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viernes, 23 de junio de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD (III)






LA SANGRE, UN FLUIDO MUY ESPECIAL

            Sabemos perfectamente que: Primero, el mundo no es sólo lo que vemos puesto que hay leyes de la naturaleza y fuerzas que le transforman, y Segundo, al tratar a las personas no nos fijamos o nos quedamos solamente con la imagen que captan nuestros sentidos, sino que percibimos algo más que nos dice cómo sienten o piensan sobre determinados aspectos de la vida. Tanto en un caso como en otro, estos hechos representan algo más profundo, algo superior, mientras que lo que se percibe en los sentidos y lo que estudia la mente es lo inferior, que no es otra cosa que la expresión de lo superior. Por tanto, lo mismo que el mundo que vemos es la expresión o manifestación de las fuerzas que operan en los mundos espirituales, también nuestro cuerpo (y más aún el rostro) es la expresión de lo que ocurre en los vehículos superiores y del trabajo del Ego. El planeta muestra lo que las Jerarquías espirituales hacen en los mundos superiores, y nuestro cuerpo muestra lo que pasa internamente y la influencia y dirección del Ego pero, tanto en un caso como en otro, está basado en los arquetipos espirituales que progresivamente nos llevarán a ser a imagen de Dios. Hemos dicho que el Ego necesita de sus vehículos para expresarse así como experimentar para poder desarrollar los poderes del Espíritu, pero aunque todos los cuerpos sean importantes, el físico lo es más en la etapa actual, como veremos en los siguientes párrafos.

            Como algunos ocultistas afirman y como dice Mefistófeles a Fausto en la obra de Goethe,  “La sangre es un fluido especial”. La sangre es un fluido vital para el hombre porque es su sustento continuo y donde descarga lo que no le sirve. La sangre necesita hacer un proceso de combustión para purificarse de los venenos por medio de la oxigenación y de los alimentos puros. Así es que el ser interno se pone en contacto con el mundo externo gracias al aire que oxigena y renueva la sangre y gracias a las imágenes que le llegan por ese mismo medio para quedarse en el Átomo Simiente en el corazón, que es de donde se extraerá la película de la vida una vez que muera el cuerpo físico. El ser interno se expresa con sus vehículos superiores e invisibles en el cuerpo físico, pero de una forma u otra la sangre tiene una relación con ese proceso. El cuerpo etérico es el que anima al cuerpo o provoca la vida en la materia inorgánica facilitando, a la vez, que el Ego pueda controlar el cuerpo físico por medio de la sangre. Respecto a los otros dos cuerpos invisibles, (el emocional y el mental) para no extendernos ahora mucho, sólo diré que tanto los pensamientos como las emociones tienen su efecto sobre el cuerpo físico; por ejemplo: El hecho de pensar en algo que cause mucho miedo puede ponernos los pelos de punta o la piel de gallina. El cuerpo emocional o cuerpo de deseos eleva la substancia vital al mundo de las sensaciones, es decir, hace que el hombre sienta atracción o repulsión, placer o dolor, etc. El hombre tiene sensaciones gracias a las imágenes  que se forman en su interior como reflejo de lo que produce la sensación. Y el hombre puede razonar y responder a esas sensaciones desde lo interno (como un yo) gracias al cuerpo mental que, como todo y como ya veremos, está relacionado con los sistemas nerviosos y con el cerebro vitalizados y alimentados por la substancia vital y por la sangre.

            En la etapa que actualmente nos encontramos, evolutivamente hablando, lo que normalmente llamamos el “Ser”, se encuentra por encima de esos cuerpos y éste no es otro que el Yo. A cualquier cosa se le puede poner nombre excepto a este Yo porque solo el Espíritu mismo puede autoproclamarse Yo. La personalidad es la expresión del Ego y a través de ambos puede manifestarse el Espíritu, de aquí que no pueda ser penetrado por los sentidos y que deba surgir de lo más íntimo del Ser. Para manifestarse el Ego sobre esos cuerpos, el cuerpo etérico tiene que transmutar las substancias inorgánicas en vitalidad mientras que el cuerpo emocional transmuta las substancias vitales en sensaciones. Pero claro, un ser humano así sólo se sentiría a sí mismo y a su propio proceso vital, estaría como estaba hace millones de años y en el mismo estado de conciencia que se encuentran los animales. Es el sistema nervioso llamado simpático el que diferenció al hombre del animal cuando éste fue creado en el pasado, sin embargo, la conciencia del hombre era interna como es la del animal de hoy.

            Esa misma conciencia interna nos permitió ser “clarividentes” en las primeras razas, más que nada porque el sistema nervioso reflejaba el mundo externo creando, sin embargo, un mundo interno más amplio que el externo. Para que el yo interno tuviera relación con el mundo externo fue necesario añadir la médula espinal al sistema simpático y así, mediante el sistema cerebro-espinal y su relación con el simpático, nace el hombre actual de conciencia de vigilia. Por tanto, el yo interno siente lo que pasa fuera de su cuerpo gracias al sistema simpático; percibe lo que ocurre dentro gracias al sistema cerebro-espinal; y crea imágenes del mundo externo por medio de la materia del cuerpo emocional. El yo ha pasado por los estados de conciencia siguientes:

1º.- Conciencia profunda e interna y apenas comprensible para él.
2º.- Conciencia de vigilia o externa, unida a la razón.
3º.- Interna de nuevo, pero como Yo o auto-conciencia desde donde se puede auto-observar.

