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viernes, 24 de marzo de 2017

EL MECANISMO INTERNO CREADOR DEL KARMA (y II)






En el mundo de deseos existen dos grandes leyes con las cuales, como es evidente, estamos muy relacionados y que son muy influyentes respecto a nuestro karma según sean nuestras decisiones, éstas son la Ley de Atracción y la de Repulsión. En las tres regiones o divisiones superiores (cielo) gobierna la Ley de Atracción sola y exclusivamente con el fin de atraer todo lo positivo. Si esto lo pasamos a nuestro cuerpo de deseos y nuestra aura, diríamos que si fuésemos muy desarrollados mental y espiritualmente, un clarividente nos diría que llevamos una vibración y unos colores con nosotros que bien podrían representar el Cielo. En las tres regiones inferiores gobierna la Ley de Repulsión pero también está presente la de Atracción con tal de equilibrar la balanza, aún así en la más baja región es donde es más poderosa la Ley de Repulsión y, aunque parezca que no, tiene un buen fin. Si reinara solo la Ley de Atracción en esas bajas regiones, también atraería y fortalecería el mal creándose así un caos, y eso no puede ocurrir en la Creación de Dios. Así es que es la Ley de Repulsión la encargada de combatir el mal haciendo que lo inarmónico que atrae la ley de Atracción pero que no es idéntico a lo ya existente allí, lo destruya la Ley de Repulsión porque crea desarmonía.

            Veamos, todo lo armónico, bello y elevado se ve atraído hacia las regiones superiores, esto es como decir que todos nuestros buenos deseos y emociones se unen a todos los sentimiento y pensamientos elevados que nos llegan por cualquier otro medio para fortalecernos en el bien y emitir elevadas vibraciones. Pero cuando nuestra falta de auto-observación y auto-análisis y la falta de interés por la vida espiritual hacen que caigamos una y otra vez todos los días en los peores deseos y sentimientos, entonces creamos y atraemos el mal y se quedan con nosotros hasta que después de la muerte llegamos a dicho purgatorio o infierno. Pongamos algún ejemplo, si yo creo pensamientos y sentimientos de odio se quedan conmigo porque soy su creador y porque la Ley de Atracción los atrae, solo si creo odio hacia varias personas independientes intervendrá la Ley de Repulsión porque, aunque sea odio en ambos, casos no será igual porque tampoco lo son las circunstancias ni los protagonistas. Pero veamos hasta qué punto son justas estas leyes en el sentido de que intentan mantener la armonía. Si yo cuento una historia sobre algo que me ocurrió y no la cuento con la sinceridad o veracidad correspondiente, se verán atraídas las formas y emociones que correspondan pero se creará un conflicto por la ley de Repulsión y una desarmonía porque no lo he contado exactamente.

            Así que, el mal se destruye a sí mismo en el mundo de deseos pero no ocurre así exactamente en nosotros porque las experiencias quedan grabadas en forma de película de la vida y solo se borran allí excepto en las siguientes casos. Las leyes mencionadas mantienen el orden y la armonía en los mundos superiores pero no es así en nosotros porque tenemos memoria y un archivo donde se guardan esos hechos. Pero sí podemos eliminarlos y crear esa armonía si hacemos un verdadero arrepentimiento de corazón y nos ponemos en el lugar de la persona ofendida o dañada para sufrir lo que ella. Si hemos ofendido a otras personas, en nuestros momentos de meditación deberemos ponernos en su lugar y sentir la ofensa como creemos que la sintió él. Si hemos robado devolveremos lo robado y pediremos perdón con sinceridad, o haremos una donación a quien lo necesite si no podemos reponerlo a quien corresponda, y así con todo el mal que hagamos. Si actuamos así y revisamos y revivimos nuestros malos actos para arrepentirnos o pedir perdón a la vez que nos proponemos no volver a hacerlo, se borrarán los hechos de ese archivo y no tendremos nada que purgar en el más allá.

            Con lo dicho podemos comprender que incluso las mentiras causan mal y desorden en el mundo de deseos. Lo mismo que el bien se une y se fortalece por la Ley de Atracción también ocurre lo mismo con el mal, y entonces ese mal destruye el bien. ¿Qué ocurre con las personas que se dejan dominar por los vicios, las pasiones o los deseos? Pues que pueden terminar siendo alcohólicos, drogadictos, violadores, etc. Comienzan por un mal deseo que estimula un mal pensamiento y que, si no es percibido como tal y se repite, pueden ir aumentando hasta el punto que obsesionan a la persona para que cometa un delito. Aun cuando vemos algo malo y lo criticamos, o lo comentamos, o lo pensamos, estamos creando desarmonía en el mundo de deseos y en nuestro cuerpo de deseos ¿Y esto por qué? Pues porque estamos fomentando el mal por diferentes medios ¿Cómo podemos evitarlo? Intentando ver o comentar solo la parte positiva que siempre existe en todo. De aquí que debamos hablar, pensar, sentir y actuar siempre de forma positiva y que intentemos ver el bien en el mal. Si hacemos lo contrario no solo nos estamos creando un mal karma sino que, además, estamos creando negatividad y destrucción del bien en los mundos superiores.

            Aunque consideradas como el lugar donde se acumula el mal que el hombre crea, las tres divisiones inferiores del mundo de deseos son de gran importancia para nuestra experiencia y nuestra evolución, puesto que ésta depende (en la etapa actual) de la lucha interna que llevará al desarrollo de la buena voluntad y de la conciencia para superar el mal en nosotros. El conocimiento del mal no hace que le superemos, debemos desarrollar los poderes del Espíritu para superarnos a nosotros mismos y para espiritualizar nuestro carácter, y eso solo se consigue cuando hay buena voluntad y consciencia de sí mismo. Entonces es cuando se llega a entablar luchas y a conseguir victorias gracias al libre albedrío que nos permite decidir en cada momento si hacemos o no una cosa o si decimos sí o no a otra. Y con esto tiene mucho que ver la cuarta región del mundo de deseos que se relaciona con el sentimiento. Como ya he dicho, un sentimiento puede ser neutral hasta que respondemos a él, bien sea manifestando indiferencia o bien sea por interés. Pero si mostramos interés puede ser en forma de atracción o de repulsión, y por tanto, ahí es cuando la auto-observación nos sirve de ayuda para así poder discernir de forma correcta.

