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miércoles, 21 de julio de 2010

UN ENFOQUE SOBRE LA ASTROLOGÍA


La astrología es una ciencia que revela al ser humano a sí mismo y que relaciona a éste con el macrocosmos. A través de ella podemos averiguar cuál ese el patrón astrológico de cada individuo, cuáles son sus poderes y cualidades adquiridos, y cuáles sus debilidades y deudas para el futuro de su evolución. Enseña, que nacemos en un determinado momento porque tenemos que afrontar cierto destino como efecto del pasado; que traemos ciertos karmas maduros como deudas de las vidas anteriores; nos indica cómo y cuándo podemos hacer frente a esos hechos para poder sacar el mayor provecho posible de las circunstancias; nos muestra cómo es nuestro carácter y nuestra personalidad y las tendencias y posibilidades que traemos en cada vida para alcanzar las metas previstas según sea nuestra voluntad.


En un horóscopo no existe nada por casualidad, cada posición planetaria y aspectos del mismo calculado sobre la hora exacta, es una representación simbólica de una causa específica, por consiguiente, representa la Ley kármica de Consecuencia, o dicho de otra forma y como dijo Cristo: “Lo que sembréis cosecharéis.”
Un horóscopo muestra principalmente toda la evolución pasada y como efecto, las posibilidades futuras, por tanto, podemos ver cómo nos vamos a relacionar y qué posibilidades existen de que esas relaciones sean buenas o malas. Los resultados de nuestras relaciones con determinadas personas en otras vidas las traemos en ésta como un karma que hará que nos volvamos a juntar, y serán las vibraciones de nuestra aura las que hagan que nos reconozcamos. Por consiguiente, la astrología está unida a las Leyes de “Renacimiento” y “Consecuencia” y muestra a través de sus símbolos, un estudio de la conciencia evolutiva de la humanidad y cómo se aplican estas Leyes a la conciencia evolutiva individual en desenvolvimiento.


Hay personas que piensan que la astrología es un estudio de las influencias de los astros sobre nuestro destino de tal forma que nos vemos obligados a actuar en determinada línea, otros piensan que es un estudio de eventos del destino, que es una superstición o una manera de ver la buena o mala suerte, y de averiguar las posibilidades que tenemos de ser felices desde el punto de vista material. Sinceramente he de decir que la verdadera astrología, la astrología del espíritu, no va ni debe ir por esos caminos. La astrología se debe utilizar para estudiar nuestra propia personalidad y ver dónde tenemos que trabajar espiritualmente para desarrollar las virtudes y olvidar los defectos; para ver las tendencias que traemos de padecer una enfermedad como efecto de causas negativas pasadas y anticiparnos al remedio; para ver las tendencias sobre los aspectos laborales, económicos, etc.; y para ponernos a trabajar y a prevenir de una manera voluntaria y responsable en general. Pero hay algo más importante que todo lo anteriormente mencionado, y es que, cuando estudiamos nuestro horóscopo, podemos ver que la evolución se adquiere a través de la experiencia con los demás; por medio de esforzarnos en ser mejores en todos los sentidos; y por fin, por medio de la ayuda que podamos dar al prójimo en pensamiento, palabra y obra. Por consiguiente, estudiando nuestro horóscopo podremos ver con quién y cómo nos podemos llevar bien y qué podemos y debemos hacer para ello, porque de esta forma nos podemos ahorrar tiempo y disgustos en nuestro desarrollo.

Alguien pensará que muchas veces no podemos remediar el destino que nos puede llevar a casarnos con una persona con la cual luego nos llevaremos mal, es cierto, puesto que eso sería una deuda o karma del pasado, pero el hecho de saber esto, sobre todo a través de la astrología, ya nos dice que tenemos que anticiparnos a los hechos para intentar solucionar el problema por las buenas, si no queremos vernos unidos otra vez en el futuro. Sin embargo, también podemos utilizar la astrología para estudiar los aspectos de las dos cartas antes del matrimonio, y así actuar en consecuencia. Esto no significa que debamos huir de los malos aspectos astrológicos, al contrario, son ellos quienes más no enseñan, lo mismo que las experiencias nos hacen madurar en responsabilidad, sabiduría y otros muchos aspectos de la personalidad.


Cuando estudiamos astrología vemos cual es nuestro carácter en esta vida, y cuando hay malas tendencias vemos que también hay medios de trabajarlas y para construir un carácter benevolente, comprensivo y tolerante. Todos tenemos trabajos pendientes para alcanzar el desarrollo espiritual y el horóscopo nos dice cómo hacerlos, por tanto, podemos deducir que cambiando el carácter cambiamos nuestro destino futuro, o sea, utilizando positivamente la astrología, podemos evolucionar mas en sentido material y espiritual, a la vez que estamos construyendo el horóscopo de la futura vida de una manera consciente y voluntaria.