            El cuerpo etérico desarrolló al cuerpo emocional, y el sistema simpático se añadió al cerebro-espinal y, de esta forma (en aquella época lejana) lo que era un fluido en la forma o cuerpo, se fue convirtiendo en sangre. Así, la sangre es la expresión del cuerpo etérico y el sistema cerebro-espinal es la expresión del cuerpo de deseos o emocional también individualizado, por tanto, se dice en ocultismo que estos hechos fueron los que facilitaron el nacimiento del hombre y el poder de expresarse el Ego a través suyo. Junto a este nacimiento del yo en nosotros comenzó a desarrollarse la auto-conciencia y la razón. Hemos visto cómo el cuerpo etérico vitaliza la substancia externa que entra en el cuerpo físico, y cómo el cuerpo emocional trabaja las imágenes que llegan del exterior, lo que, a su vez, produce experiencias internas que se reflejan y que expresamos “en” o “a través” del cuerpo. La sangre mantiene al cuerpo físico vivo gracias a la labor del yo que se expresa en ella y que mantiene su temperatura, pero con esto solo no sería posible a no ser por el trabajo que hacen y la relación que hay entre los sistemas nerviosos y los cuerpos etérico y emocional.

            La sangre recibe las imágenes del mundo externo por medio del oxígeno pero también las que se producen en el cerebro llegan al Ego, y son estas imágenes las que, como fuerzas vivientes o constructoras, sustentan el funcionamiento del ser humano. En realidad, la sangre, en forma de oxígeno y nutrientes, es la que construye el cuerpo desde el punto de vista biológico, pero fue también la sangre la que permitió al Ego penetrar y expresarse desde dentro. Y es así como, desde entonces, el Ego ha desarrollado la voluntad que hace al hombre creador. Para que este Ego pueda auto-identificarse y expresarse, ha tenido que ocurrir todo lo explicado en estos párrafos, porque el yo solo puede expresarse desde dentro cuando es capaz de crear en sí mismo imágenes que le han llegado del exterior. Podríamos decir que la naturaleza del Ego está centrada en lo interno, mientras que su voluntad se dirige hacia el mundo externo en busca de experiencias para su evolución. La sangre hace de intermediaria porque, por un lado va hacia adentro para formar e informar al hombre interno, y por otro, vuelve a por oxígeno hacia el exterior, estando así entre el mundo interno de imágenes y el externo de seres vivientes.

            Desde que un niño nace y hasta que cumple aproximadamente 14 años, la médula ósea no está lo suficientemente desarrollada como para crear todos los corpúsculos sanguíneos necesarios. Esa necesidad está cubierta por la glándula timo que contiene cierta cantidad de dichos corpúsculos heredados de los padres; lo que hace que (al no poder estar el yo del niño aún en la sangre) el niño no sienta y, por tanto, no exprese el sentimiento de “yo soy”. Solo cuando el tercer éter del cuerpo etérico (el éter de luz) ha madurado entre los  14 y los 21 años es cuando la temperatura del cuerpo es normal, puesto que antes hay períodos de elevada temperatura y otros de lo contrario. Aun así, el Ego se puede ver expulsado del cuerpo físico por alguno de los siguientes motivos: Por mucho calor en la sangre, (por ejemplo, por pasión o excitación) por ira o emociones similares donde no se ha razonado, por locura, por obsesión y por frío. El grado idóneo que debe tener la sangre para que el Ego pueda estar dentro y hacer su función es de 37 grados y esto ocurre verdaderamente a la edad aproximada de 21 años, cuando ha madurado el cuarto éter del cuerpo etérico y cuando nace la mente que se ha estado desarrollando principalmente desde los 14 años. Ejemplos que demuestran que el Ego está en la sangre son:

1º.- El Ego centra su actividad sobre la sangre siempre que piensa, medita, calcula, etc., sin embargo, si quiere hacer eso después de una comilona no podrá hacerlo correctamente porque estará soñoliento a causa de que está centrado en la digestión.
2º.- Cuando una persona siente vergüenza o envía más sangre de lo normal a la cabeza, entonces se eleva la temperatura del cerebro y apenas se puede pensar.
3º.- Cuando se tiene fiebre el Ego se ve en gran parte fuera del cuerpo y eso hace que tenga delirios por la mezcla de imágenes internas y externas no razonadas.
4º.- El miedo “enfría” la sangre de las venas y se puede llegar  a tiritar o a castañetear los dientes y todo porque, como efecto, el Ego dirige la sangre hacia el centro del cuerpo palideciendo y perdiendo el calor periférico.

En Levítico, capítulo 17, versículo 14 se prohíbe a los judíos comer carne porque “el alma de toda carne está en la sangre”; en ese mismo capítulo versículo 11 dice: “Como el alma de la carne está en la sangre… la sangre misma es la mediadora para el alma.” Esto también viene a confirmar lo que estamos diciendo de que el Ego trabaja o se expresa por medio de la sangre, o mejor dicho, por el calor de la sangre. Los cuerpos se alimentan, en todos los sentidos, por medio de la sangre (física, moral y espiritualmente) ya que en ella van también imágenes del exterior, bien sean de hechos, de personas o de otros espíritus que ayudan a la humanidad. Por eso algunos ocultistas afirman que en la sangre está almacenada toda la información de sus antepasados,  todas las imágenes de los Espíritus que guían a la humanidad más de cerca, más, en parte, lo que se está preparando para el futuro. De aquí que cuando a una persona le hipnotizan o esté en estado de sonambulismo, su conciencia es tan profunda que no sea consciente como en la conciencia de vigilia pero sí de las imágenes que ha formado en lo interno por medio de la sangre. Así es que, el hombre interno se ha formado también en gran parte por lo que le ha llegado de los Ángeles, de los Arcángeles y de sus antepasados por medio de la herencia sanguínea. 