            La indiferencia no nos ayuda en nada pero el interés nos lleva a la actividad y a la experiencia. La repulsión hacia alguien nos causa un karma negativo con esa persona, por tanto es preferible buscar alguna cualidad en ella y fijarnos y razonarla para que el karma que nos una sea bueno. La atracción, generalmente, es siempre beneficiosa excepto cuando procede de las regiones inferiores donde está el egoísmo, las pasiones, etc., por tanto, es preferible la indiferencia o la buena voluntad para ver el lado bueno de los hechos. Ahora cabe preguntarnos ¿Cuántas veces medito o me auto-observo para ver cómo respondo ante las pruebas, tentaciones y circunstancias de la vida? ¿Me dejo dominar por el interés hacia lo negativo? ¿Muestro indiferencia ante quien necesita ayuda? ¿Soy auto-consciente de todos estos aspectos internos y utilizo la buena voluntad y el discernimiento para responder ante todo ello? De cuál sea la respuesta y la decisión que demos ante cualquier sentimiento o impresión dependerá el karma futuro que estamos creando. Si nos dejamos arrastrar por la indiferencia ante las necesidades humanas o por la atracción hacia lo negativo y la repulsión de lo positivo, que no quepa la menor duda de que llevaremos con nosotros ese Purgatorio o ese Infierno que encontraremos después de la muerte.

            Ya he dicho que nosotros nos situamos, como Egos, por encima de las regiones del mundo del deseo y de la mente razonadora o concreta, por consiguiente, deberíamos tener poder sobre todo ello. Pero lo cierto es que cuanto más atrás en la historia de la humanidad, más dominados estábamos por el instinto, por los deseos y por los peores sentimientos. Nosotros estamos desarrollando la mente desde hace relativamente poco tiempo, pero ha sido gracias a las experiencias y a lo que hemos aprendido en los mundos superiores después de la muerte. Ahora estamos en la etapa donde debemos aprender a dominar y a concentrar a la mente para que no actúe por su cuenta y para que no se deje dominar por los malos deseos y sentimientos. Por tanto, una vez visto cómo funciona el mecanismo de los deseos y de las emociones, ahora deberíamos ver cómo funciona la mente y, a partir de ahí, ponernos atrabajar sobre nosotros mismos. Sabiendo que casi todo lo que hacemos y decimos pasa por la mente (aunque no pongamos mucho interés en que la respuesta sea buena) deberíamos saber qué opciones tenemos cuando ésta se usa voluntaria y conscientemente para luego intentar observarla durante todo el día y así ver qué piensa y cuándo actúa por su propia cuenta. No olvidemos que toda acción, palabra, deseo o pensamiento crea karma bueno o malo, pero como una de nuestras metas es el conocimiento de nosotros mismos, deberíamos gobernar nuestra mente para que no sea la fuente de dolor que suele ser por falta de discernimiento y por dejarse llevar por el cuerpo de deseos.

            Sabemos que la mente está creando pensamientos constantemente (seamos o no conscientes de ello) y si éstos no son creados por la buena voluntad o de forma consciente, es muy posible que nos perjudiquen más que ayuden respecto al karma futuro. Veamos las opciones que solemos tener en la proyección de nuestros pensamientos. Podemos proyectarlos sobre el cuerpo de deseos para que sirva como estímulo o aliciente para la acción. Como ya he dicho, si despertamos el interés tendremos que decidir entre la atracción y la repulsión. Si nos interesamos por algo y despertamos la atracción, el pensamiento se verá complementado por un deseo o una emoción que llegará al cerebro y al sistema nervioso para que el cuerpo físico reaccione. El final de esta opción es que la experiencia quedará grabada en el archivo que nos llevaremos al mundo de deseos después de la muerte, es decir, al Infierno, al Purgatorio o al Cielo. Si el pensamiento forma se relaciona con algo que nos produce repulsión pero que está en contra de la naturaleza del Alma, entonces habrá una lucha interna entre la fuerza espiritual y el cuerpo de deseos que intenta dispersar esa fuerza para que no le impida disfrutar de sus bajos intereses terrenales. Cuando la buena voluntad y la conciencia vencen a los bajos deseos, esa victoria también queda grabada para su recopilación en el Cielo.

            En general, las imágenes o pensamientos inconscientes, así como los que proceden de las impresiones externas que no impulsan a la acción quedan grabadas y podrán surgir a la consciencia en cualquier momento futuro, sobre todo cuando hay voluntad del Espíritu sobre la mente. Si lo guardado en la memoria subconsciente es bueno y se utiliza de vez en cuando, se verá fortalecido cada una de las veces que se practique e incluso impulsarán a la persona a que las repita. Cuando se repiten buenos actos, pensamiento, deseos y sentimientos se crean nuevos canales en el cerebro, lo que, a su vez, forman los buenos hábitos. Cuando la persona tiene buenos hábitos respecto a su forma de ver los hechos, a su forma de pensar, a practicar la oración y la meditación, a intentar crear armonía de una forma voluntaria y consciente, etc., entonces esa persona puede recibir impulsos y consejos o tener intuiciones dese la memoria supraconsciente inherente al Espíritu. Estos mensajes del Espíritu no necesitan envolverse con materia mental ni de deseos para impulsar a la persona a que haga algo bello o elevado, es más, cuanto más se esfuerce una persona por seguir las directrices del Alma y por controlar estos mecanismos internos, más influencia recibirá del mundo del Ego y del Espíritu.

            Como podemos apreciar, solo conociéndonos a nosotros mismos y controlando el funcionamiento de nuestros cuerpos podemos desarrollar los poderes del Espíritu, la voluntad y la conciencia. En principio y aparentemente es muy difícil, pero no hay nada que nos impida observarnos a nosotros mismos para ver cómo pensamos o cómo piensa nuestra mente, como sentimos, y cómo hablamos o actuamos. Cuando esta auto-observación nos lleva a crear el hábito de corregir lo que está en contra de nuestra naturaleza divina, todo es más fácil, y más aún si practicamos la oración, la meditación y el discernimiento.