Nuestro destino es el resultado de los pensamientos, palabras y obras del pasado, y es nuestro deber hacerles frente para bien o para mal. Los astros marcan el momento de que ocurran los hechos y de que podamos recoger el fruto de la cosecha, pero nosotros somos libres de responder bien o mal, pero es conveniente tener siempre presente que la Ley de Causa y Efecto está tomando nota de todas nuestras actuaciones con quienes nos rodean, y que en un futuro nos traerán una mejor o peor carta astrológica respecto a nuestras relaciones sociales y matrimoniales, según las causas que estamos haciendo en esta vida.


Respecto a la astrología en las relaciones, no suelo escribir artículos de esos que escriben algunas personas para que los interesados solo obtengan un pequeño conocimiento sobre lo que representa determinado aspecto en su carta, con ese método no se aprende astrología ni se desarrolla la, tan necesaria, intuición. Cuando escribo (mis libros) sobre astrología deseo dar un conocimiento imprescindible y básico para que la persona interesada en este estudio, comprenda el significado de los elementos que componen el horóscopo; explico cuáles son las líneas a seguir para comparar e interpretar los horóscopos, y ver cuáles son sus posibilidades de entenderse o no dos personas; intento, por medio de ejemplos, explicar de una manera clara todo lo que tiene que hacer el lector, para que pueda valerse por sí mismo y comprender mejor el significado y así desarrollar el aprendizaje a través de la intuición; y por último, muestro lo qué representan los planetas con su posición y aspectos, cuando hacemos un análisis comparativo. De esta manera, y sin estudiar apenas astrología, el lector estará preparado para interpretar cómo pueden ser sus relaciones en general, y las íntimas en particular.


Creo que también es muy importante que quede claro el uso que tiene que hacer el astrólogo de estos conocimientos, y cómo a través de ellos, puede hacer un gran beneficio a la humanidad y un gran progreso para su propia evolución espiritual. El astrólogo debe estar motivado por el amor impersonal y debe ayudar a quien le pida su carta astral, a que desarrolle su moral, su intelecto y su espíritu. El astrólogo debe transformar lo negativo del subconsciente de la persona que le pide consejo; debe enseñarle a disciplinar sus facultades mentales; a mantener su conciencia animada por sentimientos e ideales positivos y elevados; a buscar siempre lo positivo en la vida y en los demás; a trascender las negatividades por el uso de los poderes adquiridos. El astrólogo debe ser siempre un aspirante a la vida espiritual para que sus malos sentimientos y debilidades no sean un filtro a la hora de dar consejo; el astrólogo “espiritual” debe ver lo positivo de los planetas para ayudar, elevar, consolar e inspirar pero, sobre todo, para enseñar a otros a valerse por sí mismos; debe purificar sus sentimientos y pensamientos para poder dar “luz” a quienes le piden ayuda y consejo; debe saber encontrar medios para regenerar la conciencia de los demás para desenvolver la percepción e intuición de la naturaleza espiritual en el ser humano; y por último, debe tener discreción, responsabilidad y nunca cobrar nada por ayudar alguien, porque si lo hace, las leyes se lo cobrarán a él con creces en su momento.


Espero, y es mi deseo, que el lector sepa sacar provecho de los conocimientos que humildemente doy en mis artículos para aprovechar más sus relaciones en sentido moral, intelectual y espiritual, pues esto, al fin y al cabo, es una manera de librarse del karma y de la influencia de los astros que nos atan a la Tierra.


Francisco Nieto

martes, 6 de julio de 2010

EL EFECTO DE LAS FORMAS PSÍQUICAS (yII)


El conocimiento nos debe llevar a trabajar para vencer (o pensar en ni sentir deseos de…) los aspectos más bajos de la humanidad, o sea, la maldad, el odio, la envidia, el rencor, el deseo de venganza, el egoísmo, las injurias, etc., porque de esta manera lo eliminaremos de nosotros mismos, de nuestro medio ambiente, de la atmósfera planetaria y de la propia creación de Dios. No pensemos que por el hecho de hacer cosas buenas y de decir palabras de simpatía y cariño ya estamos libres de hacer mal, el origen de todo está en la mente y una mente no controlada por la voluntad es un arma de doble filo. Para pensar bien, o mejor dicho para no pensar negativamente, no hay que ser santo, al contrario, el santo se hace gracias a que el individuo utiliza su mente voluntariamente para hacer el bien a los demás y para tenerla centrada en Dios. Lo mismo que la repetición del mal crea elementales artificiales y formas astrales muy perjudiciales para la humanidad, la repetición de una forma de pensamiento positiva crea formas y escudos protectores contra el mal.