Francisco Nieto

jueves, 25 de mayo de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD II






A lo largo de su evolución, el ser humano ha pasado por unas fases similares de conciencia a la de los reinos actuales mientras descendíamos por los mundos para adquirir los gérmenes de los que hoy ya consideramos cuerpos del Espíritu. Por consiguiente, hubo un tiempo en que no éramos conscientes del mundo externo y nuestra conciencia tuvo que ser despertada progresivamente por medio de los impactos externos y del trabajo que otros seres superiores hicieron sobre nosotros. Para comprender un poco mejor esto tenemos el ejemplo de la formación de un nuevo ser en el vientre de la madre, el cuerpo se forma en el vientre pero es gracias a  la vida del Espíritu y al trabajo que también otros seres hacen y al nuestro mismo más tarde.

            La vida procede de los mundos superiores y se encierra, como conciencia, en el vientre de su futura madre primero, y en su propio cuerpo después para estar formándolos inconscientemente de sí mismo e igualmente respecto al mundo externo durante nueve meses. Aun después de nacer como individuo, tarda un tiempo en hacerse consciente del mundo donde se encuentra y de sí mismo. Pues bien, eso es lo que le ocurre al Espíritu, o sea, desciende hacia la materia, atrae los materiales que le harán falta para formar sus futuros cuerpos, aprende a formarlos y a utilizarlos siendo aún inconsciente del mundo externo, (como ocurre con los animales actuales) al cabo de un tiempo adquiere la autoconciencia y así  se reconoce como un individuo separado de los demás. Por último, comienza a razonar y a evolucionar como tal gracias a las dos principales leyes de Renacimiento y Consecuencia. Gracias a los diferentes cuerpos obtenidos actualmente somos: Un cuerpo físico que vive gracias al cuerpo vital, que tiene deseos y emociones gracias al cuerpo de deseos, y que piensa gracias a la mente.

            Cada uno de esos cuerpos está evolucionando en cada vida y, aunque solo tengamos la conciencia de vigilia gracias a la conciencia interna y al trabajo interno que hicimos en el pasado, en un futuro la tendremos también en los mundos superiores utilizando el cuerpo que corresponda al plano donde nos encontremos. El cuerpo físico está compuesto de tres clases de materia; el cuerpo etérico está compuesto de cuatro éteres más sutiles aún que el estado gaseoso; el cuerpo de deseos está compuesto de siete grados de materia que van de la más grosera a la más espiritual en sentido de sentimientos, emociones y deseos;  la mente con la que razonamos está compuesta con cuatro grados de materia del Mundo del Pensamiento, quedando tres para el desarrollo futuro de la mente del propio Espíritu o mente abstracta. Todos estos cuerpos están evolucionando y se están perfeccionando para formar las tres Almas que se unirán al cosechador o Ego, después y en su momento se reabsorberá todo en el Espíritu individual y así seremos a imagen y semejanza de Dios gracias a que los poderes latentes en nosotros se habrán convertido en dinámicos.


            EL CUERPO FÍSICO

            El cuerpo físico es el cuerpo de materia más densa de los vehículos del Ego y es el más antiguo y más desarrollado de todos como resultado de la involución del Espíritu en la materia. Sin este cuerpo, los demás no podrían expresarse ni tampoco se habrían desarrollado puesto que este cuerpo es la base de los sentidos, del sistema nervioso y del cerebro. Por tanto, además de obtener unos resultados en cada vida gracias a este cuerpo, los otros también se desarrollan a través de él. Lo que decimos que es el ser humano es gracias a que los otros cuerpos superiores de materia más sutil le compenetran y se expresan como vitalidad, como deseos o emociones, y como mente. En el corazón se encuentra el Átomo Simiente, también llamado en la filosofía rosacruz el “Libro de Dios” porque es en ese átomo especial donde quedan grabadas las “películas” de todas nuestras vidas para que, después de la muerte, pueda extraerse el fruto de las mismas para unirlo a las anteriores en el Ego que también representa la conciencia. Este Átomo Simiente es el que emite la vibración correspondiente, según el desarrollo alcanzado por el hombre, para atraer y mantener unidos los átomos físicos que conforman el cuerpo.

            A su vez, la vida y forma del cuerpo físico dependen de un arquetipo creado en la región concreta del Mundo del Pensamiento, que es donde se crean todas las formas del mundo físico. Al igual que un inventor crea un arquetipo o modelo en su mente antes de construirlo físicamente, también el cuerpo físico del hombre está relacionado con dicho arquetipo de material mental hasta que llegue el momento de dejar el mundo físico. El arquetipo tiene una determinada vida y vibración que será en la que se basen lo Ángeles para crear el destino que nos corresponde y para dar forma al cuerpo físico, pero dejando siempre un libre albedrío para cambiar ciertos hechos. El momento de la muerte llega cuando ese arquetipo deja de vibrar porque se ha agotado su vitalidad y el hilo de vida se recoge hacia el Ego pasando por el Purgatorio y el Cielo. Del Átomo Simiente en el corazón sale un cordón etérico de color plata brillante compuesto de “éter reflector” que en el momento de la muerte se separa para que dé comienzo la grabación de la vida en el átomo simiente del cuerpo vital. El cordón plateado tiene tres trozos cada uno de ellos de materia de la que está compuesto el cuerpo al que están unidos. Así es que, el primer cordón va desde el corazón hasta el plexo solar donde está el átomo simiente del cuerpo etérico y es de materia etérica; el segundo va desde el plexo solar hasta la altura del hígado del cuerpo físico y es de materia de deseo; y el tercero va desde este último lugar hasta la cabeza y es de materia del Mundo del Pensamiento o mental. La ruptura del cordón en el corazón causa la muerte física pero siempre de acuerdo al arquetipo mencionado, en ese momento es cuando el cuarto éter del cuerpo vital llamado reflector hace de vía para llevarse la película que en el mundo de Deseos se revive de una forma más real, completa y consciente.