                                                           Francisco Nieto

viernes, 24 de febrero de 2017

EL MECANISMO INTERNO CREADOR DEL KARMA ( I )






            Cuando una persona contacta en esta vida con la filosofía oculta suele ocurrir alguno de los siguientes hechos:

1º.- Que busque la verdadera enseñanza a través de libros y de todo lo que esté a su alcance hasta conectar con alguna escuela de ocultismo o de Misterios donde encuentre satisfacción a todas sus inquietudes y dudas.
2º.- Que lea un montón de libros, que asista a conferencias, que gaste dinero en cursos y en actividades que desarrollan poderes y un sinfín de cosas que al cabo de un tiempo pasarán casi todas al olvido y que le habrán servido para poco.

            En el primer caso yo aseguro que esa misma persona (si persiste en su desarrollo oculto y espiritual a lo largo de su vida) llegará a la siguiente conclusión certera: que no es la primera vida que dedica su esfuerzo a desarrollar su Espíritu. En el segundo caso sí lo es, pero la quintaesencia de esas experiencias hará que en la próxima vida busque la Verdad de una forma más directa. Yo soy una de las personas que se encuentra en el primer caso y por eso no me gusta perder el tiempo asistiendo a conferencias que (a mí en particular) no me sirven para nada, ni suelo leer artículos o libros de la mayoría de estos movimientos o escuelas nuevas que dicen que sus enseñanzas proceden de enviados, contactados o mensajeros especiales de otros mundos o de Maestros elegidos, etc. Eso servirá a muchas personas, bien para que sigan buscando en determinada línea o bien para que aprendan que no todo vale ni es verdad y que hay muchos farsantes que solo buscan adeptos para sacarles el dinero o para hacerse famosos.

            La escuela con la que yo contacté porque (según pienso) así estaba escrito en mi destino es la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel, una escuela iniciática donde imparten la verdadera filosofía oculta sin pedir nada a cambio. En ella he aprendido a ser humilde, a no pedir dinero a cambio de cursos ni de otras enseñanzas por medio de conferencias, a no buscar fama ni nada parecido, a servir a los demás en la forma que pueda y siempre que pueda, a hacer trabajos espirituales, a amar al prójimo y, entre otras muchas cosas buenas más, a aplicar a mi vida sus enseñanzas ocultas. Evidentemente, a esa escuela llegarán los que necesitan esas enseñanzas pero no los buscadores de lo fenoménico, ni de poderes, ni de maestros o iniciaciones a cambio de dinero, ni nada parecido. Los primeros se quedarán con la enseñanza para toda la vida aunque dejen de ser miembros por algún motivo, los segundos apenas entenderán dichos enseñanzas (por ejemplo “El Concepto Rosacruz del Cosmos) y abandonarán hasta que estén más preparados para entenderlas y llevarlas a la práctica. Quien está en una escuela iniciática como la Fraternidad Rosacruz puede adquirir alguna iniciación en esta vida y así acelerar su proceso evolutivo a pasos agigantados, y todo esto sin decir nada a nadie pero sí haciéndose un servidor de la humanidad de la manera más anónima posible.

            Alguno de los que comprenden algo la filosofía oculta pueden contactar en esa vida con una escuela de ocultismo sería y también acelerar algo su desarrollo, pero los que andan de conferencia en conferencia y leyendo todo lo que cae en sus manos sin llevar a la práctica nada y sin esforzarse por buscar la Verdad y por discernir, poco conseguirán en esta vida. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Pues en que unos se conforman y son felices con que les digan que nos tenemos que amar unos a otros o con que les expliquen que tenemos (por ejemplo) unos chacras que se pueden despertar para obtener poderes; y los otros que no buscan nada de eso y que solo intentan purificar y espiritualizar su personalidad porque saben que ese es el único y verdadero camino del desarrollo interno. Para los principiantes en la búsqueda de la verdad puede ser muy interesante saber que tenemos un aura de diferentes colores que cambian según lo que se piensa y lo que se sienta, es más, intentan que todo el mundo lo sepa. Pero para el veterano eso no es suficiente, él razona y medita el conocimiento, lo lleva a la práctica y comprueba sus resultados desde un punto de vista altruista y fraternal, pero nunca con intención de beneficiarse egoístamente de ello.

            Así es que, como suelo hacer en casi todos mis artículos, voy a intentar explicar una de las mejores enseñanzas que he aprendido en la Fraternidad Rosacruz. Y digo que voy a intentar porque quiero que ese conocimiento llegue a esos principiantes pero sinceros buscadores de la Verdad para que puedan llevarlo a la práctica. Naturalmente que no voy a explicar profundamente lo que la filosofía oculta dice sobre los mundos donde evolucionamos ni de la función de los diferentes cuerpos que utilizamos como Espíritus que en realidad somos. Explicaré lo imprescindible para que lo que quiero decir se entienda. Veamos pues.

            Como casi todas las religiones y culturas dicen, somos un Espíritu o Alma que utiliza este cuerpo para vivir aquí en la Tierra. Pero lo que no dicen todas y algunos incluso han escondido, es que el Espíritu renace en estos cuerpos para perfeccionarse, para desarrollar sus posibilidades latentes en poderes dinámicos, para desarrollar la mente y la voluntad y para reconocerse a sí mismo como un Yo, que es lo que hemos alcanzado hasta ahora a lo largo de muchos renacimientos durante millones de años. Como Alma o Yo autentico que cada uno de nosotros somos, utilizamos varios cuerpos para poder experimentar aquí en ese mundo físico. Para funcionar en un mundo debemos tener un vehículo adoptado a las leyes que rigen en ese mundo, y por eso digo que tenemos varios cuerpos. Estos son: El físico cuya materia pertenece al mundo físico, la vida que le anima que pertenece a los planos superiores y gracias a la cual el hombre nace, crece, se reproduce, tiene sentidos y memoria, y muere.

