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domingo, 22 de agosto de 2010

EL VALOR DE LA EPIGÉNESIS


Muchas personas creyentes de la reencarnación y otros muchos estudiantes de filosofía oculta en sus primeros grados, tienen por costumbre afirmar que todo lo que nos pasa en una vida es el efecto de la aplicación de la Ley de Consecuencia por parte de las Jerarquías Creadoras superiores. Esto es un error y demuestra que esas personas tienen poco en cuenta el libre albedrio y la epigénesis. Es cierto que, en sentido general, nacemos y vivimos de y con personas con las cuales tenemos algo en común de otras vidas pero, aun así, siempre somos libres de hacer una cosa o la contraria y de crear causas nuevas que nada tengan que ver con el pasado.

Podemos definir la epigénesis como “el poder inherente que cada individuo tiene para hacer algo original y nuevo y no una simple elección entre varias como resultado de causas del pasado.” Por consiguiente, la epigénesis es una fuerza interna del Espíritu que tenemos a nuestra disposición para que muestra evolución y nuestro futuro sea diferente del de los demás. Sabiendo que nuestro Espíritu, con el cual debemos identificarnos, y la epigénesis como herramientas para utilizarlas a cada instante para así crearnos un destino futuro mejor ¿Cuál es el problema para programar nuestras futuras vidas?


Si no fuera por la epigénesis no habría evolución y nosotros comenzaríamos, primero a no progresar y después a degenerarnos. Muchas personas comprenden y explican muy bien la evolución, sin embargo, apenas saben nada de la involución. La involución de la vida del Espíritu fue la que hizo necesario que se construyeran los cuerpos y las formas en general puesto que sin un cuerpo no se puede experimentar y, por tanto, evolucionar en este mundo. Fue la epigénesis la que, una vez creada la forma que se necesitaba como vehículo, proporcionó nuevas oportunidades y mayor progreso a las vidas evolucionantes. Así es que, actualmente, y aunque ya no estemos en aquellos primeros tiempos, la epigénesis está presente en nuestras vidas diarias y, sabiendo que algún día nos identificaremos con nuestro Espíritu creador, haríamos bien en meditar la manera de pensar, hablar y actuar respecto al aprovechamiento de las oportunidades que nos da la epigénesis.


Lo mismo que muchos creen que todo lo que pasa es porque debe ser así como efecto de causas pasadas, otros piensan que el progreso y el desarrollo de las formas ya existe en forma latente en dichas formas, lo que tampoco es cierto porque, si algo hay latente (que lo hay) está en la vida evolucionante. Así es que, la evolución es el progreso o desarrollo latente en cada vida procedente de un Dios creador. Por eso, en lo que a nosotros respecta, la evolución y la epigénesis son los aspectos que convertirán al dios latente y estático que todos llevamos dentro, en un Dios dinámico a imagen y semejanza de su Padre Creador.

La epigénesis tiene también su influencia en la construcción de los cuerpos antes de nacer. La formación de un cuerpo animal y la de un humano pasan por las mismas etapas hasta que llega el momento en que la vida animal se manifiesta (nace) puesto que su desarrollo no ha pasado de ese grado evolutivo, y el humano lo hace más tarde una vez que incorpora la quintaesencia de todas sus anteriores vidas y añade las nuevas posibilidades originales que harán diferente al ser mismo y a su destino. Cuanto más avanzado, espiritualmente hablando, es el Alma, más consciente es de los trabajos prenatales que hace y más trabajos puede realizar respecto a la epigénesis.


Un Alma viene obligada a cumplir y a hacer frente a determinado destino como efecto de las causas que hizo en su anterior o anteriores vidas, pero también se le permite utilizar el libre albedrío para tomar pequeñas y nuevas decisiones que serán detalles originales que cambiarán el rumbo de dichos efectos. Estas decisiones o detalles originales son, a su vez, nuevas causas, así es que, pensando en que son semillas de un futuro destino, lo lógico es que intentemos ser autoconscientes de todo lo que hacemos, decimos y pensamos para que esas causas nos traigan un mejor destino.


Los aspirantes que entienden de astrología saben bien que esto es cierto, un horóscopo muestra el karma maduro, (destino inevitable) las líneas generales del destino que traemos como efecto de causas de otras vidas, y las nuevas tendencias y posibilidades que podemos desarrollar y alcanzar. Cuando el astrólogo, ya maduro en edad, medita sobre su vida y su horóscopo, se da cuenta de hasta qué grado ha dominado o puede dominar sus estrellas, o lo que es lo mismo, el grado de epigénesis que puede desenvolver en esta vida. Cuando en un horóscopo observamos una vida con problemas y dificultades (por ejemplo) tenemos dos opciones: Primera, pensar que es el destino inevitable y no hacer nada, o segunda, hacerlas frente con determinación y persistencia. Si es un karma maduro no lo podremos evitar pero algo aprenderemos de la experiencia, y si es una posibilidad cuyos resultados dependen de nuestra actitud (causas) no solo habremos vencido la dificultad sino que también habremos puesto en marcha una causa nueva que, si es positiva, nos traerá un mejor destino. Cuando en astrología decimos que con los aspectos de Sextil trasmutamos lo que representan las Cuadraturas, estamos utilizando en cierto modo, la epigénesis.


Hechos similares podemos observar en la vida cotidiana y en el mundo, un preso que se regenera, un minusválido que se libera de sus complejos y consigue hacer una vida como cualquier otra persona…. Esa es la gran diferencia entre la Ley de Consecuencia y la epigénesis, si creemos en que todo es porque así debe ser según nuestras causas del pasado no lucharemos ni nos esforzaremos por alcanzar nuevas metas y por desarrollar nuevas virtudes, pero si en vez de decir “no puedo hacer nada”, decimos “Lo superaré” estaremos desarrollando la Ley de la Epigénesis en nuestras vidas. Es muy importante observar el destino de las personas para aprender también de ellas, pero si meditamos sobre nuestra vida y tenemos siempre presente que todos los días tenemos toda una serie de oportunidades para tomar iniciativas positivas, comprenderemos que la epigénesis y la Ley de Consecuencia están de nuestra parte.

Un genio como Mozart fue el resultado de haber trabajado mucho la epigénesis sobre una misma actividad, la música. Esto puede hacer un genio sobre algo concreto pero la misma genialidad durante varias vidas también puede tener la desventaja de no desarrollar casi nada la epigénesis en otras actividades y aspectos; esto puede hacer que su carácter se debilite y ceda ante vicios y malas costumbres, de ahí que la epigénesis deba estar activa en todos los aspectos de la vida. La aplicación de la epigénesis determinará la amplitud, forma y grado de nuevas oportunidades en el futuro, por consiguiente, apliquémosla a todas las áreas de nuestra vida con nuestros mejores sentimientos, voluntad y deseos, y nos acostaremos cada noche con la tranquilidad de haber cumplido con un deber sagrado.

Francisco Nieto