            Dice un axioma hermético que “Como es arriba es abajo”, o sea, como es y ocurre en el universo ocurre en el hombre. Ya hemos visto cómo el cuerpo físico está compenetrado por diferentes clases y grados de sutilidad de materia, vibración y conciencia, y que todos ocupan un mismo espacio. Puesto que la materia de cada uno de esos cuerpos está relacionada y pertenece a un mundo o región, quiere decir que los mundos también están compenetrados y que nosotros vivimos y evolucionamos en ellos por eso, desde el plano donde se sitúa el Ego, se producen los siguientes hechos para que podamos tener un cuerpo físico:

1º.- El Ego siente la necesidad de adquirir más y nuevas experiencias y prepara un nuevo renacimiento.
2º.- Con la ayuda de otros seres que evolucionan en el Mundo del Pensamiento, entre otros, se crea el arquetipo de vida que dará origen a los futuros cuerpos inferiores.
3º.- Se eligen las líneas generales o circunstancias especiales y necesarias que, como deudas y posibilidades, tendrá la vida futura. Hay que decir que estas líneas generales están basadas en el karma del individuo y que éste las elige con la conciencia que en ese momento y lugar tiene.
4º.- La vida del arquetipo se refleja en el Mundo del Pensamiento y de Deseos para despertar los átomos Simiente que atraerán la materia de las regiones que, de acuerdo a su evolución y a su futura vida, les corresponda para formar el cuerpo mental y de deseos.
5º.- Cuando se llega a la región etérica del mundo físico y con la ayuda de otros seres también se crea el molde etérico del cuerpo físico, lo depositan en el vientre de la madre a la vez que el Átomo simiente del cuerpo físico lo ponen los Ángeles en el espermatozoide que fecundará el óvulo de la madre.

Así se forma el cuerpo físico para nacer a los nueve meses a la vez que los otros cuerpos se van formando para nacer:
a) El cuerpo vital a los siete años.
b) El cuerpo de deseos a los catorce.
c) el cuerpo mental a los veintiuno.

Lo que expresamos en el cuerpo físico es el resultado de un trabajo interno, esto es, lo que captan los sentidos y el sistema nervioso pasa al cerebro y eso mismo lo recibe el cuerpo de deseos o emocional en forma de sensaciones e impactos que, a su vez, se comunican con la mente. Si no somos conscientes de ello es posible que reaccionemos instintiva o automáticamente sin razonar, pero si lo somos, lo más normal es que respondamos con un pensamiento que estimulará un deseo o emoción que, para terminar, se resumirá en unas palabras o en una acción. También puede ocurrir que lo que llegue del exterior estimule un deseo o sentimiento y pasemos a la acción directamente, o incluso que todo nos sea indiferente. Pero lo importante es saber que cuando se crea un hábito de comportamiento interno, por ejemplo estar casi siempre de mal humor, éste termina manifestándose en acciones o incluso en el rostro ¿y todo esto porqué? pues porque no nos observamos y no somos conscientes de nuestras reacciones y expresiones, y porque no hemos sabido utilizar a la mente para controlar los deseos, las emociones y el cuerpo físico.

También lo que hacemos con el cuerpo físico afecta a los cuerpos superiores, por ejemplo, la repetición de tomar alcohol se convierte en un hábito que se asienta en el cuerpo vital; esto repercute en el cuerpo de deseos que nos tienta para que sigamos bebiendo y, si no tenemos suficiente voluntad y no sabemos imponer la razón, ese hábito hará que el cuerpo físico enferme. Pero eso no es lo peor, como sabemos, los cuerpos superiores están compuestos de materia más sutil y no mueren con el cuerpo físico porque aun tienen que hacer un trabajo para extraer el fruto de las experiencias. Por tanto, después de la muerte del cuerpo físico seguimos teniendo deseos y emociones, así es que, el alcohólico sufrirá muchísimo porque tendrá el deseo de beber y no lo podrá hacer por no tener cuerpo físico. Las drogas y otros productos tóxicos afectan al sistema nervioso cerebro-espinal y, como éste es la base de la actividad, las drogas impedirán el funcionamiento haciendo que el Ego extraiga poco provecho de la vida. Esto, a su vez, creará unas deudas kármicas que se manifestarán como enfermedades o deficiencias físicas en la próxima vida. Por todo esto se recalca tantas veces en ocultismo la necesidad de gobernar los vehículos para discernir y crear buenos sentimientos y deseos a la vez que se cuida el cuerpo físico.

Francisco Nieto

lunes, 24 de abril de 2017

CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INVISIBLE COMO PERSONALIDAD parte 1




           


            Según va evolucionando la humanidad va cambiando sus conceptos sobre la vida y sobre el ser, lo que era no hace muchos años hoy ya no es, lo que era aconsejable hoy es reprochable, y lo que creíamos ser resulta que ya no somos. Hay culturas y filosofías antiguas que hoy son tan válidas como las modernas, pero tanto unas como otras tendrán el valor que cada uno pueda darle según su propio desarrollo espiritual y su conciencia. No hay que ir muy lejos en el pasado para comprender que el hombre ni siquiera se preguntaba a sí mismo por su identidad o por la realidad del mundo que le rodea. Sin embargo y gracias al progreso acelerado de conciencia que muchos están teniendo hoy, cada vez hay más personas que tienen esas dudas aclaradas y necesitan otra información más profunda que satisfaga sus inquietudes internas y espirituales. Hoy sabemos que somos autoconscientes pero es que, además, intuimos o sabemos que en nosotros hay algo superior o divino que nos da la vida y que perdura más allá de la muerte.