            Pero también tenemos deseos, sentimientos y emociones que tienen su origen en el mundo que está por encima del físico y que se llama Mundo de Deseos o Emocional. Este mundo, al igual que el físico, está compuesto de una materia (mucho más sutil que el estado gaseosos de nuestro mundo físico) de diferente grado de densidad y, lo mismo que aquí tenemos materia física, líquida, gaseosa, etc., allí están los deseos y emociones más groseros en las regiones inferiores mientras que los más elevados y espirituales están en los superiores. Y de acuerdo con esto, nosotros llevamos alrededor de nuestro cuerpo físico un aura que muestra cómo somos en ese sentido, es decir, qué deseos y emociones solemos llevar siempre con nosotros y cómo estamos en un momento dado emocional y sentimentalmente. También, como los ocultistas sabemos, tenemos una mente que, a modo de cuerpo, nos sirve para adquirir conocimiento y para extraer y asimilar todo el beneficio de las experiencias de cada vida para que se acumulen en el Alma y nos guíen en cada vida como la voz de la conciencia. Bien, ya tenemos más o menos claro el sentido de la vida, pero quien ha buscado un poco en ese mundo del ocultismo, sabe que también se habla de una ley de Causa y Efecto y que creamos un karma que traeremos en la próxima vida para bien o para mal. Por lo tanto, vamos a ver de qué manera funcionamos internamente y cómo y por qué creamos ese karma.

            Imaginemos a nuestro cuerpo en el centro de una forma ovoidal de materia etérica, veamos después una pequeña aura alrededor del cuerpo que es la vitalidad sobrante del cuerpo o vida que anima el físico; a continuación imaginemos otro cuerpo también con forma de huevo y de materia más sutil que representa a los deseos y las emociones y que rodea a los otros cuerpos compenetrándolos como el aire compenetra las nubes pero con los colores más feos y obscuros en la parte inferior y los más bellos y claros en la superior. Y, por último imaginemos otra especie de cuerpo en forma de nube de materia aún más sutil que compenetra, principalmente la cabeza y que sería el cuerpo mental o mente razonadora. De esta materia que se compenetran los cuerpos están hechos los mundos, así el mundo físico está también en el centro y es el que perciben los sentidos. La vida de Dios se individualiza en el hombre, en el animal y en las plantas; el mundo de los deseos compenetra también el planeta pero se individualiza en los animales y en las personas; y el mundo del pensamiento o mental también ocupa y tiene su aura sobre el planeta y se individualiza como cuerpo mental en el ser humano. Así vemos que esa aura en forma de ovoide es de materia de diferentes grados de sutilidad y que se compenetra mutuamente formando lo que son nuestros vehículos que necesitamos para pensar, sentir, vivir y experimentar físicamente.

            Pues bien, nuestro mundo personal, como Ego o Yo verdadero, está por encima de la materia que forma nuestra mente concreta o razonadora, es decir, nosotros estamos en las divisiones superiores de ese mundo mental y que normalmente identificamos como el origen de la mente abstracta, de las ideas o de la intuición. Por tanto, entre nosotros, como Egos, y el cerebro del cuerpo físico hay una mente, unas emociones y deseos, una parte etérica y vital para que tengamos sentidos y memoria, y un cuerpo físico con su cerebro y su sistema nervioso que permite mover y dirigir el cuerpo. Entre esos vehículos o mecanismo interno está todo lo que somos, lo que podemos ser y lo que estamos creando para nuestro futuro kármico. Por tanto, veamos como funcionamos, actuamos y respondemos ante los demás y ante las circunstancias del destino. Naturalmente que todo ocurre tan instantáneamente que no nos damos cuenta de cómo ocurre ni tampoco cómo utilizar cada vehículo de manera que nos ayude a progresar en el sendero espiritual y a no crearnos karmas negativos.

            Desde el mismo momento que nos despertamos por las mañanas porque acabamos de entrar en el cuerpo físico después de estar en esos mundos superiores, comenzamos a recibir impresiones en nuestro cerebro físico. Esas impresiones o sensaciones proceden del contacto físico o de los sentidos, llegan al cerebro etérico de ese cuerpo vital que compenetra el cerebro físico y de ahí se comunica al cuerpo de deseos o emocional donde un deseo o una emoción estimulará una acción como respuesta o simplemente actuará de forma indiferente. Pero, de una forma o de otra, la impresión o sensación llega a la mente, o lo que lo mismo, a nosotros como Egos que estamos por encima de todos esos cuerpos. De esas impresiones creamos ideas en la región de la mente abstracta y esas ideas, al descender para expresarse como pensamiento de nuestra mente más familiar, se transforman en pensamientos-formas o concretas que son con las que normalmente estamos familiarizados.

            Pongamos un ejemplo: Si estamos durmiendo y nos despertamos por una sensación de dolor porque la misma postura del cuerpo nos molesta, esa sensación pasa por el sistema nervioso al cerebro, de ése pasa al cerebro etérico a la vez que despierta el interés por movernos, para terminar en la mente que es la que (gracias a la voluntad del Ego) toma la decisión de cambiar de postura. A la vez y casi instantáneamente, el Ego emite la idea que se hace pensamiento y decide, como he dicho, cambiar la posición del cuerpo; y todo gracias a que esa orden pasa por el cerebro etérico, al físico y al sistema nervioso. Esto es simple, pero pongamos otro ejemplo de una impresión de los sentidos. Imaginemos que vemos a un señor robar, aquí igualmente, los sentidos comunican al Ego lo que están percibiendo los ojos, el Ego creará una idea (o quizás no) que se convertirá en un pensamiento pero, aunque el Ego crea ideas positivas, es posible que nuestra mente (nosotros con nuestro propio carácter personal, nuestra forma de ver la vida y nuestra manera de pensar) no las capte correctamente, las transforme o las mal interprete, pero, de cualquier forma pueden pasar varias cosas:

1ª.- Que el sentimiento nos impulse a actuar.
2ª.- Que seamos indiferentes.
3ª.- Que razonemos y que llamemos a la policía y le demos la descripción correspondiente.