Por lo general, no nos paramos a pensar lo que hacemos y lo que ocurre con nuestra mente, creemos que los pensamientos desaparecen por arte de magia, que ni siquiera existen, o incluso que después de crearlos van a alguna especie de basurero, sin embargo no es así. El ser humano está todo el día pensando e imaginando y no se da cuenta de ello pero el fruto de su mente imaginativa y creadora tiñe la atmósfera planetaria con su aspecto o carácter físico, emocional y mental, lo cual sienta las bases del ambiente social donde se mueve. Con esto quiero decir que si el hombre pensara e imaginara de una forma consciente y voluntaria obtendría como resultado un ambiente social mucho mejor; de hecho el espíritu familiar se alimenta de estos pensamientos e imaginaciones pero, es más, se forman otras entidades psíquicas a nivel de país, continentes y del planeta por medio de la labor de diferentes entidades de muy diferente grado de vibración.

Pero el efecto de nuestras creaciones mentales no queda solo en esto, ya hemos visto cómo aún subsisten entidades psíquicas desde la época Lemúrica y, hoy , aunque no corren los mismos tiempos, los Ángeles y sus colaboradores siguen cumpliendo su misión respecto al karma que origina nuestra imaginación y nuestros pensamientos bien o mal intencionados. El hombre crea y los Ángeles trabajan desde diferentes subplanos de los mundos físico, emocional y mental para dar forma a lo que corresponda como efecto kármico a la humanidad. Es decir, como la imaginación y el pensamiento tienen su origen en un Ego o estado de conciencia, los Ángeles actúan para que ese Ego reciba el resultado de su acción mental creadora, sea en el momento, en la misma vida, o en la siguiente.
Es por esto por lo que los ocultistas intentamos controlar la mente a la vez que la utilizamos a través del corazón, quizás por eso decía San pablo que el hombre es tal y como piensa en su corazón. Y es que, el mal creado por los humanos y que está guardado como parte de su futuro kármico, puede ser transmutado cuando se piensa con el corazón de una forma voluntaria y consciente; eso es lo que cambia para bien el orden social y el karma individual y planetario. Así es que, cada persona, según su estado de conciencia y desarrollo espiritual está capacitada para originar karma dentro del estado social donde se mueva y, por tanto, debería meditar sobre la clase de entidades que atraerá con su pensamiento e imaginación y, como efecto, sobre los efectos que esto traerá al planeta y a ella misma.

Las situaciones sociales y circunstancias son efecto de las creaciones mentales y de la imaginación de los Egos como centros o estados de conciencia, así, no será lo mismo el ambiente social y circunstancias en un hogar cuyo matrimonio se ama y se respecta que lo contrario. Por tanto, según nuestro estado de conciencia y buena o mala voluntad estaremos colaborando o no con los Ángeles que intentan crear los ambientes sociales según el karma generado anteriormente por el hombre. Queramos o no, deberemos colaborar con estos Ángeles que administran el karma y planifican las situaciones sociales como ellos cumplen los mandatos de otras entidades superiores que saben cuál es el Plan de Dios y leen los designios y el pasado en la memoria de la naturaleza.
Está demostrado que la meditación y la concentración desarrollan el poder del hombre sobre su mente, si a eso añadimos la observación sobre lo que hacemos, decimos y pensamos (conocernos a nosotros mismos) está claro que reorientaremos nuestras mentes de tal manera que notaremos los cambios en un futuro próximo respecto al ambiente social, la armonía y la felicidad interna y, por supuesto, respecto al karma futuro. En sentido general, los humanos estamos incluidos en alguno de los tres siguientes grupos:

1º.- El común de la humanidad, que no son buenos ni malos, que no razonan profundamente sobre la vida y el ser, que tampoco se interesan por la iglesia y el desarrollo del corazón y que están más bien dominados por las circunstancias, el trabajo y la diversión.

2º.- Los que se han desviado hacia el camino del mal y del materialismo que ejercen su poder sobre otros pero que les durará poco y terminarán encontrando el camino del bien.

3º.- Los precursores de la nueva era, aspirantes espirituales, custodios de la Sabiduría Eterna, gente de buena voluntad, personas altruistas y fraternales, y discípulos e iniciados.

La mayoría de las personas tienden a utilizar su mente creadora bajo el impulso de algún deseo o emoción, por instinto o impulso, o como hábito; pocos lo hacen consciente y voluntariamente con tal de no hacer mal a nadie ni a ellos mismos pensando en los resultados del karma. El aspirante espiritual debería conocerse a sí mismo para ver qué está sembrando con el pensamiento en su vida cotidiana; cómo responde ante el mal que observa y que hacen otros; si se deja llevar y si actúa instintiva o impulsivamente ante las circunstancias críticas, noticias, etc.; o si, por el contrario, observa tranquilamente los hechos y el mundo que le rodea para, después, actuar y pensar con verdad y justicia como un verdadero aspirante a la iniciación.

Francisco Nieto