Por otro lado, también sabemos que no somos el cuerpo físico, ni las emociones, ni los deseos, y ni siquiera los pensamientos porque la voluntad está por encima de todo ello. Comenzamos a pensar que todo eso son fuerzas de las que nos hemos apropiado para hacer uso de ellas en esta vida. De acuerdo a eso comprendemos que el fin de la vida puede ser la experiencia, la obtención de conocimiento, el desarrollo de la voluntad y de la conciencia, o incluso la unión con algo superior incognoscible actualmente para nosotros. De cualquier forma lo que sí está marcando estos tiempos es que queremos dejar de identificarnos con esos aspectos que no reconocemos como yo y con todo aquello que nos domina y que no nos permite ser libres. Por tanto, comenzamos a comprender que lo que nos rodea es temporal y que no puede ser real; comenzamos a diferenciarnos de esa personalidad de cuyo carácter, sentimientos y pensamientos a veces rechazamos; y comenzamos a identificarnos como algo o Yo superior a todo eso que nos permite dirigir en gran medida nuestro destino.

Así es que, es muy posible que una persona que medite sobre todos estos conceptos y dudas termine diciéndose a sí mismo que el motivo de la existencia de la humanidad es la evolución de la conciencia y que las experiencias, esfuerzos y sacrificios de la vida tienen que tener alguna relación o propósito mayor. Si una persona de mente abierta continuara esta línea de razonamiento no le quedaría más remedio que admitir que para hacer que la conciencia evolucione hasta conocer a ese algo divino, tendría que ser gracias a la renovación de cuerpos, o lo que es lo mismo el renacimiento, y de nuevas y superiores oportunidades. Pero si, como hemos dicho, no nos identificamos muchas veces con nuestro carácter, ni tampoco con la manera de desear, sentir o pensar, quiere decir que esas fuerzas, o vehículos del yo, también se deben renovar en cada vida, y que debe ser ese yo quien siga existiendo con el recuerdo de todas las vidas. Meditando de esta forma llegaría a la conclusión de que, desde el punto de vista más lógico, en el universo hay dos aspectos de  un mismo creador, estos aspectos son: Energía o Espíritu y materia o cuerpos. Y esto nos lleva a explicar quién es el hombre, quién es el verdadero Yo, y dónde está evolucionando en ambos sentidos.

En el esquema evolutivo en el que estamos evolucionando, la idea es la siguiente. En cada átomo, vehículo o forma hay una conciencia, y cuando la vida, o mejor dicho, el Espíritu se apropia de esa forma, se fusiona con esa conciencia, estimulando o impulsando el Espíritu a la conciencia para que se identifique como “sí misma”, lo que causa el nacimiento del Yo en esa forma. Esto es lo que hizo el ser humano hace millones de años y por eso somos autoconscientes y sabemos que no somos lo que siente o piensa en nosotros sino algo superior. Esto mismo ocurrió con Cristo, aunque en una escala de conciencia mayor. Cristo tiene una conciencia muy superior a la humana y tomó un cuerpo, o sea se aprisionó en una forma, cuya conciencia, aún siendo la más elevada y perfecta de la humanidad, era inferior a la suya, pero eso no fue impedimento para que las vibraciones de Cristo elevaran las de esa forma o cuerpo de Jesús. Cada renacimiento lleva consigo un proceso de desarrollo de los cuerpos que utiliza el Alma o Ego, unos cuerpos que, como ya veremos, cumplen las necesidades del Espíritu de acuerdo a la conciencia que se debe desarrollar en los diferentes mundos por donde nos movemos y nos moveremos en un futuro aún muy lejano.

Aunque a lo largo de estos artículo lo detallaré un poco más todo, voy a resumir la construcción o el desarrollo que estamos haciendo ahora de lo que será nuestro vehículo futuro de conciencia gracias al desenvolvimiento de los cuatro éteres de la personalidad. Todo el trabajo que estamos haciendo ahora, renacimiento tras renacimiento, se concretará y resolverá en un cuerpo de gran luz y belleza que solemos llamar los ocultistas el Cuerpo Causal o cuerpo del Ego en su propio plano. Podríamos decir también que este Cuerpo Causal es también lo que algunos llaman “Conciencia Crística”, y es el aspecto “Hijo” o de Amor por ser parte del Espíritu creado por Dios. El resultado de las experiencias de cada vida son recogidas en unos Átomos Simiente que cada cuerpo tiene, pero cuando cada uno de nosotros purifiquemos esos cuerpos hasta desarrollar dicha conciencia Crística, esos átomos se unirán en el Cuerpo Causal. Al ser estos Átomos Simiente unos centros de contacto, se comunican con tres estados de conciencia o Almas, fruto de los renacimientos en el mundo físicos, llamadas: Alma Consciente relacionada con el cuerpo físico; Alma Intelectual, relacionada con el cuerpo etérico; y Alma Emocional, relacionada con el cuerpo de deseos. La mente no desarrolla Alma puesto que más que un cuerpo  se considera el foco a través del cual el Ego se pone en contacto con sus cuerpos para dirigirlos. Llamamos renacimiento a la proyección de su conciencia que hace el Ego sobre sus cuerpos, los cuales vibran de acuerdo a los resultados acumulados en cada uno de los Átomos Simiente que contienen. Volviendo a lo dicho anteriormente, la conciencia proyectada por el Ego se fusiona con la forma y se convierte en parte de ella. Así es como el Ego se ve “aprisionado” en la personalidad perdiendo de vista su autentica identidad e identificándose con todo lo que es real para el hombre pero no para él.