            Bien, volvamos a ese mecanismo automático que actúa por sí mismo la mayor parte del tiempo en nosotros pero que algún día controlaremos para el bien de nuestro propio desarrollo espiritual. De forma similar a lo que ocurre con nuestro cuerpo de deseos donde los colores más obscuros y la materia más densa están en la parte inferior, también en el mundo de deseos hay varias divisiones necesarias para mantener la armonía y para que reine el bien. Este mundo (y de forma similar nuestro cuerpo de deseos) tiene siete divisiones de manera que en las tres superiores reina lo más positivo que conocemos y que en el estado post-morten llamamos “Cielo”. Las tres inferiores van desde lo menos malo (la tercera comenzando por abajo o más densa) que llamamos “Purgatorio”, hasta la más inferior o peor en vibraciones de pasiones, etc. que conocemos como “Infierno”. Por eso, si cuando morimos llevamos muchas pasiones y maldades, no pasaremos al Cielo hasta que nos hayamos despojado de todo por medio de sufrir lo que hemos hecho de mal al prójimo, entre otras cosas. La cuarta división o intermedia es donde se manifiesta el sentimiento, y por tanto, no es buena ni mala.

Francisco Nieto

viernes, 27 de enero de 2017

DE LA AUTO-OBSERVACIÓN A LA CONCIENCIA DE SÍ MISMO ( y III )





Viendo que siempre vamos a piñón fijo, que tenemos los mismos conceptos, las mismas respuestas, los mismos hábitos, las mismas emociones dominantes y casi los mismos deseos durante toda la vida, deberíamos preguntarnos ¿Cómo voy a progresar yo, moral y espiritualmente hablando, si llevo una vida casi vegetal y no me esfuerzo por imponer mi voluntad sobre todo eso que llamamos personalidad? Todos los días podemos progresar un poco, y para ello, además de intentar ser conscientes durante todo el día (estar despierto) deberíamos programarnos por las mañanas para que las cosas que hacemos a diario y la manera de expresarnos sean diferentes. Es más, deberíamos programarnos incluso en casos extremos para no actuar como por lo general lo hacemos de forma automática o instintiva. Si tenemos que coger el coche todos los días y somos de los que vamos con prisas y nos molesta todo, deberíamos visualizarnos ante un señor que estorba y nos fastidia como si estuviéramos tranquilos, observando la situación y a nosotros mismos para no expresar las emociones de enfado ni los malos pensamientos. Una auto-programación como esta y el hecho de intentar ser consciente la mayor parte del tiempo, hará que cada día sea más elevado para el Alma. Programar respuestas y expresiones ante cualquier hecho por poca importancia que tenga, y tener una atención plena sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea, nos facilita el progreso espiritual y el discernimiento sobre lo que somos y lo que deberíamos ser.

La observación de todo lo que nos traen los sentidos respecto al mundo físico nos aporta conocimiento, y ese conocimiento nos sirve para ver cómo actuamos y respondemos y para programarnos ante determinados hechos y circunstancias. Pero, si de verdad queremos transformar la personalidad, lo que debemos observar es lo interno y no lo externo. Con esto quiero decir que no nos podemos para en lo negativo solamente, también hay que observar cuáles son nuestros ideales, anhelos, esperanzas, deseos materiales, etc., porque también eso nos puede perjudicar si nos identificamos con ello. Cuando nos preocupamos solamente de ser y actuar de acuerdo a las leyes divinas, no nos deberían preocupar nada ni esperar nada material ni espiritual, porque eso se nos dará por añadidura. Está bien que una persona tenga anhelos y esperanzas pero deberían ser sobre el desarrollo espiritual y con la intención de ayudar al prójimo.

Hay frases que se suelen decir muy a menudo, como por ejemplo: “Que mal me cae esa persona” o “que antipatía le tengo por ser así” que demuestran lo equivocados que estamos al creer que conocemos a una persona cuando resulta que no nos conocemos a nosotros mismos. Ni siquiera el hecho de observar atentamente a otro nos permite conocerle porque solo podemos ver lo externo pero no su aspecto interno. Sin embargo, basándonos en el conocimiento y los conceptos de la personalidad por lo general llena de emociones negativas y pensamientos similares, exponemos toda una serie de razones con tal de criticar o juzgar por el hecho de no estar de acuerdo con nosotros o de ser diferente a nosotros. El juicio o la crítica solo la deberíamos hacer sobre nosotros y, por supuesto, después de observarnos atentamente, puesto que la verdadera observación se hace sobre lo interno. Lo externo nos aporta conocimiento porque su observación es más bien automática e inconsciente mientras que la auto-observación es dinámica y consciente.

Tampoco los pensamientos comunes y automáticos aportan casi ningún beneficio porque de nada sirve pensar que somos así o asá si no prestamos una atención plena como observadores a nuestro mundo interno. El estado actual de la mente, es de pensar y pensar sin discernimiento y sin que seamos conscientes de ello, nos aburre y nos tortura muchas veces con sus repeticiones, juzga y piensa mal sin conocer, y solo de tarde en tarde somos conscientes de ello y la detenemos. Detenerla en sus pensamientos y enjuiciamientos sobre el mundo externo es fácil porque solo tenemos que observarla, sin embargo no es tan fácil hacerlo cuando lo hace sobre lo interno, ya que los mismos aspectos personales intentan evitarlo para que no les expulsemos o erradiquemos de nosotros mismos.

Hay una gran diferencia entre usar la mente conscientemente y dejarla que haga lo que comúnmente hace sin que nadie ni nada la detenga. Cuántas veces al día podríamos decir: ¿Pero qué estoy pensando, qué estoy haciendo, o por qué pienso eso sobre esa persona? Lo que no ocurriría si fuéramos auto-conscientes observadores de la mente. ¿Qué ocurre si cuando surge en nosotros una emoción negativa o un pensamiento perjudicial nos ponemos en el lugar del Yo a observarlo sin entrar en el juego? Pues que desaparece. Algo similar ocurre cuando llevamos a cabo esa atención plena o auto-observación en cada ahora, ya que; Primero impedimos crear emociones, deseos y pensamientos negativos; y Segundo Si alguno surgen en nosotros, el solo hecho de observarlos impiden que se desarrollen en algo peor.

