del Mundo del Pensamiento, y es el foco a través del cual el Ego o Yo superior pone su atención en sus cuerpos y en el mundo físico. Por tanto, el Yo está en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento y desde allí intenta gobernar y dirigir sus cuerpos pero, como nosotros, como consciencias, aún no hemos evolucionado lo suficiente como para identificarnos con él (no hemos alcanzado el nivel de esas regiones donde se encuentra él) no puede expresarse directamente sobre nosotros como personalidad hasta que no dirijamos todos nuestros esfuerzos y nuestra atención hacia el Espíritu y nos expresemos a través de nuestros cuerpos con amor, compasión, fraternidad y servicio desinteresado al prójimo.

Francisco Nieto