Cuando vemos en el mundo que hay tantos destinos y naturalezas o formas de cuerpos como individuos, algo nos hace pensar que tiene que haber un motivo para ello. Si el hombre mismo crea sus leyes y culturas para que haya respeto, libertad y desarrollo moral, intelectual y espiritual, no puede ser menos en el esquema de Dios si dicho hombre tiene que perfeccionarse hasta el punto de identificarse totalmente con la naturaleza de su creador. Pues, además del renacimiento necesario que debemos hacer para evolucionar, hay otra ley llamada de “consecuencia”, que es la encargada de enseñarnos las lecciones que necesitamos, de ponernos en el lugar y situación que nos corresponde según las causas hechas en el pasado, y de facilitarnos los cuerpos adecuados para todo ello y con sus defectos y virtudes que correspondan, esto es así tanto durante como después de la vida. Por ejemplo, el hecho de que un cuerpo sea “defectuoso” no significa que sea un castigo, al contrario, tras de ese defecto hay una intención de la ley divina y, por tanto, es lo que más necesitamos para seguir avanzando.

Por consiguiente y para que quede como esquema en la mente del lector, el ser humano tiene una constitución trina que se refleja en un cuaternario para formar la constitución séptuple, de la cual y tras el trabajo del hombre como humano, se obtienen tres Almas que completan la última constitución decuple.  Esto es:

Constitución Trina manifestada por el Espíritu: Es la manifestación del Espíritu Uno o Mónada como Voluntad, Sabiduría y Actividad en los mundos llamados del Espíritu Divino, del Espíritu de Vida y del Pensamiento.

Constitución Séptuple: Formada por el Triple Espíritu anterior reflejado en los mundos Físico, de Deseos y del Pensamiento y en los cuerpos llamados Cuerpo físico, etérico, de deseos y mental.

Constitución Décuple: Esta constitución se forma cuando se tiene en cuenta lo siguiente: El Espíritu Divino dio el germen para que se creara el cuerpo físico y gracias al desarrollo de éste se puede formar el Alma Consciente. El Espíritu de Vida dio el germen para que se formará el cuerpo vital o etérico del que, a través del renacimiento, nace el Alma Intelectual. El Espíritu humano dio el germen para que se creara el cuerpo de deseos y de éste se extrae el poder para formar el Alma Emocional. El cuerpo mental nació, como los demás cuerpos, sin ningún desarrollo, por eso y gracias a los tres cuerpos y a los renacimientos del Ego, esta mente se desarrolla y espiritualiza para hacer el papel perfecto entre el Espíritu y el hombre; de ahí que se la cuente para formar la constitución décuple.

            Cuando una persona se interesa por estas enseñanzas, una de las que más le cuesta creer es el hecho de que los cuerpos y los mundos donde estamos evolucionando estén juntos y compenetrándose mutuamente de acuerdo a su grado de vibración y conciencia. Sabemos que al pasar la luz por un prisma surgen varios colores, también sabemos que, además de los estados sólido, líquido y gaseoso de los cuerpos hay células, moléculas, átomos, neutrones, protones y otras divisiones de éstas partículas que no se conocían y que ahora se han descubierto. El hecho de no conocer más divisiones, incluso más allá de la no-materia, no significa que no las haya, como tampoco puede decir un invidente que no exista la luz porque él no la vea. Basándome, por tanto, en las enseñanzas ocultas antiguas y modernas he de decir que hay muchos estados de materia y de conciencia y que éstos se manifiestan en siete mundos con sus correspondientes siete subdivisiones o submundos. Por consiguiente, los cuerpos o vehículos del Espíritu también son siete y están compuestos de materia de dichos mundos.

            El reino humano es el más desarrollado de los cuatro que están evolucionando en la Tierra, todos los cuerpos de los reinos están compuestos de la misma materia, es decir, de átomos; la única diferencia está en que unos tienen un solo cuerpo, como el mineral, y otros tienen cuatro como el ser humano. Veamos:
1º.- El hombre es el más desarrollado porque tiene un cuerpo físico, otro etérico o vital, otro de deseos o emocional y otro mental; su estado de conciencia más elevado es el de vigilia o de auto-conciencia en el mundo físico.
2º.- El animal tiene tres cuerpos que son: Cuerpo físico, cuerpo etérico y cuerpo de deseos; su conciencia es como la que tenemos nosotros cuando soñamos.
3º.- Los vegetales tienen un cuerpo físico y otro etérico y su conciencia es como la del sueño normal sin ensueños.
4º.- Los minerales tienen un solo cuerpo físico y su conciencia es similar al sueño más profundo.

Francisco Nieto

viernes, 24 de marzo de 2017

EL MECANISMO INTERNO CREADOR DEL KARMA (y II)






En el mundo de deseos existen dos grandes leyes con las cuales, como es evidente, estamos muy relacionados y que son muy influyentes respecto a nuestro karma según sean nuestras decisiones, éstas son la Ley de Atracción y la de Repulsión. En las tres regiones o divisiones superiores (cielo) gobierna la Ley de Atracción sola y exclusivamente con el fin de atraer todo lo positivo. Si esto lo pasamos a nuestro cuerpo de deseos y nuestra aura, diríamos que si fuésemos muy desarrollados mental y espiritualmente, un clarividente nos diría que llevamos una vibración y unos colores con nosotros que bien podrían representar el Cielo. En las tres regiones inferiores gobierna la Ley de Repulsión pero también está presente la de Atracción con tal de equilibrar la balanza, aún así en la más baja región es donde es más poderosa la Ley de Repulsión y, aunque parezca que no, tiene un buen fin. Si reinara solo la Ley de Atracción en esas bajas regiones, también atraería y fortalecería el mal creándose así un caos, y eso no puede ocurrir en la Creación de Dios. Así es que es la Ley de Repulsión la encargada de combatir el mal haciendo que lo inarmónico que atrae la ley de Atracción pero que no es idéntico a lo ya existente allí, lo destruya la Ley de Repulsión porque crea desarmonía.