Esto demuestra que cuando tenemos ese control sobre la personalidad se produce un silencio interno que permite que el yo se exprese más a menudo sobre la personalidad. Tenemos dos clases de lenguas que callan para encontrar ese silencio o paz interna: Una, la lengua que tanto juzga y habla como resultado de lo que ocurre interiormente con las emociones y los pensamientos; y Dos la mente que no para de pensar indiscriminadamente y de forma automática e instintiva impidiendo el control de la personal. Tenemos muchos motivos para silenciar a la mente porque si la observamos veremos que el 99, 99 % de lo que piensa, no solo no sirve para nada sino que en muchos casos es perjudicial para nuestro desarrollo espiritual. Esto ocurriría muchísimo menos si la observáramos voluntaria y conscientemente porque, ¿de qué sirve callar la lengua si la mente hace tanto o más mal que ella? Una ayuda sería ponernos en el lugar de los demás porque seguro que cambiaríamos de opinión y interpretaríamos las cosas de otra manera, pero si de verdad y a la vez queremos controlar a la personalidad y no atraer la opinión y el pensamiento de otros hacia nuestra manera de pensar; lo mejor es conocernos y silenciar la mente en todo lo que no sea de ayuda para nuestro desarrollo.

Viendo lo descrito hasta ahora ¿Qué porcentaje del verdadero Yo manifestamos a diario? o dicho de otra forma, ¿cuánto tiempo al cabo del día somos conscientes de nosotros mismos? La verdad es que muy poco, y precisamente por eso es por lo que no nos damos cuenta de que cuantos más defectos, pasiones, emociones y deseos negativos eliminemos más libre de expresarse será el Yo individual. La personalidad es la semilla que, desde que nació, ha sido mal cultivada y se ha rodeado de toda una serie de defectos, irresponsabilidades y placeres que, entre otras cosas, hacen que el Yo se exprese más como subconsciente que como conciencia. Nadie puede despertar a la conciencia del Yo si no erradica de sí mismo toda esa especie de entidades que nos dominan y nos hacen casi sus esclavos. Es cierto que algunas de esas voces ya las traemos de otra vida como deuda pendiente a superar, pero si desde pequeños nos educaran de manera que fuéramos más observadores y conscientes de nosotros mismos, adelantaríamos muchas vidas de las que nos quedan para ser conscientes en los mundos superiores. Nos podemos hacer una idea de esto imaginando lo que sabemos que pasa después de la muerte una vez terminadas las experiencias purgatoriales Es decir, cuando nos limpiamos de todo lo negativo y personal y solo nos quedan dos cosas: Una, el recuerdo de lo que no se debe hacer sabiendo las consecuencias que nos trae; y dos, el deseo de desarrollar las virtudes propias del Alma.

Como hemos dicho, el Espíritu se representa en nosotros como voluntad y como conciencia y solo eliminando a la personalidad tendremos la opción de escuchar su voz. Cuando dejamos de ser víctimas de las circunstancias y esclavos de los deseos y de las emociones es cuando comenzaremos a vislumbrar la luz del Espíritu. La voluntad del Espíritu es una pero en la mayoría de nosotros parece como si en nuestro interior hubiera muchas consciencias y voluntades que no dejan de decirnos lo que tenemos que hacer o hacia dónde debemos de ir con tal de no permitir que el Yo se manifieste y las elimine. Como ocurre en el purgatorio, lo único positivo de todos esos aspectos negativos que forman la personalidad es que cuantos más y peor sean, más nos hacen ver que estamos dominados por ellos y que nuestra voluntad y nuestra conciencia no tienen casi poder sobre ellos. Por eso debemos estar siempre alertas y muy atentos a todo lo que pasa en nuestro interior y a todas esas voces que dirigen y complican nuestras vidas. Y digo muy alerta porque esas voces se muestran fácilmente en hechos graves y las percibimos rápidamente, pero otras se esconden bajo apariencias más sutiles como el amor propio, el halago de uno mismo, o el orgullo de haber alcanzado cierto grado de desarrollo espiritual.

Ni el santo es perfecta y totalmente santo ni el malvado es cien por cien malvado, y algo así pasa con los aspirantes espirituales que por defender una causa justa se dejan llevar por las voces de justicia y de honradez y crean toda una serie de emociones y pensamientos negativos contra otros. El que cree estar sentado en la verdad y el sendero correcto se puede creer tan justo y tan buena persona que le duela que nadie se dé cuenta y se lo diga o que nadie agradezca lo que hace, y eso, queramos o no, también son voces o aspectos de la personalidad que impiden la expresión del Yo. Por consiguiente, la auto-observación no se debe utilizar solamente para descubrir los aspectos negativos de la personalidad, sino que también debe servir para otras muchas cosas que no solemos ver.

Si meditáramos sobre nuestros gustos, deseos o sentimientos descubriríamos que tenemos apego a ciertas cosas materiales y placeres, o que nos gustaría viajar a no sé dónde antes de morir, o que nos molestamos cuando alguien no coincide con nosotros en nuestras opiniones, o que somos unos engreídos, etc. Esto es otra forma de impedir que nos demos cuenta de lo poco conscientes que somos de lo que sentimos y de lo que pensamos, es decir, de lo poco que nos recordamos a nosotros mismos como observadores y pensadores. Seamos sinceros con nosotros mismos y preguntémonos de vez en cuando qué es lo que en realidad deseamos, que trabajo estamos haciendo para conseguirlo y qué utilidad tiene para el Espíritu, porque si no es útil para el Espíritu de nada sirve. A su vez, tampoco sirven de nada las intenciones, las promesas, las obligaciones y los deberes que cada uno se imponga si después no los cumplimos, de esa forma nunca alcanzaremos nuestros objetivos espirituales. Recordemos que el trabajo a realizar es interno y que si solo nos preocupamos de dar una imagen de buenos y de sabiondos, nos estaremos engañando a nosotros mismos y estaremos engañando a los demás.

                 Francisco Nieto

martes, 27 de diciembre de 2016

DE LA AUTO-OBSERVACIÓN A LA CONCIENCIA DE SÍ MISMO II






Para conseguir que nuestras expresiones externas sean fruto del Yo debemos centrarnos en los cuerpos más cercanos a él, es decir, en el cuerpo emocional y en el mental. ¿De qué sirve tener una vida de disfrute y de placer si el estado interno es triste o pesimista? Muchas veces, sufrimos y nos quejamos porque nada nos sale bien, porque tenemos pérdidas, porque nuestro matrimonio va mal o porque no aprovechamos las oportunidades que nos trae el destino. Lo que podría ser felicidad y armonía gracias al discernimiento, a la auto-observación y a la auto-conciencia de nosotros mismos se convierte en ansiedad, melancolía y preocupaciones entre otros. ¿Cuáles son los resultados de no tener ese equilibrio interno? La falta de aliciente para vivir o disfrutar de la vida, el pesimismo y el sufrimiento propio más el que causamos a los demás. Está claro pues que, quien no trabaja conscientemente sobre sí mismo, siempre estará dominado por las emociones, por las pasiones y por los hábitos, y que la faltará la libertad mientras no controle a la mente. Solo transformando los conceptos equivocados que desde pequeños hemos ido guardando como “realidad” podremos ser felices y libres de las ataduras de todo cuanto nos rodea y de la personalidad.

            Si una persona está plenamente atenta a sí misma y descubre que es más feliz y más libre cuanto utiliza el discernimiento en vez de preocuparse y de enfadarse por (por ejemplo) cosas del trabajo o de sus hijos, está claro que está transformando su estado interno y que ese estado tendrá una expresión externa positiva. Luego entonces, ¿Por qué sufrir por cosas externas que las podemos cambiar internamente gracias a la auto-observación y al discernimiento para así tener una vida más armónica? La verdad es que, quien no hace esto, siempre estará a merced de su personalidad, y cuando la personalidad está llena de errores y es pesimista y está desencantada de la vida, no puede atraer nada más que desencanto y pesimismo.

Debemos comprender que lo que reflejamos ante los demás es fruto de lo interno, u por eso, mientras no cambiemos lo interno no seremos nosotros mismos como verdaderos yoes. Si se nos avería el coche nos enfadamos, si alguien no nos atiende bien, protestamos, si una persona nos ofende no alteramos y así sucesivamente porque no tenemos control de nuestras emociones, de nuestros deseos ni de nuestra mente. Y así se nos pasa la vida haciendo y expresando siempre lo mismo por no esforzarnos en ser conscientes de nosotros mismos y por no utilizar el discernimiento.

Se trata de no identificarse con los acontecimientos, de eliminar los malos hábitos, de transformar las emociones y los deseos, y de controlar la mente ¿Cómo? dirán algunos, observándose a sí mismo conscientemente, es decir, siendo consciente de que la mente piensa, observando a las emociones sin entrar en ellas, y en definitiva, ver la vida como una película pero con el discernimiento necesario para que la personalidad no nos arrastre. Quizás parezca difícil en entender pero no lo es. Veamos, si una persona es celosa, envidiosa, impulsiva, criticona, etc. y cree que todas esas emociones son ella misma, estará identificada de tal forma que expresará eso mismo y solo encontrará sufrimiento, problemas y amargura en su vida diaria. Pero si se pone en el nivel del Yo como observadora de esas emociones sin entrar en lo que hacen, comprenderá que el sufrimiento y la amargura no le ayudan en nada ni solucionan el problema y que, por tanto, debe utilizar el discernimiento y actuar o hablar de otra forma pero de manera consciente y con la mejor voluntad.

Conociendo esas emociones como ajenas a nosotros es como dejaremos de identificarnos con ellas, y si hacemos esto limpiaremos la personalidad de lo negativo y tendremos más espacio para crear emociones y hábitos positivos. En mi opinión, nadie puede transformar su personalidad si no se auto-observa conscientemente para dejar de identificarse con las emociones y deseos negativos y con lo que la mente piensa por sí misma. Este es el verdadero trabajo interno que debe hacer cualquier aspirante. No nos engañemos, si no hacemos esto estaremos evadiendo y retrasando un trabajo que, tarde o temprano, todos debemos hacer. Nosotros somos individuos y no lo que aparentamos ser en cada momento, a veces cólera, otras egoísmo, otras pasión, y otras falsedad porque estamos dando una cara ante los demás mientras pensamos y sentimos algo muy diferente.

El simple hecho de practicar la auto-observación de sí mismo ya nos hace comprender que todos esos defectos o errores no somos nosotros, y que esa carga es precisamente la que nos hace ser como no deseamos ser; es más, comprendemos que esos celos, envidia, mal carácter, etc. son lo que nos hace sufrir sin necesidad. ¿No sería correcto, pues, situarnos en la posición de observador sobre lo observado para ver cuándo se manifiestan esos defectos y cuándo (con conciencia de sí mismos) debemos desecharlos de nuestra vida? El verdadero Yo está inhibido por la personalidad pero la personalidad no está compuesta solamente de emociones y deseos negativos, porque que el hecho de creer que nosotros somos la mente o el pensamiento, también da poder a la personalidad, puesto que el Yo no es la mente. Cuando la mente se involucra y se recrea en esas emociones y deseos negativos, está actuando (generalmente) por su cuenta. Cuando la mente responde a una ofensa de forma automática o instintiva, el Yo no se entera o lo hace tarde; cuando algo nos preocupa tanto que nos hacer sufrir o nos quita sueño es el efecto de que la mente le ha dado muchas vueltas al problema, y así sucesivamente sin que el Yo pueda casi participar con tal de acabar con esa personalidad.