            Veamos, todo lo armónico, bello y elevado se ve atraído hacia las regiones superiores, esto es como decir que todos nuestros buenos deseos y emociones se unen a todos los sentimiento y pensamientos elevados que nos llegan por cualquier otro medio para fortalecernos en el bien y emitir elevadas vibraciones. Pero cuando nuestra falta de auto-observación y auto-análisis y la falta de interés por la vida espiritual hacen que caigamos una y otra vez todos los días en los peores deseos y sentimientos, entonces creamos y atraemos el mal y se quedan con nosotros hasta que después de la muerte llegamos a dicho purgatorio o infierno. Pongamos algún ejemplo, si yo creo pensamientos y sentimientos de odio se quedan conmigo porque soy su creador y porque la Ley de Atracción los atrae, solo si creo odio hacia varias personas independientes intervendrá la Ley de Repulsión porque, aunque sea odio en ambos, casos no será igual porque tampoco lo son las circunstancias ni los protagonistas. Pero veamos hasta qué punto son justas estas leyes en el sentido de que intentan mantener la armonía. Si yo cuento una historia sobre algo que me ocurrió y no la cuento con la sinceridad o veracidad correspondiente, se verán atraídas las formas y emociones que correspondan pero se creará un conflicto por la ley de Repulsión y una desarmonía porque no lo he contado exactamente.

            Así que, el mal se destruye a sí mismo en el mundo de deseos pero no ocurre así exactamente en nosotros porque las experiencias quedan grabadas en forma de película de la vida y solo se borran allí excepto en las siguientes casos. Las leyes mencionadas mantienen el orden y la armonía en los mundos superiores pero no es así en nosotros porque tenemos memoria y un archivo donde se guardan esos hechos. Pero sí podemos eliminarlos y crear esa armonía si hacemos un verdadero arrepentimiento de corazón y nos ponemos en el lugar de la persona ofendida o dañada para sufrir lo que ella. Si hemos ofendido a otras personas, en nuestros momentos de meditación deberemos ponernos en su lugar y sentir la ofensa como creemos que la sintió él. Si hemos robado devolveremos lo robado y pediremos perdón con sinceridad, o haremos una donación a quien lo necesite si no podemos reponerlo a quien corresponda, y así con todo el mal que hagamos. Si actuamos así y revisamos y revivimos nuestros malos actos para arrepentirnos o pedir perdón a la vez que nos proponemos no volver a hacerlo, se borrarán los hechos de ese archivo y no tendremos nada que purgar en el más allá.

            Con lo dicho podemos comprender que incluso las mentiras causan mal y desorden en el mundo de deseos. Lo mismo que el bien se une y se fortalece por la Ley de Atracción también ocurre lo mismo con el mal, y entonces ese mal destruye el bien. ¿Qué ocurre con las personas que se dejan dominar por los vicios, las pasiones o los deseos? Pues que pueden terminar siendo alcohólicos, drogadictos, violadores, etc. Comienzan por un mal deseo que estimula un mal pensamiento y que, si no es percibido como tal y se repite, pueden ir aumentando hasta el punto que obsesionan a la persona para que cometa un delito. Aun cuando vemos algo malo y lo criticamos, o lo comentamos, o lo pensamos, estamos creando desarmonía en el mundo de deseos y en nuestro cuerpo de deseos ¿Y esto por qué? Pues porque estamos fomentando el mal por diferentes medios ¿Cómo podemos evitarlo? Intentando ver o comentar solo la parte positiva que siempre existe en todo. De aquí que debamos hablar, pensar, sentir y actuar siempre de forma positiva y que intentemos ver el bien en el mal. Si hacemos lo contrario no solo nos estamos creando un mal karma sino que, además, estamos creando negatividad y destrucción del bien en los mundos superiores.

            Aunque consideradas como el lugar donde se acumula el mal que el hombre crea, las tres divisiones inferiores del mundo de deseos son de gran importancia para nuestra experiencia y nuestra evolución, puesto que ésta depende (en la etapa actual) de la lucha interna que llevará al desarrollo de la buena voluntad y de la conciencia para superar el mal en nosotros. El conocimiento del mal no hace que le superemos, debemos desarrollar los poderes del Espíritu para superarnos a nosotros mismos y para espiritualizar nuestro carácter, y eso solo se consigue cuando hay buena voluntad y consciencia de sí mismo. Entonces es cuando se llega a entablar luchas y a conseguir victorias gracias al libre albedrío que nos permite decidir en cada momento si hacemos o no una cosa o si decimos sí o no a otra. Y con esto tiene mucho que ver la cuarta región del mundo de deseos que se relaciona con el sentimiento. Como ya he dicho, un sentimiento puede ser neutral hasta que respondemos a él, bien sea manifestando indiferencia o bien sea por interés. Pero si mostramos interés puede ser en forma de atracción o de repulsión, y por tanto, ahí es cuando la auto-observación nos sirve de ayuda para así poder discernir de forma correcta.