La mayoría de los pensamientos surgen porque la mente no está controlada por el Yo, porque responde al cuerpo emocional y a todo lo que perciben los sentidos de forma automática y por hábito, pero si fuéramos conscientes de nosotros mismos y estuviéramos plenamente atentos a lo que sucede en nuestros cuerpos internos, entonces comprobaríamos que la mayoría de los pensamientos son innecesarios y que se es más feliz y más libre en el silencio mental. Entonces no nos dejaríamos dominar por la mayoría de esos defectos que tan protagonistas quieren ser. ¿Qué ocurre cuando nos gusta algo que termina siendo un placer para nosotros? Pues que lo deseamos, que creamos un hábito y que llega un momento en el que la mente piensa en ello automáticamente como respuesta al deseo. Y mientras ocurre eso, el Yo no puede expresarse porque no le dan opción para hacerlo y está como un observador silencioso. Pero si, en esos mismos momentos nos hiciéramos conscientes de nosotros mismos y de la situación, evitaríamos que la mente pensara y se involucrara en todos esos problemas, muriendo entonces esas negatividades de inanición.

De una emoción (por ejemplo lujuria) la mente crea pensamientos, y esos pensamientos estimulan deseos y más emociones, y así está la personalidad ocupada todo el día entre emociones y pensamientos de todas clases. Pero cuando nos damos cuenta de que pensamos y de lo que estamos pensando, o sea, cuando nos hacemos conscientes de nosotros mismos, entonces podemos ver e interpretar a cada emoción y a cada pensamiento como si fueran pequeños egos que quieren dirigir nuestras vidas. De aquí que cuanto más nos identifiquemos con un pensamiento o con una emoción, más esclavos seamos suyos y más nos alejamos de la posibilidad de auto-observarnos. Y por eso, las personas que no se paran a pensar en todo esto y que creen que ellos son las emociones, los deseos, los pensamientos, hábitos, etc., son esclavos de la personalidad y sufren por hechos y circunstancias innecesarias. Lo mismo que una emoción negativa termina por atrofiar a su aspecto positivo (odio- amor) sino se ponen medios, así nosotros, como yoes que observan plena y atentamente a la personalidad, debemos hacer que se atrofien todas las negatividades por medio de la no-acción en ellas.

Como, normalmente, las personas creen que son la personalidad, con sus defectos y sus virtudes, su amor propio, su carácter y sus hábitos de pensamiento y reacción, no suelen darse cuenta de que son un Alma en evolución. Los que en esta vida llegan al grado de desarrollo de comenzar a discernir quiénes son y a conocerse un poco a sí mismos, se dan rápidamente cuenta de que, si quieren progresar deben comenzar por hacer una división entre virtudes y defectos, entre lo que es la personalidad y lo que es la individualidad. Entonces no les queda más remedio que admitir que tienen más en contra que a favor y que si quieren progresar, si quieren ver el mundo externo de otra manera más elevada, y si quieren que sus relaciones con los demás sean correctas, tienen que cambiar internamente. ¿Cuántos de nosotros hacemos una retrospección nocturna o una simple revisión de los hechos del día para ver cuándo hemos pensado, hablado, actuado, etc. como Almas y cuándo no? No se puede extraer una buena quintaesencia de toda la vida para transformarla en conciencia del Espíritu si no hacemos una observación plena y consciente de nuestro cuerpo emocional y mental a diario. Y menos aún extraeremos quintaesencia si no nos ponemos a trabajar cada día sobre dichos cuerpos con tal de eliminar a la personalidad.

Para vencer progresivamente a la personalidad debemos conocernos a nivel personal, lo que significa que debemos observar y analizar, desde el punto de vista del Alma, los siguientes aspectos:

1º.- Las emociones negativas, pasiones, hábitos, vicios que dominan a la mente y a la voluntad, deseos egoístas y materiales, etc.
2º.- La mente y su forma de pensar, cómo reacciona ante las negatividades del punto número uno, en qué cosas suele estar entretenida, etc.
3º.- Las emociones y pensamientos no negativos pero si personales (orgullo, complejo de superioridad, creerse lleno de virtudes, hablar de las cosas buenas que se hacen buscar notoriedad, etc.)
4º.- Recordarse a sí mismo todas las veces que se pueda durante el día para así practicar la atención plena sobre lo que se hace, (por ejemplo: observar cómo escribe la mano, como se mueven los pies cuando andamos, cómo memorizamos mejor cuando miramos el mundo conscientemente, etc.)
5º.- Auto-observarse como ejercicio para analizar cómo se desintegran las emociones y los pensamientos negativos cuando no entramos en ellos ni los enjuiciamos.

            Mientras no desarrollemos unas líneas de trabajo como estas o similares y sigamos pensando que somos todo eso y que somos perfectos, no nos conoceremos ni cambiaremos en nada. Tenemos que ver la diferencia entre estar dominado, por ejemplo, por el tabaco y el mal humor cuando nos falta (emociones negativas) del que ha dejado de ser un autómata respecto al tabaco y, por tanto, ya no se altera; el primero está dominado y sufre, el segundo es libre y es feliz. En este supuesto, está claro que el fumador se tuvo que poner en el puesto de observador algún día y comprender que esa “entidad” llamada tabaco le dominaba y le perjudicaba. A partir de ahí solo hay que vencer el deseo o a la emoción como se ha dicho.

Bien, apliquemos esto a nuestras vidas y veamos qué hacemos y cómo nos expresamos cada día. Si nos recordamos a nosotros mismos aunque solo sea 8 o 10 veces al día (observar cómo y qué piensa la mente, observar nuestras emociones, o cómo respondemos habitualmente) nos daremos cuenta rápidamente de que lo hacemos por hábito, instinto o como autómatas; pero también podremos comprobar que en ese mismo momento, como observadores y pensadores, somos libres de todos esos aspectos personales. ¿O no es liberarse el hecho de que al hacer algo que nos produzca, por ejemplo, “orgullo, pensemos voluntaria y conscientemente “tengo que ser humilde, eso lo puede hacer cualquiera” y dejemos pasar de largo la emoción?

 Francisco Nieto