            La indiferencia no nos ayuda en nada pero el interés nos lleva a la actividad y a la experiencia. La repulsión hacia alguien nos causa un karma negativo con esa persona, por tanto es preferible buscar alguna cualidad en ella y fijarnos y razonarla para que el karma que nos una sea bueno. La atracción, generalmente, es siempre beneficiosa excepto cuando procede de las regiones inferiores donde está el egoísmo, las pasiones, etc., por tanto, es preferible la indiferencia o la buena voluntad para ver el lado bueno de los hechos. Ahora cabe preguntarnos ¿Cuántas veces medito o me auto-observo para ver cómo respondo ante las pruebas, tentaciones y circunstancias de la vida? ¿Me dejo dominar por el interés hacia lo negativo? ¿Muestro indiferencia ante quien necesita ayuda? ¿Soy auto-consciente de todos estos aspectos internos y utilizo la buena voluntad y el discernimiento para responder ante todo ello? De cuál sea la respuesta y la decisión que demos ante cualquier sentimiento o impresión dependerá el karma futuro que estamos creando. Si nos dejamos arrastrar por la indiferencia ante las necesidades humanas o por la atracción hacia lo negativo y la repulsión de lo positivo, que no quepa la menor duda de que llevaremos con nosotros ese Purgatorio o ese Infierno que encontraremos después de la muerte.

            Ya he dicho que nosotros nos situamos, como Egos, por encima de las regiones del mundo del deseo y de la mente razonadora o concreta, por consiguiente, deberíamos tener poder sobre todo ello. Pero lo cierto es que cuanto más atrás en la historia de la humanidad, más dominados estábamos por el instinto, por los deseos y por los peores sentimientos. Nosotros estamos desarrollando la mente desde hace relativamente poco tiempo, pero ha sido gracias a las experiencias y a lo que hemos aprendido en los mundos superiores después de la muerte. Ahora estamos en la etapa donde debemos aprender a dominar y a concentrar a la mente para que no actúe por su cuenta y para que no se deje dominar por los malos deseos y sentimientos. Por tanto, una vez visto cómo funciona el mecanismo de los deseos y de las emociones, ahora deberíamos ver cómo funciona la mente y, a partir de ahí, ponernos atrabajar sobre nosotros mismos. Sabiendo que casi todo lo que hacemos y decimos pasa por la mente (aunque no pongamos mucho interés en que la respuesta sea buena) deberíamos saber qué opciones tenemos cuando ésta se usa voluntaria y conscientemente para luego intentar observarla durante todo el día y así ver qué piensa y cuándo actúa por su propia cuenta. No olvidemos que toda acción, palabra, deseo o pensamiento crea karma bueno o malo, pero como una de nuestras metas es el conocimiento de nosotros mismos, deberíamos gobernar nuestra mente para que no sea la fuente de dolor que suele ser por falta de discernimiento y por dejarse llevar por el cuerpo de deseos.

            Sabemos que la mente está creando pensamientos constantemente (seamos o no conscientes de ello) y si éstos no son creados por la buena voluntad o de forma consciente, es muy posible que nos perjudiquen más que ayuden respecto al karma futuro. Veamos las opciones que solemos tener en la proyección de nuestros pensamientos. Podemos proyectarlos sobre el cuerpo de deseos para que sirva como estímulo o aliciente para la acción. Como ya he dicho, si despertamos el interés tendremos que decidir entre la atracción y la repulsión. Si nos interesamos por algo y despertamos la atracción, el pensamiento se verá complementado por un deseo o una emoción que llegará al cerebro y al sistema nervioso para que el cuerpo físico reaccione. El final de esta opción es que la experiencia quedará grabada en el archivo que nos llevaremos al mundo de deseos después de la muerte, es decir, al Infierno, al Purgatorio o al Cielo. Si el pensamiento forma se relaciona con algo que nos produce repulsión pero que está en contra de la naturaleza del Alma, entonces habrá una lucha interna entre la fuerza espiritual y el cuerpo de deseos que intenta dispersar esa fuerza para que no le impida disfrutar de sus bajos intereses terrenales. Cuando la buena voluntad y la conciencia vencen a los bajos deseos, esa victoria también queda grabada para su recopilación en el Cielo.

            En general, las imágenes o pensamientos inconscientes, así como los que proceden de las impresiones externas que no impulsan a la acción quedan grabadas y podrán surgir a la consciencia en cualquier momento futuro, sobre todo cuando hay voluntad del Espíritu sobre la mente. Si lo guardado en la memoria subconsciente es bueno y se utiliza de vez en cuando, se verá fortalecido cada una de las veces que se practique e incluso impulsarán a la persona a que las repita. Cuando se repiten buenos actos, pensamiento, deseos y sentimientos se crean nuevos canales en el cerebro, lo que, a su vez, forman los buenos hábitos. Cuando la persona tiene buenos hábitos respecto a su forma de ver los hechos, a su forma de pensar, a practicar la oración y la meditación, a intentar crear armonía de una forma voluntaria y consciente, etc., entonces esa persona puede recibir impulsos y consejos o tener intuiciones dese la memoria supraconsciente inherente al Espíritu. Estos mensajes del Espíritu no necesitan envolverse con materia mental ni de deseos para impulsar a la persona a que haga algo bello o elevado, es más, cuanto más se esfuerce una persona por seguir las directrices del Alma y por controlar estos mecanismos internos, más influencia recibirá del mundo del Ego y del Espíritu.

            Como podemos apreciar, solo conociéndonos a nosotros mismos y controlando el funcionamiento de nuestros cuerpos podemos desarrollar los poderes del Espíritu, la voluntad y la conciencia. En principio y aparentemente es muy difícil, pero no hay nada que nos impida observarnos a nosotros mismos para ver cómo pensamos o cómo piensa nuestra mente, como sentimos, y cómo hablamos o actuamos. Cuando esta auto-observación nos lleva a crear el hábito de corregir lo que está en contra de nuestra naturaleza divina, todo es más fácil, y más aún si practicamos la oración, la meditación y el discernimiento.

                                                           Francisco Nieto